Los panes negros

Pan-negro

Los panes negros

xeeds2n aquel tiempo, Nicolás Nerli era banquero en la noble ciudad de Florencia. A la hora de tercia se encontraba ya sentado ante su pupitre, y a la hora de nona aún estaba allí sentado, haciendo cuentas todo el día en sus tablillas. Nicolás Nerli prestaba dinero al Emperador y al Papa. Y si no le prestaba dinero al diablo era porque temía hacer malos negocios con el que nombramos el Maligno y que no carece de artimañas.

Era audaz y desconfiado. Había adquirido grandes riquezas y despojado a mucha gente. Por ello era respetado en la ciudad de Florencia. Vivía en un palacio en el que la luz que Dios creó no entraba sino por estrechas ventanas; eso era por prudencia, pues la mansión de un rico debe ser como una ciudadela y los que poseen grandes bienes hacen bien en defender por la fuerza lo que han adquirido por la astucia.

El palacio de Nicolás Nerli se encontraba pues provisto de rejas y cadenas. En su interior, los muros estaban decorados con pinturas de expertos maestros que habían representado en ellas las Virtudes como mujeres, los patriarcas, los profetas y los reyes de Israel. Los tapices expuestos en las habitaciones ofrecían a la vista las historias de Alejandro y de Tristán tal como las cuentan en los libros. Nicolás Nerli hacía brillar su riqueza en toda la ciudad por medio de fundaciones piadosas.

Había mandado construir un hospital en la zona de extramuros cuyo friso, esculpido y pintado, representaba las acciones más honorables de su vida; en reconocimiento por las sumas de dinero que había donado para acabar Santa María la Nueva, su retrato se hallaba expuesto en el coro de esta iglesia. Se le veía en él arrodillado, con las manos juntas, a los pies de la Santísima Virgen. Se le reconocía por su gorro de lana roja, su abrigo forrado, su rostro rollizo y sus ojillos despiertos. Su buena esposa, Mona Bismantova, con expresión honesta y triste, que se podría pensar que jamás nadie hubiera obtenido de ella algún placer, se hallaba al otro lado de la Virgen, en humilde actitud orante. Aquel hombre era uno de los primeros ciudadanos de la República; como no había hablado jamás mal de las leyes y no se preocupaba en absoluto de los pobres ni de aquellos a los que los poderosos del momento condenan a pagar multas o al exilio, no había disminuido nada, en la opinión de los magistrados, la estima que había adquirido a sus ojos por su gran riqueza.

Una noche de invierno, al regresar a su palacio algo más tarde de lo habitual, fue rodeado ante el umbral de su puerta por un grupo de mendigos medio desnudos que le tendían la mano. Los apartó con duras palabras. Pero el hambre hace a los hombres ariscos y osados como los lobos: formaron un círculo a su alrededor y le pidieron pan con voz quejumbrosa y ronca. Estaba inclinándose ya para recoger piedras y lanzárselas, cuando vio llegar a uno de sus criados que llevaba sobre la cabeza una cesta de panes de centeno, destinados a los empleados de las cuadras, de la cocina y de los jardines.

Hizo una señal al de los panes para que se acercara, y, sacándolos de la cesta con ambas manos, les arrojó los panes a los menesterosos. Luego, entró en su casa, se acostó y se quedó dormido. Mientras dormía, sufrió un ataque de apoplejía y murió tan de repente que creía que se encontraba aún en su lecho cuando vio, en un rincón oscuro, a San Miguel iluminado por el resplandor que irradiaba de su propio cuerpo. El arcángel, con la balanza en la mano, estaba cargando los platillos. Al reconocer en el platillo que pesaban más las joyas de las viudas que guardaba como fianza, la multitud de recortes de escudos indebidamente retenidos y algunas piezas de oro muy bellas, que sólo él poseía y que había adquirido por usura o por fraude, Nicolás Nerli reconoció que era su vida, ya finalizada, lo que san Miguel estaba pesando en su presencia. Miró atento y preocupado.

-Señor San Miguel -le dijo-, si ponéis en un platillo todas las ganancias que he obtenido en mi vida, colocad en el otro, os lo ruego, las hermosas fundaciones con las que he puesto de manifiesto mi piedad. No olvidéis la cúpula de Santa María la Nueva a la que contribuí financiando la tercera parte, ni el hospital de extramuros, que he construido por completo con mi dinero.

-No temáis, Nicolás Nerli -respondió el arcángel-. No me olvidaré de nada.

Y con sus manos gloriosas colocó en el otro platillo la cúpula de Santa María la Nueva y el hospital con el friso esculpido y pintado. Pero el platillo no se movió. El banquero sintió gran inquietud.

-Señor san Miguel -dijo de nuevo-, buscad bien. No habéis colocado en ese platillo de la balanza ni mi hermosa pila del agua bendita de San Juan, ni el púlpito de San Andrés, en donde está representado el bautismo del Nuestro Señor a tamaño natural. Es una obra que me costó muy cara.

El arcángel colocó el púlpito y la pila encima del hospital en el platillo, que tampoco se movió. Nicolás Nerli empezó a notar que su frente se inundaba de un sudor frío.

-Señor arcángel -preguntó-, ¿estáis seguro de que vuestra balanza funciona correctamente?

