Vida, amor, muerte

Una persona que verdaderamente vive la vida no tiene ningún miedo a la
muerte. Si vives correctamente, la muerte pierde su importancia. Te sientes muy
agradecido, satisfecho. Pero si no has vivido, entonces existe una preocupación
constante: “Aún no he vivido lo suficiente y la muerte se está aproximando. La
muerte lo detendrá todo y con ella no habrá más futuro”. Entonces la persona se
vuelve aprensiva, se asusta, y trata de evitar la muerte.
Tratando de evitar la muerte sigue perdiéndose la vida. Olvídate totalmente
de ese tratar de evitarla. Vive la vida. Osho

Mujer y esqueleto (1949), obra de Paul Delvaux.

Vida, amor, muerte

La muerte ya está sucediendo. La enfrentes o no la enfrentes, la mires o no
la mires, ya está ahí. Es como el respirar. Cuando un niño nace inhala, respira por
primera vez. Ése es el comienzo de la vida. Y cuando un día envejezca, morirá
exhalando el último suspiro.

La muerte siempre implica una exhalación y el nacer, una inhalación. Pero
la exhalación y la inhalación están sucediendo siempre: con cada inhalación naces,
con cada exhalación mueres.

Por eso lo primero que hay que entender es que la muerte no pertenece al
futuro; no te está esperando, como siempre te han dicho. Es parte de la vida, es
un proceso continuo. No se encuentra en el futuro; es aquí, ahora. La vida y la
muerte son dos aspectos de la existencia que suceden a la vez.

Normalmente, se te ha enseñado a pensar en la muerte como en algo
opuesto a la vida. La muerte no está en contra de la vida. La vida no es posible
sin la muerte. La muerte es el fundamento mismo de la vida. Muerte y vida son
como dos alas: un pájaro no puede volar con un ala; la vida no puede darse sin la
muerte. Por eso lo primero es una clara comprensión de lo que queremos decir con
“muerte”.

La muerte es un proceso absolutamente necesario para que la vida exista.
No es un enemigo, es un amigo. Y no está en algún lugar en el futuro; está aquí,
ahora. No sucederá; siempre ha estado sucediendo. Desde que tú estás aquí, ha
estado contigo. Aparece con cada exhalación –una minimuerte, una pequeña
muerte- pero por miedo la hemos situado en el futuro.

La mente siempre trata de evitar aquello que no puede comprender y la
muerte es uno de los misterios más incomprensibles. Sólo hay tres misterios: vida,
muerte y amor. Todos ellos están más allá de la mente.

La mente considera la vida como algo garantizado; por eso cree que no hay
necesidad de investigarla –es una manera de evitarla-. Nunca piensas, nunca
meditas sobre la vida; simplemente la aceptas, la tomas como algo garantizado. Es
un misterio tremendo. Estás vivo, pero no creas que eso implica que has conocido
la vida.

Respecto a la muerte, la mente lleva a cabo otro truco: la pospone, porque
aceptarla aquí y ahora constituiría una constante preocupación. Por eso la mente la
sitúa en algún lugar en el futuro. Entonces no hay prisa: “Cuando llegue, ya
veremos”.

Y para el amor la mente ha creado sustitutos que no son amor: unas veces
llamas amor a tu posesividad; otras veces se lo llamas a tu apego; otras, llamas
amor a tu dominación. Esos son juegos del ego; el amor no tiene nada que ver con
ellos. De hecho, por culpa de estos juegos el amor no es posible.

Entre la vida y la muerte, entre las dos orillas de la vida y la muerte, fluye el
río del amor. Y éste sólo es posible para la persona que no se toma la vida como
algo garantizado, que se empapa profundamente de la cualidad del estar vivo y se
vuelve vital, auténtica.

El amor es para las personas que aceptan la muerte aquí y ahora y no la
posponen. Entonces, entre ellas, surge un hermoso fenómeno: el río del amor.

La vida y la muerte son como dos orillas. Existe la posibilidad de que fluya
el río del amor, pero sólo es una posibilidad. Tendrás que materializarla. La vida y
la muerte están ahí, pero el amor tiene que ser materializado: éste es el objetivo
del ser hombre. A menos que el amor se materialice, habrás fracasado, no habrás
comprendido el punto principal de lo que significa estar vivo.

La muerte ya está sucediendo. No la sitúes en el futuro. Si no la sitúas en
el futuro no tiene sentido defenderte de ella; ya está sucediendo ahora y ha estado
sucediendo desde siempre. Por eso es inútil que te protejas de la muerte. La
muerte no te ha matado. Ha estado actuando mientras estabas todavía vivo, está
actuando justo ahora…y la vida no es destruida por ello. De hecho, gracias a ella la
vida se renueva a cada momento: caen las hojas muertas y crean espacio para que
broten las nuevas; desaparecen las flores viejas y aparecen las nuevas flores.

Cuando una puerta se cierra, otra inmediatamente se abre. A cada instante
mueres y a cada instante resucitas.

Osho

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