Los viernes chiste, y algo mas: El Circo Ruso en Logroño

“Si no nos riéramos, estaríamos mucho más enfermos que lo que estamos. Aunque no nos demos cuenta, es posible que día tras día el humor haga una significativa contribución a nuestro bienestar físico”. William Fry

El Circo Ruso en Logroño

Martín, un torrecillano bonachón y de pocas entendederas, baja a la Oficina de empleo de la capital riojana a ver si suena la flauta y la sale un trabajo. En la Oficina  le informan que en la única parte que hay trabajo es en el Circo Ruso que están instalando en “Las Norias”. Sin pensarlo mucho Martín va y se presenta solicitando una vacante; el dueño del circo le informa que se requiere una persona osada, valiente y seductora y que debe demostrarlo pasando por tres pruebas:

-La primera es tomarse tres botellas de vodka balanceándose en un trapecio a 20 metros de altura, sin caerse, ni derramar ni una gota de licor.

-La segunda es encerrarse en una jaula a peinar a un león hambriento.

-Y la tercera es seducir sexualmente a la contorsionista más bella del circo.

Martín dice que le repita por favor las tres condiciones, para memorizarlas, y acto seguido acepta las pruebas y se sube como puede con sus 3 botellas de vodka al trapecio para cumplir con la primera de ellas.

Cumple con este primer reto y baja completamente borracho a encerrarse con el león hambriento.

En esta segunda prueba se demora más de cuatro horas, durante las cuales se escuchan toda clase de ruidos mezclados con los gritos del hombre y los rugidos del animal salvaje….

Finalmente Martín sale con sus ropas destrozadas, rasguñado, mordido, sangrando, y aún con pelos de león en su boca dice:

-Listo: segunda misión cumplida; ahora donde está la mujer a la que tengo que PEINAR…!

Una risa del barroco, pintada por Bartolomé Esteban Murillo. El cuadro se llama Dos Mujeres en la Ventana, de 1670. La dulce sonrisa de la doncella y la risa tapada de la mujer son la magia de este sencillo cuadro. Barroco y sonrisas son un tema muy difícil de encontrar, por lo que le doy más mérito a este artista por crear este cuadro libremente.

“Si no se conserva el sentido del humor, es muy difícil ser feliz”           Papa Francisco

En el libro entrevista “Dios es joven”, el Papa nos confía la oración que reza desde hace cuarenta años para no tomarse las cosas demasiado en serio y conservar un poco de sentido del humor.

Con el Papa Francisco, el humor y el buen humor entraron en los muros del Vaticano, haciendo tambalear un poco los hábitos de la Santa Sede, habituada al formalismo. ¿Su secreto? La sencillez y buena dosis de sentido del humor le permiten vivir en armonía consigo mismo y con los demás. Todo bajo una pizca de amabilidad y sonrisas a la multitud.

“Si no se conserva el sentido del humor, es muy difícil ser feliz”, subraya Francisco en el nuevo libro entrevista Dios es joven. En su intercambio con el periodista italiano Thomas Leoncini, el Papa Francisco describe el sentido del humor como una cualidad que no debe faltar nunca en el cristiano, porque de ello dependen “la capacidad de gozar la vida y el entusiasmo”.

El humor, dice, es “como el agua que fluye naturalmente efervescente de la fuente; hay algo más: se percibe la vida, el movimiento”, y la vida es “algo muy serio para ser vivida seriamente”. Él mismo, para no correr el riesgo de tomarse las cosas demasiado en serio – confiesa – reza desde hace cuarenta años la “oración del buen humor” de santo Tomás Moro (1478-1535), un hombre alegre y comprometido con los temas más graves.

Esta es la oración del buen humor que el Papa Francisco propone a los jóvenes al final del libro:

Concédeme, Señor, una buena digestión, y también algo que digerir.

Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla.

Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante el pecado, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden.

Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, las murmuraciones, los suspiros y los lamentos, y no permitas que sufra excesivamente por ese ser tan dominante que se llama: YO.

Dame, Señor, el sentido del humor. Concédeme la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás.

Así sea.

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