Los panes negros

Pan-negro

Los panes negros

xeeds2n aquel tiempo, Nicolás Nerli era banquero en la noble ciudad de Florencia. A la hora de tercia se encontraba ya sentado ante su pupitre, y a la hora de nona aún estaba allí sentado, haciendo cuentas todo el día en sus tablillas. Nicolás Nerli prestaba dinero al Emperador y al Papa. Y si no le prestaba dinero al diablo era porque temía hacer malos negocios con el que nombramos el Maligno y que no carece de artimañas.

Era audaz y desconfiado. Había adquirido grandes riquezas y despojado a mucha gente. Por ello era respetado en la ciudad de Florencia. Vivía en un palacio en el que la luz que Dios creó no entraba sino por estrechas ventanas; eso era por prudencia, pues la mansión de un rico debe ser como una ciudadela y los que poseen grandes bienes hacen bien en defender por la fuerza lo que han adquirido por la astucia.

El palacio de Nicolás Nerli se encontraba pues provisto de rejas y cadenas. En su interior, los muros estaban decorados con pinturas de expertos maestros que habían representado en ellas las Virtudes como mujeres, los patriarcas, los profetas y los reyes de Israel. Los tapices expuestos en las habitaciones ofrecían a la vista las historias de Alejandro y de Tristán tal como las cuentan en los libros. Nicolás Nerli hacía brillar su riqueza en toda la ciudad por medio de fundaciones piadosas.

Había mandado construir un hospital en la zona de extramuros cuyo friso, esculpido y pintado, representaba las acciones más honorables de su vida; en reconocimiento por las sumas de dinero que había donado para acabar Santa María la Nueva, su retrato se hallaba expuesto en el coro de esta iglesia. Se le veía en él arrodillado, con las manos juntas, a los pies de la Santísima Virgen. Se le reconocía por su gorro de lana roja, su abrigo forrado, su rostro rollizo y sus ojillos despiertos. Su buena esposa, Mona Bismantova, con expresión honesta y triste, que se podría pensar que jamás nadie hubiera obtenido de ella algún placer, se hallaba al otro lado de la Virgen, en humilde actitud orante. Aquel hombre era uno de los primeros ciudadanos de la República; como no había hablado jamás mal de las leyes y no se preocupaba en absoluto de los pobres ni de aquellos a los que los poderosos del momento condenan a pagar multas o al exilio, no había disminuido nada, en la opinión de los magistrados, la estima que había adquirido a sus ojos por su gran riqueza.

Una noche de invierno, al regresar a su palacio algo más tarde de lo habitual, fue rodeado ante el umbral de su puerta por un grupo de mendigos medio desnudos que le tendían la mano. Los apartó con duras palabras. Pero el hambre hace a los hombres ariscos y osados como los lobos: formaron un círculo a su alrededor y le pidieron pan con voz quejumbrosa y ronca. Estaba inclinándose ya para recoger piedras y lanzárselas, cuando vio llegar a uno de sus criados que llevaba sobre la cabeza una cesta de panes de centeno, destinados a los empleados de las cuadras, de la cocina y de los jardines.

Hizo una señal al de los panes para que se acercara, y, sacándolos de la cesta con ambas manos, les arrojó los panes a los menesterosos. Luego, entró en su casa, se acostó y se quedó dormido. Mientras dormía, sufrió un ataque de apoplejía y murió tan de repente que creía que se encontraba aún en su lecho cuando vio, en un rincón oscuro, a San Miguel iluminado por el resplandor que irradiaba de su propio cuerpo. El arcángel, con la balanza en la mano, estaba cargando los platillos. Al reconocer en el platillo que pesaban más las joyas de las viudas que guardaba como fianza, la multitud de recortes de escudos indebidamente retenidos y algunas piezas de oro muy bellas, que sólo él poseía y que había adquirido por usura o por fraude, Nicolás Nerli reconoció que era su vida, ya finalizada, lo que san Miguel estaba pesando en su presencia. Miró atento y preocupado.

-Señor San Miguel -le dijo-, si ponéis en un platillo todas las ganancias que he obtenido en mi vida, colocad en el otro, os lo ruego, las hermosas fundaciones con las que he puesto de manifiesto mi piedad. No olvidéis la cúpula de Santa María la Nueva a la que contribuí financiando la tercera parte, ni el hospital de extramuros, que he construido por completo con mi dinero.

-No temáis, Nicolás Nerli -respondió el arcángel-. No me olvidaré de nada.

Y con sus manos gloriosas colocó en el otro platillo la cúpula de Santa María la Nueva y el hospital con el friso esculpido y pintado. Pero el platillo no se movió. El banquero sintió gran inquietud.

-Señor san Miguel -dijo de nuevo-, buscad bien. No habéis colocado en ese platillo de la balanza ni mi hermosa pila del agua bendita de San Juan, ni el púlpito de San Andrés, en donde está representado el bautismo del Nuestro Señor a tamaño natural. Es una obra que me costó muy cara.

El arcángel colocó el púlpito y la pila encima del hospital en el platillo, que tampoco se movió. Nicolás Nerli empezó a notar que su frente se inundaba de un sudor frío.

-Señor arcángel -preguntó-, ¿estáis seguro de que vuestra balanza funciona correctamente?

San Miguel respondió sonriendo que, al no ser la balanza como las que usan los lombardos de París ni como las que usan los cambistas de Venecia, aquélla no carecía en absoluto de exactitud.

-¡Cómo! -suspiró Nicolás Nerli, completamente lívido-, ¿la cúpula, el púlpito, la pila, el hospital con todas sus camas, no pesan, pues, más que una brizna de paja o que el plumón de un pájaro?

-Ya lo estáis viendo, Nicolás -dijo el arcángel-, y, hasta el momento, el peso de vuestras iniquidades es muy superior al peso ligero de vuestras buenas acciones.

-Voy a ir al infierno, pues -dijo el florentino. Y sus dientes castañeteaban de espanto.

-¡Tened paciencia, Nicolás Nerli -prosiguió el pesador celeste-, paciencia! No hemos terminado aún. Nos queda esto.

