Los panes negros

Pan-negro

Los panes negros

xeeds2n aquel tiempo, Nicolás Nerli era banquero en la noble ciudad de Florencia. A la hora de tercia se encontraba ya sentado ante su pupitre, y a la hora de nona aún estaba allí sentado, haciendo cuentas todo el día en sus tablillas. Nicolás Nerli prestaba dinero al Emperador y al Papa. Y si no le prestaba dinero al diablo era porque temía hacer malos negocios con el que nombramos el Maligno y que no carece de artimañas.

Era audaz y desconfiado. Había adquirido grandes riquezas y despojado a mucha gente. Por ello era respetado en la ciudad de Florencia. Vivía en un palacio en el que la luz que Dios creó no entraba sino por estrechas ventanas; eso era por prudencia, pues la mansión de un rico debe ser como una ciudadela y los que poseen grandes bienes hacen bien en defender por la fuerza lo que han adquirido por la astucia.

El palacio de Nicolás Nerli se encontraba pues provisto de rejas y cadenas. En su interior, los muros estaban decorados con pinturas de expertos maestros que habían representado en ellas las Virtudes como mujeres, los patriarcas, los profetas y los reyes de Israel. Los tapices expuestos en las habitaciones ofrecían a la vista las historias de Alejandro y de Tristán tal como las cuentan en los libros. Nicolás Nerli hacía brillar su riqueza en toda la ciudad por medio de fundaciones piadosas.

Había mandado construir un hospital en la zona de extramuros cuyo friso, esculpido y pintado, representaba las acciones más honorables de su vida; en reconocimiento por las sumas de dinero que había donado para acabar Santa María la Nueva, su retrato se hallaba expuesto en el coro de esta iglesia. Se le veía en él arrodillado, con las manos juntas, a los pies de la Santísima Virgen. Se le reconocía por su gorro de lana roja, su abrigo forrado, su rostro rollizo y sus ojillos despiertos. Su buena esposa, Mona Bismantova, con expresión honesta y triste, que se podría pensar que jamás nadie hubiera obtenido de ella algún placer, se hallaba al otro lado de la Virgen, en humilde actitud orante. Aquel hombre era uno de los primeros ciudadanos de la República; como no había hablado jamás mal de las leyes y no se preocupaba en absoluto de los pobres ni de aquellos a los que los poderosos del momento condenan a pagar multas o al exilio, no había disminuido nada, en la opinión de los magistrados, la estima que había adquirido a sus ojos por su gran riqueza.

Una noche de invierno, al regresar a su palacio algo más tarde de lo habitual, fue rodeado ante el umbral de su puerta por un grupo de mendigos medio desnudos que le tendían la mano. Los apartó con duras palabras. Pero el hambre hace a los hombres ariscos y osados como los lobos: formaron un círculo a su alrededor y le pidieron pan con voz quejumbrosa y ronca. Estaba inclinándose ya para recoger piedras y lanzárselas, cuando vio llegar a uno de sus criados que llevaba sobre la cabeza una cesta de panes de centeno, destinados a los empleados de las cuadras, de la cocina y de los jardines.

Hizo una señal al de los panes para que se acercara, y, sacándolos de la cesta con ambas manos, les arrojó los panes a los menesterosos. Luego, entró en su casa, se acostó y se quedó dormido. Mientras dormía, sufrió un ataque de apoplejía y murió tan de repente que creía que se encontraba aún en su lecho cuando vio, en un rincón oscuro, a San Miguel iluminado por el resplandor que irradiaba de su propio cuerpo. El arcángel, con la balanza en la mano, estaba cargando los platillos. Al reconocer en el platillo que pesaban más las joyas de las viudas que guardaba como fianza, la multitud de recortes de escudos indebidamente retenidos y algunas piezas de oro muy bellas, que sólo él poseía y que había adquirido por usura o por fraude, Nicolás Nerli reconoció que era su vida, ya finalizada, lo que san Miguel estaba pesando en su presencia. Miró atento y preocupado.

-Señor San Miguel -le dijo-, si ponéis en un platillo todas las ganancias que he obtenido en mi vida, colocad en el otro, os lo ruego, las hermosas fundaciones con las que he puesto de manifiesto mi piedad. No olvidéis la cúpula de Santa María la Nueva a la que contribuí financiando la tercera parte, ni el hospital de extramuros, que he construido por completo con mi dinero.

-No temáis, Nicolás Nerli -respondió el arcángel-. No me olvidaré de nada.

Y con sus manos gloriosas colocó en el otro platillo la cúpula de Santa María la Nueva y el hospital con el friso esculpido y pintado. Pero el platillo no se movió. El banquero sintió gran inquietud.

-Señor san Miguel -dijo de nuevo-, buscad bien. No habéis colocado en ese platillo de la balanza ni mi hermosa pila del agua bendita de San Juan, ni el púlpito de San Andrés, en donde está representado el bautismo del Nuestro Señor a tamaño natural. Es una obra que me costó muy cara.

El arcángel colocó el púlpito y la pila encima del hospital en el platillo, que tampoco se movió. Nicolás Nerli empezó a notar que su frente se inundaba de un sudor frío.

-Señor arcángel -preguntó-, ¿estáis seguro de que vuestra balanza funciona correctamente?

San Miguel respondió sonriendo que, al no ser la balanza como las que usan los lombardos de París ni como las que usan los cambistas de Venecia, aquélla no carecía en absoluto de exactitud.

-¡Cómo! -suspiró Nicolás Nerli, completamente lívido-, ¿la cúpula, el púlpito, la pila, el hospital con todas sus camas, no pesan, pues, más que una brizna de paja o que el plumón de un pájaro?

-Ya lo estáis viendo, Nicolás -dijo el arcángel-, y, hasta el momento, el peso de vuestras iniquidades es muy superior al peso ligero de vuestras buenas acciones.

-Voy a ir al infierno, pues -dijo el florentino. Y sus dientes castañeteaban de espanto.

-¡Tened paciencia, Nicolás Nerli -prosiguió el pesador celeste-, paciencia! No hemos terminado aún. Nos queda esto.