San Miguel respondió sonriendo que, al no ser la balanza como las que usan los lombardos de París ni como las que usan los cambistas de Venecia, aquélla no carecía en absoluto de exactitud.

-¡Cómo! -suspiró Nicolás Nerli, completamente lívido-, ¿la cúpula, el púlpito, la pila, el hospital con todas sus camas, no pesan, pues, más que una brizna de paja o que el plumón de un pájaro?

-Ya lo estáis viendo, Nicolás -dijo el arcángel-, y, hasta el momento, el peso de vuestras iniquidades es muy superior al peso ligero de vuestras buenas acciones.

-Voy a ir al infierno, pues -dijo el florentino. Y sus dientes castañeteaban de espanto.

-¡Tened paciencia, Nicolás Nerli -prosiguió el pesador celeste-, paciencia! No hemos terminado aún. Nos queda esto.

Y el bienaventurado Miguel tomó los panes de centeno que el rico les había lanzado a los pobres la víspera. Los colocó en el platillo de las buenas obras, que descendió de repente, mientras que el otro subía, quedando ambos platillos al mismo nivel. El fiel de la balanza no se inclinaba ni a la derecha ni a la izquierda y la aguja indicaba la igualdad perfecta de los dos pesos. El banquero no podía creer lo que veían sus ojos. El glorioso arcángel le dijo:

-Como estás viendo, Nicolás Nerli, no eres apto ni para el cielo ni para el infierno. ¡Anda, regresa a Florencia! Multiplica en tu ciudad esos panes que diste con tus manos, de noche, sin que nadie te viera, y serás salvo. Pues no basta con que el cielo se abra para el ladrón que se arrepiente y para la prostituta que llora. La misericordia de Dios es infinita: es capaz de salvar incluso a un rico. Sé tú ese rico. Multiplica los panes cuyo peso puedes ver en mi balanza. ¡Anda!

Nicolás Nerli se despertó en su lecho. Decidió seguir el consejo del arcángel y multiplicar el pan de los pobres para lograr entrar en el reino de los cielos.

Durante los tres años que pasó sobre la tierra después de su primera muerte, fue caritativo con los menesterosos y muy generoso en limosnas.

 Anatole France  (1895)

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Amarme

¿Si yo no soy para mí, quién será para mí?

¿Si sólo soy para mí, quién soy yo?

¿Y si no ahora, cuándo?

Rabí Hillel

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Amarme

Independientemente de nuestro género sexual, todos poseemos un aspecto femenino y un aspecto masculino internos y la relación entre éstos – la pareja interior – tiende a reproducirse en nuestros vínculos.

Solemos relacionarnos con los aspectos exteriores de la vida a través de su correspondencia con nuestros patrones internos. Así, cuando nos atrae otra persona, la misma está espejando aspectos tanto conscientes como inconscientes de nuestro propio ser.

Habitualmente esperamos que el otro/a nos proporcione aquello de lo que carecemos, o creemos carecer. Muchos de los conflictos que atravesamos en la vida tienen una trastienda de baja autoestima. En las dificultades dentro del ámbito de la pareja, en el plano laboral, en las relaciones con familiares y amigos existen siempre zonas profundas en las que no confiamos. Algunas tienen que ver con creencias de base, que desmoronan la fe en nosotros mismos de manera visible y obvia; otras son creencias que subyacen bajo capas de un aparente “todo está bien”.

Construir la propia autoestima es plantar las semillas para amarse a sí mismo, la base para cualquier relación amorosa con otra persona.

Al mencionar la idea de amarse más y mejor a sí mismo podríamos temer caer en un amor narcisista que, más que acercarnos, nos aparte del resto de la humanidad. Esta propuesta no implica quedarnos, como Narciso, prendidos al propio reflejo en el estanque, embelesados con nuestra imagen. Se trata más bien de reconocer y revalorizar todo lo que tenemos de positivo. Cuando nos conectamos con nuestras partes más luminosas y amorosas absorberemos la energía necesaria para ingresar también en los rincones más oscuros, construyendo así una percepción más plena de quién somos verdaderamente.

La forma en que nos describimos colorea todas nuestras experiencias. ¿Quién sabe desde cuándo o desde quién comenzamos a definirnos de determinada manera? Lo cierto es que todas nuestras ideas y pensamientos producen resultados, y nuestros diálogos internos son la base sobre la cual construimos nuestra experiencia de la realidad. Todo cuanto consideremos real o verdadero se convierte, eventualmente, en una realidad para nosotros.

Es clásico el ejemplo de quien cree que es rechazado por otros. Sin proponérselo, su actitud y su expresión hacen que efectivamente lo rechacen. Si tengo la idea de que no soy lo suficientemente valiosa como mujer y que debido a ello mi pareja me abandonará, comenzaré a aferrarme, a exigir, a reprochar y controlar, y estas reacciones lo inducirán eventualmente a distanciarse y/o a abandonarme, confirmando así mi creencia.

Estas son las famosas profecías auto-cumplidas, en las que terminamos creando lo temido, atrayendo hacia nosotros precisamente aquello que tratábamos de evitar.

A todos nos hubiera gustado escuchar frases amorosas de nuestros padres, y nos gustaría que nuestra pareja y amigos nos dijesen cuánto valemos. Sin embargo, nos cuesta decírnoslo a nosotros mismos.