Y el bienaventurado Miguel tomó los panes de centeno que el rico les había lanzado a los pobres la víspera. Los colocó en el platillo de las buenas obras, que descendió de repente, mientras que el otro subía, quedando ambos platillos al mismo nivel. El fiel de la balanza no se inclinaba ni a la derecha ni a la izquierda y la aguja indicaba la igualdad perfecta de los dos pesos. El banquero no podía creer lo que veían sus ojos. El glorioso arcángel le dijo:

-Como estás viendo, Nicolás Nerli, no eres apto ni para el cielo ni para el infierno. ¡Anda, regresa a Florencia! Multiplica en tu ciudad esos panes que diste con tus manos, de noche, sin que nadie te viera, y serás salvo. Pues no basta con que el cielo se abra para el ladrón que se arrepiente y para la prostituta que llora. La misericordia de Dios es infinita: es capaz de salvar incluso a un rico. Sé tú ese rico. Multiplica los panes cuyo peso puedes ver en mi balanza. ¡Anda!

Nicolás Nerli se despertó en su lecho. Decidió seguir el consejo del arcángel y multiplicar el pan de los pobres para lograr entrar en el reino de los cielos.

Durante los tres años que pasó sobre la tierra después de su primera muerte, fue caritativo con los menesterosos y muy generoso en limosnas.

 Anatole France  (1895)

Publicado en Cuentos, Relatos | 8 comentarios

Amarme

¿Si yo no soy para mí, quién será para mí?

¿Si sólo soy para mí, quién soy yo?

¿Y si no ahora, cuándo?

Rabí Hillel

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Amarme

Independientemente de nuestro género sexual, todos poseemos un aspecto femenino y un aspecto masculino internos y la relación entre éstos – la pareja interior – tiende a reproducirse en nuestros vínculos.

Solemos relacionarnos con los aspectos exteriores de la vida a través de su correspondencia con nuestros patrones internos. Así, cuando nos atrae otra persona, la misma está espejando aspectos tanto conscientes como inconscientes de nuestro propio ser.

Habitualmente esperamos que el otro/a nos proporcione aquello de lo que carecemos, o creemos carecer. Muchos de los conflictos que atravesamos en la vida tienen una trastienda de baja autoestima. En las dificultades dentro del ámbito de la pareja, en el plano laboral, en las relaciones con familiares y amigos existen siempre zonas profundas en las que no confiamos. Algunas tienen que ver con creencias de base, que desmoronan la fe en nosotros mismos de manera visible y obvia; otras son creencias que subyacen bajo capas de un aparente “todo está bien”.

Construir la propia autoestima es plantar las semillas para amarse a sí mismo, la base para cualquier relación amorosa con otra persona.

Al mencionar la idea de amarse más y mejor a sí mismo podríamos temer caer en un amor narcisista que, más que acercarnos, nos aparte del resto de la humanidad. Esta propuesta no implica quedarnos, como Narciso, prendidos al propio reflejo en el estanque, embelesados con nuestra imagen. Se trata más bien de reconocer y revalorizar todo lo que tenemos de positivo. Cuando nos conectamos con nuestras partes más luminosas y amorosas absorberemos la energía necesaria para ingresar también en los rincones más oscuros, construyendo así una percepción más plena de quién somos verdaderamente.

La forma en que nos describimos colorea todas nuestras experiencias. ¿Quién sabe desde cuándo o desde quién comenzamos a definirnos de determinada manera? Lo cierto es que todas nuestras ideas y pensamientos producen resultados, y nuestros diálogos internos son la base sobre la cual construimos nuestra experiencia de la realidad. Todo cuanto consideremos real o verdadero se convierte, eventualmente, en una realidad para nosotros.

Es clásico el ejemplo de quien cree que es rechazado por otros. Sin proponérselo, su actitud y su expresión hacen que efectivamente lo rechacen. Si tengo la idea de que no soy lo suficientemente valiosa como mujer y que debido a ello mi pareja me abandonará, comenzaré a aferrarme, a exigir, a reprochar y controlar, y estas reacciones lo inducirán eventualmente a distanciarse y/o a abandonarme, confirmando así mi creencia.

Estas son las famosas profecías auto-cumplidas, en las que terminamos creando lo temido, atrayendo hacia nosotros precisamente aquello que tratábamos de evitar.

A todos nos hubiera gustado escuchar frases amorosas de nuestros padres, y nos gustaría que nuestra pareja y amigos nos dijesen cuánto valemos. Sin embargo, nos cuesta decírnoslo a nosotros mismos.

Tendemos a esperar que sean los demás quienes retruquen nuestra percepción negativa con halagos, felicitaciones y miradas de aprobación. Sin duda es agradable recibir alabanzas, pero esa dosis de autoestima foránea no es duradera ni suficiente.

Lamentablemente, vivimos con la sensación de que el amor está fuera de nosotros, que es algo que nos dan o nos quitan, un regalo, un premio, algo que merecemos o dejamos de merecer en función de que cumplamos con determinados requisitos (ser jóvenes, delgados, atractivos, inteligentes, exitosos, carismáticos, etc.)

Desde pequeños recibimos una serie de mensajes sobre el amor que nos condicionaron, haya sido esto debido a actos, frases escuchadas o sensaciones corporales basadas en acontecimientos vividos, y/o en la interpretación personal que realizamos en función de éstos.

Hoy, ya adultos, necesitamos redefinir nuestra noción del amor.

Para ello, puede ser útil formularnos y responder a las siguientes preguntas:

¿Cuánto soy capaz de amarme a mí mismo?

¿Cuánto me disgusto, critico, condeno, amonesto?

¿Cuánto soy capaz de cuidarme y darme lo que necesito?

¿Cuánto placer me permito tener en mi vida cotidiana?

¿De qué formas me descuido y me abandono?

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para dar y recibir? ¿Cuál me resulta más fácil, y por qué? (Frecuentemente preferimos dar a recibir ya que esto último implica mayor vulnerabilidad).

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para mostrarme auténticamente? ¿Cuándo me expreso como realmente soy y cuándo muestro una de mis máscaras?

¿Cuál es la creencia personal que más necesito modificar para poder aceptarme y amarme sin condiciones ni exigencias inalcanzables?

Cuando logro darme cuenta de que soy mi propia fuente de amor, todo cambia de dirección – yo soy responsable de transformarme y darme aquello que espero del afuera.

El amor no existe afuera de nosotros – debemos buscarlo en su morada íntima que es nuestro propio corazón.

¿Quién si no yo puede aceptarme y amarme con todas mis características? ¿Quién si no yo conoce la historia de mi niño interno, no para lamentarme sino para sanar mis propias heridas? ¿Quién si no yo tiene en su poder el pasaje de ida y vuelta hacia lo profundo de mi corazón?

Trabajar para construir la propia autoestima es un acto de amor – amor hacia uno mismo que se traduce luego en una mayor capacidad de amar realmente a los demás.

