Encontrando a Buda

© Octavio Ocampo, Siddartha, 2012

Budha, obra del pintor metamórfico mexicano Octavio Ocampo

Encontrando a Buda

Buda peregrinaba por el mundo para encontrarse con aquellos que se llamaban a sí mismos sus discípulos y hablarles acerca de la verdad.

A su paso, la gente que creía en sus palabras llegaba a centenares para escucharle, verle o tocarle, seguramente por una única vez en su vida.

Cuatro monjes supieron que Buda estaría en la ciudad de Vaali , cargaron sus cosas en sus mulas y emprendieron el viaje que duraría, si todo iba bien, varias semanas.

Después de tres días de marcha les sorprendió una gran tormenta. Los monjes apresuraron su paso y llegaron a un pueblo, donde buscaron refugio hasta que pasara la tormenta.

Pero el último no llego al poblado y tuvo que pedir refugio en casa de un pastor, en las afueras. El pastor le dio abrigo, techo y comida para pasar la noche.

A la mañana siguiente, cuando el monje estaba preparado para partir, fue a despedirse del pastor. Al acercarse al corral, vio que la tormenta había espantado a las ovejas y que el pastor estaba tratando de reunirlas. El monje pensó que sus cofrades estarían ya saliendo del pueblo, y que si no se iba pronto se alejaría demasiado. Pero él no podía seguir su camino dejando al pastor a su suerte, por ello decidió quedarse con el hasta que hubiera conseguido reunir el ganado de nuevo.

Siguiendo las huellas de los demás, paro en una granja a repostar su provisión de agua.

Una mujer le indico donde estaba el pozo y se disculpo por no poder ayudarle, ya que debía de seguir trabajando en su cosecha. La mujer le contó que, tras la muerte de su marido, les resultaba muy difícil a ella y a sus pequeños hijos recoger toda la cosecha antes de que se perdiera.

El hombre se dio cuenta de que la mujer nunca llegaría a recoger la cosecha a tiempo, pero sabia que si se quedaba perdería el rastro y no podría estar en Vaali cuando Buda llegara a la ciudad.

Los veré unos días después, pensó, sabiendo que Buda se quedaría varios días. La cosecha duro tres semanas y, en cuanto termino la tarea el monje  reanudo su marcha.

Veinte años pasó el monje siguiendo el camino de Buda….Cada vez que se acercaba sucedía algo que retrasaba su viaje.

Finalmente se enteró de que Buda había decidido ir a morir  a su ciudad natal

La víspera de llegar al pueblo casi tropezó con un ciervo herido en medio del camino. Lo auxilió, le dio de beber y cubrió sus heridas con barro fresco.

Alguien debería de quedarse con él, pensó, para que yo pueda seguir mi camino. Pero no había nadie a la vista.

Con mucha ternura le acomodó contra unas rocas para seguir su marcha, le dejó agua y comida al alcance del hocico y se levanto para irse, sólo llegó a dar dos pasos cuando, inmediatamente, se dio cuenta de que no podía presentarse ante Buda sabiendo, en lo mas profundo de su corazón, que había dejado solo a un indefenso moribundo.

Así que descargo la mula y se quedo a cuidar al animalito. Durante toda la noche velo su sueño como si cuidara de un hijo. Le dio de beber en la boca y cambio paños sobre su fuente. Al amanecer, el ciervo se había recuperado.

El monje se levanto, se sentó en un lugar retirado y lloró… Finalmente había perdido su última oportunidad.

Ya no podré encontrarte, dijo en voz alta.

“No sigas buscando” le dijo una voz que venía de detrás de él, “porque ya me has encontrado”.

El monje se dio la vuelta y vio como el ciervo se llenaba de luz y tomaba la forma redondeada de Buda.

Me hubieras perdido si me hubieras dejado morir esta noche para ir a mi encuentro en el pueblo…Y respecto a mi muerte, no te inquietes, Buda no puede morir mientras haya personas como tú, que son capaces de seguir mi camino durante años, sacrificando sus deseos por las necesidades de otros. Eso es el Buda. El Buda esta aquí.