Tendemos a esperar que sean los demás quienes retruquen nuestra percepción negativa con halagos, felicitaciones y miradas de aprobación. Sin duda es agradable recibir alabanzas, pero esa dosis de autoestima foránea no es duradera ni suficiente.

Lamentablemente, vivimos con la sensación de que el amor está fuera de nosotros, que es algo que nos dan o nos quitan, un regalo, un premio, algo que merecemos o dejamos de merecer en función de que cumplamos con determinados requisitos (ser jóvenes, delgados, atractivos, inteligentes, exitosos, carismáticos, etc.)

Desde pequeños recibimos una serie de mensajes sobre el amor que nos condicionaron, haya sido esto debido a actos, frases escuchadas o sensaciones corporales basadas en acontecimientos vividos, y/o en la interpretación personal que realizamos en función de éstos.

Hoy, ya adultos, necesitamos redefinir nuestra noción del amor.

Para ello, puede ser útil formularnos y responder a las siguientes preguntas:

¿Cuánto soy capaz de amarme a mí mismo?

¿Cuánto me disgusto, critico, condeno, amonesto?

¿Cuánto soy capaz de cuidarme y darme lo que necesito?

¿Cuánto placer me permito tener en mi vida cotidiana?

¿De qué formas me descuido y me abandono?

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para dar y recibir? ¿Cuál me resulta más fácil, y por qué? (Frecuentemente preferimos dar a recibir ya que esto último implica mayor vulnerabilidad).

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para mostrarme auténticamente? ¿Cuándo me expreso como realmente soy y cuándo muestro una de mis máscaras?

¿Cuál es la creencia personal que más necesito modificar para poder aceptarme y amarme sin condiciones ni exigencias inalcanzables?

Cuando logro darme cuenta de que soy mi propia fuente de amor, todo cambia de dirección – yo soy responsable de transformarme y darme aquello que espero del afuera.

El amor no existe afuera de nosotros – debemos buscarlo en su morada íntima que es nuestro propio corazón.

¿Quién si no yo puede aceptarme y amarme con todas mis características? ¿Quién si no yo conoce la historia de mi niño interno, no para lamentarme sino para sanar mis propias heridas? ¿Quién si no yo tiene en su poder el pasaje de ida y vuelta hacia lo profundo de mi corazón?

Trabajar para construir la propia autoestima es un acto de amor – amor hacia uno mismo que se traduce luego en una mayor capacidad de amar realmente a los demás.

Alicia Schmoller

 

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La partida

“El amor encontrará su camino, incluso a través de lugares donde ni los lobos se atreverían a entrar.” Lord Byron

Chica en la playa, obra de Domingo Álvarez Gómez

Chica en la playa, de Domingo Álvarez Gómez

La partida

¡Todo acabó! La vela temblorosa
se despliega a la brisa del mar,
y yo dejo esta playa cariñosa
en donde queda la mujer hermosa,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.
Si pudiera ser hoy lo que antes era,
y mi frente abatida reclinar
en ese seno que por mí latiera,
quizá no abandonara esta ribera
y a la sola mujer que puedo amar.

Yo no he visto hace tiempo aquellos ojos
que fueron mi contento y mi pesar;
loa amo, a pesar de sus enojos,
pero abandono Albión, tierra de abrojos,
y a la sola mujer que puedo amar.
Y rompiendo las olas de los mares,
a tierra extraña, patria iré a buscar;
mas no hallaré consuelo a mis pesares,
y pensaré desde extranjeros lares
en la sola mujer que puedo amar.

Como una viuda tórtola doliente
mi corazón abandonado está,
porque en medio de la turba indiferente
jamás encuentro la mirada ardiente
de la sola mujer que puedo amar.
Jamás el infeliz halla consuelo
ausente del amor y la amistad,
y yo, proscrito en extranjero suelo,
remedio no hallaré para mi duelo
lejos de la mujer que puedo amar.

Mujeres más hermosas he encontrado,
mas no han hecho mi seno palpitar,
que el corazón ya estaba consagrado
a la fe de otro objeto idolatrado,
a la sola mujer que puedo amar.
Adiós, en fin. Oculto en mi retiro,
en el ausente nadie ha de pensar;
ni un solo recuerdo, ni un suspiro
me dará la mujer por quien deliro,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Comparando el pasado y el presente,
el corazón se rompe de pesar,
pero yo sufro con serena  frente
y mi pecho palpita eternamente
por la sola mujer que puedo amar.
Su nombre es un secreto de mi vida
que el mundo para siempre ignorará,
y la causa fatal de mi partida
la sabrá sólo la mujer querida,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

¡Adiós!..Quisiera verla… mas me acuerdo
que todo para siempre va a acabar;
la patria y el amor, todo lo pierdo…
pero llevo el dulcísimo recuerdo
de la sola mujer que puedo amar.
¡Todo acabó! La vela temblorosa
se despliega a la brisa del mar,
y yo dejo esta playa cariñosa
en donde queda la mujer hermosa,
¡ay!, la sola mujer que puedo amar.

