Los panes negros

Pan-negro

Los panes negros

xeeds2n aquel tiempo, Nicolás Nerli era banquero en la noble ciudad de Florencia. A la hora de tercia se encontraba ya sentado ante su pupitre, y a la hora de nona aún estaba allí sentado, haciendo cuentas todo el día en sus tablillas. Nicolás Nerli prestaba dinero al Emperador y al Papa. Y si no le prestaba dinero al diablo era porque temía hacer malos negocios con el que nombramos el Maligno y que no carece de artimañas.

Era audaz y desconfiado. Había adquirido grandes riquezas y despojado a mucha gente. Por ello era respetado en la ciudad de Florencia. Vivía en un palacio en el que la luz que Dios creó no entraba sino por estrechas ventanas; eso era por prudencia, pues la mansión de un rico debe ser como una ciudadela y los que poseen grandes bienes hacen bien en defender por la fuerza lo que han adquirido por la astucia.

El palacio de Nicolás Nerli se encontraba pues provisto de rejas y cadenas. En su interior, los muros estaban decorados con pinturas de expertos maestros que habían representado en ellas las Virtudes como mujeres, los patriarcas, los profetas y los reyes de Israel. Los tapices expuestos en las habitaciones ofrecían a la vista las historias de Alejandro y de Tristán tal como las cuentan en los libros. Nicolás Nerli hacía brillar su riqueza en toda la ciudad por medio de fundaciones piadosas.

Había mandado construir un hospital en la zona de extramuros cuyo friso, esculpido y pintado, representaba las acciones más honorables de su vida; en reconocimiento por las sumas de dinero que había donado para acabar Santa María la Nueva, su retrato se hallaba expuesto en el coro de esta iglesia. Se le veía en él arrodillado, con las manos juntas, a los pies de la Santísima Virgen. Se le reconocía por su gorro de lana roja, su abrigo forrado, su rostro rollizo y sus ojillos despiertos. Su buena esposa, Mona Bismantova, con expresión honesta y triste, que se podría pensar que jamás nadie hubiera obtenido de ella algún placer, se hallaba al otro lado de la Virgen, en humilde actitud orante. Aquel hombre era uno de los primeros ciudadanos de la República; como no había hablado jamás mal de las leyes y no se preocupaba en absoluto de los pobres ni de aquellos a los que los poderosos del momento condenan a pagar multas o al exilio, no había disminuido nada, en la opinión de los magistrados, la estima que había adquirido a sus ojos por su gran riqueza.

Una noche de invierno, al regresar a su palacio algo más tarde de lo habitual, fue rodeado ante el umbral de su puerta por un grupo de mendigos medio desnudos que le tendían la mano. Los apartó con duras palabras. Pero el hambre hace a los hombres ariscos y osados como los lobos: formaron un círculo a su alrededor y le pidieron pan con voz quejumbrosa y ronca. Estaba inclinándose ya para recoger piedras y lanzárselas, cuando vio llegar a uno de sus criados que llevaba sobre la cabeza una cesta de panes de centeno, destinados a los empleados de las cuadras, de la cocina y de los jardines.

Hizo una señal al de los panes para que se acercara, y, sacándolos de la cesta con ambas manos, les arrojó los panes a los menesterosos. Luego, entró en su casa, se acostó y se quedó dormido. Mientras dormía, sufrió un ataque de apoplejía y murió tan de repente que creía que se encontraba aún en su lecho cuando vio, en un rincón oscuro, a San Miguel iluminado por el resplandor que irradiaba de su propio cuerpo. El arcángel, con la balanza en la mano, estaba cargando los platillos. Al reconocer en el platillo que pesaban más las joyas de las viudas que guardaba como fianza, la multitud de recortes de escudos indebidamente retenidos y algunas piezas de oro muy bellas, que sólo él poseía y que había adquirido por usura o por fraude, Nicolás Nerli reconoció que era su vida, ya finalizada, lo que san Miguel estaba pesando en su presencia. Miró atento y preocupado.

-Señor San Miguel -le dijo-, si ponéis en un platillo todas las ganancias que he obtenido en mi vida, colocad en el otro, os lo ruego, las hermosas fundaciones con las que he puesto de manifiesto mi piedad. No olvidéis la cúpula de Santa María la Nueva a la que contribuí financiando la tercera parte, ni el hospital de extramuros, que he construido por completo con mi dinero.

-No temáis, Nicolás Nerli -respondió el arcángel-. No me olvidaré de nada.

Y con sus manos gloriosas colocó en el otro platillo la cúpula de Santa María la Nueva y el hospital con el friso esculpido y pintado. Pero el platillo no se movió. El banquero sintió gran inquietud.

-Señor san Miguel -dijo de nuevo-, buscad bien. No habéis colocado en ese platillo de la balanza ni mi hermosa pila del agua bendita de San Juan, ni el púlpito de San Andrés, en donde está representado el bautismo del Nuestro Señor a tamaño natural. Es una obra que me costó muy cara.

El arcángel colocó el púlpito y la pila encima del hospital en el platillo, que tampoco se movió. Nicolás Nerli empezó a notar que su frente se inundaba de un sudor frío.

-Señor arcángel -preguntó-, ¿estáis seguro de que vuestra balanza funciona correctamente?

San Miguel respondió sonriendo que, al no ser la balanza como las que usan los lombardos de París ni como las que usan los cambistas de Venecia, aquélla no carecía en absoluto de exactitud.

-¡Cómo! -suspiró Nicolás Nerli, completamente lívido-, ¿la cúpula, el púlpito, la pila, el hospital con todas sus camas, no pesan, pues, más que una brizna de paja o que el plumón de un pájaro?

-Ya lo estáis viendo, Nicolás -dijo el arcángel-, y, hasta el momento, el peso de vuestras iniquidades es muy superior al peso ligero de vuestras buenas acciones.

-Voy a ir al infierno, pues -dijo el florentino. Y sus dientes castañeteaban de espanto.

-¡Tened paciencia, Nicolás Nerli -prosiguió el pesador celeste-, paciencia! No hemos terminado aún. Nos queda esto.

