Bastante metafísica hay en no pensar en nada

“Nací en un tiempo en el que la mayoría de los jóvenes habían dejado de creer en Dios, por la misma razón que sus mayores habían creído en Él sin saber por qué”.  Fernando Pessoa, en “El libro del desasosiego”.

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Por el Valle de San Millán (La Rioja)., foto J.L.Soba

Bastante metafísica hay en no pensar en nada

¿Lo que pienso del mundo?

¿Sé yo lo que pienso del mundo?

Si me enfermase, pensaría.

¿Qué idea tengo de las cosas?

¿Qué opinión sobre las causas y los efectos?

¿He meditado sobre Dios y el alma

Y sobre la creación del mundo?

No sé. Para mí pensar en esto es cerrar los ojos

Y no pensar. Y correr las cortinas

De mi ventana ( que no tiene cortinas ).

¿El misterio de las cosas?¿Sé yo lo que es misterio?

El único misterio es que alguien piense en el misterio.

Aquel que está al sol y cierra los ojos

Comienza a no saber lo que es el sol

No puede ya pensar en nada

Porque la luz del sol vale más que los pensamientos

De todos los filósofos y todos los poetas.

La luz del sol no sabe lo que hace

Y por eso no yerra y es común y buena.

¿Metafísica?¿Que metafísica tienen estos árboles?

La de ser verdes y copudos y echar ramas

Y dar frutos a su hora -nada que nos haga pensar,

A nosotros, que no podemos dar por ellos.

¿Qué metafísica mejor que la suya,

No saber para que viven

Ni saber que no lo saben?

“Constitución íntima de las cosas”…

“Sentido íntimo del universo”…

Todo esto es falso, todo esto no quiere decir nada.

Es increíble que pueda pensarse así.

Es como pensar en razones y fines

Mientras reluce al comenzar la mañana

Y al flanco de los árboles la sombra

Va perdiéndose en un oro vago y lustroso.

Pensar en el sentido último de las cosas

Es aumentarlo, como cavilar sobre la salud

O llevar un vaso de agua a la fuente.

El único sentido íntimo de las cosas

es que no tiene sentido íntimo alguno.

No creo en Dios porque nunca lo he visto.

Si quisiera él que yo creyese en él

Sin duda vendría a hablar conmigo,

Empujaría la puerta y entraría

Diciéndome ¡Aquí estoy!

(Tal vez esto suene ridículo

Para aquel que, por no saber lo que es mirar las cosas

No comprende al que habla de ellas

Con el modo de hablar que enseña el verlas de verdad.)

Si Dios es las flores y los arboles,

Los montes, el sol y el claro de luna,

Entonces creo en él,

Creo en él a todas horas,

Toda mi vida es oración y misa,

Una comunión con los ojos y los oidos.

Pero si Dios es los árboles y las flores,

Los montes, la luna, el sol,

¿Para qué lo llamo Dios?

Lo llamo flores, árboles, monte, luna, sol.

Si él se ha hecho, para que yo lo vea,

Sol y luna y árboles y montes,

Si él se me presenta como árbol y monte

Y claro de luna y sol y flor,

Es porque quiere que yo lo conozca

Como árbol, monte, luna, sol, flor.

Y yo lo obedezco

(¿Sé más de Dios que Dios de sí mismo?)

Lo obedezco viviendo espontáneamente,

Como uno que abre los ojos y ve,

Y lo llamo luna y sol y flores y árboles y montes Y lo llamo sin pensar en él

Y lo pienso con los ojos y los oídos

Y ando con él a todas horas.

 

Fernando Pessoa (Alberto Caeiro)

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