Un Curioso Intercambio

FELICITACION NAVIDAD A. BATLLORI JOFRE. REYES MAGOS 1957

Los Reyes Magos, A. Batllori Jofre

Un Curioso Intercambio

Aquel hombre fue con su hijo, de cuatro años, a unos grandes almacenes para ver a los Reyes Magos, que tenían instalado un quiosco junto a la sección de juguetería. Había mucha gente y el hombre, que era algo claustrofóbico, empezó a sentirse mal entre la multitud de manera que a la media hora de soportar la asfixia y los empujones decidió marcharse.
Al llegar a la calle notó que el niño que llevaba de la mano no era el suyo. El niño y él se miraron perplejos, aunque ninguno de los dos dijo nada. La reacción inmediata del hombre fue regresar al tumulto para recuperar a su hijo. Pero cuando pensó que seguramente no lo encontraría en seguida, y que tendría que ir a la comisaría para poner una denuncia, decidió hacer como que no se había dado cuenta. Entraría en casa con naturalidad, con el niño de la
mano, y sería oficialmente su mujer la primera en notar el cambio. Confiaba en que fuera ella la que se ocupara de toda la molesta tramitación para recuperar a su niño y devolver al otro.
Afortunadamente, el niño no daba señales de angustia. Caminaba, dócil, junto a él, como si también temiera que la aceptación de error fuera más complicada que su negación.
Entonces, el hombre notó que el niño todavía llevaba en la mano la carta a los Reyes Magos. Le dio pena y buscó un buzón de correos asegurándole que de ese modo llegaría también a su destino. Después, para compensarle, le invitó a tomar chocolate con churros en una cafetería. Entró en casa con naturalidad y saludó a su mujer, que estaba viendo su programa favorito de televisión. El hombre esperaba que ella diera un grito y se pusiera inmediatamente a llamar a la policía mientras el fingía un desmayo para no tener que participar en todo el follón… Pero su mujer miró al niño y, después de unos segundos de duda, le dio un beso y le preguntó si había conseguido ver a los Reyes Magos.
El niño le respondió que no, pero que habían echado la carta en un buzón y ella lo traquilizó asegurándole que así también llegaría… La mujer regresó a su programa favorito de televisión.
También ella, al parecer, prefería hacer como que no se había dado cuenta para evitar las molestas complicaciones de aceptar el error. Además, si actuaba en ese momento, se perdía el final del programa. El hombre se quedó algo confuso, pero ya no podía dar marcha atrás, de manera que llevó al niño al dormitorio de su hijo y lo dejó jugando mientras se servía un whisky para relajar la tensión. Esa noche durmió mal, pensando que el niño se despertaría
en cualquier momento llamando entre lágrimas a sus padres verdaderos. Cada vez que abría los ojos, espiaba la respiración de su mujer para ver si ella también estaba inquieta, pero no llegó a notar nada anormal. En cuanto al niño, durmió perfectamente, mejor que su propio hijo, que siempre solía despertarse dos o tres veces para pedir agua. Durante los siguientes días, aprovechando la hora del baño o el momento de ponerle el pijama,
comprobó que el niño no tenía malformaciones. Se extrañaba de que los que se hubieran llevado a su hijo verdadero no hubieran salido aún en los periódicos o en la televisión denunciando el error. Pensó que se trataría también de una pareja algo tímida y enemiga de meterse en complicaciones.
El niño se adaptó bien al nuevo hogar, sin hacer en ningún momento comentarios que pusieran en peligro la estabilidad familiar. En muchos aspectos, era mejor que el hijo propio, pues comía sin necesidad de que le contaran cuentos y no se hacía pis en la cama.
El hombre se acordaba a veces, con un poco de culpa, de su verdadero hijo, pero se le pasaba en seguida pensando que estaría perfectamente atendido por un matrimonio de clase media, como los que había visto en la cola de los Reyes Magos, que le cuidaría con la solicitud con la que él y su mujer se ocupaban del niño que les había tocado. Después de todo, los niños lo único que necesitan es afecto. A lo mejor hasta había dejado de hacerse pis en la cama al cambiar de ambiente…
Es cierto que el hombre llegó a dudar de sí mismo en alguna ocasión, pues todo iba tan bien, todo era tan normal, que a veces parecía imposible que se hubiera equivocado realmente de hijo. Con éste se llevaba mejor que con el verdadero, que estaba muy mal criado por su madre y era muy caprichoso. El nuevo le obedecía en todo y era muy raro que llorase si no le dejaban ver la televisión o le mandaran pronto a la cama. O sea, que se encariñó con él. Un día, después de Reyes, lo llevó al cine a ver una película de dibujos animados. El caso es que, sin saber cómo, al salir del cine observó con sorpresa que llevaba de la mano a su verdadero hijo. Seguramente, los niños habían visto a sus padres verdaderos y habíanhecho el intercambio por su cuenta. Ninguno de los dos dijo nada. Cuando llegaron a casa, la madre, que estaba viendo la televisión, disimuló también. Los primeros días fue todo bien, pero en seguida volvió a hacerse pis en la cama y a montar follones a la hora de comer. El padre, para consolarse, pensaba con nostalgia en el otro hijo y llevaba todos los fines de semana al suyo a lugares donde había multitudes con la
esperanza, nunca confesada, de que un nuevo error se lo restituyera.