Y el bienaventurado Miguel tomó los panes de centeno que el rico les había lanzado a los pobres la víspera. Los colocó en el platillo de las buenas obras, que descendió de repente, mientras que el otro subía, quedando ambos platillos al mismo nivel. El fiel de la balanza no se inclinaba ni a la derecha ni a la izquierda y la aguja indicaba la igualdad perfecta de los dos pesos. El banquero no podía creer lo que veían sus ojos. El glorioso arcángel le dijo:

-Como estás viendo, Nicolás Nerli, no eres apto ni para el cielo ni para el infierno. ¡Anda, regresa a Florencia! Multiplica en tu ciudad esos panes que diste con tus manos, de noche, sin que nadie te viera, y serás salvo. Pues no basta con que el cielo se abra para el ladrón que se arrepiente y para la prostituta que llora. La misericordia de Dios es infinita: es capaz de salvar incluso a un rico. Sé tú ese rico. Multiplica los panes cuyo peso puedes ver en mi balanza. ¡Anda!

Nicolás Nerli se despertó en su lecho. Decidió seguir el consejo del arcángel y multiplicar el pan de los pobres para lograr entrar en el reino de los cielos.

Durante los tres años que pasó sobre la tierra después de su primera muerte, fue caritativo con los menesterosos y muy generoso en limosnas.

 Anatole France  (1895)

Anuncios
Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

Amarme

¿Si yo no soy para mí, quién será para mí?

¿Si sólo soy para mí, quién soy yo?

¿Y si no ahora, cuándo?

Rabí Hillel

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Amarme

Independientemente de nuestro género sexual, todos poseemos un aspecto femenino y un aspecto masculino internos y la relación entre éstos – la pareja interior – tiende a reproducirse en nuestros vínculos.

Solemos relacionarnos con los aspectos exteriores de la vida a través de su correspondencia con nuestros patrones internos. Así, cuando nos atrae otra persona, la misma está espejando aspectos tanto conscientes como inconscientes de nuestro propio ser.

Habitualmente esperamos que el otro/a nos proporcione aquello de lo que carecemos, o creemos carecer. Muchos de los conflictos que atravesamos en la vida tienen una trastienda de baja autoestima. En las dificultades dentro del ámbito de la pareja, en el plano laboral, en las relaciones con familiares y amigos existen siempre zonas profundas en las que no confiamos. Algunas tienen que ver con creencias de base, que desmoronan la fe en nosotros mismos de manera visible y obvia; otras son creencias que subyacen bajo capas de un aparente “todo está bien”.

Construir la propia autoestima es plantar las semillas para amarse a sí mismo, la base para cualquier relación amorosa con otra persona.

Al mencionar la idea de amarse más y mejor a sí mismo podríamos temer caer en un amor narcisista que, más que acercarnos, nos aparte del resto de la humanidad. Esta propuesta no implica quedarnos, como Narciso, prendidos al propio reflejo en el estanque, embelesados con nuestra imagen. Se trata más bien de reconocer y revalorizar todo lo que tenemos de positivo. Cuando nos conectamos con nuestras partes más luminosas y amorosas absorberemos la energía necesaria para ingresar también en los rincones más oscuros, construyendo así una percepción más plena de quién somos verdaderamente.

La forma en que nos describimos colorea todas nuestras experiencias. ¿Quién sabe desde cuándo o desde quién comenzamos a definirnos de determinada manera? Lo cierto es que todas nuestras ideas y pensamientos producen resultados, y nuestros diálogos internos son la base sobre la cual construimos nuestra experiencia de la realidad. Todo cuanto consideremos real o verdadero se convierte, eventualmente, en una realidad para nosotros.

Es clásico el ejemplo de quien cree que es rechazado por otros. Sin proponérselo, su actitud y su expresión hacen que efectivamente lo rechacen. Si tengo la idea de que no soy lo suficientemente valiosa como mujer y que debido a ello mi pareja me abandonará, comenzaré a aferrarme, a exigir, a reprochar y controlar, y estas reacciones lo inducirán eventualmente a distanciarse y/o a abandonarme, confirmando así mi creencia.

Estas son las famosas profecías auto-cumplidas, en las que terminamos creando lo temido, atrayendo hacia nosotros precisamente aquello que tratábamos de evitar.

A todos nos hubiera gustado escuchar frases amorosas de nuestros padres, y nos gustaría que nuestra pareja y amigos nos dijesen cuánto valemos. Sin embargo, nos cuesta decírnoslo a nosotros mismos.

Tendemos a esperar que sean los demás quienes retruquen nuestra percepción negativa con halagos, felicitaciones y miradas de aprobación. Sin duda es agradable recibir alabanzas, pero esa dosis de autoestima foránea no es duradera ni suficiente.

Lamentablemente, vivimos con la sensación de que el amor está fuera de nosotros, que es algo que nos dan o nos quitan, un regalo, un premio, algo que merecemos o dejamos de merecer en función de que cumplamos con determinados requisitos (ser jóvenes, delgados, atractivos, inteligentes, exitosos, carismáticos, etc.)

Desde pequeños recibimos una serie de mensajes sobre el amor que nos condicionaron, haya sido esto debido a actos, frases escuchadas o sensaciones corporales basadas en acontecimientos vividos, y/o en la interpretación personal que realizamos en función de éstos.

Hoy, ya adultos, necesitamos redefinir nuestra noción del amor.

Para ello, puede ser útil formularnos y responder a las siguientes preguntas:

¿Cuánto soy capaz de amarme a mí mismo?

¿Cuánto me disgusto, critico, condeno, amonesto?

¿Cuánto soy capaz de cuidarme y darme lo que necesito?

¿Cuánto placer me permito tener en mi vida cotidiana?

¿De qué formas me descuido y me abandono?

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para dar y recibir? ¿Cuál me resulta más fácil, y por qué? (Frecuentemente preferimos dar a recibir ya que esto último implica mayor vulnerabilidad).

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para mostrarme auténticamente? ¿Cuándo me expreso como realmente soy y cuándo muestro una de mis máscaras?

¿Cuál es la creencia personal que más necesito modificar para poder aceptarme y amarme sin condiciones ni exigencias inalcanzables?

Cuando logro darme cuenta de que soy mi propia fuente de amor, todo cambia de dirección – yo soy responsable de transformarme y darme aquello que espero del afuera.

El amor no existe afuera de nosotros – debemos buscarlo en su morada íntima que es nuestro propio corazón.

¿Quién si no yo puede aceptarme y amarme con todas mis características? ¿Quién si no yo conoce la historia de mi niño interno, no para lamentarme sino para sanar mis propias heridas? ¿Quién si no yo tiene en su poder el pasaje de ida y vuelta hacia lo profundo de mi corazón?