Y el bienaventurado Miguel tomó los panes de centeno que el rico les había lanzado a los pobres la víspera. Los colocó en el platillo de las buenas obras, que descendió de repente, mientras que el otro subía, quedando ambos platillos al mismo nivel. El fiel de la balanza no se inclinaba ni a la derecha ni a la izquierda y la aguja indicaba la igualdad perfecta de los dos pesos. El banquero no podía creer lo que veían sus ojos. El glorioso arcángel le dijo:

-Como estás viendo, Nicolás Nerli, no eres apto ni para el cielo ni para el infierno. ¡Anda, regresa a Florencia! Multiplica en tu ciudad esos panes que diste con tus manos, de noche, sin que nadie te viera, y serás salvo. Pues no basta con que el cielo se abra para el ladrón que se arrepiente y para la prostituta que llora. La misericordia de Dios es infinita: es capaz de salvar incluso a un rico. Sé tú ese rico. Multiplica los panes cuyo peso puedes ver en mi balanza. ¡Anda!

Nicolás Nerli se despertó en su lecho. Decidió seguir el consejo del arcángel y multiplicar el pan de los pobres para lograr entrar en el reino de los cielos.

Durante los tres años que pasó sobre la tierra después de su primera muerte, fue caritativo con los menesterosos y muy generoso en limosnas.

 Anatole France  (1895)

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Amarme

¿Si yo no soy para mí, quién será para mí?

¿Si sólo soy para mí, quién soy yo?

¿Y si no ahora, cuándo?

Rabí Hillel

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Niño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo,obra de Salvador Dalí

Amarme

Independientemente de nuestro género sexual, todos poseemos un aspecto femenino y un aspecto masculino internos y la relación entre éstos – la pareja interior – tiende a reproducirse en nuestros vínculos.

Solemos relacionarnos con los aspectos exteriores de la vida a través de su correspondencia con nuestros patrones internos. Así, cuando nos atrae otra persona, la misma está espejando aspectos tanto conscientes como inconscientes de nuestro propio ser.

Habitualmente esperamos que el otro/a nos proporcione aquello de lo que carecemos, o creemos carecer. Muchos de los conflictos que atravesamos en la vida tienen una trastienda de baja autoestima. En las dificultades dentro del ámbito de la pareja, en el plano laboral, en las relaciones con familiares y amigos existen siempre zonas profundas en las que no confiamos. Algunas tienen que ver con creencias de base, que desmoronan la fe en nosotros mismos de manera visible y obvia; otras son creencias que subyacen bajo capas de un aparente “todo está bien”.

Construir la propia autoestima es plantar las semillas para amarse a sí mismo, la base para cualquier relación amorosa con otra persona.

Al mencionar la idea de amarse más y mejor a sí mismo podríamos temer caer en un amor narcisista que, más que acercarnos, nos aparte del resto de la humanidad. Esta propuesta no implica quedarnos, como Narciso, prendidos al propio reflejo en el estanque, embelesados con nuestra imagen. Se trata más bien de reconocer y revalorizar todo lo que tenemos de positivo. Cuando nos conectamos con nuestras partes más luminosas y amorosas absorberemos la energía necesaria para ingresar también en los rincones más oscuros, construyendo así una percepción más plena de quién somos verdaderamente.

La forma en que nos describimos colorea todas nuestras experiencias. ¿Quién sabe desde cuándo o desde quién comenzamos a definirnos de determinada manera? Lo cierto es que todas nuestras ideas y pensamientos producen resultados, y nuestros diálogos internos son la base sobre la cual construimos nuestra experiencia de la realidad. Todo cuanto consideremos real o verdadero se convierte, eventualmente, en una realidad para nosotros.

Es clásico el ejemplo de quien cree que es rechazado por otros. Sin proponérselo, su actitud y su expresión hacen que efectivamente lo rechacen. Si tengo la idea de que no soy lo suficientemente valiosa como mujer y que debido a ello mi pareja me abandonará, comenzaré a aferrarme, a exigir, a reprochar y controlar, y estas reacciones lo inducirán eventualmente a distanciarse y/o a abandonarme, confirmando así mi creencia.

Estas son las famosas profecías auto-cumplidas, en las que terminamos creando lo temido, atrayendo hacia nosotros precisamente aquello que tratábamos de evitar.

A todos nos hubiera gustado escuchar frases amorosas de nuestros padres, y nos gustaría que nuestra pareja y amigos nos dijesen cuánto valemos. Sin embargo, nos cuesta decírnoslo a nosotros mismos.

Tendemos a esperar que sean los demás quienes retruquen nuestra percepción negativa con halagos, felicitaciones y miradas de aprobación. Sin duda es agradable recibir alabanzas, pero esa dosis de autoestima foránea no es duradera ni suficiente.

Lamentablemente, vivimos con la sensación de que el amor está fuera de nosotros, que es algo que nos dan o nos quitan, un regalo, un premio, algo que merecemos o dejamos de merecer en función de que cumplamos con determinados requisitos (ser jóvenes, delgados, atractivos, inteligentes, exitosos, carismáticos, etc.)

Desde pequeños recibimos una serie de mensajes sobre el amor que nos condicionaron, haya sido esto debido a actos, frases escuchadas o sensaciones corporales basadas en acontecimientos vividos, y/o en la interpretación personal que realizamos en función de éstos.

Hoy, ya adultos, necesitamos redefinir nuestra noción del amor.

Para ello, puede ser útil formularnos y responder a las siguientes preguntas:

¿Cuánto soy capaz de amarme a mí mismo?

¿Cuánto me disgusto, critico, condeno, amonesto?

¿Cuánto soy capaz de cuidarme y darme lo que necesito?

¿Cuánto placer me permito tener en mi vida cotidiana?

¿De qué formas me descuido y me abandono?

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para dar y recibir? ¿Cuál me resulta más fácil, y por qué? (Frecuentemente preferimos dar a recibir ya que esto último implica mayor vulnerabilidad).

¿Cuán desarrollada está mi capacidad para mostrarme auténticamente? ¿Cuándo me expreso como realmente soy y cuándo muestro una de mis máscaras?