Juan José Millas

Anuncios
Publicado en Cuentos, Relatos | Etiquetado | Deja un comentario

En el país llamado Más o Menos

En el país llamado Más o Menos

Vivo en el país llamado Más o Menos,
donde,
muy extrañamente,
no hay ningún partido oficial llamado “Masomenosista”…
donde ellos
leen a nuestros escritores clásicos… más o menos.

Donde a veces,
hasta los distinguidos ciudadanos
se enamoran (más o menos),
pero a veces,
después de algunos meses
ya no hay besos,
los unen solo los pesos.
Entonces no son ajenos,
más o menos.

“¿Es verdad, señor, que todos beben en su país Más o Menos?”
Hay algunas personas que no beben nada…
Más o menos…”
“Difícil de creer, señor,”
Ni siquiera algo así como…
una gota. Más o menos.”

“¿Qué tipo de gente es aquella, la de su amado pueblo
del país llamado Más o Menos?”
Son más o menos agradables…
Más o menos honestos…
Unas veces menos, otras veces más…

“¿Está Usted, señor, orgulloso de su gran país,
llamado Más o Menos?”
Hmmm…
Más o menos…
Por lo general, somos generosos más o menos..
suficientemente amistosos… menos o más…

Por supuesto, todos estamos por la paz…
un tanto más, un tanto menos..
Por supuesto, tenemos algunas pequeñitas,
pero más o menos
desagradables guerras.

En cada esquina,
en cada cocina de cada casa
cuando las esposas y los esposos están algo
así como peleando discretamente,
tenemos nuestra propia Chechenia doméstica,
y un Irak privado,
ondeando un trapo húmedo de cocina
como una bandera nacional,
cuando las sandalias y las planchas
a veces vuelan por encima de las cabezas
como ovnis…
sin embargo, apreciamos nuestros valores de familia…
Más o menos…

En nuestras cortes de justicia  tenemos
más o menos incorruptibles jueces,
en nuestros centros de investigación
hay pensadores, más o menos insobornables.

Una más o menos bella mujer me susurró:
“Estoy más o menos enamorada de Ud.
Más o menos para siempre…”

Me gustaría pararme frente a Dios,
así como soy,
no algo así como más o menos.

No estar  más o menos feliz
En esta más o menos vida…
En esta más o menos libertad.

Yevgueni Yevtushenko (2004)

 

 

Publicado en Inteligencia emocional, Poesías, Reflexiones | Etiquetado , , , | 6 comentarios

España, aparta de mí este cáliz

IMG_20171126_155642_opt (2)

Madroños de Viguera (La Rioja), foto J.L.Soba

España, aparta de mí este cáliz

 

Niños del mundo,

si cae España -digo, es un decir-

si cae

del cielo abajo su antebrazo que asen,

en cabestro, dos láminas terrestres;

niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas!

¡Qué temprano en el sol lo que os decía!

¡Qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano!

¡Qué viejo vuestro dos en el cuaderno!

   Niños del mundo, está

la madre España con su vientre a cuestas;

está nuestra maestra con sus férulas,

está madre y maestra,

cruz y madera, porque os dio la altura,

vértigo y división y suma, niños;

¡Está con ella, padres procesales!

   Si cae -digo, es un decir- si cae

España, de la tierra para abajo,

niños, ¡cómo vais a cesar de crecer!

¡Cómo va a castigar el año al mes!

¡Cómo van a quedarse en diez los dientes,

en palote el diptóngo, la medalla en llanto!