Lord Byron

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La medicina de los cuentos

Nuestros Mini-Cuentos, foto J.L.Soba

Nuestros Mini-Cuentos, foto J.L.Soba

La medicina de los cuentos

“Los cuentos de hadas terminan al cabo de diez páginas, pero nuestras vidas no. Somos colecciones de varios tomos. En nuestras vidas, aunque un episodio equivalga a una colisión y una quemadura, siempre hay otro episodio que nos espera, y después otro. Siempre hay oportunidades de arreglarlo, de configurar nuestras vidas de la manera que merecemos. No hay que perder el tiempo odiando un fracaso. El fracaso es mejor maestro que el éxito. Presta atención, aprende y sigue adelante, eso es lo que nos dice el cuento. Estamos prestando atención a su antiguo mensaje. Estamos aprendiendo lo que son las pautas perjudiciales, para poder seguir adelante con la fuerza propia de quien puede presentir las trampas, las jaulas y los cebos antes de caer en ellos y ser atrapado por ellos.”

“Los cuentos de hadas han sobrevivido a la agresión política, a las opresiones, a la caída y aparición de civilizaciones, a las masacres de generaciones y a las inmensas migraciones terrestres y transoceánicas. Han sobrevivido a discusiones, ampliaciones y fragmentaciones. Estas joyas de múltiples facetas oponen una resistencia diamantina. Quizá sea éste su gran misterio, su gran milagro.”

“Los cuentos son como diminutos generadores que nos hacen recordar los conocimientos esenciales sobre la vida anímica. (…) En cuanto se activa ese mecanismo, lo que hacen los cuentos es evocar en la psique un subtexto más profundo, una sagacidad innata recibida a través del inconsciente colectivo (…) Un cuento invita a la psique a soñar con algo que nos resulta familiar, pero que suele hundir sus raíces en épocas remotas. Cuando el oyente entra en un cuento, empieza a visionar de nuevo todos sus significados, a leer con el corazón esas guías metafóricas tan importantes acerca de la vida del alma.”

“La utilización de los cuentos como forma de entretenimiento, queda reflejada en el vocablo entretener (intertenere). Entretener significa sostener mutuamente algo, entrelazándose. La palabra connota reciprocidad, de modo que cada uno sostiene al otro en el estado o condición que desea.”

“El cuento contribuye al aprendizaje de la vida y al desarrollo de la comprensión de asuntos grandes y pequeños. (…) A medida que se crece y se madura, se va encontrando en los cuentos cada vez más capas de significados. En diferentes etapas de la vida, podemos tener un pensamiento más o menos concreto o abstracto, pero siempre conservamos el pensamiento simbólico, éste nos permite inventar, innovar y crear ideas originales con resultados a menudo sorprendentes. Si el lenguaje de los símbolos es la lengua materna de la vida creativa, los cuentos vendrían a ser el filón madre.”

“A través de los cuentos vemos que ninguno de nosotros se conforma con convertirse en un ser humano de medio pelo, sino que todos deseamos y luchamos por desarrollarnos como los humanos verdaderos, los capaces de unir corazón, mente y esfuerzo con ecuanimidad. (…) La bondad, en toda su extensión, se desarrolla a través de toda una serie de cualidades como la compasión, la empatía, la justicia, la prudencia, la moderación, el valor ante situaciones límite. En los cuentos antiguos, se manifiestan estos rasgos de una u otra forma. (…) Exactamente igual que en los cuentos de hadas más antiguos, la vida es un lugar en el que las debilidades son, a menudo, sus mayores dones, un lugar en el que el mundo de perder y reencontrar el corazón y el alma, es doloroso, pero muchas veces resulta ser el único sentido primario y valioso de nuestra existencia.”

(En cuanto a la brutalidad en los cuentos de hadas) “El elemento brutal es una antigua manera de conseguir que el yo emotivo preste atención a un mensaje muy serio. (…) Considero que es útil y fundamental que los que más aman y conocen al niño le muestren las realidades más complejas de la vida. (…) Claro que a un niño hay que contarle historias duras, igual que cuentos hermosos. Todos los niños deben contar con un mapa que les oriente y les entrene por los inmensos bosques, luminosos y oscuros, del mundo. No es muy fortalecedor omitir ciertas cosas (…) y no darle al niño ningún tipo de información sobre cómo proteger su alma, termina por debilitarle. (…) Háblele a su hijo sobre los asuntos serios de la vida, porque si no, cualquier otro lo hará por usted.”

“Los cuentos de hadas son episódicos. No tienen un auténtico final. Igual que ocurre en nuestra vida real, vivimos en una historia interminable. En la vida real se nos da una oportunidad y luego otra y otra. Al final, damos con la manera de recuperar el manto mágico, adivinamos cómo hacer para ponernos la capa de invisibilidad y hallamos por el camino, y conservamos, leales compañeros.

Clarissa Pinkola Estés. Fragmentos del texto “La medicina de los cuentos” (Prólogo de “Cuentos de los Hermanos Grimm”. Ediciones B)

 

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El banquete del mago

La seducción de Merlín

La seducción de Merlín (1874), cuadro de Edward Burne-Jones.

El banquete del mago

xhhhhvf.jpgabía una vez un mago que construyó una casa cerca de una aldea grande y próspera.

Un día invitó a toda la gente de la aldea a un banquete.
– Antes de que comamos, dijo, tenemos algunas diversiones.