Relato de la Tradición Budista

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Los cinco espejos de las relaciones

Hoy frío domingo de febrero, propicio para dedicar tiempo a ello, me parece interesante compartir un texto que en parte me recuerda un antiguo proverbio chino que dice: «el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo». “Los cinco espejos de las relaciones”, es un extracto del libro “La Matriz Divina” del afamado científico y autor de bestsellers, el estadounidense Gregg Braden, que después de una exitosa carrera como geólogo en diferentes multinacionales, ha centrado su carrera e investigaciones en unir ciencia y espiritualidad. Actualmente está considerado como una autoridad mundial en temas de filosofía espiritual de antiguas culturas.   J.L.Soba

“Cuando vemos la “vida”: nuestra abundancia espiritual y material, nuestras relaciones y carreras, nuestros más intensos amores y mayores logros, así como nuestros miedos y la carencia de todas estas cosas, también estamos contemplándonos cara a cara en el espejo de nuestras más fieles (y a veces más inconscientes) creencias”. Gregg Braden

xEco y Narciso (1903), obra de John William Waterhouse,Walker Art Gallery, Liverpool.

Eco y Narciso (1903), romántica obra de John William Waterhouse,Walker Art Gallery, Liverpool.

Los cinco espejos de las relaciones

La Matriz Divina es un campo de energía que contiene todo lo que ocurre en el mundo, en nuestro interior y en el exterior de nuestro cuerpo. Es un puente entre nuestras creencias y la realidad que vivimos. De tal manera que esta es un espejo de aquellas.

A través de nuestras relaciones con los demás, nos presenta los más claros ejemplos de lo que en realidad son esas creencias. Independientemente de lo que nos enseñan nuestros espejos, es pasando tiempo con los demás que se activan las emociones y los sentimientos apropiados, en el momento preciso de nuestras vidas, para ayudarnos a sanar nuestras mayores penas y nuestras heridas más profundas. Debido a que casi nunca nos quedamos “estancados” en la alegría, las relaciones puramente agradables generalmente no activan las lecciones más profundas de la vida.

Las relaciones son nuestra oportunidad de vernos en todas las formas imaginables. Desde las mayores traiciones a nuestra confianza, hasta los intentos más desesperados de llenar nuestro vacío, todas las personas nos muestran algo sobre nosotros mismos.

Si tenemos la sabiduría de reconocer los mensajes que nos están siendo reflejados, descubrimos las creencias que causan el sufrimiento en nuestras vidas. ¿Reconoces el mensaje que te estás enviando a ti mismos por medio de la Matriz Divina?

La Matriz Divina ofrece una superficie neutra que simplemente refleja lo que se proyecta en ella. Vivir en un universo en donde lo que sentimos respecto a nosotros se refleja en el mundo que nos rodea, se convierte en algo importante a la hora de reconocer lo que nos están diciendo nuestras relaciones.

El primer espejo: refleja el momento

¿Sabes que existe una relación entre lo que hacemos y lo que pasa en el mundo? Si estás viendo tus creencias representadas a través de tus espejos, entonces están ocurriendo ahora mismo. ¿Qué estás viviendo ahora? ¡No es una casualidad, presta atención! Éste es el valor de nuestros espejos, su inmediatez nos ayuda a comprender las conexiones reales y subyacentes entre eventos en apariencia dispares.

Una vez que es reconocido un patrón negativo puede ser sanado. Cualquier reflejo que veamos nos brinda una oportunidad preciosa. Con mucha frecuencia descubrimos que los patrones negativos reflejados en nuestras vidas están enraizados en uno de los tres miedos universales: el miedo a la separación y al abandono, el miedo a no tener autoestima, y el miedo a entregarnos y confiar. (Exploremos cada uno de ellos en próximas entradas)

Los animales son grandes espejos para activar las emociones sutiles que llamamos “problemáticas.” En la inocencia de ser lo que son, pueden encender poderosas emociones de control y juicio respecto a la forma en que las cosas deberían o no deberían ser. Los gatos son un ejemplo perfecto. Y, por la misma razón, salvando las distancias, yo añado a los niños, como pudimos comprobar en “Tu hijo, tu espejo”.