¿Cuál es la creencia personal que más necesito modificar para poder aceptarme y amarme sin condiciones ni exigencias inalcanzables?

Cuando logro darme cuenta de que soy mi propia fuente de amor, todo cambia de dirección – yo soy responsable de transformarme y darme aquello que espero del afuera.

El amor no existe afuera de nosotros – debemos buscarlo en su morada íntima que es nuestro propio corazón.

¿Quién si no yo puede aceptarme y amarme con todas mis características? ¿Quién si no yo conoce la historia de mi niño interno, no para lamentarme sino para sanar mis propias heridas? ¿Quién si no yo tiene en su poder el pasaje de ida y vuelta hacia lo profundo de mi corazón?

Trabajar para construir la propia autoestima es un acto de amor – amor hacia uno mismo que se traduce luego en una mayor capacidad de amar realmente a los demás.

Alicia Schmoller

 

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Los viernes chiste: Accidente albañil gallego

Accidente albañil gallego

Explicación de un albañil gallego a la compañía aseguradora que no comprendía, debido a la naturaleza de sus lesiones, cómo podía haber ocurrido el accidente.

Este es un caso verídico cuya transcripción fue obtenida de una copia de archivo de la aseguradora.
El caso fue juzgado por el Tribunal de Primera Instancia de Pontevedra.


Excelentísimos señores:

En respuesta a su pedido de informaciones adicionales declaro: en el item nº 1 sobre mi participación en los acontecimientos, mencioné: «tratando de ejecutar la tarea y sin ayuda», como la causa de mi accidente.
Me piden en su carta que dé una declaración más detallada, por lo que espero que lo que sigue aclare de una vez por todas sus dudas.

Soy albañil desde hace 10 años. El día del accidente estaba trabajando sin ayuda, colocando los ladrillos en una pared del sexto piso del edificio en construcción en esta ciudad. Finalizadas mis tareas, verifiqué que habían sobrado aproximadamente 250 kilos de ladrillo. En vez de cargarlos hasta la planta baja a mano, decidí colocarlos en un barril y bajarlos con ayuda de una roldana que felízmente se hallaba fijada en una viga en el techo del sexto piso.

Bajé hasta la planta baja, até el barril con una soga y, con la ayuda de la roldana, lo levanté hasta el sexto piso, atando el extremo de la soga en una columna de la planta baja. Luego, subí y cargué los ladrillos en el barril. Volví a la planta baja, desaté la soga, y la agarré con fuerza de modo que los 250 kilos de ladrillos bajasen suavemente (debo indicar que en el item 1 de mi declaración a la policía he indicado que mi peso corporal es de 80 kilos).
Sorpresivamente, mis pies se separaron del suelo y comencé a ascender rápidamente, arrastrado por la soga. Debido al susto, perdí mi presencia de espíritu e irreflexivamente me aferré más a la soga, mientras ascendía a gran velocidad.
En las proximidades del tercer piso me encontré con el barril que bajaba a una velocidad aproximadamente similar a la de mi subida, y me fue imposible evitar el choque. Creo que allí se produjo la fractura de cráneo.

Continué subiendo hasta que mis dedos se engancharon dentro de la roldana, lo que provocó la detención de mi subida y también las quebraduras múltiples de los dedos y de la muñeca. A esta altura (de los acontecimientos), ya había recuperado mi presencia de espíritu, y pese a los dolores continué aferrado a la cuerda. Fue en ese instante que el barril chocó contra el piso, su fondo se partió, y todos los ladrillos se desparramaron.

Sin ladrillos, el barril pesaba aproximadamente 25 kilos. Debido a un principio simplísimo comencé a descender rápidamente hacia la planta baja.
Aproximadamente al pasar por el tercer piso me encontré con el barril vacio que subía. En el choque que sobrevino estoy casi seguro se produjeron las fracturas de tobillos y de la nariz. Este choque felizmente disminuyó la velocidad de mi caida, de manera que cuando aterricé sobre la montaña de ladrillos sólo me quebré tres vertebras.

Lamento sin embargo informar que, cuando me encontraba caído encima de los ladrillos, con dolores insoportables, sin poder moverme y viendo encima de mí el barril, perdí nuevamente mi presencia de espíritu y solté la cuerda. Debido a que el barril pesaba más que la cuerda, descendió rápidamente y cayó sobre mis piernas quebrándoseme las dos tibias.

Esperando haber aclarado definitivamente las causas y desarrollo de los acontecimientos, me despido atentamente.

La Oración del Compagnon Albañil Constructor de Catedrales es una plegaria que se encuentra en el Index de la Iglesia Cristiana como una herejía…

Está en los textos prohibidos de la Basílica de Saint Sulpice en París y otra parte en la Catedral de Saint Michel en el Mont Saint Michel entre Normandía y el país Celta.Oración del Compagnon Albañil Constructor de Catedrales

Enséñame, Señor, a bien utilizar

el tiempo que me das

Para trabajar y emplearlo de tal manera

que no pierda un solo instante.

Enséñame a sacar partido de los errores pasados

sin caer en el escrúpulo que martiriza.

Enséñame a anticipar todo Plan

sin mortificarme, a imaginarme la Obra

sin lamentarme si esta surge de otra manera.

Enséñame a unir la prisa y lo lento,

la serenidad y el fervor, el coraje y la paz…

Ayúdame cuando comience mi Obra,

ahí donde soy débil,

Ayúdame en el corazón de la Obra,

a tener juntos los hilos de la concentración,

Y sobretodo rellena Tú mismo

el vacío de mi Obra.

Señor, en toda Obra de mis manos,

deposita una gracia de Ti para hablar

a los demás y un defecto de mi

para hablar conmigo mismo.

Protege en mí la Esperanza de la perfección

pues sin esto nada tendría sentido;

Protegedme de la impotencia de la perfección

o de otra manera no seré más

que un orgullo sin sentido.

Purifica mi mirar:

cuando yo hago el mal,

no es tan seguro de que sea mal,

y cuando yo hago el bien

no estoy muy seguro que yo haga bien.

Señor, permíteme, de nunca olvidar

que todo saber es vano salvo donde hay trabajo,

y que todo trabajo es vacío si no hay Amor,

y que todo Amor es hueco

si no me uno a mí mismo, a los demás y a Ti.