¡Cómo va el corderillo a continuar

atado por la pata al gran tintero!

¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto

hasta la letra en que nació la pena!

   Niños,

hijos de los guerreros, entretanto,

bajad la voz, que España está ahora mismo repartiendo

la energía entre el reino animal,

las florecillas, los cometas y los hombres.

¡Bajad la voz, que está

con su rigor, que es grande, sin saber

qué hacer, y está en su mano

la calavera, aquella de la trenza,

la calavera, aquella de la vida!

   ¡Bajad la voz, os digo;

bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto

de la materia y el rumor menor de las pirámides, y aun

el de las sienes que andan con dos piedras!

¡Bajad el aliento, y si

el antebrazo baja,

si las férulas suenan, si es la noche,

si el cielo cabe en dos limbos terrestres,

si hay ruido en el sonido de las puertas,

si tardo,

si no veis a nadie, si os asustan

los lápices sin punta; si la madre

España cae -digo, es un decir-

salid, niños del mundo; id a buscarla!…

César Vallejo, en su libro “España, aparta de mí este cáliz”, escrito en los últimos meses de  1937 y publicado en 1939, tras su muerte en Abril de 1938.

Publicado en Poesías, Reflexiones | Etiquetado , , | 2 comentarios

Año nuevo

IMG_20171203_124506

Torrecilla en Cameros (La Rioja), foto J.L.Soba

Año nuevo

A las doce de la noche, por las puertas de la gloria
y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre,
sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,
San Silvestre.

Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara,
de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión;
y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para
Salomón

Sus pies cubres los joyeles de la Osa adamantina,
y su capa raras piedras de una ilustre Visapur;
y colgada sobre el pecho resplandece la divina
Cruz del Sur.

Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco
donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero?
Ya la aljaba de diciembre se fue toda por el arco
del arquero.

A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno
el inmenso Sagitario no se cansa de flechar;
le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno
y le cubre los riñones el vellón azul del mar.

Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora;
doce aljabas cada año para él trae el rey Enero.
En la sombra se destaca la figura vencedora
del arquero.

Alrededor de la figura del gigante se oye el vuelo
misterioso y fugitivo de las almas que se van,
y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo
con sus alas membranosas el murciélago Satán.

San Silvestre, bajo el palio de un zodiaco de virtudes,
del celeste Vaticano se detiene en los umbrales,
mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes
inmortales.

Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco,
donde en triunfo llega Enero,
ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco
y el arquero.

Rubén Darío

A todos vosotros, que hacéis posible con vuestros comentarios esta aventura.

¡Felíz Año Nuevo!

Publicado en Poesías, Reflexiones | Etiquetado , , | Deja un comentario

Vida nueva

Año Nuevo

Vida nueva

Ángela entró: llegóse al espejo, dejó resbalar el rico abrigo de pieles; quedó en cuerpo, escotada, arrebolada aún la tez por la sofoquina del sarao, y se miró, y expresó en la cara esa rápida, indefinible satisfacción de la mujer que piensa: «¡No estoy mal! Lo que es hoy parecí bien a muchos.»

Fue, sin embargo, un relámpago aquella alegría. Se nublaron los ojos de la dama; cayeron sus brazos perezosos a lo largo del cuerpo, y subiendo con negligencia las manos, empezó a desabrochar el corpiño. Antes del tercer corchete, detúvose: «Le aguardaré vestida -pensó-. Al cabo, hoy es noche de Año Nuevo. ¿Será capaz de irse en derechura a su cuarto?»

Cuando Ángela, resuelta ya, volvió a subir el abrigo y se reclinó en el diván para aguardar cómodamente, su corazón brincaba muy aprisa, y tumultuosas sensaciones hacían hervir su sangre y estremecían sus nervios. «También no es suya toda la culpa -pensaba, acusándose a sí propia, táctica usual en los desdichados-. Yo he dejado que las cosas se pusiesen así. Veo que desaparecen las costumbres tan monas de la luna de miel…, y transijo. Veo que se establecen otras secatonas, vulgares… y resignada. Veo que empezamos a salir cada uno por su lado… y no me atrevo a quejarme en voz alta. Veo que sólo nos hablamos a las horas de comer… y me da vergüenza de presentarme triste o furiosa. Esto no puede ser; algo he de poner de mi parte. La dignidad es cosa muy buena, sí, muy buena…; pero cuando se sufre y se rabia, y se le pasan a uno por la cabeza tantas ideas del infierno en un minuto, ¡valiente consuelo la dignidad!»