Trabajar para construir la propia autoestima es un acto de amor – amor hacia uno mismo que se traduce luego en una mayor capacidad de amar realmente a los demás.

Alicia Schmoller

 

Publicado en Uncategorized | 2 comentarios

Ecología en fragmentos: todo está relacionado con todo

“La mayor parte de los lujos, o las llamadas comodidades de la vida, no son solamente innecesarios, sino también impedimentos para la elevación de la humanidad. Los mas sabios siempre han vivido vidas mas simples y pobres que las vidas de los mismos pobres..” Henry David Thoreau.

xIMG-20190428-WA0001

Cascada del Cinca, Valle de Pineta, Hueca, fotografía de David Soba

Ecología en fragmentos: todo está relacionado con todo

 La ecología se ha transformado en el contexto general de todos los problemas, proyectos oficiales y privados. A ella está ligado el futuro de nuestro planeta y de nuestra civilización. De donde se deriva su importancia ineludible. O cambiamos de manera de habitar la Casa Común o podemos conocer situaciones ecológicas y sociales dramáticas, dentro de no mucho tiempo. Aquí van fragmentos de un discurso ecológico, parte de un Todo más grande y vasto.

1.La irracionalidad de nuestro estilo de vivir

El modelo de sociedad y el sentido de la vida que los seres humanos han proyectado para sí, por lo menos en los últimos 400 años, están en crisis.

Este modelo nos hacía creer que lo importante es acumular gran número de medios de vida, de riqueza material, de bienes y servicios a fin de poder disfrutar de nuestro corto paso por este planeta.

Para realizar este propósito nos ayudan la ciencia que conoce los mecanismos de la naturaleza y la técnica que hace intervenciones en ella para beneficio humano. Se ha procurado hacer eso con la máxima velocidad posible.

En definitiva, se busca el máximo beneficio con el mínimo de inversión y en el tiempo más breve posible.

El ser humano, en esta práctica cultural, se entiende como un ser sobre las cosas, disponiendo de ellas a su gusto, nunca como alguien que está con las cosas, conviviendo con ellas como miembro de una comunidad mayor, planetaria y cósmica.

El efecto final y triste, solamente ahora visible de forma innegable, es el que se expresa en esta frase atribuida a Gandhi: “la Tierra es suficiente para todos, pero no para los consumistas”.

Nuestro modelo civilizatorio es tan absurdo que, si los beneficios acumulados por los países ricos se generalizaran a los demás países, necesitaríamos otras cuatro Tierras iguales a la que tenemos.

Ello muestra la irracionalidad que este modo de vivir implica. Por eso el Papa Francisco en su encíclica “sobre el cuidado de la Casa Común” pide una radical conversión ecológica y un consumo sobrio y solidario.

2.La naturaleza es maestra

En momentos de crisis civilizatoria como nuestra es imperioso consultar a la fuente originaria de todo: la naturaleza, la gran maestra. ¿Qué nos enseña?

Ella nos enseña que la ley básica de la naturaleza, del universo y de la vida no es la competición, que divide y excluye, sino la cooperación, que suma e incluye.

Todas las energías, todos los elementos, todos los seres vivos, desde las bacterias y los virus hasta los seres más complejos, estamos todos inter-retro-relacionados y, por eso, somos interdependientes. Uno coopera con el otro para vivir.

Una red de conexiones nos envuelve por todos los lados, haciéndonos seres cooperativos y solidarios. Queramos o no, esta es la ley de la naturaleza y del universo. Y gracias a esta red de interdependencias hemos llegado hasta aquí.

Esa suma de energías y de conexiones nos ayuda a salir de las crisis y a fundar un nuevo ensayo civilizatorio. Pero nos preguntamos: ¿somos suficientemente sabios para hacer frente a situaciones críticas y responder a los nuevos desafíos?

3.Todo está relacionado con todo

La realidad que nos rodea y de la cual somos parte no debe ser pensada como una máquina sino como un organismo vivo, no como constituida de partes estancas, sino como sistemas abiertos, formando redes de relaciones.

En cada ser y en el universo entero prevalecen dos tendencias básicas: una es la de autoafirmarse individualmente y otra la de integrarse en un todo mayor. Si no se autoafirma corre el riesgo de desaparecer. Si no se integra en un todo mayor, corta la fuente de energía, se debilita y puede también desaparecer. Es importante equilibrar estas dos tendencias. En caso contrario caemos en el individualismo más feroz –la autoafirmación– o en el colectivismo más homogeneizador – la integración en el todo. Por eso siempre tenemos que ir y venir de las partes al todo, de los objetos a las redes, de las estructuras a los procesos, de las posiciones a las relaciones.

La naturaleza es, pues, siempre co-creativa, co-participativa, ligada y re-ligada a todo y a todos y principalmente a la Fuente Originaria de donde se originan todos los seres.

4.Desde el comienzo está presente el fin

El fin está ya presente en el comienzo. Cuando los primeros elementos materiales después del big bang empezaron a formarse y a vibrar juntos, ahí se anunciaba ya un fin: el surgimiento del universo, uno y diverso, ordenado y caótico, la aparición de la vida y el irrumpir de la conciencia.

Todo se movió y se interconectó para dar inicio a la gestación de un cielo futuro, que empezó ya aquí abajo, como una semillita, y fue creciendo y creciendo hasta acabar de nacer en la consumación de los tiempos. Ese cielo, desde el comienzo, es el propio universo y la humanidad llegados a su plenitud y consumación.

No hay cielo sin Tierra, ni Tierra sin cielo.

Si es así, en lugar de hablar de fin del mundo, deberíamos hablar de un futuro del mundo, de la Tierra y de la Humanidad que entonces serán el cielo de todos y de todo.

Leonardo Boff, 2019-05-05, en su columna semanal de Servicios Koinonia

Publicado en Actualidad, Inteligencia emocional, Madre Tierra, Motivación, Reflexiones, Relatos, Yoga | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Adán y Eva

Hoy comparto el poema en prosa “Adán y Eva”, de Jaime Sabines Gutiérrez (1926-1999), considerado como uno de los grandes poetas mexicanos del siglo XX.​ Es un relato lleno de simbolismos sobre uno de los mitos más significativos de occidente, en que Adán y Eva se enfrentaron al mundo y a las incertidumbres de la vida y la muerte. Fueron creados por Dios para habitar y ser inmortales en el jardín del Edén,  pero al desobedecer la orden divina de no comer el fruto del árbol del Bien y del Mal y fueron expulsados del paraíso.