El segundo espejo: Refleja de lo que juzgamos en el momento

Algunas veces, el reflejo del momento puede estar mostrándonos algo más sutil de lo que estamos haciendo en nuestras vidas; a veces nos revela lo que juzgamos en nuestras vidas. ¿Cuántas veces atraes a tu vida personas que hacen ostensibles cualidades que te molestan soberanamente? A mí me costó años verlo. No entendía que atrajera a personas poco comprometidas. ¿Por qué la vida no me devolvía el mismo compromiso con el que yo me entregaba en los diferentes proyectos? ¡Por fin lo comprendí! La falta de compromiso de estos individuos activaban una carga emocional en mí porque eso es precisamente lo que juzgaba constantemente.

El reconocimiento del juicio reflejado en una relación es un descubrimiento poderoso, que tiene repercusiones que tocan cada aspecto de la vida. Agradece  a las personas que te ayudan a tomar conciencia de esta lección. Yo lo hago y vivo sin rencor.

El tercer espejo: Reflejos de lo que hemos perdido, entregado o nos han dado

¿Alguna vez has sentido un magnetismo inexplicable hacia otra persona o te acaban de presentar a alguien y sientes que es como si le conocieras de toda la vida? Seguramente sí. Pues que sepas que esa fuerza misteriosa hacia el otro, ese fuego que te hace sentir tan vivo, ¡no es el otro, eres tú!

Cada vez que confiamos lo suficiente como para amar o darle cariño a alguien y esa fe es violada, perdemos un poco de nosotros en la experiencia. Nuestra renuencia a exponernos de nuevo a dicha vulnerabilidad es nuestra protección; es la manera en que sobrevivimos a nuestras heridas más profundas y a las mayores traiciones.

La buena noticia es que esas partes nuestras que parecen ausentes jamás se han ido del todo, simplemente están escondidas y enmascaradas para salvaguardarlas. ¡Recuerda que la base de tu verdadera naturaleza jamás puede perderse! Reconocer la forma en que la enmascaramos es embarcarnos en un camino veloz hacia la sanación.

Por cada parte de nosotros que cedemos para llegar a ser lo que somos, queda una vacío esperando ser llenado. Quizás te estés preguntando qué necesidad tenemos nosotros de desprendernos de partes de nosotros mismos para después pasarnos media vida buscándolas en otros. ¡Es una cuestión de supervivencia emocional o física! (es posible que de niño descubrieras que es más fácil permanecer en silencio que emitir una opinión bajo el riesgo de ser ridiculizado o invalidado, ahí, por ejemplo, cediste una parte de ti) El caso es que cuando nos encontramos con aquel que tiene las mismas cosas que hemos entregado, nos sentimos bien a su lado, nos hace sentir enteros de nuevo. Por eso nos sentimos poderosa e irresistiblemente atraídos hacia él, hasta que recordamos que nos sentimos tan atraídos por algo que todavía tenemos en nuestro interior… solamente que está dormido. En la conciencia de que seguimos poseyendo esas características y rasgos, podemos desenmascararlos y reincorporarlos a nuestras vidas. Reconocer nuestros sentimientos hacia los demás por lo que son, y no por lo que nuestro condicionamiento ha hecho de ellos, es la clave del tercer espejo de las relaciones.

Cuando te encuentres con alguien en tu vida que active un sentimiento de familiaridad te invito a que te sumerjas en el momento. Algo raro y precioso está ocurriendo en ambos: acabas de encontrar a alguien que guarda las piezas que tú estás buscando: a menudo es una experiencia mutua, ¡y la otra persona se siente atraída hacia ti por la misma razón! Si procede, comienza una conversación, cualquier cosa para mantener el contacto visual. Mientras hablas, hazte mentalmente esta sencilla pregunta: ¿Qué veo en esta persona que he perdido en mí, que he entregado o que me han quitado?

Esos breves instantes son tu oportunidad de sentir la alegría y la euforia del momento, pues encontramos la plenitud en nuestros seres cuando los demás nos reflejan nuestra verdadera naturaleza. ¿No te parece bonito? A mí me parece tremendamente bello, y humano… cuando tomas conciencia de ello, claro, sino sentirte constantemente atraído por otras personas puede traerte muchos quebraderos de cabeza; bueno, igual no.