Todo el mundo se alegró, y el mago les proporcionó un espectáculo de magia de primera clase, con conejos saliendo de sombreros, banderas apareciendo de la nada, y una cosa convirtiéndose en otra. La gente estaba encantada.

Entonces el mago preguntó:
– ¿Queréis comer ahora, o queréis más entretenimientos?

Todo el mundo pidió entretenimientos, porque nunca había visto nada igual; en casa había comida, pero nunca tanta emoción. De modo que el mago se transformó en paloma, luego en un halcón, y finalmente en un dragón. La gente se volvió salvaje de excitación.

El mago les preguntó de nuevo, y ellos querían más. Y lo tuvieron. Entonces les preguntó si querían comer, y le dijeron que sí. De modo que el mago hizo que sintieran como vi estuviesen comiendo, dirigiendo su atención por medio de ciertos trucos, mediante sus poderes mágicos.

La imaginaria comida y el entretenimiento duraron toda la noche. Cuando llegó el amanecer, algunas gentes dijeron:
– Debemos ir a trabajar.

De modo que el mago hizo que imaginasen que iban a casa, se preparaban para el trabajo, y trabajaban todo el día.
Resumiendo, cuando alguien decía que tenía que hacer algo, el mago le hacía pensar primero que iba a hacerlo, luego que lo había hecho, y finalmente que había regresado a la casa del mago.

Finalmente, el mago había tejido tales hechizos sobre la gente de la aldea que sólo trabajaban para él, mientras pensaban que continuaban en sus vidas cotidianas. Si alguna vez se sentían intranquilos les hacía pensar que estaban de regreso al banquete en su casa, y eso les daba placer y les hacía olvidar.

– Y ¿qué les ocurrió al mago y a la gente al final?
– Bueno, eso no se lo puedo decir, porque él aún está muy ocupado haciéndolo, y la mayoría de la gente aún está bajo su hechizo.

Cuento Sufi de Idries Shah, del libro “El buscador de la verdad” .

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Carta a Usted Señora

“Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera. Hasta hay un momento, un principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace.”  Jean-Paul Sartre

John William Godwardcontemplation-1903

Contemplación (1903), obra de John William Godward.

Carta a Usted
Señora:

Según dicen ya tiene usted otro amante.
Lástima que la prisa nunca sea elegante.
Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa,
se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa.

Y me parece injusto discutirle el derecho
de compartir sus penas sus goces y su lecho
pero el amor señora cuando llega el olvido
también tiene el derecho de un final distinguido.

Perdón… Si es que la hiere mi reproche… Perdón
aunque sé que la herida no es en el corazón
Y para perdonarme… Piense si hay más despecho
que en lo que yo le digo, que en lo que usted ha hecho.

Pues sepa que una dama con la espalda desnuda
sin luto en una fiesta, puede ser una viuda.
Pero no como tantas de un difunto señor
sino para ella sola, viuda de un gran amor.

Y nuestro amor recuerdo, fue un amor diferente
al menos al principio, ya no, naturalmente.

Usted será el crepúsculo a la orilla del mar,
que según quien lo mire será hermoso o vulgar.
Usted será la flor que según quien la corta,
es algo que no muere o algo que no importa.

O acaso cierta noche de amor y de locura
yo vivía un ensueño y… y usted una aventura.
Si… usted juró cien veces ser para siempre mía
yo besaba sus labios pero no lo creía.

Usted sabe y perdóneme que en ese juramento
influye demasiado la dirección del viento.
Por eso no me extraña que ya tenga otro amante
a quien quizás le jure lo mismo en este instante.

Y como usted señora ya aprendió a ser infiel
a mí así de repente me da pena por él.

Sí es cierto… alguna noche su puerta estuvo abierta
y yo en otra ventana me olvidé de su puerta
O una tarde de lluvia se iluminó mi vida
mirándome en los ojos de una desconocida.

Y también es posible que mi amor indolente
desdeñara su vaso bebiendo en la corriente.
Sin embargo señora… Yo con sed o sin sed
nunca pensaba en otra… si la besaba a usted.

Perdóneme de nuevo si le digo estas cosas
pero ni los rosales dan solamente rosas.
Y no digo estas cosas por usted ni por mí
sino por… por los amores que terminan así.

Pero vea señora… qué diferencia había
entre usted que lloraba… y yo que sonreía.
Pues nuestro amor concluye con finales diversos
usted besando a otro… Yo escribiendo estos versos.

Jose Angel Buesa

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“La botica de Camelot o de la Tabla Redonda”

Grabado de una botica medieval

“La botica de Camelot o de la Tabla Redonda”

Aunque la pócima más notoria de la botica de la Tabla Redonda sea el famoso «bálsamo de Fierabrás» —probablemente preparado por última vez por don Quijote en La Mancha natal y de sus primeras aventuras—, en los anaqueles de Camelot estaban a disposición de los paladines diversas panaceas, las más con su punta de magia, y traídas a la corte del rey Arturo cuando Alejandro, hijo mayor del emperador de Constantinopla, viajó a Gran Bretaña a aprender allí caballerías.

Todas estas medicinas tenían por objeto la rápida curación y cicatrización, sin dejar apenas huella, de las grandes heridas de los nobles guerreros, lo que era también la misión del «bálsamo de Fierabrás».