No era Ángela de las mujeres que lloran a dos por tres. Al contrario: aborrecía las lágrimas y los pucheros. Sin embargo, al concluir el soliloquio, sospechó que tenía los ojos húmedos… y, despechada, los frotó con el pañolito de Alençon que llevaba escondido en el pico del corselete. «El caso es -pensó, impaciente- que voy a tener plantón para rato. Me he venido tan temprano, sin querer tomar ni una taza de té… ¿Qué hora será?»

Como respondiendo a la pregunta de su dueña, el reloj de bronce dorado produjo esa ligerísima trepidación que anuncia que va a dar la hora, y empezó a darla, clara, argentina y delicadamente. Ángela contaba ansiosa: «Una, dos, tres, cuatro… No cabe duda, las doce… ¡Ha muerto un año, y el siguiente empieza al vibrar la última campanada!»

Ángela se levantó. El tocador, que precedía a la alcoba, se encontraba alumbrando solamente por las bujías que ante el espejo encendiera la doncella al retirarse. Otro espejo mayor, el del tremó, colocado enfrente, reflejaba las lucecillas en su ancha luna y fingía, allá en el fondo de la estancia, titilaciones vagas de objetos, movimientos de cortinajes y formas extrañas de muebles, que se prestaban a cualquier capricho de la imaginación. Ello es que Ángela, exaltada, materializó, por espacio de algunos segundos, la imagen del año que se iba y la del que venía. Los vio tal cual los pintan en alegorías y almanaques: el que se iba, centenario de luenga barba nívea, de agobiado espinazo, de trémulas manos secas, apoyado en nudoso bastón, envuelto en burdo capote gris, del gris acuoso de las nubes; y el que venía, rollizo bebé, en camisa, hoyoso, carrilludo, colorado, juguetón de pies, acariciador de manos, con luz del cielo en los ojos azules y rosas de primavera en los labios, que aún humedece la ambrosía de la leche maternal…

«A la verdad -pensó Ángela-, nene, eres muy lindo…; pero me gustarías más si tuvieses la cara de mi José Luis. ¡Año nuevo, añito nuevo, de poco me sirves si no traes vida nueva!… Mira, añito, que estoy determinada: o me la traes, o… ¿para qué quiero la que tengo?», exclamó casi en voz alta, cubriéndose el rostro con las manos y dando rienda suelta a sollozos roncos, rugidos de leona.

De súbito se enderezó; echó atrás la cabeza, brillaron sus ojos, se inflamaron sus mejillas… No cabía duda: sus pasos. Aun pagados por la alfombra, ¡cómo resonaban en el alma!¡Sus pasos!… ¡Tan temprano!… ¡Tan oportunamente!… ¡Con tal acierto amoroso!… ¡Al dar las doce de la noche, la primera hora del año!

Ángela se precipitó a la puerta a tiempo que ya la empujaba José Luis. Su mujer le recibía con loco abrazo, olvidando toda la estrategia de coquetería que momentos antes combinaba para dar la batalla decisiva y recobrar, o saber si había perdido de veras, al amado esposo. ¡Rara coincidencia! Diríase que un pensamiento mismo o una misma necesidad de afecto puro, fuerte, sincero, ardoroso, impulsaba a ambos cónyuges, a una misma hora, a soltar la cadena por donde la habían roto desde tiempo atrás la indiferencia y el cansancio del varón. ¿Qué ocultos móviles determinaban la conducta de José Luis! ¿Desengaños y heridas fuera, que le llevaban a buscar calor dentro! ¿O, pensando más cristianamente, ritornelos de un amor no muerto, aunque adormecido? Lo cierto es que, desde el primer instante, vio y sintió Ángela que no era necesario atizar el fuego, pues conoció su intensidad en las ternezas y halagos, en las balbucientes palabras y hasta en el propio silencio del marido, que con dulce violencia la arrastraba al diván, y recostaba en los hombros de raso de la dama una frente tersa y juvenil, cubierta de pelo negro, cuyo aroma conocía Ángela tan bien que sus vagas emanaciones le causaban delicioso escalofrío.