El cuarto espejo: Reflejos de nuestra noche oscura del alma

La Noche Oscura del Alma es una época de tu vida en que atraes una situación que representa lo que para ti son sus peores miedos.

Hay una diferencia sutil pero significativa entre dejar nuestros empleos, amigos y relaciones amorosas porque nos sentimos completos y quedarnos con ellos por miedo ¡a que no haya nada mejor para nosotros!

¿Cuántas veces te has aferrado a una relación en la que no te encontrabas bien hasta esperar que llegase algo mejor? Este apego puede ser causado por nuestra inconsciencia de lo que estamos haciendo, o porque tenemos miedo de remover todo y enfrentar la incertidumbre de no saber qué sigue después. Haz un ejercicio de honestidad y pregúntate ¿realmente estoy dónde y con quién quiero estar o estoy, por dentro, pidiendo a gritos un cambio y me siento frustrado porque no sé cómo compartir esta necesidad con las personas cercanas a mi?

Un día, seguramente cuando menos lo esperas, ¡zas!, ocurre. Aparentemente de la nada, aparecen en tu vida todas esas cosas por las que esperabas y que tango anhelabas. ¿No es genial? Se presentan las circunstancias perfectas (otra persona, otro curro…) para dejar a tu pareja o tu trabajo actual. Así que te lanzas de lleno hacia ellas como si no existiera un mañana… precipitándote a un abismo que no te esperabas. ¡Así es la vida, amigo! Tomar decisiones desde el miedo tiene sus consecuencias ¡Apechuga!

Y es que ante tanta emoción no te estás dando cuenta de que esto no es más que un señuelo para generar el cambio que necesitas. La vida te pone en bandeja lo que tanto deseas para que no puedas resistirte, de lo contrario jamás darías el salto. Nadie se levanta una mañana y dice “a ver… creo que hoy voy a renunciar a esto que tengo seguro y entrar en mi noche oscura del alma a enfrentarme con mis miedos” ¡Parece que no es así como funcionamos!

Tú tranquilo, que uno solamente puede ser atraído hacia esta dinámica cuando su maestría de la vida envía la señal de que está listo. En realidad fuiste tú quien te trajo hasta aquí, por lo que una vez que comprendas por qué te duele tanto, la experiencia comienza a adquirir un significado diferente. Es sólo cuando tenemos dichas experiencias sin comprender lo que son o por qué las estamos viviendo, que podemos enfrascarnos en años, o hasta en vidas, de un patrón que puede robarnos literalmente las cosas que más amamos… incluyendo la vida misma.

El quinto espejo: Reflejos de nuestros mayores actos de compasión

Se trata de la compasión hacia nosotros mismos, hacia lo que somos y en lo que nos hemos convertido. ¿Cómo sería de distinta tu vida si permitieras que todo lo que haces fuera perfecto tal como es, sin importar como resulten las cosas? La excelencia consiste en hacer y crear todo al máximo de tus capacidades, ¿puede haber algo más grandioso? No, a menos que lo compares con algo distinto. La sanación más profunda de nuestras vidas también se puede convertir en nuestro mayor acto de compasión. Es el cariño que nos damos a nosotros mismos.

Más allá de los espejos

Aunque ciertamente hay otros espejos que nos muestran secretos todavía más sutiles de nuestra verdadera naturaleza, los que acabo de describir aquí son los cinco espejos que nos permiten la mayor sanación en las relaciones de la vida. Cada espejo es un peldaño hacia un nivel mayor de dominio personal. Una vez que los conoces, ya no puede “desconocerlos”. Una vez que los ha visto recrearse en tu vida, no puedes “dejar de verlos”. Sólo queda aprender la lección y seguir adelante ¿Vamos juntos?

Gregg Braden, en su libro “La Matriz Divina” Cruzando las barreras del tiempo, el espacio, los milagros y las creencias.

