“Tierra”

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Tellus o Alegoría de la Tierra, fragmento del Ara Pascis, siglo I a.C, de autor desconocido, este fragmento esyá situado en la parte superior del sector oriental  y representa a la Tierra Madre sentada sobre las rocas, vestida con un ligero ropaje y en la cabeza una corona de flores y de fruta. A sus pies, hay un buey y un carnero. La diosa sostiene a dos niños uno de los cuales le ofrece una manzana. A ambos lados de la Tierra Madre sentados sobre una roca se encuentran dos genios fertilizantes del aire y del agua, sobre un cisne y un monstruo marino. respectivamente. Todo ello acompañado por un conjunto de alusiones. El Ara Pascis se encuentra actualmente en el Museo del Ara Pascis (Roma).

 

“Tierra”

¡Qué hermosa eres, Tierra, y qué sublime!

¡Qué perfecta es tu obediencia a la luz

Y qué noble tu sumisión al sol!

¡Qué adorable eres, velada en la sombra,

Y qué encantador es ‘tu rostro, cubierto por la oscuridad!

¡Qué reconfortante es el cántico de tu amanecer

Y qué ásperas las loas de tu atardecer!

¡Qué perfecta eres, Tierra, y qué majestuosa!

Caminé por tus praderas y trepé tus montañas pedregosas,

Descendí a tus valles

Y entré a tus cavernas.

En las praderas encontré tu sueño,

En la montaña tu orgullo,

En el valle fui testigo de tu tranquilidad,

En las rocas, de tu resolución,

En las cavernas, de tu secreto.

Eres débil y poderosa y humilde y arrogante:

Eres flexible y rígida. Diáfana y secreta.

Surqué tus mares y exploré tus ríos y seguí tus arroyos.

Oí a la Eternidad hablar en los flujos y reflujos de tus aguas

Y a los tiempos repetir tus cantos entre las colinas.

Oí a la vida llamando a la vida

En tus pasos montañosos

Y a lo largo de tus

laderas.

Eres boca y labios de la Eternidad,

Nervio y dedos del Tiempo,

Misterio y solución de la Vida.

Tu Primavera me despertó y me llevó a los campos,

Donde tu aliento perfumado se expande como incienso.

Vi los frutos de tu tarea veraniega.

En otoño,

Vi tu sangre fluir como vino en los viñedos.

El invierno me condujo a tu cama,

En la que la nieve da testimonio de tu pureza.

En tu primavera eres una esencia aromática;

En tu verano generoso;

En otoño fuente de abundancia.

Una noche calma y clara

Abrí las puertas y ventanas de mi alma:

Salí a verte.

Tenso el corazón de deseo y anhelos.

Y te vi con la vista clavada en las estrellas,

Que te sonreían.

Y tiré mis cadenas

Porque encontré que la vivienda del alma es tu espacio.

Sus deseos crecen con tus deseos,

Su paz se encuentra en tu paz,

Y la felicidad

En el dorado polvo que las estrellas esparcen sobre tu cuerpo.

Una noche,

Cuando las estrellas se volvían grises,

Y mi alma estaba cansada y ansiosa,

Salí hacia ti.

Y te me apareciste como un gigante,

Armada con furiosas tempestades,

Combatiendo el pasado con el presente,

Reemplazando lo viejo con lo nuevo

Y dejando que el fuerte dispersara al débil.

Entonces aprendí que la ley del pueblo es nuestra ley.

Aprendí que quien no rompe sus ramas secas con su tempestad

Morirá aburrido,

Para despojarse de sus hojas secas,

Perecerá lentamente.

Qué generosa eres,

Y qué poderosa es tu añoranza

Por tus hijos,

Perdidos entre lo que alcanzaron,

Y lo que no pudieron obtener.

Nosotros gritamos y tú sonríes

¡Nosotros pasamos, pero tú quedas!

Nosotros blasfemamos y tú santificas

Nosotros dormimos sin soñar,

Pero tú sueñas en tu vigilia eterna.

Nosotros atravesamos tu pecho con espadas y lanzas

Y tú curas nuestras heridas con aceite y bálsamo.

Nosotros sembramos tus campos de huesos y calaveras,

Y tú, de ellos, levantas cipreses y sauces.

Nosotros vaciamos nuestros desperdicios en tu seno

Y tú llenas nuestros campos segados con gavillas de trigo

Y nuestros lagares con uvas.

Nosotros extraemos tus entrañas para hacer cañones y bombas,

Pero con nuestras entrañas tú creas lirios y rosas.

¡Qué sufrida eres, y qué misericordiosa!

¿Eres un átomo de polvo

Que levantó el pie de Dios

Cuando recorrió el Universo, de Este a Oeste?

¿O una chispa,

Proyectada del horno de la Eternidad?

¿Eres una semilla

Abandonada en el campo del firmamento

Para llegar a ser el árbol de Dios

Que alcance los cielos con sus ramas celestiales?

¿O eres una gota de sangre

En las venas del gigante entre los gigantes,

O una perla de sudor en su frente?

¿Eres una fruta madurada por el sol?

¿Creces del árbol del Conocimiento Absoluto

Cuyas raíces se extienden por la Eternidad

Y cuyas ramas se remontan al Infinito?

¿Eres una joya

Que el Dios del Tiempo colocó en la palma del Dios del Espacio?

¿Quién eres, Tierra, y qué eres?

¡Tú eres “yo”, Tierra!

Tú eres mi vista y mi discernimiento.

Tú eres mi conocimiento y mi sueño.

Tú eres mi hambre y mi sed.

Tú eres mi tristeza y mi alegría.

Tú eres mi descuido y mi alerta.

Tú eres la belleza que vive en mis ojos,

El deseo de mi corazón,

La vida eterna de mi alma.

Tú eres “yo”, Tierra.

Si no fuera por mi existencia,

Tú no existirías.

Gibran Khalil Gibran, en su obra Pensamientos y Meditaciones (1961)

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