Ilustro este hermoso poema en prosa con la obra “Adán y Eva”, de la escultora, ilustradora y poetisa Marga Gil Roësset,  precoz artista, que ante un amor imposible hacia Juan Ramón Jiménez, se quitó la vida a los 24 años.

 

“Adán y Eva” (1930), escultura de Marga Gil Roësset.

Adán y Eva

I

-Estábamos en el paraíso. En el paraíso no ocurre nunca nada. No nos conocíamos. Eva, levántate.

-Tengo amor, sueño, hambre. ¿Amaneció?

-Es de día, pero aún hay estrellas. El sol viene de lejos hacia nosotros y empiezan a galopar los árboles. Escucha.

-Yo quiero morder tu quijada. Ven. Estoy desnuda, macerada, y huelo a ti.

Adán fue hacia ella y la tomó. Y parecía que los dos se habían metido en un río muy ancho, y que jugaban con el agua hasta el cuello, y reían, mientras pequeños peces equivocados les mordían las piernas.

II

La noche que fue ayer fue de la magia. En la noche hay tambores, y los animales duermen con el olfato abierto como un ojo. No hay nadie en el aire. Las hojas y las plumas se reúnen en las ramas, en el suelo, y alguien las mueve a veces, y callan. Trapos negros, voces negras, espesos y negros silencios, flotan, se arrastran, y la tierrase pone su rostro negro y hace gestos a las estrellas. Cuando pasa el miedo junto a ellos,los corazones golpean fuerte, fuerte, y los ojos advierten que las cosas se mueveneternamente en su mismo lugar. Nadie puede dar un paso en la noche. El que entra con los ojos abiertos en la espesura de la noche, se pierde, es asaltado por la sombra, y nunca se sabrá nada de él, como de aquellos que el mar ha recogido.

-Eva, le dijo a Adán, despacio, no nos separemos.

III

-¿Has visto como crecen las plantas? Al lugar en que cae la semilla acude el agua: es el agua la que germina, sube al sol. Por el tronco, por las ramas el agua asciende al aire, como cuando te quedas viendo al cielo del mediodía y como tus ojos empiezan a evaporarse.

Las plantas crecen de un día a otro. Es la tierra la que crece, se hace blanda, verde,flexible. El terrón enmohecido, la costra de los viejos árboles, se desprende, regresa.

¿Lo has visto? Las plantas caminan en el tiempo, no de un lugar a otro, de una hora a otra hora. Esto puedes sentirlo cuando te extiendes sobre la tierra, boca arriba y tu pelo penetra como un manojo de raíces y toda tú eres un tronco caído.

-Yo quiero sembrar una semilla en el río, a ver si crece un árbol flotante para treparme a jugar. En su follaje se enredarían los peces, y sería un árbol de agua, que iría a todas partes sin caerse nunca.

IV

-Ayer estuve observando a los animales y me puse a pensar en ti. Las hembras son más tersas, más suaves y más dañinas. Antes de entregarse maltratan al macho, o huyen, se defienden. ¿Por qué? Te he visto a ti también, como las palomas, enardeciéndote cuando yo estoy tranquilo. ¿Es que tu sangre y la mía se encienden a diferentes horas?

Ahora que estás dormida debías responderme. Tu respiración es tranquila y tienes el rostro desatado y los labios abiertos. Podrías decirlo todo sin aflicción, sin risas.

¿Es que somos distintos? ¿No te hicieron , pues, de mi costado, no me dueles?

Cuando estoy en ti, cuando me hago pequeño y me abrazas y me envuelves y te cierras como la flor con el insecto, sé algo, sabemos algo. La hembra es siempre más grande,de algún modo.

Nosotros nos salvamos de la muerte. ¿Por qué? Todas las noches nos salvamos. Quedamos juntos, en nuestros brazos, y yo empiezo a crecer como el día.

Algo he de andar buscando en ti, algo mío que tú eres y que no has de darme nunca.

¿Por qué nos separaron? Me haces falta para andar, para ver, como un tercer ojo, como otro pie que sólo yo sé que tuve.

V

Mira, ésta es nuestra casa, éste nuestro techo. Contra la lluvia, contra el sol, contra la noche, la hice. La cueva no se mueve y siempre hay animales que quieren entrar. Aquí es distinto, nosotros también somos distintos.

-¿Distintos porque nos defendemos, Adán? Creo que somos más débiles.

-Somos distintos porque queremos cambiar. Somos mejores.

-A mí no me gusta ser mejor. Creo que estamos perdiendo algo. Nos estamos apartando del viento. Entre todos los de la tierra vamos a ser extraños. Recuerdo la primera piel que me echaste encima: me quitaste mi piel, la hiciste inútil. Vamos a terminar por ser distintos de las estrellas y ya no entenderemos a los árboles.

-Es que tenemos uno que se llama espíritu.

-Cada vez tenemos más miedo, Adán.

-Verás. Conoceremos. No importa que nuestro cuerpo…

-¿Nuestro cuerpo?

-…esté más delgado. Somos inteligentes. Podemos más.

-¿Qué te pasa? Aquella vez te sentaste bajo el árbol de la mala sombra y te dolía la cabeza. ¿Has vuelto? Te voy a enterrar hasta las rodillas otra vez.

VI

-El tronco estaba ardiendo cuando se fue la lluvia. El rayo lo venció y se introdujo en él. Ahora es un rayo manso. Lo tendremos aquí y le daremos de comer hojas y yerbas.
Me gusta el fuego. Acércale tu mano poco a poco, te acaricia o te quema, puedes saber hasta dónde llega su amistad.

-A mí me gusta porque es rojo y azul y amarillo, y se mueve en el aire y no tiene forma,y cuando quiere dormir se esconde en la ceniza y vigila con ojitos rojos dentro dentro. ¡Qué simpático! Luego se alza y empieza a buscar, si haya cerca una rama la devora. ¡Me gusta, me gusta! ¡Le cuidaré, no estorba, es tan humilde!

-Es orgulloso, pero es bueno. ¿Que té pasa? Te has quedado…

-Nada.

-Tienes los ojos abiertos y estás dormida. ¿Me oyes? También se ha metido en ti. Lo veo en el fondo de tus ojos, como una culebra, enamorándote. Te quedas quieta mientras él te recorre ávidamente. Giras en torno al fuego sin moverte. Fuego lento, preciso, árbol continuo, nos atraen tus hojas instantáneas, tu tronco permanente. Déjanos estar junto a ti, junto a tu amor hambriento. Creces aniquilando, medida de la destrucción, estatura hacia dentro, duración hacia atrás, tiempo invertido, muerte muriendo, nacimiento. Déjanos estar en tus párpados incesantes, investigar contigo lo que buscas, luz en fuga perpetua, en ti, como tú misma, en nosotros.

