La magia de la viña

«Quiero hacer un poema en lengua clara,  en la que el pueblo suele hablar a su vecino,  pues no soy tan letrado como para hacer otro poema en latín;  esto bien valdrá, según creo, un vaso de buen vino.» Gonzalo de Berceo

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Maravilloso aspecto de las viñas estos días en La Rioja.

La magia de la viña

¡Oh!, no más te atormente lo humano o lo divino, y que el mañana solo desate su madeja: ¡Hunde tus dedos muelles en el ébano fino de las trenzas de alguna flexible Hada del vino!.

Y tu hora no malgastes, ni en la conquista ociosa de este o aquel engaño te empeñes ni disputes: Alégrate más bien con la uva generosa, que ir en pos de una fruta, o ausente, o venenosa.

Y bien sabéis, amigos, con cual altivo porte de mi nuevo himeneo celebré el festival, La Razón repudiando de mi lecho y mi corte, y a la Hija de la Viña tomando por consorte.

Si al «es» como al «no es», en cierta ley y norma, y el «abajo y «arriba» con lógica defino, de todo lo que he visto en la sensible forma, lo más hondo es el vino que en su alma se transforma.

Mas mis computaciones, se dice, punto a punto, han ajustado el año a la humana medida; y si es así, arranca, de un golpe y todo junto, EL «mañana» aun innato y el «ayer» ya difunto.

Y poco ha en la Taberna, por la puerta fluía, filtrándose en la sombra, una silueta de Ángel: una pintada cuba en su espalda traía; La gusté, y de la uva el sabor trascendía.

La uva, sí, que puede con lógica absoluta las setenta y dos sectas rivales confundir Con su Alquimia, que al plomo de nuestra vida bruta en un tris de maniobra en oro lo transmuta.

Y el potente Mahmoud que aliento de Allah aspira, la tenebrosa turba, la temerosa horda de espantos y tristezas, que nuestra alma transpira,

Y si esta esencia fuese de Dios un atributo, ¿Quién blasfemar osara de la vid como un lazo ? Y si es un crimen ¿quién nos mandó su tributo? Antes, pues, como gracia gustemos de su fruto.

Debo abjurar del Bálsamo de vida, sí, ya es hora; Antes que nuevas tasas pague mi fe sincera, O, yendo en pos de alguna bebida redentora, mi vaso caiga al polvo que todo lo devora.

Si la secta de abstemios del amor y del vino sola es llamada al goce del Edén del Profeta, ¡Ay! temo que el Paraíso, con su encanto divino, Vaya a quedar desierto, sin fieles ni destino!

¡Amagos del infierno! ¡Promesas del Paraíso! sólo es cierta una cosa -que nuestra vida vuela! Sólo es cierta una cosa, lo demás falso viso: «La flor que un día abriera, por siempre se deshizo».

Omar Khayyam

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