 

 

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El futuro de la Tierra no cae del cielo

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Prímula silvestre en el Valle de San Millán, foto J.L.Soba

El futuro de la Tierra no cae del cielo

  Lo que voy a escribir aquí será de difícil aceptación por la mayoría de los lectores y lectoras. Aunque lo que diga esté fundamentado en las mejores cabezas científicas, que hace casi un siglo, vienen pensando el universo, la situación del planeta Tierra y su eventual colapso, o un salto cuántico a otro nivel de realización, no ha penetrado, sin embargo, en la conciencia colectiva ni en los grandes centros académicos. Continúa en vigor el viejo paradigma, surgido en el siglo XVI con Newton, Francis Bacon y Kepler, un paradigma atomístico, mecanicista y determinista, como si no hubiera existido un Einstein, un Hubble, un Planck, un Heisenberg, un Reeves, un Hawking, un Prigogine, un Wilson, un Swimme, un Lovelock, un Capra y tantos otros que nos elaboraron la nueva visión del Universo y de la Tierra.

Para empezar, cito las palabras del premio Nobel de biología (1974) Christian de Duve que escribió uno de los mejores libros sobre la historia de la vida: Polvo vital: la vida como imperativo cósmico(editorial Norma, 1999). «La evolución biológica marcha a ritmo acelerado hacia una grave inestabilidad. Nuestro tiempo recuerda una de aquellas importantes rupturas en la evolución, señaladas por grandes extinciones masivas» (p. 355). Esta vez no procede de algún meteoro rasante, como en eras pasadas, que casi eliminó toda la vida, sino del propio ser humano, que puede ser no sólo suicida y homicida, sino también ecocida, biocida e incluso geocida. Puede poner fin a la vida en nuestro planeta, quedando sólo los microorganismos del suelo, bacterias, hongos y virus, que se cuentan por cuatrilones de cuatrilones.

En razón de esta amenaza montada por la máquina de muerte fabricada por la irracionalidad de la modernidad, se introdujo el concepto «antropoceno», para denominar como una nueva era geológica la actual, en la que la gran amenaza de devastación se proviene del ser humano mismo (anthropos ). Ha intervenido y continúa interviniendo de forma tan profunda en los ritmos de la naturaleza y de la Tierra, que está afectando las bases mismas ecológicas que lo sostienen.

Según los biólogos Wilson y Ehrlich desaparecen entre 70 a 100 mil especies de seres vivos por año debido a la relación hostil que el ser humano mantiene con la naturaleza. La consecuencia es clara: la Tierra perdió su equilibrio y los acontecimientos extremos lo muestran irrefutablemente. Sólo ignorantes como Donald Trump niegan las evidencias empíricas.

En cambio, el conocido cosmólogo Brian Swimme, que en California coordina una decena de científicos que estudian la historia del Universo, se esfuerzan por presentar una salida salvadora. Digamos de paso que B. Swimme, cosmólogo, y el antropólogo de las culturas Thomas Berry, publicaron, con los datos más seguros de la ciencia, una historia del universo, desde el big-bang hasta la actualidad (The Universe Story, San Francisco, Harper 1992), conocido como el más brillante trabajo hasta hoy realizado. (La traducción al portugués se hizo, pero fue más fuerte la tontería de los editores brasileños, y hasta hoy no fue editado. Al español se desestimó su traducción, porque el libro dedica demasiadas páginas a la situación concreta de Estados Unidos). Los autores crearon el concepto «la era ecozoica», o «el ecoceno», una cuarta era biológica que sucedería al paleozoico, al mesozoico y a nuestro neozoico.

La era ecozoica parte de una visión del universo, como cosmogénesis. Su característica no es la permanencia, sino la evolución, la expansión y la auto-creación de «emergencias» cada vez más complejas, que permiten el surgimiento de nuevas galaxias, estrellas y formas de vida en la Tierra, hasta nuestra vida consciente y espiritual.

No temen la palabra «espiritual» porque entienden que el espíritu es parte del Universo mismo, siempre presente, pero que en una etapa avanzada de la evolución se ha vuelto en nosotros autoconsciente, percibiéndonos como parte del Todo.

Esta era ecozoica representa una restauración del planeta mediante una relación de cuidado, respeto y reverencia frente a ese don maravilloso de la Tierra viva. La economía no debe buscar la acumulación, sino lo suficiente para todos, de modo que la Tierra pueda rehacer sus nutrientes. El futuro de la Tierra no cae del cielo, sino de las decisiones que tomemos para estar en consonancia con los ritmos de la naturaleza y del Universo. Cito a Swimme:

El futuro se va a decidir entre quienes están comprometidos con el tecnozoico –un futuro de exploración creciente de la Tierra como recurso, todo para el beneficio de los humanos–, y quienes se comprometen con el ecozoico, un nuevo modo de relación para con la Tierra en que el bienestar de la Tierra y toda la comunidad de vida terrestre es el principal interés (p. 502).