VII

-¿Que es el canto de los pájaros, Adán?

-Son los pájaros mismos que se hacen aire. Cantar es derramarse en gotas de aire, en hilos de aire, temblar.

-Entonces los pájaros están maduros y se les cae la garganta en hojas, y sus hojas son suaves, penetrantes, a veces rápidas. ¿Por qué?, ¿Por qué no estoy madura yo?

-Cuando estés madura te vas a desprender de ti misma, y lo que seas de fruta se alegrará, y lo que seas de rama quedará temblando. Entonces lo sabrás. El sol no te ha penetrado como al día, estás amaneciendo.

-Yo quiero cantar. Tengo un aire apretado, un aire de pájaro cantar.

-Tú estás cantando siempre sin darte cuenta. Eres igual que el agua. Tampoco las piedras se dan cuenta , y su cal silenciosa se reúne y canta silenciosamente.

VIII

-Hace tres días salió Adán y no ha vuelto. Ay, yo era feliz, yo era feliz.

He tenido miedo, no he podido dormir.

Estoy sola, ¿Por qué no regresa? Salí a buscarlo pero él no estaba, lo llamé. Me asusta la noche, ¿qué puedo hacer sin él? Todo es muy grande, muy largo, sin rumbo. Estoy perdida, rodeada de cosas extrañas, ¿por qué no vuelve ya?

Adán, Adán, Adán, se va a apagar el fuego, me voy a apagar yo, y tú no vuelves. ¡Qué vas a encontrar?

Y Eva se ha quedado dormida. Y estaba dormida cuando llegó Adán.

Adán llegó cansado pero no descansó. Se puso a mirarla, y la estuvo mirando por primera vez.

IX

-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas,y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua.

Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando.

Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre elagua y quedarme inmóvil, oyendo.

Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad.

En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía.
Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió.

Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido.

De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces.

-Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre.

El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.

XI

Me duele el cuerpo, me arden los ojos, parece que estuviera quemándome. Mi agua está hirviendo dentro de mí. Y un viento frío bajo mi piel anda aprisa, frío, y termina empujándome la quijada hacia arriba con golpes menudos e incesantes.

Estoy ardiendo, no puedo ni moverme. Estoy débil, con dolor, con miedo. Eva no ha dormido, está asustada, me ha puesto hojas en la frente. Cuando me puse a hablar anoche se me echó encima y se restregó conmigo y quería callarme. Así se estuvo y tenía los ojos mojados como mi espalda. Le dije que sus ojos también me dolían y ella los cerró contra mi boca.

Ahora tengo sed, estoy golpeado y seco. Me duele, tengo la cabeza podrida. No hay una parte mía que no esté peleando con otra. Quiero cerrar mis manos ¡Qué diferente de mí es todo esto!

Esto es ser otro, otro Adán. Está pasando a través de mí y me duele.

Me gustaría estar rodeado de piedras calientes.

El otro día me gustó un árbol, lo derribé. Caía con ruido quebrándose, cayéndose. Así estoy sonando, así, hacia abajo, apretado, derrumbado, sonando.

XII

Es una enorme piedra negra, más dura que las otras, caliente. Parece una madriguera de rayos. Tumbó varios árboles y sacudió la tierra. Es de ésas que hemos visto caer de lejos, iluminadas. Se desprenden del cielo como las naranjas maduras y son veloces y duran más en los ojos que en el aire. Todavía tiene el color frío del cielo y está raspada, ardiendo.

-Me gusta verlas caer tan rápidas, más rápidas que los pájaros que tiras. Allá arriba hade haber un lugar donde mueren y de donde caen. Algunas han de estar cayendo siempre. Parece que se van muy lejos ¿a dónde?

Esta vino aquí pero la llevaré a otro sitio. La voy a echar rodando hasta los bambúes, los va a hacer tronar. Quiero que se enfríe para abrirla.

-¡Abrirla! ¿Qué tal si sale una bandada de estrellas, si se nos van? Han de salir con ruido, como las codornices.

XIII

Eva ya no está, de un momento a otro dejó de hablar. Se quedó quieta y dura. En un principio pensé que dormía. Más tarde la toqué y no tenía calor. La moví, le hablé. La dejé ahí tirada.

Pasaron varios días y no se levantó. Empezó a oler mal. Se estaba pudriendo como la fruta, y tenía moscas y hormigas. Estaba muy fea.

La arrastré afuera y le puse bastante paja encima. Diariamente iba a ver como estaba. Hasta que me cansé y la llevé más lejos. Nunca volvió a hablar. Era como una rama seca.

No sirve para nada, no hace nada. Poco a poco se la come la tierra. Allí está.

Se la come el sol, no me gusta. No se levanta, no habla, no retoña.

Yo la he estado mirando. Es inútil. Cada vez es menos, pesa menos, se acaba.

XIV

Ah, tú, guardadora del mundo, dormida, preñada de la muerte, quieta. ¡Qué inútil es hablarte, hablarme! Hombre solo soy, quedé. Quedé manco, podado, a mi mitad quedé.
Aquí me muero. Porque los ojos de la muerte me han visto y giran alrededor cazándome, llevándome. Aquí me callo. De aquí no me muevo.

XV

Bajo mis manos crece, dulce, todas las noches. Tu vientre suave, manso, infinito. Bajo mis manos que pasan y repasan midiéndolo, besándolo, bajo mis ojos que lo quedan viendo toda la noche.

Me doy cuenta de que tus pechos crecen también, llenos de ti, redondos y cayendo. Tú tienes algo. Ríes, miras distinto, lejos.

Mi hijo te está haciendo más dulce, te hace frágil. Suenas como la pata de la paloma al quebrarse.

Guardadora, te amparo contra todos los fantasmas, te abrazo para que madures en paz.

Jaime Sabines

Publicado en Historia, Inteligencia emocional, Motivación, Poesías, Reflexiones, Relatos | Etiquetado , , | Deja un comentario

Héroes anónimos

“Todos los días perdemos una docena de genios en el anonimato. Y se van. Y nadie sabe de ellos, de su historia, de su peripecia, de lo que han hecho, de sus angustias, de sus alegrías. Pero al menos una docena de genios se van todos los días sin que sepamos de ellos” Juan Antonio Cebrián

heroes

Héroes anónimos

Por todo el mundo con

su bandera invisible van,

mostrando su experiencia

obtenida por medio de azotes y decepciones.