Alicia Schmoller

 

Publicado en Motivación, Reflexiones | 6 comentarios

Hay un niño en la calle

Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad. Karl A. Menninger

Hay un niño en la calle

A esta hora, exactamente,
hay un niño en la calle.

Le digo amor, me digo, recuerdo que yo andaba
con las primeras luces de mi sangre, vendiendo,
una oscura vergüenza,
la historia, el tiempo,
diarios.
Porque es cuando recuerdo también las presidencias,
urgentes abogados, conservadores, asco,
cuando subo a la vida cantando la inocencia,
mi niñez triturada por escasos centavos,
por la cantidad mínima de pagar la estadía
como un vagón de carga
y saber que a esta hora mi madre está esperando,
quiero decir, la madre del niño innumerable
que sale y nos pregunta con su rostro de madre,
qué han hecho de la vida,
dónde pondré la sangre,
qué haré con mi semilla si hay un niño en la calle.

Es honra de los hombres proteger lo que crece,
cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
evitar que naufrague su corazón de barco,
su increíble aventura de pan y chocolate,
transitar sus países de bandidos
y tesoros,
poniéndole una estrella en el sitio del hambre,
de otro modo es inútil ensayar en la tierra
la alegría y el canto,
de otro modo es absurdo
porque de nada vale si hay un niño en la calle.

Dónde andarán los niños que venían conmigo
ganándose la vida por los cuatro costados.
Porque en este camino de lo hostil ferozmente
cayó el Toto de frente con s poquita sangre,
con sus ropas de fe, su dolor a pedazos.
Y ahora necesito saber cuáles sonríen,
mi canción necesita saber si se han salvado,
porque si no es inútil mi juventud de música
y ha de dolerme mucho la primavera este año.

Importan dos maneras de concebir el mundo.
Una, salvarse solo,
arrojar ciegamente los demás de la balsa
y la otra,
un destino de salvarse con todos,
comprometer la vida hasta el último náufrago,
no dormir esta noche si hay un niño en la calle.

Exactamente ahora, si llueve en las ciudades,
si desciende la niebla como un sapo del aire
y el viento no es ninguna canción en las ventanas,
no debe andar el mundo con el amor descalzo
enarbolando un diario como un ala en la mano,
trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
golpeándonos el pecho con un ala cansada,
no debe andar la vida, recién nacida, a precio.
la niñez arriesgada a una estrecha ganancia,
porque entonces las manos son dos fardos inútiles
y el corazón, apenas, una mala palabra.

Cuando uno anda los pueblos del país
o va en trenes por su geografía de silencio,
la patria
sale a mirar al hombre con los niños desnudos
y a preguntar qué fecha corresponde a su hambre,
qué historia les concierne,
qué lugar en el mapa,
porque uno Norte adentro y Sur adentro encuentra
la espalda escandalosa de las grandes ciudades
nutriéndose de trigo, vides, cañaverales,
donde el azúcar sube como un junco del aire,
uno encuentra la gente, los jornales escasos,
una sorda tarea de madres con horarios
y padres silenciosos molidos en las fábricas,
y hay días que uno andando de madrugada encuentra
la intemperie dormida con un niño en los brazos.

Y uno recuerda nombres, anécdotas, señores
que en París han bebido
por la antigua belleza de Dios, sobre la balsa
en donde han sorprendido la soledad de frente
y la índole triste del hombre solitario,
en tanto, sus señoras, tienen angustia y cambian
de amantes esta noche, de médico esta tarde,
porque el tedio que llevan ya no cabe en el mundo
y ellos son accionistas de los niños descalzos.

Ellos han olvidado
que hay un niño en la calle,
que hay millones de niños
que viven en la calle
y multitud de niños
que crecen en la calle.

A esta hora, exactamente,
hay un niño creciendo.

Yo lo veo apretando su corazón pequeño,
mirándonos a todos con sus ojos de fábula,
viene, sube hacia el hombre acumulando cosas,
un relámpago trunco le cruza la mirada,
porque nadie protege esa vida que crece
y el amor se ha perdido
como un niño en la calle.

Armando Tejada Gómez 

Publicado en Letras de canciones, Música, Poesías, Reflexiones | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

La Belleza

Cierto día la Belleza y la Fealdad se encontraron a orillas del mar.
Y se dijeron:
– Bañémonos en el mar.

Entonces se desnudaron y nadaron en las aguas.
Instantes más tarde la Fealdad regresó a la costa
y se vistió con las ropas de la Belleza, y luego partió.
La Belleza también salió del mar, pero no halló sus vestiduras,
y era demasiado tímida para andar desnuda,
así que se vistió con las ropas de la Fealdad.
Y la Belleza también siguió su camino.
Y hasta hoy día, hombres y mujeres confunden la una con la otra.
Sin embargo, algunos hay que contemplan el rostro de la Belleza
y la reconocen aunque no lleve sus vestiduras.
Y algunos otros que conocen el rostro de la Fealdad,
y sus falsas ropas no la ocultan a sus ojos…

Khalil Gibran

Venus y marte (1483), obra de Sandro Botticelli, National Gallery de Londres, Reino Unido

La Belleza

Y un poeta dijo: Háblanos de la Belleza.

Y él respondió:

“¿Dónde buscaréis la belleza y cómo haréis para encontrarla a menos que ella misma sea vuestro camino y vuestro guía? ¿Y cómo hablaréis de ella, a menos que ella misma teja vuestro hablar?

“El agraviado y el injuriado dicen: “La belleza es gentil y buena. Camina entre nosotros como una madre joven, casi avergonzada de su propia gloria.”

“Y el apasionado dice: “No, la belleza es cosa de poder y temor, como una tempestad sacude la tierra bajo nuestros pies y el cielo sobre nosotros.”

“El cansado y rendido dice: “La belleza es hecha de blandos murmullos. Habló en nuestro espíritu. Su voz se rinde a nuestros silencios como una débil luz que se estremece de miedo a las sombras.”

“Pero el inquieto dice: “La hemos oído dar voces entre las montañas. Y, con sus voces, se oyó rodar de cascos y batir de alas y rugir de leones.”

“Durante la noche, los serenos de la ciudad dicen: “La belleza vendrá del este, con el alba.”

“Y, al mediodía, los trabajadores y los viajeros dicen: “La hemos visto inclinarse sobre la tierra desde las ventanas del atardecer.”

“En el invierno, dice el que se halla entre la nieve: “Vendrá con la primavera, saltando sobre las colinas.”

“Y, en el calor del verano, los cosechadores dicen: “La vimos danzando con las hojas de otoño y tenía un torbellino de nieve en su pelo.”