Si no vence el ecozoico, probablemente conoceremos una catástrofe, esta vez producida por la propia Tierra, para librarse de una de sus criaturas, que ocupó todos los espacios de forma violenta y amenazadora de las demás especies, especies que, por tener el mismo origen y el mismo código genético, son sus hermanos y hermanas, no reconocidos sino maltratados y hasta asesinados.

Tenemos que merecer subsistir en ese planeta. Pero eso depende de una relación amistosa hacia la naturaleza y la vida, y una profunda transformación en las formas de vivir. Swimme añade: «No podremos vivir sin esa intuición (insight ) especial que las mujeres tienen en todas las fases de la existencia humana» (p. 501).

Ésta es la encrucijada de nuestro tiempo: o cambiar o desaparecer. Pero, ¿quién se lo cree? Nosotros seguiremos gritando.

Leonardo Boff, en su columna semanal de servicios Koioinia, 12 de Enero de 2018.

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Esto se cuenta acerca de Meng Hsie

Hay millones de facetas de la verdad, pero una sola verdad. (Hermann Hesse)

Guan Weixing_s Poetic Realism

Cuadro lleno de Realismo poético, obra de Guan Weixing.

Esto se cuenta acerca de Meng Hsie

Cuando supo que últimamente los artistas jóvenes se ejercitaban en colocarse cabeza abajo, decían que para ensayar una nueva visión, inmediatamente Meng Hsie practicó también este ejercicio. Y después de probarlo un rato declaró a sus discípulos:
-Cuando me coloco cabeza abajo se me presenta el mundo bajo un aspecto nuevo y más hermoso.
Esto se comentó, y los jóvenes artistas se ufanaban no poco de que el anciano maestro hubiese respaldado así sus experimentos.
Se sabía que apenas hablaba, y que enseñaba a sus discípulos no mediante doctrinas sino con su simple presencia y su ejemplo. Por eso sus manifestaciones llamaban mucho la atención y se difundían por todas partes.
Poco después de que aquellas palabras suyas hubiesen hecho las delicias de los innovadores y sorprendido e incluso indignado a muchos de los antiguos, se supo que había hablado otra vez. Contaban que había dicho:
-Es bueno que el hombre tenga dos piernas, porque ponerse cabeza abajo no favorece la salud. Además, cuando se incorpora el que estuvo cabeza abajo el mundo se le representa doblemente más hermoso que antes.
Estas palabras del maestro escandalizaron a los jóvenes antipodistas, que se sintieron traicionados o burlados, y también a los mandarines.
-Tal día dice Meng Hsie tal cosa, y al día siguiente dice lo contrario -comentaban los mandarines-. Es imposible que ambas sean verdaderas. ¿Quién hace caso del anciano cuando le flaquea el entendimiento?
Algunos fueron a contarle al maestro lo que decían de él tanto los innovadores como los mandarines. Él se limitó a reír. Y como sus seguidores le demandaran una explicación, dijo:
-La realidad existe, pequeños míos, y ésa es incontrovertible. Verdades, en cambio, es decir, opiniones acerca de la realidad expresadas mediante palabras, hay muchas, y todas ellas son tan verdaderas como falsas.
Y por mucho que insistieron, los discípulos no consiguieron sacarle una palabra más.

Hermann Hesse

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“Hay hombres que…”

 

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. Bertolt Brecht

xWilliam Holman Hunt Jesús hallado en el templo1860
Jesús hallado en el templo (1860), obra de William Holman Hunt.

“Hay hombres que…”

El río de la vida tiene trayectos de remansos y turbulencias. En una pequeña embarcación, frágil y vulnerable, viajamos los hombres con el bagaje de nuestra propia y única historia.

Debemos esforzarnos para conducir nuestra barca por el cauce adecuado a cada circunstancia para llegar en paz a la desembocadura.