Señor, enséñame a rezar cada día

con mis manos, mis brazos y toda mi fuerza,

Recuérdame que la Obra de mis manos

te pertenece y que me pertenece de entregártela,

ofreciéndola a los demás.

Que si yo lo hago por el gusto de la ganancia,

como una fruta olvidada yo me podriré en el otoño,

Que si yo lo hago para que los demás me admiren,

como la flor me marchitaré todas las noches,

Pero, si yo lo hago por el Amor del Bien,

yo estaré siempre en el Bien

Y el tiempo de hacer el Bien

y en tu Gloria es aquí, en esta tierra

y ahora en este instante.

Amén.

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Crisis

Hoy comparto dos interesantes textos que creo nos pueden ser de ayuda, de dos formas muy distintas a la hora de afrontar esta crisis en la que estamos inmersos. En la primera el mensaje es evidente: si queremos que las cosas cambien, habrá que actuar de forma distinta. En la segunda se pone de manifiesto que lo que se consigue con trabajo, esfuerzo y humildad siempre dará buenos frutos. J.L.Soba

Obra del artista rumano Boicu Marinela

«Crisis«

No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos.

La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche. Es en la crisis donde nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia.

El problema de las personas y los países es la pereza para encontrar salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

Hablar de crisis es promoverla, y callar la crisis es exaltar el conformismo.

En vez de esto, trabajemos, duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora: la tragedia de no luchar por superarla.

 Albert Einstein

«El vendedor de bocadillos«

Érase una vez un hombre que vivía muy cerca de un importante cruce de caminos. Todos los días a primera hora de la mañana llegaba hasta allí donde instalaba un puesto en el cual vendía bocadillos que él mismo horneaba.

Como padecía sordera y su vista no era muy buena, no leía la prensa ni veía la televisión pero eso si… vendía exquisitos bocadillos.

Meses después alquiló un terreno, levantó un gran letrero de colores y personalmente seguía pregonando su mercancía, gritando a todo pulmón: ¡Compre deliciosos bocadillos calientes! Y la gente compraba cada día más y más.

Aumentó la compra de materia prima, alquiló un terreno más grande y mejor ubicado y sus ventas se incrementaron día a día. Su fama aumentaba y su trabajo era tanto que decidió llamar a su hijo, un importante empresario de una gran ciudad, para que lo ayudara a llevar el negocio.

A la llamada del padre su hijo respondió: ¿Pero papá, no escuchas la radio, ni lees los periódicos, ni ves la televisión? Este país está atravesando una gran crisis, la situación es muy mala, no podría ser peor.

El padre pensó: ¡Mi hijo trabaja en una gran ciudad lee los periódicos y escucha la radio, tiene contactos importantes… debe saber de lo que habla!

Así que revisó sus costos, compró menos pan y disminuyó la compra de cada uno de los ingredientes, dejando de promocionar su producto.
Su fama y sus ventas comenzaron a caer semana a semana.

Tiempo después desmontó el letrero y devolvió el terreno.
Aquella mañana llamó a su hijo y le dijo:

-¡Tenías mucha razón, verdaderamente estamos atravesando una gran crisis!

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¿Esperas que alguien te haga feliz?

Mentalízate: en tu vida no existen los errores, ni los fallos ni las equivocaciones. Todo lo que has hecho tiene un sentido, aunque en ese momento te haya dolido o avergonzado. Gracias a esos errores maduraste y te formaste a ti mismo. Bernabé Tierno

Balsa de Zolina (Navarra), fotografía de David Soba Hidalgo

¿Esperas que alguien te haga feliz?

Desde hace algunos años vengo estudiando a las personas con las que, de manera más o menos casual, tengo que relacionarme durante algún tiempo y que de forma natural y espontánea se muestran contentos consigo mismas y con la vida a la que no suelen pedir demasiadas cosas. Son básicamente felices «porque sí» y se dan en todas las culturas y niveles socioeconómicos. Es su actitud cotidiana, su forma de percibir y de interpretar cuanto les sucede, lo que les lleva a mantener un tono psicofísico alto y de gratitud por lo que les ocurre en cualquier circunstancia. 

Todos ellos, sin excepción, «se han sabido buscar la vida y la vida les ha correspondido, les ha buscado a ellos». Cuando les he preguntado si necesitaban que sus familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo les hicieran felices, todos, me han respondido con gran extrañeza y perplejidad: «Si estás esperando para ser feliz a que alguien que no seas tú se preocupe de ello, estás arreglado; ya puedes esperar sentado». 

Sin embargo, casi el cien por cien de las personas que se consideran más desgraciadas, de manera más o menos explícita, manifiestan que la felicidad depende de los demás. No creen que sean ellos mismos los verdaderos causantes de sus alegrías y desgracias, felicidad o infelicidad. Mi trabajo fundamental cuando llegan a mi consulta es tratar de convencer a estos pacientes que no es tarea de los demás hacernos felices, sino tarea primordial nuestra. 

Lo cómodo para una gran mayoría de las personas es culpar a los demás de sus fracasos, errores, carencias y desgracias. Su gran inmadurez psíquica les convierte en seres desvalidos, llenos de complejos y de miedos, pero no por ello dejan de almacenar rabia y odio contra quienes no se ocupan de solucionarles los problemas y sacarles del atolladero en que ellos mismos se han metido. 

Enrocados en esta cómoda actitud negativa de que nada pueden hacer porque son los otros los causantes de sus desgracias, no pasan a la acción, no ponen remedios eficaces a sus males y se convierten en problema grave para sí mismos, para quienes están cerca o hayan pretendido ayudarles y para los demás. 

En la búsqueda de la felicidad pueden orientarnos y aconsejarnos, pero nadie puede hacer una tarea fundamental para ser feliz, que es ser uno mismo quien cada día se ocupa de mantener, a toda costa, la firme actitud de ser feliz hasta cuando la vida nos da la espalda y lo estamos pasando mal. Os recomiendo el libro Sabiduría esencial, de la editorial Temas de Hoy.