“Todas estas cosas habéis dicho de la belleza.

“Pero, en verdad, hablásteis, no de ella, sino de vuestras necesidades insatisfechas.

“Y la belleza no es una necesidad, sino un éxtasis.

“No es una sedienta boca, ni una vacía mano extendida.

“Sino, más bien, un corazón ardiente y un alma encantada:

“No es la imagen que veis ni la canción que oís.

“Sino, más bien, una imagen que veis cerrando los ojos y una canción que oís tapándoos los oídos.

“No es la savia que corre debajo de la rugosa corteza, ni el ala prendida a una garra.

“Sino, más bien, un jardín eternamente en flor y una bandada de ángeles en vuelo eternamente.

“Pueblo de Orfalese, la belleza es la vida, cuando la vida descubre su sagrado rostro.

“Pero vosotros sois la vida y vosotros sois el velo.

“La belleza es la eternidad que se contempla a sí misma en un espejo.

“Pero vosotros sois la eternidad y vosotros sois el espejo.”

Gibrán Khalil Gibrán, en su libro “El Profeta”.

Publicado en Inteligencia emocional, Motivación, Poesías, Reflexiones, Relatos | Etiquetado , , , | Deja un comentario

La Hija del Carbonero

Chica Naïl Aceitada (Argelia 1905) foto de Lehnert Landrock

La Hija del Carbonero

Había una vez un hombre llamado Jamal, que tenía siete hijas y para poder alimentarlas hacía carbón en el bosque y lo vendía en la ciudad.

Todas las hijas, menos la pequeña, se avergonzaban de su padre porque era pobre y porque de tanto trabajar todo el día con el carbón iba sucio, ennegrecido y mal vestido.

Para disimular que estaban en tan mala situación, las seis hijas se pasaban todo el día maquillándose y poniéndose guapas, sin hacer nada. Dejaban todas las faenas de la casa en manos de su hermana pequeña, Fátima, que se ocupaba de buen grado. Por la noche, cuando su padre llegaba cansado, ella le traía las sandalias y le quitaba enseguida la ropa que estaba llena de polvo negro para que por la mañana se pudiera poner limpia.

Fátima era conocida en todo el país por su inteligencia. Era capaz de comprender las palabras más complicadas y resolver los enigmas más difíciles.

El emir de aquella región, el Gran Samir, también tenía fama de ser un gran aficionado a los enigmas y, como era muy autoritario y caprichoso, los proponía muy difíciles para sus súbditos, y tenían que resolverlos rápidamente si no querían perder la vida.

Un día explicó a los habitantes de la ciudad, entre los que se encontraba el carbonero, esta adivinanza:

Tengo un árbol con doce ramas

Cada rama tiene treinta tallos

Cada tallo tiene cinco hojas

Tenéis ocho días para decirme qué es. Si pasan ocho días y no lo habéis adivinado os cortaré la cabeza a todos.

Los súbditos del rey se pusieron muy abatidos y preocupados y cada día procuraban por todos los medios encontrar la respuesta. Ya estaba cerca el día en que se tenían que volver a presentar delante del emir y el carbonero, acongojado, explicó el enigma a sus hijas. Cuando la pequeña, Fátima, lo escuchó, le dijo:

– No hay una cosa más fácil de resolver que el enigma del rey.

Jamal, el padre, escuchó atentamente la explicación.

Al día siguiente los hombres de la ciudad comparecieron delante del Gran Samir. A cada respuesta que no acertaban, el emir reía burlonamente y ponía a un lado a los condenados a muerte. Al final, le toca al carbonero.

– ¿Y tú que has encontrado? Le preguntó el emir riéndose, convencido de que no podría acertar aquello en lo que los otros habían fracasado.

– ¡Majestad! –dijo Jamal – nada más que Dios y vos sabéis la respuesta al enigma. No obstante, pienso que el árbol representa el año, las ramas los doce meses, los tallos los días de la semana y las hojas los cinco rezos de la jornada.

El Gran Samir exclamó:

– Carbonero, has salvado tu vida y la de todos tus compañeros porque esta respuesta es la correcta.

Un murmullo de alivio recorrió el grupo de hombres que ya se creían condenados.

Pero, -el emir continuó diciendo – no puedo creer que tú solo hayas encontrado la respuesta. Dime ahora mismo quien te ha ayudado a resolver el enigma.

El carbonero, muerto de miedo, le respondió:

– Una hija

– ¿Una hija? Quiero casarme con ella.

Pero Majestad, es demasiado joven, es indigna de vos.

Quiero casarme con la muchacha que te ha ayudado a resolver el enigma. Dile que se prepare, le doy el tiempo del árbol. De aquí a doce meses mis hombres irán a buscarla.

El carbonero pensó que se trataba de un capricho del emir y que se olvidaría.

Al cabo de doce meses los criados del emir se presentaron en casa del carbonero con una caravana cargada de magníficos regalos. El amo, el emir había encargado aquellos presentes para su prometida y también que le informasen de su belleza y sobretodo que le repitiesen una por una las palabras que ella les diga.

Por el camino, los criados robaron parte de los presentes pensando que nadie se daría cuenta.

Cuando llegaron, vieron a las siete hijas del carbonero: seis, estaban muy ocupadas engalanándose y mirándose al espejo, la séptima, la pequeña, enseguida se ocupó de recibirlos amablemente, ya que sus padres no estaban en casa en aquellos momentos.

Al día siguiente, el padre y la madre volvieron y se sorprendieron mucho de ver en casa a los criados del emir porque ya se habían olvidado de la promesa que habían hecho.

Al final de todo comieron el almuerzo que la joven había preparado en su honor.

Cuando estaban a punto de acomodarse, la joven le dice al jefe de los hombres del emir:

– Cuando volváis al lado de vuestro amo, le presentáis mis respetos y, ahora, os pido que no olvidéis de decirle exactamente esto:

“Faltan estrellas en el cielo,
agua en el mar,
y plumaje a la perdiz”.

Los criados no entendían la idea, pero repitieron muchas veces las palabras de la joven para memorizarlas y poder decírselas al emir.

Nada más llegar encontraron al amo impaciente por volver a verlos.

– ¡De prisa!, Dijo, – explicarme todo teniendo en cuenta de no olvidaros nada.

Los criados repitieron una por una las extrañas palabras de la joven.

– ¡Miserables! -dijo el emir- ¿Que habéis hecho con mis regalos?

El jefe de los criados se puso pálido.

