Vida Nueva, Año Nuevo.

El equipo de edición de ” El ambigú del yoga” os desea un Felíz Año 2016, hace suyas la palabras de Jonathan Swift: ¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!, y os deja con unas reflexiones de José maría Toro.                                                                                                     J.L.Soba

5 mandalas[1]

Vida Nueva, Año Nuevo.

No, no estás ante un error de redacción de la frase que tanto utilizamos e intercambiamos en ese tránsito en el que despedimos un año y nos disponemos a acoger e iniciar el siguiente.

Quiero invitarte a que cada vez que inicies un nuevo año inviertas la expresión como gesto y acción concreta y visible de un cierto movimiento interno

Hasta ahora siempre había felicitado diciendo o escribiendo “Año nuevo, Vida nueva”.
Sin darme cuenta, colocaba primero el condicionante, la circunstancia o el agente externo, el hecho de que cambiaban mis calendarios y almanaques como un aliciente o un estímulo para hacer de mi vida algo nuevo o al menos renovado.

Primero lo de fuera (el año nuevo), luego, como consecuencia de aquello, su repercusión o efecto interno (la vida nueva).

A partir de ahora voy a repetir una y otra vez la frase invertida porque quiero que justamente ocurra eso mismo en mi cotidiano: que primero sea yo quien viva una vida nueva, de otra manera y que como consecuencia lógica, espontánea e inevitable de ello yo viva un año nuevo.
Un año con cada uno de sus días, horas, minutos y segundos.

A partir de ahora quiero asumir más conscientemente mi propia responsabilidad en el modo como recibo cada nuevo día; quiero ser más responsable del nivel de concienciades de el que me relaciono conmigo mismo y con el mundo y quiero hacer de la responsabilidad y de la consciencia las dos alas con las que poder emprender y sostener el vuelo que me haga posible recorrer los espacios infinitos de mi libertad.

 

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Hacer “Nuevo el Año nuevo”

Cambiar de calendario es algo más que modificar las agendas o los almanaques que acarician las paredes.

Es una invitación a acoger, de un modo diferente, o del mismo modo, pero desde otra hondura, todos y cada uno de los momentos y de los días con los que se hará crecer el nuevo año.

El almanaque es un símbolo de mi propia vida: el año crece a medida que pasan los días y se van desgastando las hojas.
También yo crezco en la medida que menguo, que voy pasando dejando algún rastro, alguna huella; en la medida en la que me entrego y ofrezco todo lo que soy para que un mundo lleno de Humanidad y Belleza se vaya desplegando con la misma paciencia e insistencia con la que se van sucediendo las estaciones del año.

Puedo acoger este nuevo año, cada día, cada mes como una puerta que se abre y me invita a adentrarme en espacios misteriosos e imprevisibles llenos de ternura, paciencia, sencillez, alegría y esperanza.

En ellos puedo descubrir y reconocer el impresionante tesoro que la Vida ha puesto dentro de mi para regalo del mundo.

José María Toro, de su libro La vida maestra. Editorial Desclée

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