Bernabé Tierno

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¿Cómo se sacan las castañas del fuego?

¿Cómo se sacan las castañas del fuego?

A los 17 mi madre vio que me iba de casa,

así que un día me cogió por banda

y me enseñó a freír un huevo.

Yo apenas había vivido más allá de las 3 calles de Palencia,

tenía un caudal de sueños por achicar

y un semáforo en rojo en la cuenta atrás de ponerse en verde.

Acababa de amanecer un nuevo siglo,

la gente de clase hacía pellas[ii] repartiendo cartas de universidad

y la castañera de la calle mayor

mientras

seguía dándole vueltas al frío.

Preocupada, intuyo, por el qué iba a comer y cómo,

mi madre

me enseñó a cocer pasta,

a cortar lechuga

y picar ajo para darle sabor al cerdo.

Y una tarde; como ya he dicho,

me cogió por banda

y me enseñó a freír un huevo.

Yo estaba en segundo de bachillerato

y lo único que me preocupaba

(no he cambiado tanto)

eran las chicas, el cine y la poesía

y en ese desorden

coleccionaba pósters pensando en cómo sería mi vida.

Pero mi madre,

tímida, preocupada y repleta de ternura,

insistía:

llenaba una sartén de aceite,

lo calentaba

y con los ojos me decía: aunque te quemes, tienes que ser fuerte.

Así aprendí a romper la cáscara,

a poner dos huevos sobre la mesa

y a sobrevivir en este mundo de mierda

que tanto me gusta tantas veces.

Cuando alguien me pregunta

¿cómo se sacan las castañas del fuego?

respondo

lo que aprendí viendo en las manos quemadas de mi madre:

quemándote

para que así otros,

los tuyos,

no se quemen.

Escandar Algeet, en su libro “De Un invierno sin sol”, 2013

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Carta al Rey Baltasar

«Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar. La hiciste para los niños, yo he crecido, a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame, por piedad; vuélveme a la edad aquella en que vivir es soñar.» Miguel de Unamuno

El festín de Baltasar (1635) obra de Rembrandt, National Gallery de Londres.

Carta al Rey Baltasar

Querido Rey Baltasar :

Como todos los años, emocionado y lleno de esperanza, te escribo mi carta ilusionada; porque sé que vives lejos, pero anunciado por una estrella cargada de luz, llegarás en la noche donde esperamos, con las manos abiertas, recibir cuanto te pedimos. No nos faltan deseos, es más, se nos acumulan en el corazón y anhelan salir con el gozo certero y seguro de que van a ser correspondidos por tu generosidad.

Rey Baltasar, lo primero que quisiera pedirte es un puñado de sonrisas para repartirlas por los rostros que, entristecidos, pasean por las calles, cargados de no sé qué oscuros presagios. Sé muy bien que en este mundo que estamos creando se nos olvida, cada vez con más rapidez, el ver las cosas desde el lado mágico de lo positivo, y se nos llena el corazón de miedos y de rutinas insalvables. Te pediría una razón mucho más convincente que la de la fuerza y la irracionalidad de los poderosos y, porque tú puedes traérnoslo, desde el misterio de tu estrella, envuelto en un soplo de solidaridad y de comprensión.

Será un regalo inolvidable, viejo rey mago, si por fin alguien pudiera salpicar las conciencias de los que deciden cuándo ha de llegar la paz a los pueblos que se destruyen por sus ideas o por un pedazo, más o menos, de tierra. Ya sé que te pedimos cosas muy difíciles , pero nada hay imposible para tu generosidad sin límites, y mucho menos cuando lo que deseamos va dirigido a los niños, esos seres que tú amas especialmente; para ellos te pedimos que la ingenuidad y la inocencia nunca se escapen de sus vidas, y que sepan mantenerlas con el cuidado de los mayores, tan lejanos de su mundo, pero tan necesitados de un poco, al menos, de su verdad y de su sincero corazón diminuto.

Cuando miro estos paisajes hermoseados por pinares y campos que coronan la sierra, Rey Baltasar, te pido que ninguna mano incendiaria y destructora atente contra su belleza. La tierra es de todos, y a todos nos compete cuidarla y velar por ella. No permitas, querido Rey, que los ríos bajen envenenados, que este planeta azul se torne gris porque los seres humanos estamos invadiendo con nuestros errores su existencia. No permitas que la insensibilidad de todos nos lleve a un camino sin vuelta, a una senda sin salida, a un morir sin retorno.

No puedo olvidar, Rey Baltasar, pedirte, este año, que la incapacidad de tantas personas de entender que ni el color de la piel ni el país de origen, como tú, son ningún impedimento para poder vivir, libremente, en cualquier lugar del mundo. Porque las fronteras y las razas ya no existen, rey negro, tráenos un poco de tolerancia para tantos fanáticos incapaces de sobrevivir en las diferencias.

Si tu camello legendario aún soporta el peso de algún regalo más, rey Baltasar, tráenos un poco de poesía, o lo que es lo mismo, un poco más de misterio y de búsqueda, de conocimiento y de luz, porque en definitiva esto es la poesía. Danos la capacidad ensoñadora de mirar las cosas de otro modo, desde la raíz oculta hasta el esplendor de su existir con nosotros, que la poesía del vivir se traduzca en generosidad con los seres humanos, en un estallido de belleza donde queden relegados los gestos de mal gusto, la vulgaridad del intolerante, la vanidad del envidioso.

Que tu estrella se pose en el nacer con mayúsculas; no estoy muy seguro si mi carta te va a hacer sonreír con cierto desencanto, pero al menos, querido Rey Baltasar, deja que mi corazón albergue una mínima esperanza de que serán cumplidos mis deseos. Te esperaré dormido, ¡ah! y no olvides beberte la copa llena de sueños que te dejaré con mis zapatos.

Hasta pronto, Rey Baltasar.

José María Muñoz Quirós

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Construyendo un buen año

Este primer día del año 2022 que recibimos, quiero compartir con vosotros una interesante reflexión de Mamerto Menapace, un monje benedictino argentino, escritor de un sin fin de cuentos y textos de reflexión y crecimiento personal, que creo nos puede servir para valorar lo que tenemos, superar las dificultades que nos salgan al paso y luchar por nuestros sueños. !Feliz Año Nuevo¡ J.L.Soba

Lago Ayous y Pico Midi d’Ossau, Pirineos Atlánticos (Francia) fotografía de David Soba Hidalgo.