Se los dimos a ella – dijo

– ¿Le habéis dado todos los regalos? -preguntó el Gran Samir

Los criados, al verse descubiertos, empiezan a suplicar delante del emir y pedir perdón.

Traigan las piedras preciosas de las joyas de la joven, dijo el Gran Samir, he privado su cielo de estrellas. Cogiendo una parte de los perfumes he tirado el agua al mar y quedándoos con las joyas de oro y seda.

Al poco tiempo, el emir y la joven celebraron sus nupcias. La fiesta duró siete días y siete noches. El carbonero vio como cambiaba su vida de un día para otro. No podía creer el milagro que lo había transformado de carbonero a padre de la reina. El emir estaba muy contento de tener en palacio una esposa que podía responder y jugar con las mismas armas que él al juego de los enigmas.

Cuento popular magrebí

Publicado en Cuentos, Inteligencia emocional, Motivación, Reflexiones, Relatos | Etiquetado , , | Deja un comentario

El amor por los árboles

«A causa de que no amamos la Tierra y las cosas de la Tierra, sino que meramente las utilizamos, hemos perdido contacto con la vida, hemos perdido el sentido de la ternura, de la sensibilidad, y no podemos comprender lo qué es la verdadera relación con los demás». Jiddu Krishnamurti

Paseando por los bellos parajes de San Millán (La Rioja), foto J.L.Soba

El amor por los árboles

El amor por los árboles es, o debería ser, una parte de nuestra naturaleza, como el respirar. Ellos son parte de la tierra como nosotros, están llenos de belleza y de un extraño retraimiento. ¡Tan quietos y espléndidos se los ve, tan repletos de hojas y de luz, proyectando largas sombras y desbordantes de júbilo cuando hay una tormenta! Cada hoja, aun las más altas, danza con la suave brisa, y las sombras son acogedoras bajo el intenso sol. Cuando uno se sienta con la espalda apoyada contra el tronco, si se queda muy quieto establece una relación perdurable con la naturaleza. Casi todas las personas han perdido tal relación; ven todas esas montañas, los valles, los torrentes, cuando pasan por allí en sus automóviles o cuando parloteando suben a pie por los cerros, pero están demasiado absortas en sus propios problemas como para permanecer en silencio y mirar. Una única columna de humo se eleva atravesando el valle, y abajo pasa un camión cargado con troncos de árboles recién talados que aún conservan su corteza. Un grupo de chicas y muchachos pasa cerca charlando y rompiendo la quietud del bosque.

La muerte de un árbol es bella en su final, a diferencia de lo que ocurre con el hombre. Un árbol muerto en medio del desierto, despojado de su corteza, pulido por el sol y el viento, con todas sus ramas desnudas abiertas a los cielos, es un espectáculo prodigioso. Una gran secoya, de muchos, muchos centenares de años, es talada en pocos minutos para hacer con ella cercas, bancos, para construir casas o abonar el suelo en un jardín. Ese maravilloso gigante ha desaparecido. El hombre está extendiendo más y más profundamente su dominio en los bosques, destruyéndolos para campos de pastoreo y residencias. Los animales salvajes están desapareciendo. Hay un valle rodeado por cerros que son tal vez los más viejos de la tierra, donde chitas, osos y ciervos que uno veía en otro tiempo, han desaparecido por completo. El hombre está en todas partes y destruye y contamina poco a poco la belleza de la tierra. En los lugares más inesperados están apareciendo los automóviles y los edificios altos. Cuando uno pierde su relación con la naturaleza y la vastedad de los cielos, pierde su relación con el hombre.

La naturaleza es parte de nuestra vida. Crecemos de un germen, de la tierra, somos parte de todo esto. Sin embargo, rápidamente perdemos el sentido de que somos animales como los demás. ¿Podemos sentir un árbol, mirarlo, ver su belleza, escuchar el ruido que hace; ser sensibles a una pequeña planta, a una hierba pequeña, a esa enredadera que crece en la pared, a la luz sobre las hojas y a las muchas sombras? Uno debe observar todo esto y sentir esa comunión con la naturaleza que le rodea. Puede que viva en una ciudad pero también tiene árboles por aquí o por allí. Esa flor mal cuidada en el jardín del vecino que crece entre hierbas, sólo mirarla, sentir que somos parte de todo eso, parte de las cosas vivientes. Si dañan a la naturaleza se dañan a sí mismos.

Jiddu Krishnamurti

Publicado en Citas, Inteligencia emocional, Madre Tierra, Motivación, Reflexiones | Etiquetado , | Deja un comentario

Madre: palabra de afecto

El amor de una Madre es paciente y perdona cuando todos los demás abandonan, no falla o flaquea, incluso cuando el corazón está roto. Helen Rice.

“Maternidad”(1952), obra de Rafael Zabaleta Fuentes.

Madre: Palabra de afecto

En el día de las madres no habla la inteligencia analítica sino la inteligencia emocional. Lógicamente, el comercio explota ese día, pero el significado de la figura de la madre es tan poderoso que nunca se deja desvirtuar totalmente. No es necesario subrayar la importancia de la madre en la orientación futura de la vida de un niño. Basta referirse a las aportaciones inestimables de Jean Piaget con su psicología y pedagogía evolutiva, y principalmente a las de Donald Winnicot, con su pediatría combinada con psicoanálisis infantil. Ellos nos detallaron los complejos vericuetos de la psiqué infantil en esos momentos iniciales y decisivos de la vida.

Hoy no cabe ese tipo de reflexión por importante que sea. Ocupa su lugar el afecto, cuyas raíces se remontan a hace más de doscientos millones de años, cuando en el proceso de evolución surgieron los mamíferos, de los que descendemos nosotros. Con ellos nos llegó el afecto y el cuidado, guardados como informaciones por el cerebro límbico hasta los días actuales. Entreguémonos brevemente a la tierna fuerza del afecto.

