Enfado desenfadado


“Cuando te enfades con alguien, haz el favor de no fingir que no estás enfadado. No finjas que no sufres. Si el otro te es querido, entonces tienes que confesar que estás enfadado y que estás sufriendo. Y díselo de forma tranquila y cariñosa.” Thich Nhat Hanh

Enfado desenfadado

Vivimos tiempos donde abundan los resentidos descomedidos. Pero el problema tiene solución.

Parece que el mundo entero está enfurruñado: los políticos discuten y sus seguidores se aborrecen; los ricos se enojan y los pobres padecen; los viejos critican y los jóvenes protestan. Todos están disgustados y molestos por todo lo que los demás hacen o dejan de hacer. Cada día crece el malestar y se duplica el resentimiento.

La humanidad entera parece levantarse enfadada e ir incrementando su irritación a lo largo del día. La gente se enfada en el trabajo, en el coche, en la calle y en casa. Nos enfadamos con la familia, con los amigos, con los vecinos y con todos aquellos que nos rodean. La vida se hace demasiado corta para soportar tanto enfado.

La clave para remediar esta plaga se descubre con una pregunta básica: ¿Con quién estamos enfadados? Porque el enfado no proviene de aquéllos a quienes se lo atribuimos. Su causante no es quien nos engañó o defraudó, sino nosotros que nos dejamos embaucar. No nos enoja quien nos censura o menosprecia, sino nosotros al reconocer que las críticas son merecidas.

El promotor de todo enfado no vive muy lejos. Realmente sólo nos enfadamos con nosotros mismos. A veces depositamos demasiadas esperanzas en nosotros mismos, y luego la frustración nos incomoda. En demasiadas ocasiones tras aceptar sólo nuestro criterio, surge la rabieta por el fracaso de un consejo propio. Proyectamos hacia los demás la razón de nuestro descontento, cuando realmente se ha construido casi por entero en nuestro interior.

Hay demasiado enojo en el mundo. Hay excesiva insatisfacción con nosotros mismos. Hemos de educarnos para apreciar en todo su valor lo que verdaderamente somos y lo mucho que podemos hacer, sin crearnos falsas expectativas desmesuradas. La persona sensata y cabal jamás se enfada. La sabiduría enseña a no irritarse y a reír…se de uno mismo. Porque nadie es más ridículo que cuando se enfada… consigo mismo. He ahí el antídoto del enfado: la risa. ¡Abre el ojo, y te ahorrarás enojo!

Mikel Agirregabiria Agirre

Esta entrada fue publicada en Citas, Inteligencia emocional, Motivación, Reflexiones y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s