Construyendo un buen año

«…Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos. Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. “Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso.

Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas:

-a aprender a amar

-a dejar huella

-a ser felices

En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo, y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:

-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no cómo el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos, para dormir tendremos siglos después.

-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mi mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.

-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los chóferes de los micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos.

Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas, independientes de los recursos, se están volviendo tan perfectas que parece que nadie puede vivir adentro. Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual. Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias. Si logramos trabajar en estos puntos, y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan.Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro».

Mamerto Menapace

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 Discusión entre dos monjes budistas

Dos monjes budistas

 Discusión entre dos monjes budistas

xuuuytun día unos monjes budistas discutían en medio de un camino, y como no se ponían de acuerdo fueron hablar con un sabio lama. Al llegar al monasterio los dos monjes, se dirigieron corriendo en busca del sabio, estaba en sus aposentos sentado y meditando.

Así que los monjes esperaron a que terminara el maestro lama de meditar. Al cabo de una hora el maestro salió de sus aposentos.

Los monjes estaban sentados hacia que se pusieron en pie y le pidieron al maestro lama que meditara en su discusión y dictaminara quién tenía razón. El maestro sonrió e invitó a los monjes a tomar un té. Después de un rato de silencio, mientras tomaba el té, el maestro preguntó cuál era su discusión.

 – Bien… -dijo un monje- primero hablaré yo y luego él y después el maestro nos dirá quién tiene razón…

-De acuerdo, asentó el maestro con la cabeza.

El primer monje empezó hablar y dijo: “Esta mañana me levanté temprano para ir al pueblo por unas medicinas, cuando me paré un rato bajo un árbol a descansar, me sequé el sudor de la frente y miré hacia arriba y vi una mariposa enredada en una telaraña, así que decidí liberarla. Como no alcanzaba la telaraña me subí encima de unas tinajas que había debajo del árbol con tan mala suerte que cuando la mariposa hecho a volar las tinajas se rompieron porque resbalé al bajarme de ellas.

De pronto escuché una voz recriminando mi acción, era mi amigo el monje del agua, el que estaba sentado a su lado. Yo sólo he liberado una mariposa de una telaraña y pienso que no he hecho nada malo, con eso he terminado”, dijo el primer monje…

“Bien…-dijo el maestro- puedes hablar tú”- dirigiéndose al segundo monje.

“Pues iba yo también muy temprano por agua al pozo que está al lado del árbol. El agua del pozo estaba muy profunda y después de llenar dos tinajas de agua me senté un rato a descansar bajo el árbol y me quedé un poco dormido. Me desperté porque mi amigo, el primer monje, al liberar a la mariposa rompió mis tinajas de agua con el esfuerzo que cuesta llenarlas. Ahora tendría que ir al monasterio, coger dos tinajas y llenarlas de nuevo y yo creo que es más importante el agua que yo llevo al monasterio que una simple mariposa, he terminado…” -dijo el segundo monje-

 “Bien…” -dijo el maestro. Después de un gran silencio, el maestro dijo: “no estoy de acuerdo contigo segundo monje, con eso que el agua es más importante que una mariposa. Todo en la vida animal, planta, hombre, piedra, etc. tiene su importancia en el universo. Tampoco estoy de acuerdo contigo primer monje, pues todos tenemos un sincrodestino o ciclo de vida y tú al liberar la mariposa interviniste en su destino. Ahora os contaré algo antes de hablar con ustedes. Hablé con el maestro de la cocina, me dijo que el segundo monje no había traído el agua pero estaba contento, ¿por qué, le pregunté yo? Entonces me dijo que alguien había tirado veneno dentro del pozo y si hubiera traído el agua ahora estarían todos envenenados. También me contó que el primer monje tampoco había traído sus medicinas pero que también estaba contento, pues el farmacéutico las había preparado con el agua del pozo envenenada y si hubiera ido el primer monje por las medicinas, ahora el monje de la cocina estaría muerto. Así que os diré que ninguno tiene razón. Pero el primer monje al romper las tinajas salvó muchas vidas y el segundo al discutir con él, hizo que el primer monje no comprara las medicinas del monje de la cocina. Así que el segundo monje salvó la vida al monje de la cocina…”.

 Todo en la vida tiene significado (si uno lo quiere encontrar), ya sea para bien o para mal, así que los dos monjes se pidieron perdón y se alegraron de todo lo que había pasado, pues ese día que parecía un mal día, al final fue alegrías, por el bien que sin saberlo habían hecho los dos.

Antiguo Cuento de la Tradición Budista

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“1-800-273-8255” el rap antisuicidio

“1-800-273-8255” el rap antisuicidio

Sir Robert Bryson Hall II (Gaithersburg, Maryland, Estados Unidos, 22 de enero de 1990) es un rapero y productor conocido como “Logic”. Su aspecto, blanco, ojos azúles, se aleja del de un rapero al uso, aunque sí su complicada vida. Se crió en un ambiente dominado por la dependencia de su padre a la cocaína, una madre alcoholica y unos hermanos traficando con cocaína. Esto en vez de hundirlo, le estimuló y se alejó de ese mundo. A los 17 años se fue de su casa y comenzó a tejer su carrera de rapero.

Su canción “1-800-273-8255” es, sin duda, el más importante en la carrera de Logic. Este tema, con la colaboración de Alessia Cara y Khalid, se desarrolla en dos partes bien diferenciadas, primero desde el punto de vista de una persona que “no quiere estar viva” y por eso llama a la línea de prevención del suicidio. Luego se invierten los papeles y en la segunda parte habla desde el punto de vista de la persona que atendió la llamada.

Tras la interpretación de la canción en la gala de los premios MTV el número de llamadas a la línea de prevención del suicidio se incrementó en 50%.

Logic es un ejemplo para todos los jóvenes de cómo superar con éxito las adversidades, es uno de los raperos jóvenes más importantes del momento, no fuma, no consume alcohol y tiene una creatividad y voz prodigiosas.