Hay muchos textos conocidos que exaltan la figura de la madre, como el bellíssimo del obispo chileno Ramón Jara. Pero hay otro de gran belleza y verdad que nos viene de África, de una noble abisinia, recogido como prefacio del libro «Introducción a la esencia de la mitología» (1941), escrito por dos grandes maestros en este área, Charles Kerény y Karl Gustav Jung. Así habla una mujer en nombre de todas las madres:

«¿Cómo puede saber un hombre lo que es una mujer? La vida de la mujer es totalmente diferente de la de los hombres. Dios la hizo así. El hombre permanece el mismo desde su circuncisión hasta su declive. Él es el mismo antes y después de haber encontrado por primera vez a una mujer. Sin embargo, el día en que la mujer conoce a su primer amor, su vida se divide en dos. Ese día ella se vuelve otra. Después del primer amor, el hombre es igual a lo que era antes. La mujer a partir de su primer amor es otra. Y así permanecerá toda la vida. El hombre pasa una noche con una mujer y después se va. Su vida y su cuerpo son siempre los mismos. La mujer, sin embargo, concibe. Como madre, ella es diferente de la mujer que no es madre, pues ella carga en su cuerpo durante nueve meses las consecuencias de una noche. Algo crece en su vida y de su vida jamás desaparecerá, pues es madre. Y seguirá siendo madre aun cuando el hijo o todos los hijos tengan que morir. Porque ella llevó a la criatura en su corazón. Y aun después de nacida, la sigue llevando en su corazón. Y de su corazón no saldrá jamás, aunque el hijo o la hija mueran».

«Todo esto no lo conoce el hombre. No sabe nada de esto. No conoce la diferencia entre el «antes del amor» y el «después del amor», entre antes de la maternidad y después de la maternidad. No puede saberlo. Sólo una mujer puede saber y hablar sobre eso. Por eso las madres nunca nos dejamos persuadir por nuestros maridos. La mujer puede solamente una cosa: cuidar de sí misma. Puede conservarse decente. Debe ser lo que su naturaleza es. Debe ser siempre niña y madre. Antes de cada amor es niña. Después de cada amor es madre. En eso podrá saberse si es o no una buena mujer».

Estas reflexiones están dedicadas a las madres vivas o fallecidas, como mi madre Regina. Hoy las recordamos con cariño. Ellas están en nuestros corazones y de ahí nunca se irán.

 Leonardo Boff, 12 de Mayo de 2006, en su Columna Semanal de Sevicios Koinonia. 

Publicado en Actualidad, Eventos, Inteligencia emocional, Motivación, Reflexiones | Etiquetado , , , | Deja un comentario

Los Viernes, chiste: La lógica de las monjas


La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es perfil-dos-monjasalfredo-ramos-martinez-.jpg
“Perfil Dos Monjas” obra de Alfredo Ramos Martinez

La lógica de las monjas
Dos monjas salían del convento Nuestra Señora de la Vega de Haro para vender bizcochos.
Una es la Hermana Mercedes y la otra es la Hermana Luisa.
Hermana Mercedes :
– Está quedando oscuro y nosotras todavía estamos lejos del convento.
Hermana Luisa:
– ¿Ya te diste cuenta que un hombre está siguiéndonos hace como media hora?
Hermana Mercedes :
– Sí, ¿Qué será lo que el quiere?
Hermana Luisa:
– Es lógico él quiere violarnos.
Hermana Mercedes :
– ¿Y ahora, que debemos hacer? Él nos alcanzará en un minuto.
Hermana Luisa:
– La única cosa lógica que nos resta hacer, es separarnos. Tú vas para aquel lado y yo voy por aquel otro. Él no podrá seguirnos a las dos, al mismo tiempo.
Entonces, el hombre decidió seguir a la Hermana Luisa.
La Hermana Mercedes llegó al convento preocupada con lo que podría haberle sucedido a la Hermana Luisa.
Pasado un buen tiempo, llega la Hermana Luisa.
Hermana Mercedes :
– Hermana Luisa. Gracias a Dios que llegó. Cuéntame lo que sucedió.
Hermana Luisa:
– Sucedió lo lógico. El hombre no podía seguirnos a las dos, entonces el opto por seguirme.
Hermana Mercedes :
– ¿Entonces que sucedió?
Hermana Luisa:
– Lo lógico, yo comencé a correr lo más rápido que pude y él corrió lo más rápido que él podía también.
Hermana Mercedes :
– ¿Y entonces?
Hermana Luisa:
– Nuevamente sucedió lo lógico: él me alcanzó.
Hermana Mercedes :
– ¡Oh, Dios mío! ¿Y tú qué hiciste?
Hermana Luisa:
– Hice lo lógico, me levanté el hábito.
Hermana Mercedes :
– ¡Oh, Hermana Luisa! ¿Y que hizo el hombre?
Hermana Luisa:
– El, también hizo lo lógico, se bajó sus pantalones.
Hermana Mercedes :
– ¡Oh, no! ¿Y qué sucedió después?
Hermana Luisa:
– ¿No es obvio, Hermana Mercedes ? Una monja con el hábito levantado consigue correr mucho más rápido que un hombre con los pantalones abajo.

Si usted pensó en otro final para la historia, rece: 188 Ave Marías y 309 Padres Nuestros.
¡¡¡Pervertid@!!!
Y pida a Dios para que limpie su mente sucia
Manos, de Albert Durero

Mi oración a Ti

Dame la fuerza que necesito para mis alegrías y mis preocupaciones.

Dame la fuerza que haga fructífero mi amor en el servicio.

Dame la fuerza de no negar nunca a los pobres.

Dame la fuerza necesaria para no doblar mi rodilla ante poderes extraños.

Dame la fuerza que necesito para elevarme sobre las trivialidades cotidianas.

Dame la fuerza que necesita mi fuerza para someterse a tu voluntad.

Rabindranath Tagore

Publicado en Los viernes chiste | Etiquetado | 2 comentarios

Hace tiempo

 “… Una vez en Victoria, vi una casa muy grande. Me dijeron que era un banco y que los hombres blancos colocaban su dinero allí para ser atendidos, y que lo recuperaban con intereses. Somos indios y no tenemos dicho banco; pero cuando tenemos un montón de mantas, las regalamos a los jefes y las personas, y poco a poco nos las devuelven con intereses, la humildad, la sonrisa y un canto a la Madre Tierra, eso son los intereses y nuestro corazón se siente bien, por que nos enseñaron de niños el gozo de dar lo que más deseábamos sin esperar nada a cambio. Nuestra manera de dar es nuestro banco…”. Jefe Maquinna

Ilustración de los pueblos indígenas de América, siglo XIX

Hace tiempo

Cuentan las leyendas y los viejos indios que en un tiempo dónde no había caminos y las praderas no tenían alambrados, los animales y las personas vagaban por todo el continente.

Como nadie era dueño de nada, cada tribu indígena recorría grandes distancias…

Construían sus chozas con cueros y ramas de árboles.

En primavera solían estar en praderas dónde el verde ocupaba vastas extensiones y así recolectaban granos y semillas.

En el verano se entretenían en los lagos y lagunas, pesca y recreación en hermosos valles.

En otoño comenzaban a recolectar y prepararse para días fríos y lluviosos.