Madres, maestros, maestras, héroes

sin capa, sin espada,

sin mayas ajustadas,

solo palabras, solo consejos,

palabras llenas de sabiduría,

metáforas claras con las que

a diario nos instruyen, nos guían

y nos ayudan.

No son rápidos, pero tienen

años de experiencia, no son muy fuertes,

pero nos han cargado en ocasiones,

no son de piedra, pero nos han protegido de peligros.

Son héroes sin medallas,

son sabios sin metros de barba,

son mujeres con escobas, son abuelos

cansados, tal vez no afronten amenazas, pero a diario nos aconsejan y nos salvan.

Octavio Aldrete

Publicado en Actualidad, Inteligencia emocional, Motivación, Reflexiones | Etiquetado , , , , | 2 comentarios

Semana del medio ambiente: garantizar el futuro de la vida y de la Tierra

“Hoy gritan las aguas, los bosques, los animales, es toda la Tierra la que grita. Dentro de la opción por los pobres y contra la pobreza debe ser incluida la Tierra y todos los ecosistemas. La Tierra es el gran pobre que debe ser liberado junto a sus hijos e hijas condenados”. Leonardo Boff.

IMG_20180202_181324_processed

Río Iregua, a su paso por Viguera (La Rioja), fotomontaje J.L.Soba.

Semana del medio ambiente: garantizar el futuro de la vida y de la Tierra

En el mundo entero y también entre nosotros se celebra con eventos y discusiones ecológicas la Semana del Medio-Ambiente. Lógicamente, el «medio»-ambiente no nos satisface, pues queremos el ambiente «entero».

El Papa en su encíclica «Sobre el cuidado de la Casa Común» (2015) superó este reduccionismo y propuso una ecología integral que abarca lo ambiental, lo social, lo político, lo mental, lo cotidiano y lo espiritual. Como han dicho grandes exponentes del discurso ecológico: con este documento, dirigido a la humanidad y no sólo a los cristianos, el Papa Francisco se coloca a la cabeza de la discusión ecológica mundial. En su detallada exposición sigue el guión metodológico de la Iglesia de la Liberación y de su teología: ver, juzgar, actuar y celebrar.

Fundamenta sus afirmaciones (el «ver») con los datos más seguros de las ciencias de la Tierra y de la Vida; somete a un riguroso análisis crítico («juzgar») lo que él llama «paradigma tecnocrático» (nº 101), productivista, mecanicista, racionalista, consumista e individualista, cuyo «estilo de vida sólo puede desembocar en catástrofes» (nº 161). El juzgar implica una lectura teológica en la que el ser humano emerge como cuidador y guardador de la Casa Común (todo el capítulo II). Coloca como hilo conductor la tesis básica de la cosmología, de la física cuántica y de la ecología: el hecho de que “todo está relacionado, y todos nosotros, seres humanos, caminamos juntos como hermanos y hermanas en una peregrinación maravillosa… que nos une también con tierno afecto al hermano Sol, a la hermana Luna, al hermano río y a la Madre Tierra” (nº 92). Propone prácticas alternativas («actuar») pidiendo con urgencia una “radical conversión ecológica” (nº 5) en nuestro modo de producir y de consumir, «alegrándonos con poco» (nº 222) «con sobriedad consciente» (nº 223), «en la convicción de que cuanto menos, tanto más» (nº 222). Destaca la importancia de «una pasión por el cuidado del mundo», «una verdadera mística que nos anima» (el «celebrar») para asumir nuestras responsabilidades ante el futuro de la Vida.

Actualmente se libra una batalla feroz entre dos visiones con respecto a la Tierra y a la naturaleza que afectan nuestra comprensión y nuestras prácticas. Esas visiones están presentes en casi todos los debates.

La visión predominante, que constituye el núcleo del paradigma de la modernidad, ve la naturaleza como algo que ha sido destinado para nosotros, cuyos bienes y servicios (el sistema prefiere llamarlos «recursos», los andinos «bondades de la naturaleza») están disponibles para nuestro uso y bienestar. El ser humano está en la posición adánica de quien se considera «maestro y señor» (Descartes) de la naturaleza, fuera y por encima de ella. Considera a la Tierra una realidad sin propósito (res extensa), una especie de baúl, lleno de bienes y servicios infinitos, que sostienen un proyecto de desarrollo/crecimiento también infinito. De esta actitud de dominus (dueño) surgió el mundo científico-técnico que tantos beneficios nos ha traído, pero que al mismo tiempo ha creado una máquina de muerte que, con armas químicas, biológicas y nucleares, nos puede destruir a todos y poner en peligro la biosfera.

La otra visión, contemporánea, que tiene más de un siglo de vigencia pero que nunca logró hacerse hegemónica, entiende que somos parte de la naturaleza y que la Tierra está viva y se comporta como un superorganismo vivo, auto-regulado, combinando los factores físico-químicos y ecológicos de forma tan sutil y articulada que siempre mantiene y reproduce la vida. El ser humano es parte de la naturaleza y aquella porción de la Tierra que en un proceso de altísima complejidad comenzó a sentir, a pensar, a amar y a venerar. Nuestra misión es cuidar de este gran Ethos (en griego significa casa) que es la Casa Común. Somos el frater (hermano) de todos. Debemos producir para atender las demandas humanas pero en consonancia con los ritmos de cada ecosistema, cuidando siempre de que los bienes y servicios puedan ser usados con una sobriedad compartida, con vistas a las futuras generaciones.

En una mesa redonda con representantes de varios saberes, se discutían formas de protección de la naturaleza. Había un cacique pataxó, del sur de Bahia, que habló por último y dijo: «no entiendo el discurso de ustedes; todos quieren proteger a la naturaleza; yo soy la naturaleza y me protejo». Aquí está la diferencia: todos hablaban sobre la naturaleza como quien está fuera de ella, nadie sintiéndose parte de ella. El indígena se sentía naturaleza. Protegerla es protegerse a sí mismo que es naturaleza.

Este debate todavía está en curso. El futuro apunta a la segunda visión, la de mirar a la Tierra como Gaia, Pachamama, Gran Madre y Casa Común. Lentamente vamos tomando conciencia de que somos naturaleza y que defenderla significa defendernos a nosotros mismos y a nuestra propia vida. De lo contrario, la primera visión, la de la Tierra y la naturaleza como un baúl de «recursos infinitos», nos puede llevar a un camino sin retorno.

