Tu música interior

“El sí mismo está muy bien escondido de uno mismo; de los pozos con tesoros, el sí mismo es el último en extraerse”.  Friedrich Wilhelm Nietzsche

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Tu música interior

Imagina que provienes de un lugar en el que suena la música más bella que jamás fuera creada. Es una música arrebatadora, deslumbrante. La has escuchado siempre, durante toda tu vida. Nunca ha estado ausente, ni ha estado presente ninguna otra música. Un día te das cuenta de que, como siempre la has oído, nunca la has escuchado realmente. Es decir, que nunca la has valorado, porque no has conocido otra cosa. Por ello, decides que te gustaría valorar esa música. ¿Como podrías hacerlo?.

Una forma de hacerlo sería ir a un lugar en que la música de tu Hogar no exista. Quizá en este sitio suene una música distinta, una música que contenga notas discordantes, o estrofas estridentes. Este contraste te provocaría una nueva apreciación de la música que has escuchado siempre en tu Hogar.

Otra forma sería ir a un lugar en que la música de tu Hogar no exista, e intentar recrearla de memoria. La experiencia de componer esos magníficos sonidos te daría una comprensión incluso más profunda de su belleza.

Existe una tercera posibilidad, una mucho mas desafiante, pero que además obtiene una mayor recompensa. Se te ocurre pensar que podrías obtener un conocimiento realmente profundo si fueras a un lugar en que la música de tu Hogar no sonara, y una vez allí intentaras recrearla pero solo después de olvidar como sonaba. La experiencia de recordar, y después componer la extraordinaria sinfonía de tu Hogar produciría el más rico, pleno y extenso conocimiento de su grandeza.

Y con esa misma valentía viajas al mundo que ofrece la tercera opción. Allí escuchas una música que, al carecer de memoria, crees que es la única que has oído siempre. Algunas canciones son adorables, pero otras aporrean tus oídos con sus disonancias. Estos tonos desagradables fomentan el deseo en tu interior (y finalmente, la resolución) de crear una música original.

Pronto empiezas a escribir tus propias composiciones. Al principio, te distrae la estridente música de ese mundo nuevo. Sin embargo, con el tiempo, a medida que te apartas del estrépito externo y escuchas las melodías de tu corazón, tus creaciones musicales se hacen más bellas. Finalmente compones una obra maestra, y cuando la terminas recuerdas algo; la obra maestra que has escrito es la misma que sonaba en tu Hogar. Y este recuerdo desencadena otro: Tú eres esa música. No es algo que oíste fuera de ti mismo; la música eres Tú y Tú eres la música. Y al crearte a ti mismo en un nuevo hogar, llegas a conocerte de un modo que no hubiera sido posible si no hubieras dejado tu Hogar.

Robert A. Schwartz de su libro “El plan de tu Alma”

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