Espero que esta entrada sirva para concienciarnos un poco más si cabe de lo bella que es la vida, aún con los reveses o pruebas que nos salen constantemente al encuentro, dispuestas a brindarnos la oportunidad de superarlas y aumentar nuestro crecimiento personal. No dejemos para mañana el ocuparnos y preocuparnos de todo aquel que pasa por nuestra vida con síntomas de desconcierto mental, pues nuestras palabras de aliento y nuestro apoyo, puede ser vital.

“1-800-273-8255”

He estado en el bajo

He estado tomando mi tiempo

Siento que estoy loco

Siento que mi vida no es mía

(¿Quién puede relacionarse? ¡Woo!)

He estado en el bajo

He estado tomando mi tiempo

Siento que estoy loco

Siento que mi vida no es mía

No quiero estar vivo

No quiero estar vivo

Solo quiero morir hoy

Solo quiero morir

No quiero estar vivo

No quiero estar vivo

Solo quiero morir

Y dejame decirte por qué

Toda esta otra mierda de la que estoy hablando, ellos creen que lo saben

He estado rezando para que alguien me salve, nadie es heroico

Y mi vida ni siquiera importa, lo sé, lo sé, lo sé

Me duele en el fondo pero no puedo mostrarlo

Nunca tuve un lugar para llamar mío

Nunca tuve una casa, nadie llama a mi teléfono

¿Dónde has estado? Donde estas ¿Qué tienes en mente?

Dicen que cada vida es preciosa pero a nadie le importa la mía

He estado en el bajo

He estado tomando mi tiempo

Siento que estoy loco

Siento que mi vida no es mía

(¿Quién puede relacionarse? ¡Woo!)

He estado en el bajo

Me he estado tomando mi tiempo

Siento que estoy loco

Siento que mi vida no es mía

Quiero que estés vivo

Quiero que estés vivo

No tienes que morir hoy

No tienes que morir

Quiero que estés vivo

Quiero que estés vivo

No tienes que morir

Ahora déjame decirte por qué

Es el primer respiro

Cuando tu cabeza se ha ahogado bajo el agua

Y es la ligereza en el aire

Cuando estas ahi

Pecho a pecho con un amante

Está aguantando, aunque el camino es largo

Y viendo la luz en las cosas más oscuras

Y cuando miras tu reflejo

Finalmente sabiendo quien es

Sé que agradecerás a Dios que lo hiciste

Sé dónde has estado, dónde estás, a dónde vas

Sé que eres la razón por la que creo en la vida

¿Qué es el día sin una pequeña noche?

Solo intento arrojar un poco de luz

Puede ser dificil

Puede ser tan dificil

Pero tienes que vivir ahora mismo

Tienes todo para dar ahora mismo

He estado en el bajo

He estado tomando mi tiempo

Siento que estoy loco

Siento que mi vida no es mía

(¿Quién puede relacionarse? ¡Woo!)

He estado en el bajo

He estado tomando mi tiempo

Siento que estoy loco

Siento que mi vida no es mía

Finalmente quiero estar vivo

Finalmente quiero estar vivo

No quiero morir hoy

No quiero morir

Finalmente quiero estar vivo

Finalmente quiero estar vivo

No quiero morir

No quiero morir

Solo quiero vivir

Solo quiero vivir

El dolor no duele igual, lo sé

El carril por el que viajo se siente solo

Pero me muevo hasta que mis piernas se rinden

Y veo que mis lágrimas se derriten en la nieve

Pero no quiero llorar

Ya no quiero llorar

Quiero sentirme vivo

Ya ni siquiera quiero morir

Oh no quiero

No quiero

Ya ni siquiera quiero morir

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Cada vez que nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano

Cada vez que nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano (extracto)

Quién pueda ver la película Niños Invisibles, en siete escenas diferentes, dirigidas por directores de renombre como Spike Lee, Katia Lund, John Woo, entre otros, puede darse cuenta de las vidas destruidas de los niños en muchas partes del mundo, condenados a vivir de la basura y en la basura; y sin embargo, hay escenas conmovedoras de camaradería, de pequeñas alegrías en los ojos tristes, y de solidaridad entre ellos.

Y pensar que son millones en el mundo de hoy y que el propio niño Jesús, según las Escrituras, nació en un pesebre para animales, porque no había lugar para María, cercana al parto, en ninguna posada en Belén. Él se mezcló con el destino de todos estos niños maltratados por nuestra falta de sensibilidad.

Más tarde, ese mismo Jesús ya adulto dirá: «quien recibe a estos hermanos míos más pequeños, a mí me recibe». La Navidad tiene lugar cuando se da esta acogida, como la que el Padre Lancelotti organiza en São Paulo para cientos de niños de la calle bajo un viaducto, que contó durante años con la presencia del presidente Lula.

En medio de todas estas desgracias en el mundo y en Brasil, me viene a la mente una pieza de madera con una inscripción pirograbada que un interno de un hospital psiquiátrico de Minas me dio durante una visita que hice allí para animar al personal. En ella está escrito: «Cuando nace un niño es señal de que Dios todavía cree en el ser humano».

¿Puede haber un acto de fe y esperanza mayor que este? En algunas culturas de África se dice que Dios está de manera especialmente presente en los que nosotros llamamos «locos». Por eso son adoptados por todos y todos cuidan de ellos como si fueran un hermano o una hermana. Así se integran y viven en paz. Nuestra cultura los aísla y no los reconoce.

La Navidad de este año nos remite a esta humanidad ofendida y a todos los niños invisibles cuyos padecimientos son como los del niño Jesús, que ciertamente en el invierno de los campos de Belén temblaba en el pesebre. Según una antigua leyenda, se calentó con el aliento de dos caballos viejos que, en recompensa, adquirieron después completa vitalidad.

Vale la pena recordar el significado religioso de la Navidad: Dios no es un viejo barbudo con ojos penetrantes, ni un juez severo que juzga todas nuestras acciones. Es un niño. Y como niño no juzga a nadie. Sólo quiere vivir y ser querido. Del pesebre viene esta voz: «¡Oh, criatura humana, no temas a Dios! ¿No ves que su madre ha envuelto sus pequeños brazos? Él no amenaza a nadie. Más que ayuda, necesita ser ayudado y llevado en brazos».