Hay hombres que ayudan con sus remos a hacer más fácil la vida individual y colectiva porque el armazón de su barca está formado por la madera de la entrega a los demás. Estos hombres están guiados por la brújula de la convicción, la fe, la solidaridad, el servicio, unidos al lazo imponderable del amor.

Hay hombres que son como candelas que iluminan las noches más oscuras con sólo brindar una palabra, consagrar un momento, propiciar una palmada en el hombro o invitar, espontáneamente, al festín gozoso de la sonrisa franca.

Hay hombres que son sabios, pues transmiten por canales invisibles el poder sanador de la palabra equilibrada, la mano extendida en el momento preciso, la caricia que cala más allá del simple tacto.

Hay hombres que, desde lo espontáneo, nos enseñan con el testimonio práctico de su ejemplo, el verdadero significado de los términos “humildad”, “lealtad”, “compartir”.

Hay hombres que son como los árboles de tupido follaje, pues siempre invitan a recostarse bajo su sombra protectora y placentera que sólo brinda la amistad sincera. Hay hombres que permanecen en el tiempo como ejemplo de su labor y su servir, porque, aún en la distancia, percibimos, dentro de nosotros, los latidos de su voz, de su existir.

Hay hombres que son santos cotidianos, vestidos de camisa y zapatillas…que tienen a Dios en el bolsillo y regalan el sosiego con la simpleza y encienden la esperanza con sólo una mirada.

Hay hombres que sólo se van de un territorio, qué sólo se marchan un momento, un instante casi silencioso, llevando su magia hacia otro amanecer porque se quedan sentados, en permanencia, en la tribuna angelical de la amistad, encendiendo el candil maravilloso del amor… Así la siembra ser{ resplandeciente y la cosecha tendr{ sabor a eternidad.

Cuando digo “hombres”… digo “amigo”, “hermano”, “compañero”…

Digo “hombres y mujeres” de esta tierra que han descubierto el don de su misión y el habitar con ellos este mundo significa sentir el privilegio de su ternura, de su paz… su bendición.

Carlos Alberto Boaglio, de su libro “Con el Sello del Alma” (2010).

Carlos Alberto Boaglio, (Las Varillas, Córdoba (Argentina) 1958), poeta, narrador, dramaturgo, director y actor teatral argentino, comprometido con su tiempo.

 

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Tócame

 

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Manos, obra de Mario Ortíz.

Tócame

“Si soy tu bebé, tócame. Necesito tanto que me toques. No te limites a lavarme, cambiarme los pañales y alimentarme. Acúname cerca de tu cuerpo, besa mi carita y acaricia mi cuerpo. Tu caricia relajante y suave expresa seguridad y amor.

Si soy tu niño, tócame. Aunque yo me resista y te aleje persiste, encuentra la manera de satisfacer mis necesidades. El abrazo que me das por las noches, ilumina mis sueños. Las formas en que me tocas durante el día, me dicen cómo te sientes.

Si soy tu adolescente, tócame. No creas que, porque sea casi adulto, no necesito saber que aún me cuidas. Necesito tus brazos cariñosos y tu voz llena de ternura. Cuando el camino se vuelve duro, el niño que hay en mí te necesita.

Si soy tu amigo, tócame. No hay nada que me comunique mejor tu cariño que un abrazo tierno. Una caricia curativa cuando estoy deprimido me asegura que me quieres, y me informa que no estoy solo. Tu contacto pudiera ser el único que logre.

Si soy tu compañero sexual, tócame. Podrías creer que basta la pasión, pero sólo tus brazos rechazan mis temores. Necesito tu toque de ternura que me da fe, y me recuerda que soy amado, porque soy como soy.

Si soy tu hijo adulto, tócame. Aunque tenga mi propia familia para tocar aún necesito que me abracen mamá y papá, cuando me siento triste. Como padre yo mismo, mi visión ha cambiado y los valoro aún más.

Si soy tu padre anciano, tócame. Como me acariciaban cuando era pequeño. Coge mi mano, siéntate cerca de mí, dame tu fuerza y calienta mi cuerpo cansado con tu proximidad. Mi piel está arrugada, pero goza cuando es acariciada.

No tengas temor. Sólo tócame.”

