Se necesitan Alfareros de cántaros rotos

Entre mis muchas aficiones, está la de adquirir y en su caso recuperar todas las piezas de alfarería de mi región que mi economía me permite. Soy un habitual de los mercadillos y ferias de antigüedades que se realizan tanto en Logroño como en La Rioja. Hace poco tuve la suerte de adquirir un “Cántaro de Novia de Navarrete”, una pieza tan personal, que las mujeres solían acudir al alfarero para que se lo hiciera a gusto y medida. Este maravilloso cántaro, a pesar de tener la boca rota, sigue manteniendo su belleza y esbeltez, y en honor a su desconocida dueña y al maestro alfarero que le dio vida, comparto su fotografía y un relato-parábola muy bello que publicó Fernando Mosteiro en su blog Odres nuevos. J.L.Soba

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Hermoso ejemplar de cántaro aplastado o cántaro de novia de Navarrete (La Rioja). Foto J.L.Soba

Se necesitan Alfareros de cántaros rotos

Suena raro, ¿verdad? ¿Quién quiere algo roto? Sobre todo en estos tiempos donde ya no se repara nada. Lo roto, directamente, se tira y se compra “otro” nuevo que lo sustituya. Lo que está roto, lo que no es eficaz, lo que no produce… se aparta y se reemplaza por algo nuevo, más reluciente e, incluso, en muchas ocasiones, más barato.

Lo malo es que esta filosofía está calando tanto en nuestra sociedad que este pensamiento que aplicamos a las “cosas” lo empezamos a aplicar también a las “personas”. ¿Qué pasa cuando una persona se rompe? ¿Qué pasa cuando una persona no es productiva?.

Y el problema no es sólo nuestra actitud hacia estas personas, sino la propia actitud de la persona que se rompe hacia sí misma. ¿Cómo confesarte “roto” en una sociedad que no acepta imperfecciones? ¿Cómo pedir un empujón en una sociedad que sólo mira hacia delante? ¿Cómo acercarte al otro sin miedo a que te rechace y te cambie por algo que no dé problemas?.

Tenemos tanto miedo a rompernos, a que nos aparten o nos cambien por algo nuevo, que no nos arriesgamos a cambiar nada en nuestras vidas, aunque estemos hastiados de la rutina diaria. Tenemos tanto miedo a no ser perfectos ante los demás, que pasamos dudas y depresiones en silencio con una sonrisa en la cara.

Necesitamos alfareros de cántaros rotos que abracen nuestras mil piezas partidas en mil intentos y las compongan en una vasija nueva lista para romperse otras mil veces más si fuera necesario. Que nos den confianza para arriesgar con la única seguridad de saber que están detrás esperándonos… esperándonos a nosotros, no a nuestros resultados. Necesitamos alfareros que al vernos partidos por nuestros intentos y cambios no vean algo roto, sino el potencial de una vasija nueva… y es que nunca nadie va a cambiar si la mirada que transmitimos envía el mensaje de que contigo nada se puede hacer. Sólo se cambia si desde el otro lado vemos que el otro puede hacer con su vida algo maravilloso.

Leí el otro día una cita de Frida Khalo que decía: “Si yo pudiera darte una cosa en la vida, me gustaría darte la capacidad de verte a ti mismo a través de mis ojos. Solo entonces te darías cuenta de lo especial que eres para mí”.

Creo que debemos esforzarnos en esto mismo, en ser capaces de transmitir al otro, con nuestra mirada, con nuestros gestos, con nuestras palabras, lo importante que son para nosotros. Que sientan esa confianza de que sabemos que, estén como estén, pueden hacer con su vida algo maravilloso. Que si por un momento pudieran verse a través de nuestros ojos se sintieran tan seguros como un niño en el regazo de su madre.

Y reivindiquemos el valor de lo “roto”, que no es otra cosa que el valor de la experiencia. Cuando uno se rompe no vuelve al principio, no, vuelve al punto en el que se rompió para tomar otro camino distinto y seguir desarrollándose…y eso no es malo, es la forma de aprender, la forma de crecer.

Hay un cuento de Anthony de Mello que habla de una persona que iba por la vida y quería cambiar, pero cada vez que lo intentaba se la pegaba, se rompía. Ante esta situación, él mismo, ante su propio espejo se decía: “no soy nada, soy un inútil, no valgo para nada”. Hasta que un día, de repente, apareció alguien y le dijo: “Hagas lo que hagas, lo único que no va a cambiar es que te voy a querer”. Y dicen que a partir de ese momento cambió.

Ojalá seamos esa persona, ese alfarero de cántaros rotos, que sepa decir con todo el corazón al que tiene cerca: “Hagas lo que hagas, lo único que no va a cambiar es que te voy a querer… aunque te rompas una y mil veces”.

Yo quiero ser alfarero de cántaros rotos… ¿y tú?.

Fernando Mosteiro 

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6 respuestas a Se necesitan Alfareros de cántaros rotos

  1. Cuanta razón, se busca lo óptimo y perfecto cuando los seres humanos somos de todo menos eso. Me apunto. Un abrazo.

  2. Reblogueó esto en Opinión y actualidady comentado:
    Os dejo una entrada del Blog “Elambiyudelyoga” que seguro os hace pensar en lo que el ser humano es, o mejor, en lo que no es. Que la disfrutéis. Saludos.

  3. Muy buena entrada José Luis. 👏👏

  4. Gracias Francisco, me alegra que te guste.
    Namasté

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