De Armórica procedían las «hierbas del tiempo», aquellas que concedían a los paladines, tomadas en infusión sus virtudes, prolongar el día o la noche. Así Bohort podía cabalgar por una selva durante veinticuatro horas sin que el sol se pusiese, o Galván hacer durar la noche sin luna durante otras veinticuatro.

Un mundo de luz o de sombra se hacía alrededor del caballero, pero Lanzarote, Percival, Galahad, rechazaron ese truco, así como la llamada «agua de disminución», la cual agua, un compuesto de perla índica molida y de diente de lobo en polvo, hacía que el que la tomase, saliendo contra el dragón, viese a este del tamaño de un perrillo de lanas y se fuese a alancearlo en el entrecejo o bajo la lengua sin temor alguno.

Sir Galahad y sir Percival irían contra el dragón como Jorge de Capadocia, viéndolo en su tamaño natural de colmillo y de garras. Si se lograba que el dragón bebiese de esta agua, dejándosela teñida de sangre a la puerta de su cueva —teñido que se lograba haciendo que sangrasen en ella, de sus narices, unas docenas de siervos—, surtía en la bestia el efecto contrario, viendo al que venía a darle muerte como un terrible gigante, una montaña vestida de armadura. Pero todo esto eran mañas de profesionales de la matanza del dragón, que no obra de los ilustres señores de la Tabla.

Se ha discutido mucho el porqué de la existencia en la botica de Camelot de muchos medicamentos procedentes de Bizancio, y creo haber sido el primero en haber encontrado la razón en la narración de Chrétien de Troyes titulada Cligés.

Les contaré, abreviando. Un Alejandro bizantino, príncipe imperial, se enamoró de Soredamors, hermana del caballero Galván, cuyo nombre se traduce por Rubia de los Amores. Tras la conquista de Vindilisora, que es Windsor, Alejandro va a la tienda de la reina Ginebra, donde está Soredamors, y la reina adivina que los dos se aman y no se atreven a decírselo. La reina, que ya por entonces coronaba a su marido con el buen caballero Lanzarote del Lago, sirve de celestina, echa a la una en brazos del otro, y los casa.

Catorce meses más tarde —los primogénitos de los días artúricos nacen todos a los catorce meses, exceptuado Amadís de Gaula, porque en los cinco primeros meses de matrimonio hay platónica continencia—, nace Cligés.

Un mayo, Alejandro y Soredamors salen de Bretaña para Constantinopla, y se encuentran al llegar allá que el viejo emperador ha muerto, y reina Alexis, hermano de Alejandro. Alejandro le deja el trono a Alexis a condición de que no se case y herede el trono su hijo Cligés. A los pocos días muere, una semana después, la dulce Soredamors. Cligés queda en orfandad, y su tío Alexis olvida la palabra dada y quiere casarse con Fenicia, hija del emperador de Alemania, de trece años de edad.

Llega Fenicia a Bizancio, ve a Cligés, tiene quince años y tiene una pluma en la gorra, y se enamora de él, y Cligés le corresponde. Fenicia se confía a su ama, Thessala, experta en magia, a la que dice que no quiere conducirse como Isolda. El solo pensamiento de pertenecer a dos hombres la subleva:
Je n’i avra deus parcenters. Qui a le cuer, si ait le corps!… (Ya no tendré dos poseedores. ¡Quién tenga el alma que tenga también el cuerpo!).

La niña estaba muy bien educada. Thessala acepta servir a su ama. En primer lugar le da al emperador, en el banquete nupcial, un filtro, en virtud del cual Alexis cree gozar de Fenicia, cuando la verdad es que está sumido en profundo sueño, y lo que abraza es una sombra. Segunda parte: como Fenicia no quiere huir con Cligés, y quiere que, mientras el emperador sueña que la goza, ella goce a su enamorado, Thessala prepara un brevaje, que será famoso como «agua de la falsa muerte». Fenicia lo bebe, y pese a que la pinchan, sangran, emplastan todos los médicos de Bizancio y unos de Salerno que estaban de paso, la emperatriz aparece muerta, y hay que enterrarla.

Todos lloran a la adorada niña. Pero, a la noche, va Cligés a buscarla a su tumba, y la lleva a un palacio secreto donde Fenicia resucita. ¡Ay, qué dulces amores! Cantan los ruiseñores en el jardín y abriga sus caricias un árbol florido. Pero un día, un cazador al que se le ha perdido un azor entra en el jardín y descubre a la pareja boca con boca. Lo cuenta al emperador, este monta a caballo, pero cuando llega al palacio secreto, Cligés y Fenicia, en virtud de una pócima de Thessala, vuelan hasta Bretaña en el medio de una tribu de golondrinas. Pues bien, será Thessala quien durante la estancia de Cligés y Fenicia en Camelot llenará con sus filtros, aguas y pastas los anaqueles de la botica de la Tabla.

Pero lo que dice la novela de Chrétien de Troyes de las magias médicas de Thessala se irá transformando en realidad conforme pase el tiempo. El agua que hace soñar que se goza en cama blanda aparecerá en algunos fabliaux franceses, y en la historia de una doncella de Colonia a la que casan a la fuerza, pero ella quiere ir virgen a un convento, como sierva de María.

