“El hombre más incomprendido”

 

 “Lo más importante, lo que de verdad hace feliz a un ser humano, es sentirse entendido por alguien. La incomprensión es el caldo de cultivo de la soledad crónica, la carcoma que genera el desamor.”                                                                 Ángela Becerra, en su libro “De los amores negados” (2004).

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“El hombre más incomprendido”

xiijkumaginé que un día un hombre eternamente incomprendido por todos en su pueblo apareció muerto en una playa. Según se regaba la noticia por calles, plazas e iglesias la gente se acercaba curiosa.  Hacían comentarios de todo tipo, sin importar las implicaciones de los mismos; sobre todo para ellos que aun estaban vivos. A uno de ellos, a cualquiera, al más aguzado se le ocurrió que ahora que el hombre más incomprendido había muerto, ellos podrían escudriñarlo hasta el último rincón de sus entrañas, y tal vez así finalmente sabrían por qué aquel hombre siempre había sido tan desprendido con sus semejantes.

Así, manos a la obra el aguzado y un voluntario decidieron abrir el pecho del hombre para ver si encontraban alguna pista en su interior. El asistente pidió una navaja entre el tumulto de ávidos espectadores. Aparecieron más de una, quizás más de una docena de punzantes y filosas navajas. Y dándose manos a la obra el aguzado realizó una bestial incisión desde la altura de la tráquea hasta el área del esternón. El útil asistente tubo la iniciativa de prestarse a desgarrar con sus propias manos el pecho del hombre más incomprendido del pueblo y así ante la morbosa mirada de los bulliciosos espectadores, mientras el asistente mantenía abierto el pecho, el aguzado insertaba sus manos buscando arrancarle el corazón de un solo tiro. Para entonces la sangre cubría todo el suelo confundiéndose con la arena y a escasa distancia los niños la amasaban entre sus manos para construir castillos o cubrirse el cuerpo con ella.

De repente el silencio se apoderó de la grotesca escena, la cara del aguzado y el asistente proyectaron sorpresa, al parecer habían descifrado el gran misterio, habían encontrado un tesoro. Muy pronto la curiosidad más salvaje registrada por aquellos lares sería saciada. Los niños, inocentes seres, al percatarse del silencio rotundo se acercaron al cadáver. El resto hizo lo propio y el aguzado apresurado por compartir el hallazgo arrancó sin piedad el corazón recrecido y aún latente del hombre más incomprendido. Los latidos llenaron todo el espacio al punto de no poder escucharse las expresiones de asombro que emitieron al unísono todas las bocas. Solo la petición de la niña más chica y próxima al cuerpo inerte rompió el momento; –Abran el corazón para conocer sus secretos.

Fue cuando el asistente se abalanzó sobre el aguzado arrebatándole el corazón recrecido y aún latente del hombre más incomprendido y en un solo acto desesperado lo desgarró abriéndolo de par en par. Ante los ojos de todo el pueblo saltaban miles de papelitos desde el interior del corazón desgarrado, cada uno con un nombre distinto. Los papelitos saltaban como palomitas de maíz y según saltaban se abrían y según se abrían se convertían en blancas palomas que volaban en dirección al sol. La gente no podía reaccionar, el aguzado sostenía el pánico en la cara y el asistente lloraba sin consuelo. Mientras tanto los niños del pueblo saltaban y aplaudían como si hubiesen presenciado el mejor acto de magia sobre la faz de la tierra.

-¿Qué explicación tiene lo acontecido? Preguntó la más ignorante y enajenada de las personas presente. Y una anciana que llorosa contemplaba el cadáver del hombre más incomprendido, mientras amasaba arena entre sus arrugadas manos, esbozó una sonrisa al tiempo que repetía; -El amor, el amor.

Daritza Rodríguez-Arroyo, Inspirado en “El ahogado más hermoso del mundo”, de Gabriel García Márquez.

Nota: Me gusta pensar que más cerca de lo que podamos imaginar existen muchos hombres y mujeres incomprendidos. Que estos amantes de la vida y de la humanidad realizan su misión de servicio desde la silente cotidianidad. Me gusta creer que cada vez que les desgarramos sus corazones sus bandadas de nombres con alas alcanzan el sol donde al igual que Ícaro se funden y regresan a la tierra transformados en rayos de luz. Me gusta aseverar que esa luz nos nutre cada día y que en este sublime ejercicio se acrecienta en nuestro espíritu la capacidad de dar y recibir amor en todas y cada una de sus múltiples manifestaciones.

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2 respuestas a “El hombre más incomprendido”

  1. Qué bonita historia, me ha gustado leerla. Un abrazo.

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