“Parábola del hombre de las manos atadas”

“En primer lugar, no dejéis que nadie gobierne vuestra mente ni vuestro cuerpo y emplead especial atención para no poner límites a vuestras ideas porque se puede ser un hombre libre a pesar de sufrir ataduras más fuertes que las de un esclavo. Escuchad a los hombres, pero no os entreguéis a ellos en cuerpo y alma. Sed respetuosos con los que ostentan el poder, pero no los sigáis ciegamente.“ Christopher Paolini

“Parábola del hombre de las manos atadas”

Érase una vez un hombre como todos los demás. Un hombre normal. Tenía
cualidades positivas y negativas. No era diferente. Una noche, repentinamente,
llamaron a su puerta. Cuando abrió se encontró a sus enemigos. Eran varios y
habían venido juntos.

Sus enemigos le ataron la manos.

Después le dijeron que así era mejor, que así, con sus manos atadas, no podría
hacer nada malo (Se olvidaron de decirle que tampoco podría hacer nada bueno).

Y se fueron dejando un guardia a la puerta para que nadie pudiera desatarlo. Al
principio se desesperó y trató de romper sus ataduras. Cuando se convenció de lo
inútil de sus esfuerzos intentó, poco a poco, acomodarse a su nueva situación.

Poco a poco, consiguió valerse para seguir subsistiendo con las manos atadas. Al
principio, le costaba hasta quitarse los zapatos. Hubo un día en que consiguió
hasta liar y encenderse un cigarrillo. Y empezó a olvidarse de que antes tenía las
manos libres.

Mientras tanto, su guardián le comunicaba, día tras día, las cosas malas que
hacían los hombres con las manos libres del exterior (Pero el guardia se olvidaba
de decirle las cosas buenas, que hacían esos mismos hombres con las manos
libres). Pasaron muchos años… El hombre llegó a acostumbrarse a sus manos
atadas.

Y cuando el guardia le señalaba que, gracias a aquella noche en que entraron a
atarle, él, el hombre de las manos atadas, no podía hacer nada malo (se olvidaba
de decirle que tampoco podía hacer nada bueno) el hombre empezó a creer que
era mejor vivir con la manos atadas.

Además estaba tan acostumbrado a las ligaduras…

Pasaron muchos años, muchísimos años…

Un día, sus amigos sorprendieron al guardia, entraron en la casa y rompieron las
ligaduras que ataban las manos del hombre: “Ya eres libre”, le dijeron.

Pero habían llegado demasiado tarde: las manos del hombre estaban totalmente
atrofiadas.

Bertolt Brecht

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2 respuestas a “Parábola del hombre de las manos atadas”

  1. Magda Magdi dijo:

    Si…Esto paso con mi pais durante la dictatura de Ceausescu. Después ya no hemos sabido que hacer con nuestra libertad. Todavía no sabemos…:(. Puedo traducir esta parábola y escribirla en mi blog mencionando el tuyo?

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