El agua de la falsa muerte parecerá en los días de los últimos Capetos de Francia, los rois maudits, por el último gran maestre del Temple. Su tía Mahaut d’Artois lo usará para sus envenenamientos, porque parece la muerte natural, no deja manchas en la piel, y el envenenado, enterrado solemnemente, muere de asfixia, hambre y sed y frío en su sepultura. Crimen perfecto.

El agua de la fausse mort volverá a verse en el Cuatrocientos de Italia, y será la pócima que use Julieta para librarse de la boda con Paris y esperar segura el regreso de Romeo. (Shakespeare, acto IV, escena III: Come, vial! What is this mixture do not work at all? «¡Ven, frasco! ¿Y si esta mixtura no hiciese su obra?»).
Pero la hizo, y para mal de Romeo y para mal de Julieta.

Píldoras para poder escuchar pájaros cantar cuando se es sordo, pomada que permite tocar con la mano diestra el hierro al rojo vivo, la piedra negra que corta la hemorragia, la piedra azul que permite respirar bajo el agua, el elixir una de cuyas gotas en sus ojos permitirá al caballero ver todo lo que sucede en la selva de Brocelandia siete leguas alrededor de él.

Todo esto lo dejó Thessala en Camelot, en la botica de la Tabla Redonda, y el gran antídoto arábigo contra el veneno de las horribles serpientes y contra las fiebres de los pantanos donde se baña el dragón. En un cuento de Dino Buzzati, un cazador de dragones, que respira el vaho que sale de la boca de la bestia, muere a poco, los pulmones quemados; pero para los de la Tabla, que mastican un compuesto de mandrágora y sangre de cordero nonnato, respirar el aliento del dragón es como respirar aire puro y fresco, en las mañanas de mayo, en los claros de la selva de Brocelandia y en las verdes colinas de Bretaña.

Aparte Thessala, hubo en la botica de Camelot todo lo que Merlín, el gran mago, inventó a lo largo de su vida. Medía agua que no se veía y pesaba polvos invisibles.

Álvaro Cunqueiro, en “La botica de Camelot o de la Tabla Redonda”, volumen “Tertulia de boticas prodigiosas y Escuela de curanderos” de 1976.

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Soy el milagro más grande de la naturaleza

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Hombre de Vitruvio, mandala renacentista, obra del ingenio de Leonardo da Vinci,

El Pergamino número cuatro
Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Desde el comienzo del mundo, nunca ha existido otro con mi mente, mi cabello, mi boca.
Nadie ha podido, ni puede ni podrá caminar y andar y moverse y pensar exactamente como yo. Todos los hombres son hermanos míos y sin embargo soy diferente de cada uno de ellos.

Soy una criatura única.

Aunque figuro en reino animal, lo animal solamente no me satisfará. Dentro de mí arde una llama que ha pasado a través de incontables generaciones, y su calor constituye un constante incentivo para mi espíritu de ser mejor de lo que soy, y lo seré. Avivaré esta llama de la disconformidad y proclamaré mi singularidad ante el mundo.

Nadie puede manejar el pincel ni el cincel como yo; nadie puede imitar exactamente mi
caligrafía, nadie podrá engendrar a mi hijo y en realidad nadie tiene la habilidad de vender igual que yo. De aquí en adelante, me aprovecharé de esta diferencia puesto que es un factor que debo estimular hasta el máximo.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

No haré más intentos vanos de imitar a otros. En cambio exhibiré mi singularidad en el
mercado. La proclamaré, sí, la venderé. Comenzaré ahora a acentuar la diferencias; a ocultar mis similitudes. Así también aplicaré este principio a las mercancías que vendo. Un vendedor y su mercancía, diferente de todos los demás, y orgulloso de la diferencia.

Soy un ser único de la naturaleza.

Soy una cosa rara, y existe valor en todo lo raro; por lo tanto soy de valor. Soy el resultado de miles de años de progreso; por lo tanto estoy mejor equipado, tanto mental como corporalmente, que todos los emperadores y sabios que me precedieron.

Pero mi habilidad, mi mente, mi corazón y mi cuerpo se estancarán, se corromperán y
morirán a menos que les dé buen uso. Tengo un potencial ilimitado. Empleo solamente una pequeña porción de mi cerebro, ejercito solamente una ínfima porción de mis músculos. Puedo mejorar en un ciento por ciento más mis éxitos de ayer, y esto haré, a partir de hoy.Nunca jamás quedaré satisfecho con los éxitos del ayer, ni me entregaré tampoco a la alabanza personal por los hechos que en realidad son demasiado pequeños para aún ser reconocidos. Puedo realizar mucho más de lo que he realizado y lo haré, pues ¿por qué razón el milagro que me produjo debe terminar con mi nacimiento? ¿Por qué no puedo extender ese milagro a mis hechos de hoy?

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

No estoy de casualidad en esta tierra. Estoy aquí con un propósito, y ese propósito es crecer hasta convertirme en montaña, y no encogerme hasta parecer un grano de arena. De aquí en adelante concentraré todos mis esfuerzos en transformarme en la montaña más elevada de todas, y exigiré a mi poder hasta que me pida tregua.

