La muerte no es el final

Recibí ayer la triste noticia de la muerte a los 72 años, de Desiderio de la Fuente Barbudo, un buen y querido hombre, segoviano de nacimiento, pero riojano de adopción.

Profesor hasta su jubilación en la enseñanza pública en Barcelona y Logroño, dejó un grato recuerdo entre aquellos que disfrutaron de sus enseñanzas.

Su segunda faceta, no menos importante, era la de pintor de los paisajes, oficios y gentes de las tierras por donde pasaba y que le gustaba recrear sobre soportes tradicionales, como ventanillos, trillos, cribas, tejas, sartenes y todo tipo de utensilios tradicionales, que adquiría en mercadillos y ferias.

Nunca podré olvidar los buenos ratos pasados con él en nuestras reuniones de grupo, tomando café junto con Jesús Mari y Carlos y comentando nuestras compras en el mercadillo de La Plaza del Mercado los domingos por la mañana.

“Desi” para todos los que le conocíamos y queríamos, tenía una tercera faceta mucho más valiosa, “era un buen hombre”, siempre con un carácter conciliador y preocupado por el bienestar de los demás.

Estoy seguro que va a seguir presente entre todos nosotros, y me siento orgulloso de haberle conocido, y en su memoria comparto con vosotros este profundo poema-oración de San Agustín. 

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La muerte no es el final

La muerte no es nada, sólo he pasado a la habitación de al lado.

Yo soy yo, vosotros sois vosotros.

Lo que somos unos para los otros seguimos siéndolo

Dadme el nombre que siempre me habéis dado. Hablad de mí como siempre lo habéis hecho. No uséis un tono diferente.

No toméis un aire solemne y triste.

Seguid riendo de lo que nos hacía reír juntos. Rezad, sonreíd, pensad en mí.

Que mi nombre sea pronunciado como siempre lo ha sido, sin énfasis de ninguna clase, sin señal de sombra.

La vida es lo que siempre ha sido. El hilo no se ha cortado.

¿Por qué estaría yo fuera de vuestra mente? ¿Simplemente porque estoy fuera de vuestra vista?

Os espero; No estoy lejos, sólo al otro lado del camino.

¿Veis? Todo está bien.

No lloréis si me amabais. ¡Si conocierais el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudierais oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos ¡Si pudierais ver con vuestros ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso! ¡Si por un instante pudierais contemplar como yo la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

Creedme: Cuando la muerte venga a romper vuestras ligaduras como ha roto las que a mí me encadenaban\ y, cuando un día que Dios ha fijado y conoce, vuestra alma venga a este Cielo en el que os ha precedido la mía, ese día volveréis a ver a aquel que os amaba y que siempre os ama, y encontraréis su corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volveréis a verme, pero transfigurado y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando con vosotros por los senderos nuevos de la Luz y de la Vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.

AMÉN

San Agustín de Hipona

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2 respuestas a La muerte no es el final

  1. eguiluzblog dijo:

    Me han encantado las frases de San Agustín. Para conservar en estos tiempos. Gracias.

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