Vanessa la Justa

“El matrimonio debe combatir sin tregua un monstruo que todo lo devora: la costumbre”. Honoré de Balzac

Pareja con una bola dorada, obra de Emma Martín

Pareja con una bola dorada, obra de Emma Martín.

Vanessa la Justa

xuiuina vez había una chica que nunca había encontrado el amor verdadero y por eso se quería divorciar.

Eso le pasaba a Vanessa, porque se llamaba Vanessa, que creía que todo era muy injusto. Se había casado con un ingeniero que había conocido en la tienda donde trabajaba, vendiendo cosas de plástico. No tenían hijos y los dos trabajaban. Vanessa se quejaba todo el día de las injusticias del matrimonio. Ella tenía que comprar la comida y cocinarla, coser los botones de la chaqueta de su marido, preparar el café mientras él miraba la televisión a pesar de que ella tenía un trabajo tan pesado como el de él. Y hay que admitir que eso era injusto. Que su marido arreglaba la electricidad, cuidaba el jardín, lavaba el coche, compraba y otras cosas, ella en eso no pensaba.

El divorcio fue muy fácil de arreglar ya que ninguno de los dos se encontraba a gusto. Vanessa pensó que si alguna vez se volvía a casar sería de una manera justa.

Un día, cuando Vanessa estaba en la tienda, llegó un señor de buen ver que quería comprar un bidé de plástico. Parecía tímido y a Vanessa le cayó bien. Cuando al otro día volvió el mismo señor y compró una cosa tan banal como un recipiente de plástico para poner dos cepillos de dientes, Vanessa entendió el simbolismo de esta compra y supo que los sentimientos eran mutuos.

Vanessa y Pepe, ya que el señor se llamaba Pepe, se encontraron bastante a menudo por las noches y pensaron que sería maravilloso casarse. Pero Vanessa le dijo a Pepe que en ese caso todo debería ser muy justo. A Pepe le pareció bien ya que era un hombre correcto.

Bien, a su debido tiempo estaban frente al alcalde y dijeron “sí” al mismo tiempo, ya que Vanessa decidió que sería injusto que uno lo dijese antes que el otro. Pepe llevaba un ramo de flores en la mano al igual que Vanessa.

Cuando fueron al apartamento que Vanessa tenía de su matrimonio anterior Vanessa mostró a Pepe una larga lista que ella había hecho.

Entre otras cosas se podía leer:

“Planchar una camisa equivale a hacer dos camas”
“Preparar el café equivale a lavar la vajilla de dos personas”
“Coser un botón equivale a reparar un contacto eléctrico roto”
“Dar el pecho al niño equivale a cambiar los pañales dos veces”
“Roncar de manera que despierte al otro equivale a que el despertado lea primero el periódico la mañana siguiente”
“Hacer la compra de la comida equivale a pasar la aspiradora”
“Doblar una sábana equivale a ir a tirar la basura”
“Lavar un par de calcetines equivale a vaciar y limpiar todos los ceniceros”

Esto y mucho más estaba escrito en la larga lista de Vanessa.

“Pepe, vamos a vivir de acuerdo con esta lista” dijo Vanessa “para que todo sea justo, es el alfa y el omega del matrimonio”.

“Todo va a ir bien ya que lo importante es que nos queremos” dijo Pepe, y después no dijo nada más para no hablar más rato que Vanessa.

Y así vivieron Vanessa y Pepe largo tiempo, comían dos patatas cada uno al mediodía, se bebían media copa de coñac cada uno con el café los sábados por la noche y después hacían el amor lo más justo posible en la oscuridad de la noche.

Un día dijo Vanessa: “Pepe creo que voy a tener un niño”. “Pues yo voy a tener otro”, dijo Pepe por la fuerza de la costumbre. Pero como podéis suponer, fue sólo Vanessa la que tuvo un niño.

Al principio, no hubo problemas para que todo fuese justo. Pepe cambiaba pañales y Vanessa amamantaba, pero había que hacer muchas más cosas y Pepe pidió librar de su trabajo, y fue una cosa justa ya que Vanessa tuvo que hacerlo también.

Cuando el niño lloraba por la noche se levantaban y miraban las instrucciones encima de la cuna. Los días impares eran para Pepe y los pares para Vanessa, los meses con 31 días partían el horario.

Gracias a la paciencia y bondad de Pepe todo salía bien sin problemas y el niño crecía y empezó a hablar. Resultó ser un niño justo ya que la primera palabra que dijo fue “mapa” y la segunda “pama”

Un día dijo Pepe: “Sería bonito que nuestro hijo tuviese un hermanito” “Sí, pero no me mires a mi” dijo Vanessa, “ahora es tu turno”

Aquí se le acabó la paciencia a Pepe que por otra parte no sabía cómo podría hacer eso.

Bueno, ahora está Vanessa en la tienda esperando un hombre que tenga los cinco sentidos y que sea realmente justo.

Tage Danielsson

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