En invierno llegaban hacia las zonas más cálidas, las frutas silvestres que allí nacían eran las delicias de grandes y chicos.

Los ríos estaban llenos de peces que nadaban en el agua fresca y pura.

Las montañas tenían animales de caza y cueros para vestimentas…

Pero…un día llegó la civilización…palabra dura, fuerte, aniquilante.

Los ríos…ya no fueron ríos; aguas sucias y contaminadas de la que no podían beber ni hombres ni animales.

El aire irrespirable en grandes ciudades, las chozas de cuero ya no existían…las personas enfermaban por la contaminación, escapes de automóviles, fábricas lanzando humo espeso.

Pero las medicinas eran otra cosa…cada vez el hombre necesitaba más y más medicinas químicas para las dolencias que ellos mismos se ocasionaban.

Los alimentos no había que salir a recolectar estaban en el supermercado ¡qué bien! Pero las personas sin trabajo y que no tenían dinero no se les permitía llevar alimentos a sus hijos que morían de hambre.

El mar… Ah el mar…Esa fuente de agua tan grande, también estaba contaminado. Los animales peces, ballenas, pulpos y demás ya morían por la suciedad de los afluentes cloacales, sin que ninguna persona se apiade de los pobres seres que vivían debajo del agua.

El hombre. Eso, el hombre, ese ser que se cree omnipotente da vida y quita vida sin que se le remueva el corazón…hace alarde de ser inteligente y superior.

Sin darse cuenta que con la tecnología a su alcance podría hacer de este mundo un lugar de convivencia y paz.

Las futuras generaciones tendrán grandes avances científicos, pero tan inútil si todo está destruido.

Los alimentos y granos que consumían tenían tanto químico que perjudicó su población.

Y…en un futuro muy lejano una nave descenderá sobre el planeta, un planeta yerto sin atmósfera y se preguntarán ¿Existió vida? ¿Había agua? ¿Existió civilización?

¿Qué nos depara el futuro a nosotros humanos…hijos, nietos?

Pregunta sin respuesta…

María Teresa Di Dio

¡¡¡Dios Está Hablando Contigo!!!

Un hombre susurró: Dios, habla conmigo.
Y un ruiseñor comenzó a cantar…
Pero el hombre no oyó.
¡Entonces el hombre repitió:
Dios, habla conmigo!
Y el eco de un trueno, se oyó…
Mas el hombre fue incapaz de oír.
El hombre miró en derredor y dijo:
¡Dios, déjame verte!
Y una estrella brilló en el cielo…
Pero el hombre no la vio.
El hombre comenzó a gritar:
¡Dios, muéstrame un milagro!
Y un niño nació…
Mas el hombre no sintió el latir de la vida.
Entonces el hombre comenzó
a llorar y a desesperarse:
¡Dios, tócame y déjame saber
que estás aquí conmigo…!
Y una mariposa se posó
suavemente en su hombro…
El hombre espantó la mariposa con la mano y,
desilusionado, continuó su camino,
triste, sólo y con miedo.

Oración de los indios cherokees…

Publicado en Citas, Inteligencia emocional, Madre Tierra, Motivación, Reflexiones | Etiquetado , , | Deja un comentario

Placer

No hay burla más sarcástica en este mundo que decirle a alguien que cultive la felicidad. ¿Qué significa este consejo? La felicidad no es una patata que pueda plantarse en la tierra y abonarse con estiércol. La felicidad es un resplandor que brilla en lo alto del Cielo, muy lejos de nosotros. Es un rocío divino que el alma, en ciertas mañanas estivales, siente caer sobre sí desde el amaranto en flor y los frutos dorados del Paraíso. Charlotte Brontë

Paseando por el Valle de San Millán (La Rioja)

Placer

El Placer verdadero no se respira en la ciudad,
Ni en los templos donde el Arte habita,
Tampoco en palacios y torres donde
La voz de la Grandeza se agita.

No. Busca dónde la Alta Naturaleza sostiene
Su corte entre majestuosas arboledas,
Donde Ella desata todas sus riquezas,
Moviéndose en fresca belleza;

Dónde miles de aves con las más dulces voces,
Dónde brama la salvaje tormenta
Y miles de arroyos se deslizan suaves,
Allí se forma su concierto poderoso.

Ve hacia donde el bosque envuelto sueña,
Bañado por la pálida luz de la luna,
Hacia la bóveda de ramas que acunan
Los sonidos huecos de la Noche.

Ve hacia donde el inspirado ruiseñor
Arranca vibraciones con su canción,
Hasta que todo el solitario y quieto valle
Suene como una sinfonía circular.

Ve, siéntate en una saliente de la montaña
Y mira el mundo a tu alrededor;
Las colinas y las hondonadas,
El sonido de las quebradas,
El lejano horizonte atado.

Luego mira el amplio cielo sobre tu cabeza,
La inmóvil, profunda bóveda de azul,
El sol que arroja sus rayos dorados,
Las nubes como perlas de azur.

Y mientras tu mirada se pose en esta vasta escena
Tus pensamientos ciertamente viajarán lejos,
Aunque ignotos años deberían atravesar entre
Los veloces y fugaces momentos del Tiempo.

Hacia la edad dónde la Tierra era joven,
Cuando los Padres, grises y viejos,
Alabaron a su Dios con una canción,
Escuchando en silencio su misericordia.

Los verás con sus barbas de nieve,
Con ropas de amplias formas,
Sus vidas pacíficas, flotando gentilmente,
Rara vez sintieron la pasión de la tormenta.

Luego un tranquilo, solemne placer penetrará
En lo más íntimo de tu mente;
En esa delicada aura tu espíritu sentirá
Una nueva y silenciosa suavidad.

Charlotte Brontë

Publicado en Citas, Inteligencia emocional, Motivación, Poesías, Reflexiones | Etiquetado , , | Deja un comentario

“Las apariencias”

“No se fíe de la apariencia de la gente. Las personas más peligrosas suelen tener un aspecto de lo más seductor: fascinantes, divertidas, impulsivas, arriesgadas, que viven al límite. A menudo esos rasgos externos nos ciegan y no vemos el peligro. Aprenda a mirar con el corazón, no con los ojos.” Brian Weiss.

En aquellos tiempos vivía en China un grupo de monjes conocidos con el nombre de Sabios de la Túnica color Ciruela. Convertirse en un Sabio de la Túnica color Ciruela exigía una gran disciplina. Para los aspirantes el camino era difícil y duro, los días ingratos y las noches largas.