La alegría prestó resolución a Ángela, y su corazón, antes cerrado, se abrió como se abre una flor de estufa en la templada atmósfera que prefiere. Durante un intermedio de venturosa languidez se desató su lengua, tuvo valor para quejarse de lo pasado, y dijo su soledad, su abandono en medio del desierto social, su desesperación muda, sus oscuras meditaciones, sus lágrimas sorbidas, sus protestas silenciosas y hondas… José Luis sonreía, mostrando los dientes blancos entre la limpia y sedosa barba, y contestaba con halagos, con risas, con graciosa mímica tierna y aduladora:

-Hoy empieza Año Nuevo, ¿sabes? -suspiraba ella, vehemente, anhelosa, menos embriagada con la realidad que embebecida en la esperanza-. Año nuevo, vida nueva… ¿Verdad que sí?¿Verdad que no volverán días como esos del año pasado, tan largos, tan fríos, tan horrorosos? ¡Ese año maldito tuvo lo menos dieciocho meses! ¡Anda, dime que no volverán!… Vida nueva…

-¡Vida nueva! -repitió él, festivamente, ayudando, con gentil desmaña, a desceñir el elegante corselete de terciopelo rosa que rodeaba el talle de su mujer…

A la mañana siguiente, Ángela despertó antes que la doncella abriese las maderas: ardía aún la lamparilla tras los vidrios de colores que protegían su luz, y en tibio ambiente quedaban indefinibles rastros de la emoción, de la ventura pasada. Ángela miró a su alrededor; se vio sola; y seria, reflexiva, sacudiendo el sueño, se incorporó sobre el codo. «Unas horas felices, sí; ¡pero después!… Él se reía; ¡cómo se reía con aquello de vida nueva!… ¡Pobre de mí! No hay que soñar… Hoy empieza un año que será lo mismo que el otro… Hice mal en estar tan cariñosa… ¡Bah! Si el caso volviera a presentarse…, ¡estaría lo mismo! Año nuevo, ¡embustero!, me has engañado…»

Al pensar así, creyó Ángela que en las cortinas que cerraban el paso al tocador se agitaba una figurilla… La escasa luz no le permitió distinguirla claramente; pero la figurilla apartó las cortinas, y Ángela no pudo dudar. Era el Año Nuevo, el chiquitín, riente, rubio, fresco, con su camisilla de encajes, su gorrito de batista… Debajo del brazo traía una cuna dorada, con lazos de cinta azul. También él reía, como José Luis, pero reía a carcajadas, con la risa deliciosa de la primera niñez, que vierte chorros de inocencia divina y amenazaba con el dedito a la dama… Hasta fantaseó ella que el nene pronunciaba palabras sueltas, en media lengua confusa: «¡Tonta!… Yo necesito… ¡Vida nueva!… ¡Si…, yo…, vida nueva!… ¡Yo!…»

Ángela juntó las manos. Sus ojos se dilataron, su pecho se alzó para respirar ansiosamente; un ola de misterioso júbilo ascendió, desde las profundidades de su ser, al rostro, transfigurado por extática beatitud.

-¡Un niño! -murmuró, temblando.

Emilia Pardo Bazán

 

Publicado en Cuentos, Relatos | Etiquetado | 2 comentarios

Los Viernes chiste: Surtido Navideño

“Una sonrisa no cuesta nada, pero da mucho. Enriquece a quién la recibe, sin hacer más pobre a quién la da. Sólo necesita un instante, pero algunas veces su recuerdo perdura para siempre. Nadie es lo suficientemente rico ni poderoso, para poder vivir sin ella y nadie es tan pobre que no pueda enriquecerse con ella. Mahatma Gandhi

x7deca-50

“Felicitación de Navidad”

Se informa que, a partir del día de hoy, estaremos ausentes, tomando un muy merecido descanso hasta el día siete de enero de 2018. Les deseamos felices fiestas, Feliz Navidad y lo mejor para el próximo Año Nuevo.
Firmado: La Lechuga, el Tomate, el Pepino, la Manzana y el Yogourt desnatado.
Postdata: En nuestra ausencia les atenderán con el mismo gusto de siempre el Solomillo, la Mantequilla, los Quesos curados, la Nata, la Pierna de Cordero, los Langostinos, las Salsas, los Turrones, los Polvorones y, por supuesto, algún que otro traguito de Cerveza, Vino, Anís, Sidra, Cava, Ron y licores varios.

 Evaluación pre-Navidad

El alumno vuelve de los exámenes feliz y contento. Le pregunta su padre: -¿Todo bien? -¡Oh! sí. Los profesores se quedaron tan entusiasmados que exclamaron a la vez: -¡Que lo repita! ¡Que lo repita!

