El ángel del amor

“Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta” Sam Keen

Psique revivida por el beso del amor (1787-1793) Antonio Canova, , Muséo del Louvre, Paris.

El ángel del amor

El ángel del amor tiene algodón en las alas,

¿no sentís su suave aleteo

como una dulce brisa rozándoos la cara?

El ángel del amor tiene la melena dorada:

¿no sentís cómo se agita

en forma de rayos de sol cada mañana?

El ángel del amor tiene estrellas en los ojos;

¿no sentís desde el cielo

cada noche su mirada?

El ángel del amor tiene el pecho de cristal;

¿no habéis visto su tierno corazón

reflejarse en forma de arco iris,

cuando la lluvia se para?

El ángel del amor tiene los brazos de espuma;

¿no habéis notado su abrazo juguetón

a través de cada ola

que se posa en vuestra espalda?

El ángel del amor tiene labios de amapola;

¿no habéis notado su beso

cada vez que habéis vivido

con el alma enamorada?

¿Me decís que no, que no siempre es así?

¿que habéis visto también

muchas veces sus alas de metal

y su melena rapada?

¿qué habéis visto muchas veces en sus ojos

miradas de dolor y en sus brazos dos espadas?

¿qué no siempre veis su corazón

en forma de arco iris

sino sólo un cielo gris cuando la lluvia se para?

Me decís, ¿qué muchas veces

no os han abrazado las olas

sino que han roto violentamente

llenado de moratones vuestra espalda?.

¿qué, muchas veces, al poco tiempo

después de enamoraros

los besos se volvieron agrios

y las caricias amargas?

¿Estáis seguros de que visteis

al ángel del amor?

¿no sería algún demonio al que quizá,

sin daros cuenta, permitisteis

entrar en vuestra casa?

Ni el bien ni el mal tienen las llaves

de vuestro corazón

pero ambos tienen vuestras señas,

y a ambos les gusta tocar el timbre

para que se les abra.

Sin embargo, todas las puertas tienen mirillas

para que antes de abrir

podamos saber quién llama.

¿Queréis que repasemos otra vez

el aspecto que tienen el amor y el bien

para dejar que sea sólo él,

el que franquee la entrada?

El amor, como os decía, tiene alas de algodón

y el demonio, de madera o de hojalata.

El amor tiene una sonrisa dulce, muy dulce

hecha de labios rosados y dentadura nevada,

y el demonio tiene más bien pinta de cobrador:

ceño cuarteado…, sonrisa de circunstancia.

El amor, como os decía, tiene melena dorada

y el demonio, una peluca de esparto

para taparse la calva.

El amor tiene el pecho de cristal

y la mirada de plata,

y el demonio lleva un escudo de acero

y un casco de caballero medieval

en el que esconde la cara.

El amor tiene las manos abiertas

como flores desplegadas,

tiene los brazos de espuma

como olas besando la playa,

y el demonio muestra siempre

sus puños alzados

igual que puntas de lanza

y, aunque grite por fuera libertad,

por dentro pide venganza.

En fin, el demonio os pide a cambio

de sus engañosas promesas

que le vendamos el alma.

El ángel del amor no pide nada,

ni siquiera que le amemos.

Él se aposta pacientemente y en silencio

en el umbral de la entrada

con su corazón abierto,

esperando… esperando que algún día

el nuestro también se abra.

José María Blanco y Aintzane Zabala

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2 respuestas a El ángel del amor

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