La sombra propia

Crean en la Luz. Si la antorcha no se quema, se queda sola y a oscuras. Pero si se consume y arde, alumbra a todo hombre que llega a este mundo. Y atrae todo hacia sí. Mamerto Menapace

«No estoy allí», del artista de Barcelona Pol Úbeda Hervàs.

La sombra propia

El que no da la cara a la luz, se obliga a caminar
detrás de su propia sombra.

¡Qué difícil es ser realista en la propia vida!
Resulta más fácil entregarnos a nuestra propia sombra,
a nuestros sueños, a la marca que dejamos en el suelo.

Porque la realidad tiene siempre mucho de imprevisible.
Nos supera y nos envuelve.
En ella nos encontramos colocados y no la podemos manejar,
como lo hacemos con la carretilla de nuestros sueños.
La sombra no tiene peso, y por eso al proyectarla
contra un obstáculo fácilmente lo supera.
Se retuerce, se amolda, trepa y se alarga.
Ha logrado muy fácilmente superar el obstáculo
con el que nos topamos en el camino.
La sombra ha pasado. Pero nosotros no.
Porque el obstáculo es real.
Y nos encontramos detenidos
por lo que se atraviesa ante nuestros pies.

Es probable que en ese momento giremos la carretilla
de nuestra sombra y creamos seguir tras ella
simplemente porque la seguimos empujando delante nuestro.
Y así vamos sembrando nuestra vida
con trozos de camino que terminan siempre en fracasos,
aunque no tengamos el coraje de reconocerlo,
autoengañándonos con la convicción de ser leales a una idea.

Pero el que se anima a dar la cara a la luz,
obliga a su sombra a marchar detrás suyo,
haciendo su mismo camino.
Porque el que camina con la luz de la realidad en sus ojos,
también tiene su sombra. Pero no la sigue.
Es ella la que lo sigue a él.
Y su sombra no supera obstáculos que previamente
no hayan sido traspasados por los pasos reales del que camina.

Hombres y sombra realizan así un mismo camino.
Ideales y realidad forman una misma historia.
Probablemente los ideales tocarán menos realidades,
pero éstas serán aquellas que han obligado
al hombre a crecer y avanzar.

Este hombre ha aceptado las exigencias
de la luz en su camino. Exigencias dura.
Pero que han unificado su huella,
y que en definitiva le habrán permitido llegar,
cuando tenga que entregar
su sombra madura a la noche.

Sólo el hombre con una sombra madura
puede esperar sin miedo la luz de un nuevo amanecer.
Será un hombre que ha hecho su camino.

Mamerto Menapace

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2 respuestas a La sombra propia

  1. Mercedes dijo:

    Este precioso poema del monje Mamerto Menapace, me recuerda que todos somos luz y sombra y por ello no podemos avanzar en el camino de la autorrealizacion si no aceptamos la sombra y cumplimos con las exigencias de la Luz…Somos Luz🙏

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