El amor por los árboles

«A causa de que no amamos la Tierra y las cosas de la Tierra, sino que meramente las utilizamos, hemos perdido contacto con la vida, hemos perdido el sentido de la ternura, de la sensibilidad, y no podemos comprender lo qué es la verdadera relación con los demás». Jiddu Krishnamurti

Paseando por los bellos parajes de San Millán (La Rioja), foto J.L.Soba

El amor por los árboles

El amor por los árboles es, o debería ser, una parte de nuestra naturaleza, como el respirar. Ellos son parte de la tierra como nosotros, están llenos de belleza y de un extraño retraimiento. ¡Tan quietos y espléndidos se los ve, tan repletos de hojas y de luz, proyectando largas sombras y desbordantes de júbilo cuando hay una tormenta! Cada hoja, aun las más altas, danza con la suave brisa, y las sombras son acogedoras bajo el intenso sol. Cuando uno se sienta con la espalda apoyada contra el tronco, si se queda muy quieto establece una relación perdurable con la naturaleza. Casi todas las personas han perdido tal relación; ven todas esas montañas, los valles, los torrentes, cuando pasan por allí en sus automóviles o cuando parloteando suben a pie por los cerros, pero están demasiado absortas en sus propios problemas como para permanecer en silencio y mirar. Una única columna de humo se eleva atravesando el valle, y abajo pasa un camión cargado con troncos de árboles recién talados que aún conservan su corteza. Un grupo de chicas y muchachos pasa cerca charlando y rompiendo la quietud del bosque.

La muerte de un árbol es bella en su final, a diferencia de lo que ocurre con el hombre. Un árbol muerto en medio del desierto, despojado de su corteza, pulido por el sol y el viento, con todas sus ramas desnudas abiertas a los cielos, es un espectáculo prodigioso. Una gran secoya, de muchos, muchos centenares de años, es talada en pocos minutos para hacer con ella cercas, bancos, para construir casas o abonar el suelo en un jardín. Ese maravilloso gigante ha desaparecido. El hombre está extendiendo más y más profundamente su dominio en los bosques, destruyéndolos para campos de pastoreo y residencias. Los animales salvajes están desapareciendo. Hay un valle rodeado por cerros que son tal vez los más viejos de la tierra, donde chitas, osos y ciervos que uno veía en otro tiempo, han desaparecido por completo. El hombre está en todas partes y destruye y contamina poco a poco la belleza de la tierra. En los lugares más inesperados están apareciendo los automóviles y los edificios altos. Cuando uno pierde su relación con la naturaleza y la vastedad de los cielos, pierde su relación con el hombre.

La naturaleza es parte de nuestra vida. Crecemos de un germen, de la tierra, somos parte de todo esto. Sin embargo, rápidamente perdemos el sentido de que somos animales como los demás. ¿Podemos sentir un árbol, mirarlo, ver su belleza, escuchar el ruido que hace; ser sensibles a una pequeña planta, a una hierba pequeña, a esa enredadera que crece en la pared, a la luz sobre las hojas y a las muchas sombras? Uno debe observar todo esto y sentir esa comunión con la naturaleza que le rodea. Puede que viva en una ciudad pero también tiene árboles por aquí o por allí. Esa flor mal cuidada en el jardín del vecino que crece entre hierbas, sólo mirarla, sentir que somos parte de todo eso, parte de las cosas vivientes. Si dañan a la naturaleza se dañan a sí mismos.

Jiddu Krishnamurti

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