Alcanzar la paz mental

«Sólo desde una calma interna, el hombre fue capaz de descubrir y formar entornos tranquilos». Stephen Gardiner.

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La verde paz de Viguera (La Rioja), foto J.L.Soba.

Alcanzar la paz mental

xuutren hombre rico tenía todas las riquezas del mundo, pero buscaba la paz mental. Fue de un sabio a otro y todos le dieron grandes consejos, pero los consejos no sirven para nada.

De hecho, sólo los tontos dan consejos, y sólo los tontos escuchan los consejos. Las personas sabias son contrarias a dar consejos porque evidentemente un hombre sabio sabe que lo único que se da gratis en el mundo son los consejos, y nadie los escucha, ¿para qué molestarse?

Un hombre sabio primero te prepara para que puedas escuchar su consejo. No sólo te da consejo, sino que te prepara. Puede costar años preparar el terreno para sembrar la semilla. El que echa semillas encima de las piedras sin preocuparse de gastarlas es tonto.

Todos estos sabios le dieron consejos pero no sirvió de nada. Finalmente, un hombre al que no le había preguntado y que no era ni mucho menos famoso; al contrario, creían que era el tonto del pueblo… un día le paró en la carretera y le dijo: —Estás perdiendo el tiempo inútilmente, ninguno de ellos es sabio. Los conozco perfectamente pero como soy idiota nadie me cree. Probablemente, tú tampoco me creas, pero conozco a un sabio.

—Al verte constantemente tan atormentado buscando la paz mental, pensé que sería mejor que te indicase la persona adecuada. Aparte de esto soy idiota, nadie me pide consejo y yo nunca le doy consejo a nadie. Pero esto es demasiado, te veo tan triste y abatido que he tenido que romper mi silencio. Vete a ver a este hombre en el pueblo de al lado.

El hombre rico fue inmediatamente montado en su hermoso caballo con una bolsa llena de preciosos diamantes. Llegó y vio al hombre: los sufies le conocían como Mulla Nasruddin.

Le preguntó a Mulla:

—¿Puedes ayudarme a alcanzar la paz mental?

Mulla dijo:

—¿Ayudarte? Yo te la puedo dar.

El hombre rico pensó: —Qué extraño, primero el idiota me sugirió… y como estaba tan desesperado pensé que no habría ningún peligro, por eso he venido. Pero éste parece todavía más idiota, está diciendo: «Yo te la puedo dar.»

El hombre rico dijo: —Tú me la puedes dar? He estado con todo tipo de sabios, todos me han dado consejos: haz esto, haz lo otro, ten disciplina, ejerce la caridad, ayuda a los pobres, construye hospitales, esto y aquello. Dicen todas estas cosas, y además las he hecho, pero no sirve de nada. En realidad, tengo más problemas. ¿Y tú dices que me puedes dar paz mental?

Mulla respondió: —Es muy sencillo. Bájate del caballo. —El hombre rico se bajó del caballo. Estaba sujetando su bolsa cuando Mulla le preguntó: —¿Qué llevas en la bolsa apretado contra el corazón?

—Son preciosos diamantes —dijo él—, pero si me das paz te la daré. —Antes de que se diera cuenta de lo que estaba sucediendo, ¡Mulla agarró la bolsa y salió corriendo!

El hombre rico se sobresaltó durante un rato; ni siquiera sabía qué hacer. Después se puso a perseguirle. Pero se trataba del pueblo de Mulla, él conocía todas las calles y los atajos, y además estaba corriendo. El hombre rico no había corrido en toda su vida y estaba gordo… Gritaba y resoplaba, y le caían las lágrimas por las mejillas. —¡Me han engañado totalmente! Este hombre me ha quitado el trabajo de toda mi vida, todos mis ahorros; se lo ha llevado todo —dijo.

Empezó a seguirle una multitud, y todos se estaban riendo. —¿Sois todos idiotas? ¿Este pueblo está lleno de idiotas? —dijo—. Estoy completamente arruinado, y en vez de atrapar al ladrón, estáis riéndoos.

—No es un ladrón, es un hombre muy sabio —dijeron.

El hombre rico dijo: —¡El idiota del pueblo es quien me ha metido en este lío! —Pero, corriendo y sudando, persiguió a Mulla. Mulla llegó al árbol bajo el que todavía estaba el caballo. Se sentó bajo el árbol con la bolsa, y el hombre rico llegó gritando y llorando. Mulla dijo: —Toma la bolsa. —El hombre rico se la apretó contra el corazón. —¿Qué sientes? —le dijo Mulla—. ¿Tienes paz mental?

El hombre rico dijo: —Sí, siento mucha paz. Eres un hombre extraño, y usas métodos extraños.

—No son métodos extraños —dijo Mulla—, es matemática pura. Empiezas a dar por sentado todo lo que tienes. Sólo necesitas que te den una oportunidad de perderlo para que te des cuenta inmediatamente de lo que has perdido. No has ganado nada nuevo; es la misma bolsa que tenías antes sin paz mental. Ahora tienes la misma bolsa junto a tu corazón y todo el mundo puede ver lo tranquilo que estás, ¡un sabio perfecto! Vete a casa, y no te preocupes de la gente.

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