Phyllis K. Davis, en su libro “El poder del Tacto. El contacto físico en las relaciones humanas”.

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La mirada del pobre

Yo creo que el mejor medio de hacer bien a los pobres no es darles limosna, sino hacer que puedan vivir sin recibirla. Benjamin Franklin

Manolo Fuster, La siesta

La siesta, cuadro de Manolo Fuster.

La mirada del pobre

xaaaqprisa, muy aprisa subía un día por la Rambla con un amigo. Los dos nos habíamos acalorado, gesticulábamos sin cesar, gritábamos de lo lindo. Nos habíamos enzarzado en una disputa sobre un punto científico; uno y otro quería llevar razón a todo trance. Creo que llegamos aun al insulto; yo… dicho sea en honor de la verdad… más de una vez sentí la tentación de acabar la contienda a puñetazo limpio.

En lo más vivo de nuestro arrebato, al doblar una esquina, noto que me tiran de la americana. Vuelvo la cara… y veo a un pobre cubierto de mugre, harapiento, que me sujetaba fuertemente y me tendía una mano. ¡Bonita ocasión para atenderle!

-Otro día será, hermano… que Dios le asista.

Pero el pobre no me soltaba. Era un mozo de cara atontada, barbilampiño, con el cuello surcado de tumores y la cara abotargada y amarillenta, muy amarilla, de un matiz brillante como la grasa de gallina.

-Por amor de Dios… por amor de Dios -iba diciendo.

-Váyase con mil diablos… -exclamé fuera de mí, y de un tirón desasime de él.

El pobre quedó entonces inmóvil como una estatua, con la mano todavía tendida, dirigiéndome una mirada llena de desolación y lágrimas.

Volví la espalda, y continué la discusión con mi amigo, pero ya sin arrestos, sintiendo un peso en el corazón que me quitaba todo prurito de locuacidad. La mirada del pobrecillo permanecía grabada en lo más hondo de mi imaginación. ¡Y era la mirada tan dolorosa, tan desamparada! Si el mendigo se hubiese enojado, y hubiese prorrumpido en unas desvergüenzas, inmediatamente olvidara yo la escena; pero nada de eso, el desdichado no manifestó la cólera más leve, ni sus ojos habían expresado la menor reprimenda; sólo revelaron una gran amargura, una larga desolación.

Ya en casa, cogí un libro para distraerme, y empecé a hojearlo con mano temblorosa. Quise leer algo, pero tan excitado me hallaba que no pude fijar la atención. Experimentaba descontento de mí mismo, y ello me daba desazones.

De pronto sentí un peso que me ahogaba; me invadió el rostro un sudor de síncope, y grandes manchas negras mariposearon entre mis ojos y las páginas del libro. Entonces, suspirando, levanté la mirada, que, dirigida al azar, fue a detenerse en un hermoso Cristo agonizante, de gran tamaño, que figura en mi estancia. Y entre las manchas negras que flotaban todavía ante mis ojos, la imagen piadosa se me apareció como un hombre de carne y hueso, vivo, palpitante, agobiado por un padecimiento destructor. Creí que sus músculos se encogían dolorosamente, que su pecho se levantaba jadeante, que el aliento estremecía la azulada nariz, los labios amoratados. Un hilo de sangre manaba de sus manos destrozadas por gruesos clavos; y ellos más y más desgarraban las heridas a cada nueva convulsión del cuerpo agonizante… Lo vi todo en un momento, y noté a la vez que la imagen me dirigía una mirada prolongada, llena de desolación y lágrimas… la propia mirada del mendigo, del hermano a quien rechacé.

Esta alucinación, que juzgué providencial, acrecentó mi pena. No hallaba reposo en parte alguna… Salí de mi casa, y fui en derechura a la calle donde el pobre me detuvo. Necesitaba que me perdonara. Si yo podía socorrerle y borrar con una palabra de amor el daño que le había ocasionado mi brutalidad, mi alma se libraría de una congoja acerba.

Pero le busqué en vano… No estaba ya en aquella vía ni en las inmediatas. Pregunté por él; nadie pudo informarme. Yo fui entonces el menesteroso, y me sentí desamparado y triste.

Joaquim Ruyra

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