La escuela de la vida

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel y estos hierros
en que está el alma metida!
Sólo esperar la salida
me causa un dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

Santa Teresa de Jesús

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Caminando junto al Arroyo Solbes, Viguera (La Rioja), foto J.L.Soba

La escuela de la vida

Desde el principio hasta el final, la vida es una escuela que se completa con pruebas y retos individualizados. Cuando hemos aprendido todo lo que nos es posible, y cuando hemos enseñado todo lo que podemos, volvemos a casa.

A veces es duro ver cuáles son las lecciones. Es difícil entender, por ejemplo, que los niños que mueren a los dos años tal vez han venido aquí para enseñar a sus padres la compasión y el amor.

No solo nos resulta difícil entender lo que se nos enseña, sino que quizá nunca sabremos qué lecciones teníamos que asimilar. Sería imposible asimilarlas todas a la perfección y, sin duda, nos veremos ante algunos «dragones» que no tenemos que matar en esta vida. Algunas veces la lección es que no hay que matarlos.

Es fácil mirar a alguien y decir. “Ah, qué triste; no logró entender la lección del perdón antes de morir”… Posiblemente, tuvo tiempo de aprender lo que debía o, tal vez, se le presentaron oportunidades de aprender y eligió no hacerlo. Quizá, ¿quién sabe?, no era él quien tenía que aprender la lección a través del perdón, sino que era una oportunidad para que tú la aprendieras observándolo. Todos somos a la vez aprendices y maestros.

Cuando las personas se ven zarandeadas por tormentas aparentemente interminables y sus vidas son un desastre, tal vez se pregunten por qué les han enviado tantas pruebas, por qué Dios parece tan implacable. Pasar por una dificultad es como ser un canto en río revuelto. Te ves lanzado de un lado a otro lado y los golpes te dejan magullado, pero sales más pulido y valioso que nunca, preparado para una vida superior.

La pérdida nos enseña lo que es valioso. El amor nos enseña quiénes somos. Nuestras relaciones nos proporcionan oportunidades de crecimiento. El miedo, la ira, la culpa, la paciencia y el tiempo se convierten en nuestros más grandes maestros. Aun en nuestras horas más oscuras, crecemos.

Miguel Ángel explicaba que las esculturas que él creaba ya estaban ahí, en el interior de las piedras. Él simplemente eliminaba el excedente para revelar la esencia que siempre había estado ahí. Tú haces lo mismo al aprender las lecciones de la vida: quitas el excedente para revelar el maravilloso tú que hay dentro. Es importante saber en esta vida quienes somos, porque hasta nuestro mayor miedo, el miedo a la muerte, disminuye.

El mismo Miguel Ángel dijo: “Si la vida nos parece agradable, lo mismo ha de ser la muerte. Viene de la mano del mismo maestro”. La misma mano que nos da la vida, la felicidad, el amor… no va a hacer de la muerte una horrible experiencia. Los finales son solo principios…

Elisabeth Kübler-Ross y David Kessler, en su libro “Lecciones de vida”.

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