Nadie mejor que Fernando Pessoa entendió el significado humano y la verdad del niño Jesús:

Él es el Niño Eterno, el Dios que faltaba. Es tan humano que es natural. Es el Divino que sonríe y juega. Por eso sé con toda seguridad que él es el Niño Jesús verdadero. Es un niño tan humano que es divino. Nos llevamos tan bien los dos, en compañía de todo, que nunca pensamos el uno en el otro… Cuando me muera, Niño mío, déjame ser el niño, el más pequeño. Tómame en tus brazos y llévame a tu casa. Desnuda mi ser cansado y humano. Acuéstame en la cama. Cuéntame historias, si me despierto, para que me vuelva a dormir. Y dame tus sueños para que juegue, hasta que nazca cualquier día que tú sabes cuál es.

¿Se puede contener la emoción ante tanta belleza? Por esto, todavía, a pesar de los pesares, podemos celebrar discretamente la Navidad.

Termino con este otro mensaje que tiene significado y que me encanta: «Todo niño quiere ser hombre. Todo hombre quiere ser rey. Todo rey quiere ser «dios». Sólo Dios quiso ser niño».

Abracémonos unos a otros como quien abraza al Divino Niño que se esconde en nosotros y que nunca nos abandonó. Y que la Navidad sea todavía una fiesta discretamente feliz.

Leonardo Boff, 25 de Diciembre de 2015, en su Columna Semanal de Sevicios Koinonia. 

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¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!

Hoy, quiero compartir con vosotros, motivado por una experiencia personal, un delicioso cuento tradicional, recogido por Carlos Gonzalez Vallés, riojano de nacimiento y ciudadano del Mundo, popularmente conocido como Padre Vallés, autor de infinidad de libros de autoayuda, cuentos y relatos de motivación, unido a una gran entrega a los más desfavorecidos de la India. En estos momentos de sobresaltos que nos ha tocado vivir, este bello y precioso cuento, nos incita a ver el lado bueno de las situaciones adversas, y cómo el tiempo se encarga de demostrarnos ese sabio refrán español que dice: “No hay mal que por bien no venga”

¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!

Una historia china habla de un anciano labrador, viudo y muy pobre, que vivía en una aldea, también muy necesitada.

Un cálido día de verano, un precioso caballo salvaje, joven y fuerte, descendió de los prados de las montañas a buscar comida y bebida en la aldea. Ese verano, de intenso sol y escaso de lluvias, había quemado los pastos y apenas quedaba gota en los arroyos. De modo que el caballo buscaba desesperado la comida y bebida con las que sobrevivir.

Quiso el destino que el animal fuera a parar al establo del anciano labrador, donde encontró la comida y la bebida deseadas. El hijo del anciano, al oír el ruido de los cascos del caballo en el establo, y al constatar que un magnífico ejemplar había entrado en su propiedad, decidió poner la madera en la puerta de la cuadra para impedir su salida.

La noticia corrió a toda velocidad por la aldea y los vecinos fueron a felicitar al anciano labrador y a su hijo. Era una gran suerte que ese bello y joven rocín salvaje fuera a parar a su establo. Era en verdad un animal que costaría mucho dinero si tuviera que ser comprado. Pero ahí estaba, en el establo, saciando tranquilamente su hambre y sed.

Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para felicitarle por tal regalo inesperado de la vida, el labrador les replicó: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y no entendieron…

Pero sucedió que, al día siguiente, el caballo ya saciado, al ser ágil y fuerte como pocos, logró saltar la valla de un brinco y regresó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se acercaron para condolerse con él y lamentar su desgracia, éste les replicó: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Y volvieron a no entender…

Una semana después, el joven y fuerte caballo regresó de las montañas trayendo consigo una caballada inmensa y llevándoles, uno a uno, a ese establo donde sabía que encontraría alimento y agua para todos los suyos. Hembras jóvenes en edad de procrear, potros de todos los colores, más de cuarenta ejemplares seguían al corcel que una semana antes había saciado su sed y apetito en el establo del anciano labrador. ¡Los vecinos no lo podían creer! De repente, el anciano labrador se volvía rico de la manera más inesperada.  Su patrimonio crecía por fruto de un azar generoso con él y su familia. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su extraordinaria buena suerte. Pero éste, de nuevo les respondió: “¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!”. Y los vecinos, ahora sí, pensaron que el anciano no estaba bien de la cabeza. Era indudable que tener, de repente y por azar, más de cuarenta caballos en el establo de casa sin pagar un céntimo por ellos, solo podía ser buena suerte.

Pero al día siguiente, el hijo del labrador intentó domar precisamente al guía de todos los caballos salvajes, aquél que había llegado la primera vez, huído al día siguiente, y llevado de nuevo a toda su parada hacia el establo. Si le domaba, ninguna yegua ni potro escaparían del establo. Teniendo al jefe de la manada bajo control, no había riesgo de pérdida. Pero ese corcel no se andaba con chiquitas, y cuando el joven lo montó para dominarlo, el animal se encabritó y lo pateó, haciendo que cayera al suelo y recibiera tantas patadas que el resultado fue la rotura de huesos de brazos, manos, pies y piernas del muchacho. Naturalmente, todo el mundo consideró aquello como una verdadera desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. A lo que los vecinos ya no supieron qué responder.

Y es que, unas semanas más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Pero cuando vieron al hijo del labrador en tan mal estado, le dejaron tranquilo, y siguieron su camino. Los vecinos que quedaron en la aldea, padres y abuelos de decenas de jóvenes que partieron ese mismo día a la guerra, fueron a ver al anciano labrador y a su hijo, y a expresarles la enorme buena suerte que había tenido el joven al no tener que partir hacia una guerra que, con mucha probabilidad, acabaría con la vida de muchos de sus amigos. A lo que el longevo sabio respondió: «¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!».

Carlos G. Vallés en el libro “Ligero de equipaje”

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