“Amigos”

“La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”. Rabindranath Tagore

Pablo Picasso, La amistad, 1907-1908. Óleo sobre lienzo. 152 x 101 cm. Museo del Hermitage. San Petersburgo.

La amistad (1907-1908), obra de Pablo Picasso. Museo del Hermitage. San Petersburgo.

“Amigos”

Tengo amigos que no saben el lugar que ocupan en mi corazón.

No perciben el amor que les profeso y la absoluta necesidad que tengo de ellos.

El “amor-amistad” es un sentimiento más noble que el “amor-pareja”,

pues permite que su objeto de cariño se divida en otros afectos,

mientras el “amor-pareja” tiene intrínsecos los celos, que no admiten rivalidad.

Y yo podría soportar, sin embargo no sin dolor,

que hubiesen muerto todos mis amores,

¡pero enloquecería si muriesen mis amigos!

Hasta aquellos que no perciben cuánto son mis amigos

y cuánto mi vida depende de sus existencias…

A alguno de ellos no los frecuento, me basta saber que existen.

Esta mera condición me llena de coraje para seguir frente de la vida.

Sin embargo, porque no los frecuento con asiduidad,

no les puedo decir cuánto los aprecio. Ellos no lo creerían.

Muchos de ellos están leyendo esta crónica

y no saben que están incluidos en la sagrada relación de mis amigos.

Más es delicioso que yo sepa y sienta que los adoro,

aunque no se los diga y no los frecuente.

Y las veces que los frecuento,

noto que ellos no tienen noción de cómo me son necesarios,

de cómo son indispensables para mí equilibrio vital,

porque ellos hacen parte del mundo que yo, trémulamente, construí

y se tornaron en fundadores de mi encanto por la vida.

Si uno de ellos muriera, yo quedaría torcido para un lado.

Si todos ellos murieran, ¡yo me desmoronaría!

Es por eso que, sin que ellos sepan, yo rezo por sus vidas.

Y me avergüenzo, porque esa súplica está, en síntesis, dirigida a mi bienestar.

Ella es, tal vez, fruto de mi egoísmo.

A veces, me sumerjo en pensamientos sobre alguno de ellos.

Cuando viajo y estoy delante de lugares maravillosos,

me cae alguna lágrima porque no están junto a mí,

compartiendo aquel placer…

Si alguna cosa me consume y me envejece,

es que la rueda furiosa de la vida

no me permite tener siempre a mi lado,

habitando conmigo, hablando conmigo, viviendo conmigo,

a todos mis amigos y, principalmente los que solo desconfían

o tal vez nunca van a saber, ¡que son mis amigos!

La gente no hace amigos.

¡Los reconoce!

Vinicius de Moraes

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