Los siete puntos cardinales

Pintura del primer sermón ilustrado en Wat Chedi Liem en Tailandia.

Los siete puntos cardinales

1

Mientras el Bhagavat (o el Señor Buddhá) moraba en el bosque de bambúes inmediato a Radjagriha, halló una vez en su camino a Srigala, un buen padre de familia que, con las manos juntas se volvía reverentemente hacia el Norte, hacia el Sur, hacia el Este, hacia el Oeste, hacia el Cenit y hacia el Nadir. El Bienaventurado Bhagavat, conociendo que se trataba de una superstición religiosa tradicional a fin de alejar el mal, preguntó a Srigala: “Dime, buen hombre, ¿por qué practicas esa extraña ceremonia?”

2

Y Srigala respondió: “¿Es que encuentras extraño el que proteja mi hogar contra las influencias de los espíritus malignos? Yo sé bien que vas a decirme que ‘os encantamientos no tienen ninguna utilidad ni poseen ningún poder salvador, pero has de saber que, ejecutando este rito, honro, respeto y venero las palabras de mi padre y las que a este último dijo el padre de mi padre, de generación en generación”.

3

Entonces el bendito Tattagata, le replicó: “Bienaventurado tú ¡oh Srigala! que así honras y santificas la veneran-da memoria de tus mayores, para proteger tu hogar, tu mujer, tus hijos y los hijos de tus hijos contra los malévolos asaltos de los demonios, pero al propio tiempo advierto que no conoces el verdadero significado de la ceremonia que practicas por tradición. El que así te habla en estos momentos como un verdadero padre espiritual que no os ama menos que vuestros padres físicos, te va a enseñar el alcance y significado de la dicha ceremonia”.

4

“Has de saber, pues, continuó el bendito Bhagavat, que no te basta para proteger tu casa la práctica de ceremonias más o menos misteriosas e incomprendidas sino que antes bien debes protegerlas contra los malignos por medio de buenas acciones.”

5

“Al dirigirte, reverente, hacia el Este, deberás pensar amorosamente en tus padres y demás ascendientes, a quienes debes el ser, y a quienes no pagarías llevándolos cien años sobre tus hombros, y al dirigirte luego al Oeste, pensarás no menos amorosamente en tus descendientes todos, que de ti derivan su vida. Cuando te orientes hacia el Norte, evocarás amante a tus Maestros los que te formaron el ser intelectual y moral, que vale más que la vida física y cuyas divinas enseñanzas y ejemplos deben dirigir siempre tus pasos en la Tierra camino de una morada mejor que es la morada suya, mientras que, al orientarse hacia el Sur te preocuparás a tu vez de todas aquellas mentes inferiores a la tuya y de las cuales forzosamente eres el Maestro. Cuando alces tu vista al Cenit, recordarás el cumplimiento de todos tus deberes religiosos y sociales, en demanda del excelso ideal humano, y cuando al Nadir, pensarás en tus muchas y grandes culpas, que te ligan kármicamente con todo tu pasado muerto!…

6

“Y luego que así te hayas dirigido al Norte, y al Sur; al Este y al Oeste, al Cenit y al Nadir, concentrarás toda tu atención sublime en el Loto de tu Corazón, y allí encontrarás a la Divinidad. Tal es y ha sido siempre la Religión Eterna que tu padre te quiso hacer recordar con la ceremonia que, sin saberlo, practicabas.”

7

Entonces, asombrado Srigala, miró con ojos de pasmo al Bhagavat, cual habría mirado a su propio padre si resucitase, y le dijo: “¡Me has revelado hoy, amante, la Verdad Oculta, como quien pone rutilante lámpara en medio de las tinieblas. ¡Tú eres, pues, el Maestro, tú eres el Tattagata; tú eres el Buddha excelso a cuyo señor me acojo para mejor buscar la Verdad que ilumina, el Sendero de los Hermanos que así han logrado la Salvación!” –

Paul Carús, en “El Evangelio de Buddha”, Traducción de Rafael Urbano

Paul Carus, Ilsenburg , Alemania (18 de julio de 1852 – 11 de febrero de 1919), fue un autor, editor, estudiante de religión comparada y filósofo germano-estadounidense, experto en la tradición espiritual monista, acudió a las fuentes originales del budismo para dar a conocer está religión en Occidente. El valioso fruto de su compilación es la célebre obra titulada El Evangelio del Buda. Para Paul Carus, es un hecho muy revelador que dos religiones tan aparentemente distantes como el cristianismo y el budismo tengan coincidencias tan sorprendentes en su base filosófica, así como en las aplicaciones morales de su fe, mientras sus métodos para expresarlos en dogmas son radicalmente distintos y es difícil comprender por qué esas coincidencias han provocado la animosidad en vez de acrecentar sentimientos de fraternidad y benevolencia. En su tarea de búsqueda de la tradición unánime, el pensador Paul Carus cita a Max Müller, el célebre padre de la mitología comparada: «Si encuentro en ciertas obras budistas doctrinas idénticamente iguales al cristianismo, lejos de asustarme, eso me complace, pues seguramente la verdad no es menos cierta porque crean en ella la mayoría de los hombres».

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