Acrecentaré mis conocimientos de la humanidad, de mí mismo y de las mercancías que
venda, de manera que mis ventas se multipliquen. Practicaré y mejoraré y puliré las palabras que pronuncio para vender mis mercancías, porque este es el cimiento sobre el cual edificaré mi carrera y nunca me olvidaré que muchos han alcanzado grandes riquezas y éxito mediante un solo discurso de ventas pronunciado con excelencia. Asimismo procuraré constantemente mejorar mis modales y atractivos, puesto que son el azúcar hacia la cual todos son atraídos.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Concentraré todas mis energías en hacer frente al desafío del momento. y mis actos
contribuirán a que me olvide de todo lo demás. Los problemas de mi casa los dejaré en casa. No pensaré en mi familia cuando esté en el mercado, porque esto ensombrecerá mis pensamientos. De igual manera los problemas inherentes al mercado serán dejados en el mercado y no pensaré en mi profesión cuando esté en mi casa, puesto que esto apagará mi amor.

No hay lugar en el mercado para mi familia, ni hay lugar tampoco en mi casa para el
mercado. Divorciaré al uno del otro y de esta manera permaneceré unido a ambos. Deben permanecer separados o morirá mi carrera. Esta es la paradoja de los siglos.
permanecer separados o morirá mi carrera. Esta es la paradoja de los siglos.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Se me ha dado ojos para que vea y una mente para que piense y ahora sé un gran secreto de la vida porque percibo por fin que todos mis problemas, mis desánimos y sufrimientos son en realidad grandes oportunidades veladas. Nunca me engañaré por el disfraz que lleven, porque mis ojos están abiertos. Miraré más allá del disfraz y no seré engañado.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Ni las bestias, ni las plantas, ni el viento, ni la lluvia, ni las rocas, ni los lagos tuvieron el
mismo comienzo que yo, porque fui concebido con amor y traído a este mundo con un
propósito. En el pasado no consideré esta verdad, pero desde ahora en adelante le dará
forma a mi vida y la guiará.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Y la naturaleza no conoce derrota. Con el tiempo, emerge victoriosa, y así lo haré yo, y con cada victoria la próxima lucha no será tan difícil.

Venceré, y me convertiré en un gran vendedor, puesto que soy único, singular.

Soy el milagro más grande de la naturaleza.

Los Diez Grandes Pergaminos del Éxito, del libro “El vendedor más grande del mundo” de Og Mandino.

 

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Goza Hoy

No dejes de dar pinceladas de cielo, a tus días nublados… Porque es poco el tiempo que te dan para después de la tormenta ver salir el “arcoiris.”

Zenaida Bacardí de Argamasilla

Alegoría de la Felicidad de Agnolo Bronzino. 1564.

Alegoría de la Felicidad (1564), de Agnolo Bronzino. Galleria de los Uffizi, Florencia.

Goza Hoy

Goza hoy su palabra, su mirada, su mano, su
juventud; goza hoy, antes de que se termine el
día, se esconda el sol, se te marchite la piel, se
te duerman las rosas y se te aquiete el corazón.

Goza hoy que tu mente tiene prisa, tu cuerpo
vibración, tus ojos espacio, tu imaginación alas,
tus estrellas impaciencia de infinito.

Goza hoy que el viento te canta, el pájaro se
te para en la rama, las ilusiones te revolotean
despertándote a la vida.

Goza hoy que te hierve la sangre, que la acti-
vidad te está moviendo, que la imaginación está
creando… y el amor con alas gigantescas te in-
cita a volar.

Hoy que llevas plumas nuevas, años frescos,
tiempo sin estrenar… que andas de descubridor
entre hallazgos, asombros y sorpresas. Goza tu
edad y tu momento, que siempre hay un espa-
cio fijado para lágrimas y el dolor.

Goza hoy que tienes la corola cerrada, las
penas sin llorar, el impulso incontenible y el
puente para pasar a la vida que te seduce y te
tienta. Hoy, que no temes al futuro, ni te asusta
lo que vendrá.

Hoy que abrazas la vida como si la contuvie-
ras entera y todos los caminos llevaran el ger-
men de tu realización. Hoy, que te parece fácil
abrir todas las puertas y desandar todas las am-
biciones.

Goza hoy, para que fabriques los años del
mañana, y vayas llenando el joyero sin olvido que
tiene cada vida, y cuando lleguen a la vejez y la
nostalgia, haya perlas que sacar para hacerte
sonreír.

Goza hoy que es tu momento de soñar. Goza
ahora, porque todo tiene su oportunidad, y lo que
hoy se te ofrece, mañana se te niega. Goza hoy,
porque lo que se pierde no se recupera. Goza
hoy, y vive después cuando un solo ideal te
consuma la vida.

Goza hoy de todo lo que piensas hacer y la
altura a que piensas llegar. Goza tus planes y
tus metas.

Si de todo ese mundo algo se te da, eres un
hombre de éxito.

Si logras realizar, concretar y ser fuerte en un
solo punto del camino, ya puedes decir que eres
un privilegiado.

Si te abrazas a una sola estrella, y atinas a
elegir la que te llene la vida, eres un escogido.

Goza hoy, y ¡Dios estará obrando en ti.

Zenaida Bacardí de Argamasilla, en su libro “Ramillete de Estrellas”

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