Leonardo Boff, en su columna semanal de Servicios Koinonia, 9-6-2019.

Publicado en Actualidad, Inteligencia emocional, Madre Tierra, Motivación, Reflexiones, Relatos | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

“La encantadora Hurí”

En el islam, una hurí, es una de las jóvenes perpetuamente vírgenes que esperan a sus prometidos para tener relaciones sexuales y a los creyentes, en el Paraíso, el Día de la Resurrección​. Estas doncellas, que tienen el don de la eterna juventud y están dotadas de toda suerte de encantos, simbolizan para algunos musulmanes la eterna bienaventuranza. Las mujeres encontrarán a los jóvenes eternamente célibes que estarán al servicio de las mujeres justas.

Según Mahoma, en el Paraíso prometido a los creyentes existen unas bellísimas vírgenes, de las cuales gozarán después de su muerte. Según el Corán, hay hurís blancas, verdes, amarillas y rojas; sus cuerpos son de azafrán, almizcle, ámbar e incienso despidiendo un olor sumamente aromático y llevan sobre la cara descubierta un letrero de oro con expresiones consoladoras. Los que cumplen la ley del Profeta y especialmente los ayunos del ramadán gozarán de las hurís de cejas negras en tiendas de perlas blancas en las cuales hay setenta planchas de rubí, sobre cada una de estas, setenta colchones y sobre cada colchón setenta esclavas, cada una de las cuales está servida por otra esclava. Las huríes visten ropas magníficas tan ligeras y diáfanas que se ve al través de ellas la médula de los huesos. A cada elegido presenta un ángel una pera o naranja en una bandeja de plata. El feliz musulmán abre el fruto y de él sale la hurí que le está destinada, en los brazos de la cual permanece mil años, sin que ella pierda nunca su virginidad.

Después de este resumen de la descripción que hace Wikipedia, comparto con los amigos del ambigú, La encantadora Hurí, un bello poema del inolvidable Gibran Khalil Gibran, que a buen seguro será de vuestro agrado. J.L.Soba

Carla_la_hurí_de_ojos_meladosVicente Fdez

Carla, la hurí de ojos melados, obra de Vicente Fernández.

La encantadora Hurí

¿Hacia dónde me llevan, Oh Encantadora
Hurí, y cuánto más debo seguirte
por este híspido camino, sembrado de
espinas? ¿Por cuánto tiempo nuestras almas
ascenderán y descenderán dolorosamente por este sinuoso
sendero rocoso?

Como un niño que sigue a su madre, así
te sigo, asido a tus vestiduras
olvidando mis sueños y
admirando tu belleza; mis ojos,
presa de tu hechizo, están ciegos a la
procesión de espectros que se cierne sobre
mí, y me atrae hacia ti una fuerza
interior que no puedo negar.

Detente un momento y déjame ver
tu semblante; y mírame un
momento: quizá descubra los
secretos de tu corazón en tus extraños
ojos. Detente y descansa, pues estoy fatigado,
y tiembla mi alma de miedo al transitar
esta horrible senda. Detente, pues
hemos arribado a esa terrible encrucijada
donde la Muerte abraza a la Vida.

¡Oh, Hurí, escúchame! Yo era libre
como los pájaros, explorando valles y
bosques, y volando por el vasto
Cielo. Al atardecer reposaba sobre las
ramas de los árboles, meditando sobre los
templos y palacios de la Ciudad de las
coloridas Nubes, que el Sol edifica
en la mañana y destruye antes del
anochecer.

Yo era como un pensamiento, caminando solo
y en paz de Este a Oeste del
universo, regocijándome con la
belleza y la alegría de la Vida, y cuestionando
el magnífico misterio de la
existencia.

Yo era como un sueño que se deslizaba bajo
las amistosas alas de la noche,
penetrando por las ventanas cerradas
en los aposentos de las doncellas, retozando
y despertando sus esperanzas… Luego me
sentaba junto a los jóvenes y alborotaba sus
deseos… Luego exploraba los cuartos
de los mayores y me adentraba en sus pensamientos
de plácido contentamiento.

Entonces tú cautivaste mi fantasía, y desde
ese hipnótico momento me sentí como un
prisionero arrastrando sus cadenas e
impelido hacia un hogar desconocido…

Tu dulce vino, que ha robado mi voluntad,
me ha intoxicado; y ahora descubro
que mis labios besan la mano
que son rigor que me golpea. ¿Acaso no puedes
ver con los ojos de tu alma la
opresión de mi corazón? Detente un
momento: estoy recobrando mis fuerzas
y liberando mis cansados pies de las
pesadas cadenas. He destruido la
copa de la que bebí tu
gustosa ponzoña… Pero ahora estoy
en tierra extraña, y perplejo:

¿Qué camino he de seguir?
He recuperado mi libertad, ¿Me aceptarás
ahora como dispuesto acompañante,
que mira el Sol con vidriosos
ojos, y empuña el fuego
con firmes dedos?

He desplegado mis alas y estoy
pronto a ascender, ¿Acompañarás a
un joven que pasa sus días vagando
en las montañas como el águila solitaria, y
malgasta sus noches deambulando en los
desiertos como el inquieto león?

¿Te contentarás con el
afecto de uno que considera el amor
sólo como un anfitrión y se niega
a aceptarlo como amo?

¿Aceptarás a un corazón que ama
pero jamás se rinde? ¿Y que arde, pero
jamás se funde? ¡Estarás cómoda
con un alma que se estremece ante la
tempestad, pero jamás se somete a ella?

¿Aceptarás como compañero a uno
que ni esclaviza ni es un
esclavo? ¿Serás mi dueña, pero sin
poseerme, tomando mi cuerpo y no mi corazón?

Entonces aquí está mi mano, estréchala
con tu bella mano; y aquí está mi
cuerpo, abrázalo con tus amantes
brazos; y aquí están mis labios, prodígales
un beso profundo y embriagador.

Gibran Khalil Gibran

Publicado en Inteligencia emocional, Motivación, Poesías, Reflexiones, Relatos | Etiquetado , , , , , | Deja un comentario

El arte de no enfermar

John William Waterhouse Un niño enfermo traído al templo de Esculapio (A Sick Child brought into the Temple of Aesculapius, 1877).