En la cena de empresa

Era la cena de empresa antes de Navidad y entre tanto alcohol y cogiendo confianza Juan le dice a su jefe: -Jefe, no se si te fijaste pero joer, este mes me has pagado de menos, faltan 100 euros. -Ya Pedro, pero no se si te fijaste tú en el mes anterior hubo un error y llevabas 100 euros de más. -Joer jefe, eso puede pasar, un error lo tiene cualquiera pero 2 seguidos…

Papá Noel y los cuatro deseos

Papá Noel se le presentó a un hombre en nochebuena y en vez de traerle regalos le ofreció 4 deseos como si fuera un genio. Tras pensárselo un poco finalmente contestó. -El primero sería tener tantas amigas como mi mujer cree que tengo. De segundo sería poseer los euros que mis hijos piensan que poseo. Como tercer deseo querría ser bueno en la cama, osea tan bueno como a mi ego le parece que soy. Y finalmente en cuarto lugar me gustaría ser guapo, al menos tan guapo como mi madre dice que soy.

Un riojano pasando la Navidad en Inglaterra

Va un riojano de visita por navidad conduciendo en coche por Inglaterra y escucha las noticias: -¡Atención! mucho ojo en la carretera que hay un loco conduciendo en sentido contrario.
Y el riojano dice: -¿Cómo que uno? ¡Cientos, pero cientos!

El regalo de Navidad de su mujer

A ver Pepe, ¿qué te regaló tu mujer estas navidades? Seguro que algo de lo que te gusta, una nueva postura en la cama jaja. -Bueno por ahí no hay manera, ella tiene una postura favorita y no la cambia. -¿Ah sí? Cuenta, cuenta. -Su postura favorita es la del pez. -¿La postura del pez? No la había oído nunca jaja -Sí… Ella se da la vuelta y luego nada, y nada, y nada…

El mejor regalo de navidad

Tres hermanos que vivían lejos de su pueblo natal y se habían vuelto ricos discutían para ver quien había hecho el mejor regalo de navidad a su anciana madre.

El primero dijo, “Yo le construí una mansión.” El segundo dijo, “Yo le envié un Mercedes con todo y chofer.”El terceró sonrió y dijo, “Yo les gané a los dos. ¿Recuerdan cómo le gustaba a mamá leer la Biblia? Y cómo ustedes saben ella ya casi no puede ver. Así que yo le conseguí un loro que recita la Biblia entera. Les tomó 12 años a los monjes de un convento para enseñarle. Es un loro único. Mamá sólo tiene que decirle el capítulo y el verso y el loro se lo recita.”

Poco después, la anciana señora envió cartas de agradecimiento a los tres:

“José, la casa que me construiste es tan grande que yo sólo ocupo un cuarto y tengo que limpiar todo el día.”

“Pedro, estoy muy vieja para viajar, así que rara vez uso el Mercedes. Y el chofer es un haragán…”

“Querido Manolo, tú si que sabes lo que le gusta a tu madre… La gallina estaba deliciosa.”

La última voluntad de un hombre en Navidad

Un hombre va a hacer testamento al notario y le dice: -Como última voluntad, quiero que mi cadáver sea incinerado y mis cenizas se conserven en el Corte Inglés. -¿En el Corte Inglés? -Es la única forma de que mi mujer venga a verme dos veces por semana, cuatro por navidades.

El piropo de su mujer

Era una despedida de año fantástica, una gran fiesta toda llena de mucha gente. De pronto Juan se encuentra con Pedro: -Te veo muy contento Pedro, y no parece sólo por las copas jaja, ¿qué tal la fiesta? -Todo estupendo, hasta mi mujer que tomó unas copas de más y me hace piropos y todo. -Jaja, ¿en serio, qué te dijo? -Que era el mejor amante de todos estos.

Carta a los Reyes

Dos primos jugaban y de pronto se les ocurrió hacer la carta de los reyes. -¿Tú que te vas a pedir? -Yo una bicicleta, y un cuento de magos. ¿Y tú? -Yo quería muchas cosas pero al final lo mejor es el tampón. -¿Tampón? ¿Eso que és? -¿No lo has visto en la tele? Pues no se bien, pero con él puedes hacer de todo y nadie se entera. Puedes bañarte en la piscina, correr, saltar, ir en bici… ¡de todo!