El monasterio de los Sabios de la Túnica color Ciruela estaba en las montañas, al noroeste de Lo-Yang, la capital de entonces, muchos siglos antes de nuestra Era.

Los sabios, que eran treinta y tres, el mismo número de las energías de la Tierra, caminaban recorriendo China desde un solsticio de invierno hasta el siguiente. Dondequiera que se detuviesen al azar de su camino se les acogía con respeto y alegría; la llegada de un sabio representaba buena suerte para un pueblo. 

¿Tal vez habéis encontrado a uno de esos treinta y tres sabios en vuestras vidas?

“Las apariencias”

Un día, sentado el viejo sabio a la sombra de un árbol al borde del camino, estaba comiendo arroz con los dedos. Por allí pasaba un anciano muy rico que se indignó:

  • ¡Mirad a ese hombre! Dicen que es el sabio más grande de la provincia y está comiendo con los dedos. ¡Qué horror! Nunca le invitaré a mi casa.

Cinco minutos después apareció una elegante comitiva escoltada por tres guardias que acompañaba a pasear a dos damas.

  • Oh, ¿no es ése el sabio del vergel de los ciruelos?
  • Sí, es él.
  • No le basta con ser un patán, sino que además es muy sucio.
  • Nunca consentiremos recibirle en nuestra casa.

Al día siguiente, el rey de la provincia organizaba una gran recepción para celebrar el equinoccio e invitó al sabio. También estaban invitados el anciano rico y las dos damas. El sabio, en el lugar de honor, comía con palillos y su ropa estaba inmaculada.

El hombre rico no pudo contenerse y le preguntó:

  • ¿Cómo puedes comer un día con los dedos y otro según las normas y las costumbres?
  • ¡Oh! es muy sencillo. No me atengo a las costumbres y me adapto al lugar donde me encuentro. Si estoy sentado bajo un árbol, me gusta comer con los dedos. Nadie me ve, aparte de los que pasan y me juzgan. Si se me invita, me acomodo a las costumbres de mi anfitrión.

El hombre meneó la cabeza. Yo no podría actuar de esa manera. He de comer siempre con palillos.

  • Entonces nunca verás más que un aspecto de las cosas -dijo el sabio.

Chao Mu,  “Cuentos de Los Sabios de la Túnica color Ciruela”

Publicado en Citas, Cuentos, Inteligencia emocional, Motivación, Reflexiones, Relatos | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

La noche de bodas de Don Marcos

Amor y humor, dos misterios insondables de la vida cotidiana, dos características que definen al ser humano y le distinguen de los animales. Dos formas de elevarse a las cotas más altas del espíritu, y también de caer en el más solemne ridículo. La risa es un fenómeno esencialmente social que varía de forma predecible según la relación entre quien ríe y de quien ríe.

Según los estudios, el amor, en el sentido más general de cercanía social, simpatía, identidad y solidaridad, influye directamente sobre el humor –y también al contrario: el humor influye sobre el amor–.

Reímos con las personas cercanas y los miembros de grupos con los que nos identificamos; por eso el humor refuerza el amor entre individuos que lo comparten. En el arte de la seducción, el humor tiene mucho que ver. Casi por definición, caer en el amor es caer en el ridículo. El comportamiento de los amantes está lleno de disparates y bochornosos atrevimientos, que a menudo provocan la risa de sus amistades.

“El portal del lector”, Bibliotecas de la Comunidad de Madrid

La noche de bodas de Don Marcos

A los 95 años de edad, Don Marcos, un acaudulado y respetado vecino de Torrecilla, se casó con Ana, una joven de Viguera de 25 años.

Debido a la edad de su marido, Ana decide que después de su boda, ella y Don Marcos deben tener dormitorios separados.

Después de las festividades de la boda, Ana se prepara para la cama y de pronto se escuchan golpes en la puerta y al abrir está Don Marcos, con sus 95 años… listo para la acción!

Concluido el acto Don Marcos le da un beso de buenas noches y vuelve a su dormitorio.

Después de algunos minutos, Ana oye otros golpes en la puerta del dormitorio y es Don Marcos…. listo para la segunda vuelta!

Sorprendida, Ana acepta, al final del acto,Don Marcos le da un cariñoso beso de buenas noches y se va.

Más tarde, Don Marcos está otra vez tocando la puerta, y tan fresco como un muchacho de 25 años… listo una vez más !!!

Y así sucede dos veces más, Don Marcos regresa con Ana y después de la acción, le da un beso de buenas noches a su esposa y regresa a su cuarto.

Después de una hora, regresa Don Marcos por sexta vez y como si nada!
Termina y le da un beso de buenas noches a Ana; en esta ocasión Ana lo detiene y le pide que se no se vaya; está sorprendida y le dice a Don Marcos:

– Me impresiona que a tu edad puedas repetir esto tantas veces Marcos, en verdad eres un gran amante. He estado con hombres con un tercio de tu edad y son totalmente incapaces de seguirte el paso.

Don Marcos, totalmente desconcertado, le pregunta a Ana:

– ¿Cómo!!!… ya había venido antes ?

Moraleja:
El Alzheimer tiene sus ventajas.

“Oración de la tercera edad” 

“Señor, enséñame a envejecer.
Convénceme que no son injustos conmigo
los que me quitan responsabilidad,
los que ya no piden mi opinión,
los que llaman a otro para que ocupe mi puesto.

Quítame el orgullo de mi experiencia pasada,
quítame el sentimiento de creerme indispensable.
Señor, que en este gradual despego de las cosas,
yo solo vea la ley del tiempo,
y considere este relevo en los trabajos como una manifestación
de la vida que se revela bajo el impulso de tu Providencia. Pero ayúdame, Señor, para que yo todavía sea útil a los demás.
Contribuyendo con mi optimismo y oración,
a la alegría y al entusiasmo de los que ahora tienen la responsabilidad.

Viviendo en contacto humilde y sereno con el mundo que cambia,
sin lamentarme por el pasado que se fue.
Aceptando mi salida de los campos de la actividad
como acepto con naturalidad sencilla la puesta del sol.
Finalmente, te pido que me perdones si sólo en esta hora tranquila
caigo en la cuenta de cuanto me has amado,
y concédeme que, a lo menos ahora,
mire con mucha gratitud hacia el destino feliz que me tienes preparado
y hacia el cual me orientaste en el primer momento de mi vida.

Señor, enséñame a envejecer así”.
Amén.

L. Parola

Publicado en La Rioja, Los viernes chiste, Relatos | Etiquetado , | 2 comentarios