“Un niño enfermo traído al templo de Esculapio” (1877),  Jhon William Waterhouse.

El arte de no enfermar

Hable de sus sentimientos.

Emociones y sentimientos que se esconden y se reprimen terminan en enfermedades como gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna. Con el tiempo, la represión de los sentimientos degenera hasta el cáncer. Entonces, vamos a sincerarnos, hacer confidencias, compartir nuestra intimidad, nuestros secretos, ¡nuestros errores!…

El diálogo, el hablar, la palabra, son poderosos remedios ¡y una excelente terapia!

Tome decisiones.

La persona indecisa permanece en la duda, en la ansiedad, en la angustia. La indecisión acumula problemas, preocupaciones, agresiones. La historia humana está hecha de decisiones. Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder ventajas y valores para ganar otros.

Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y problemas de la piel.

Busque soluciones.

Las personas negativas no consiguen soluciones y aumentan los problemas. Prefieren lamentarse, murmurar, ser pesimistas. Es mejor encender un fósforo que lamentarse por la oscuridad. Una abeja es pequeña, pero produce lo más dulce que existe.

Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad.

No viva de apariencias.

Quien esconde la realidad finge, está en pose, quiere dar siempre la impresión de estar bien, mostrarse perfecto, bonachón, etc., acumula toneladas de peso. Una estatua de bronce con pies de barro.

Nada peor para la salud que vivir de apariencias y fachadas. Son personas con mucho barniz y poca raíz. Su destino es la farmacia, el hospital, el dolor.

Acéptese.

El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos a nosotros mismos. Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable. Quienes no se aceptan a sí mismos, son envidiosos, celosos, imitadores, competitivos, destructivos.

Aceptarse, aceptar ser aceptado y aceptar las críticas es sabiduría, buen sentido y terapia.

Confíe.

Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. Sin confianza, no hay relación.

La desconfianza es falta de fe en sí mismo, en los otros y en Dios.

No viva siempre triste.

El buen humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud y traen larga vida. La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive. “El buen humor nos salva de las manos del doctor”.

La alegría es salud y terapia.

Dr. Drauzio Varella 

Publicado en Inteligencia emocional, Motivación, Reflexiones | Etiquetado , , , , , , , | 1 Comentario

El diagnóstico

“Muero debido a la ayuda de demasiados médicos”. (Alejandro Magno)

Giorgio DE CHIRICO - Grabado - The Triumph of Medicine Il trionfo della medicina

El triunfo de la medicina, grabado de Giorgio de Chirico.

El diagnóstico

xeeds2l doctor Gorozpe de la Polaina, un hombre joven, bien parecido, excelentemente forrado desde el punto de vista económico por ambas ramas de su aristocrática familia, recién egresado de la Facultad de Medicina con notas sobresalientes y mención honorífica, entró en la sala número trece y miró rápida y someramente al enfermo. Su tez amarillenta le hizo diagnosticar sin más trámite:

—Hepatitis.

—Doctor —se atrevió a interrumpir la enfermera que lo seguía—, sólo que…

El doctor Gorozpe de la Polaina enarcó las cejas, puso las manos atrás y giró lentamente sobre sus talones.

—Señorita Mondínguez —carraspeó —. ¿Tiene usted la bondad de decirme quién es el médico aquí?

—Usted, doctor —repuso la enfermera sonrojándose ligeramente.

—Y si el médico dice que un paciente tiene hepatitis, ¿puede una simple enfermera corregir o enmendarle su diagnóstico?

—Naturalmente que no, doctor; pero es que…

—Señorita Mondínguez —Continuó el joven facultativo ahuecando la voz y balanceándose alternativamente sobre las puntas de los pies y los talones, siempre con las manos cruzadas a la espalda—: Yo digo las cosas solamente una vez. Y si pretende usted continuar adscrita a mí en este sanatorio, conviene que sepa que no tolero intromisiones, injerencias y menos contradicciones. Sí yo diagnostico que un enfermo tiene hepatitis, significa que el enfermo contrajo hepatitis, que está en cama a causa de su hepatitis y que lo más probable es que muera de hepatitis. A menos, como es natural, que yo le cure su hepatitis. ¿Entendido?

—Entendido, doctor —agachó la cabeza la enfermera, encendiéndose un cromogramo más.

—Muy bien. Entonces haga favor de aplicarle una inyección de sulfabencina metapirofosfórica de aminosalicilato cada tres horas y téngame informado de la evolución del enfermo. Que le hagan una electrósmosis del perigeo y dos análisis Wolfgang del hipocondrio derecho.

—Muy bien, doctor; nada más que… —interrumpió nuevamente la enfermera.
El joven médico la fulminó con una mirada a través de sus finos cristales de color lila. La muchacha volvió a inclinar la cabeza.

—Después de la segunda inyección —añadió el galeno—, espero que ese color amarillento ceda a uno rosadito claro. Avíseme sobre el particular.

—Le avisaré, doctor, nada más que…

El doctor Gorozpe de la Polaina dio una tremenda patada sobre el inmaculado piso de mármol.

— ¡Una interferencia más y me veré obligado a solicitar su despido sin derecho a compensación ni aguinaldo! Si persiste en objetar mis indicaciones, haré que la den de baja del cuerpo de enfermeras y que le retiren el distintivo de Florencia Nightingale.

La pobre chica palideció y se retorció las manos.

—De continuar el tinte amarillento de la epidermis, duplíquele la dosis de sulfabencina —concluyó el joven médico en tono que no admitía réplica.

—Muy bien, doctor —suspiró la enfermera.

El facultativo continuó su recorrido por las salas del sanatorio que tenía asignadas y después se marchó a su club a tomar el aperitivo. Almorzó en casa de los banqueros De la Lana y Escalón, y por la tarde jugó al golf. Al anochecer regresó al sanatorio.

¿Alguna novedad? —preguntó a la enfermera.

—Sí, doctor. El japonés de la sala trece falleció a las diecisiete treinta a consecuencia de su afección cardiaca.

El joven doctor Gorozpe de la Polaina se quedó con la boca abierta.

—Según parece —agregó muy seria la enfermera—, no resistió la doble dosis de sulfabencina metapirofosfórica de aminosalicilato ni la electrósmosis del perigeo.

 Marco A. Almazán, de su libro “Pitos y Flautas”. 

 

Publicado en Cuentos, Inteligencia emocional, Los viernes chiste, Relatos | Etiquetado , , , , | Deja un comentario