Hijo borracho en Navidad

Pero hijo, ¿por qué me vienes así tan borracho? -Mamá, si fuiste tú quien me dijo que me embriagara bien. -Pero qué imbécil, yo te dije que te abrigaras bien.

Examen de Navidad

Ya está bien, como vuelvas a suspender el examen de mañana te olvidas de los regalos de navidad e incluso de que soy tu padre. Al día siguiente: – Hijo, ¿cómo te fue en el examen? – Vaya, ¿y usted quién es?

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

El viajero que se perdió en la ruta

ca61292d85253a2e0ee1e3e2ab617a00

El viajero que se perdió en la ruta

Llego al fin del año y constato que, entre muertos y heridos, oleadas de piedras como para sepultar esperanzas, el grito alucinado frente a la riada de malaventuranzas, estoy vivo. Estar vivo es un milagro constante. Por poca cosa se escapa la vida: un coágulo de sangre en el cerebro, una caída, un virus, un tiro, un accidente de tránsito, un suceso casual, el vaciamiento ético, la penuria moral.

Cada mañana se repite el renacer. Ahora sé por qué el niño se vuelve remolón cuando el sueño comienza a vencerle la resistencia. Teme la muerte, la segregación del ambiente querido, el retorno a las cavernas uterinas. El sueño le apaga los sentidos, la conciencia, el (con)tacto con manos y miradas afectuosas.

Crecer es dormir sin miedo. Confiando en que se va a despertar al día siguiente. En este momento confío en que despertaré en el Año Nuevo. Espero que no sólo del sueño pos-cena de fin de año, sino también de ese sopor que me acosa, de ese propósito de debilidad que me asalta, de esa lúgubre angustia de viajero que, además de perder el rumbo, se perdió en el rumbo.

En este año que se acaba a veces me creí un idiota dostoyeskiano, entre crimen y castigo, pero como si todo dependiese de la habilidad semántica del jugador. Como en “Tom Jones”, de Fielding, mi idealismo ficticio se deshilachó en realidad. Se desmoronó el cielo y me vi pisando el suelo de estrellas, cuyas puntas truculentas para nada evocaban la canción de Orestes Barbosa. Y comulgué en el dolor, ese dolor inconsútil que traspasa silenciosamente, uno por uno, los hilos que, en nuestra subjetividad, tejen la certeza de que el sueño es el preanuncio inconsciente de que todo lo real es vulnerable.

Sin embargo, no sucumbí. Como el bambú, me doblo pero no me quiebro. De mis poros brota un delicado sonido de flauta. No soy dado a la amargura y sé que la vida es una apuesta. Todas mis fichas están colocadas en el tablero de los desheredados. Juego del lado de los perdedores. Sólo esto me interesa: el pan y la paz para el hambriento. ¿Para qué sirven todos los poderes del mundo si no logran ofrecer un plato de comida? ¿De qué valen todos los reinos si no llenan el alma del sabor de uva?

No soy disecador de pájaros. Los quiero vivos, libres, con su vuelo arisco frunciendo los vientos. Los quiero saltarines entre las flores que cultivo en mi jardín íntimo. Los quiero gorjeando melodías todas las mañanas. Los quiero despertándome en el Año Nuevo, aunque con ello me provoquen el vértigo de las alturas.

Sé bien que tendremos un año nuevo de lides electorales, de confrontaciones políticas, de promesas de campañas. Pero prefiero esto al orden macabro de las dictaduras y al genocidio de guerra que supone el imponer la democracia por la fuerza de las armas. Sólo no sé cuándo mi pueblo se levantará de la desolación, cuándo los jóvenes dejarán de ser meros espectadores. De nuevo serán ocupadas las calles y las plazas, desalojando a la política de sus palacios y cámaras parlamentarias y volviéndola, de hecho, lo que siempre debió haber sido: ese ejercicio colectivo de imprimir futuro al futuro, por más que la expresión parezca una redundancia.

Quiero la vida despertando pletórica en la ciudadanía, en la terquedad de los inconformes, en la ociosidad intemporal de los mendigos, en las mujeres condenadas a bordar dolores descoloridos, en la humillación de los que claman por un pedazo de tierra, de suelo, de casa, de derecho. Que todos tengamos acceso a la vida, distribuida copiosamente como pan caliente por la mañana, sin temer nunca las intermitencias de la muerte.

Frei Betto
                                                                                             

Publicado en Reflexiones | Etiquetado , , | Deja un comentario