Notre Dame de París

“Y la catedral no era sólo su compañera, era el universo; mejor dicho, era la Naturaleza en sí misma. Él nunca soñó que había otros setos que las vidrieras en continua floración; otra sombra que la del follaje de piedra siempre en ciernes, lleno de pájaros en los matorrales de los capiteles sajones; otras montañas que las colosales torres de la iglesia; u otros océanos que París rugiendo bajo sus pies”.

Victor Hugo, Nuestra Señora de París (1831)

La catedral a finales del siglo xix según un grabado de Alfred-Alexandre Delauney

Catedral Gótica de Notre Dame de París (1163-1345), Patrimonio de la Humanidad, bello grabado de finales del siglo XIX obra de Alfred-Alexandre Delauney.

La tarde de este lunes 15 de abril de 2019, todos nos sentimos parisinos, sobre todo, los que hemos tenido la suerte de conocerla, en su bello emplazamiento de la Isla de la Cité parisina, y compartimos tristeza e impotencia ante las imágenes del incendio de Notre Dame de París. La bella Catedral Gótica sufrió daños importantes, entre otros, dos tercios de la techumbre se quemaron, la aguja central se desprendió, resultaron gravemente dañados los majestuosos rosetones y vidrieras, los tres órganos, el principal, considerado uno de los mejores del mundo. Es un deseo, creo que de todos, el volver a ver esta emblemática joya, otra vez luciendo en todo su explendor. J.L.Soba

Alan Tordjeman

Cuadro de Alan Tordjeman

Construida entre los años 1163 y 1245, fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1991, y durante sus ocho siglos y medio de vida, ha servido de inspiración entre otros al escritor Victor Hugo, que la inmortalizó con su libro “Notre Dame de Paris” publicado en 1831, y al pintor Jacques Louis David, que pintó ” La consagración de Napoleón”, plasmando en una magna obra, la coronación de Napoleón Bonaparte, en Notre Dame, el 2 de diciembre de 1804. Acogió también hechos históricos relevantes, como la beatificación de Juana de Arco y la coronación de Enrique VI de Inglaterra.

notre-dame

 

Notre Dame de París

A Mario Flórez

Siempre llegué al amor por caminos de engaño.
Antes de verte, indemne, frente a mí, en los declives
de un verano imborrable, piedra sagrada, fuiste
un vago sueño de arcos y de luz insinuándose
por el cielo inventivo de mi infancia, y al verte
real como mis manos, calladamente cierta,
tu corteza prehistórica se burló de mis sueños:
no eras el sol de piedra que flotaba en la mente.

Dormía allí una roca. La alzaron siglo a siglo
dolorosas estirpes de polvo. Vi en la noche
las puertas asimétricas, las toscas torres truncas,
los flancos floreciendo de demonios sardónicos.
Sólo vi tu apariencia de navío infernal,
tu alto cuerpo amasado por el miedo, y sentí
que efundiendo la lumbre de la superstición
todo lo contagiabas de pavor medieval
como un grito en la música apacible.

No todo en mis alarmas era error, pero luego,
frecuentando tus nichos, tu esplendor, fui entendiendo
que la belleza llega con máscaras atroces,
que a su primer encuentro lo sagrado horroriza.
Sé que da miedo hallar, hecho ya, lo imposible,
que antes de ser pensado, el mismo cielo espanta.

Así como a los mundos que sin saberlo giran
hechizando la noche con sus brasas perfectas,
vi el vuelo de tus bóvedas, la ebria piedra sin peso
flotando sobre el río de la plegaria humana.
Vi los arcos quebrados, las remotas ventanas,
las altas escaleras cuyo rumbo es enigma,
los cristales que quiebran y disgregan la luz.
Lento husmea el sabueso de la mente en las causas,
tras cada ojiva advierte la previa idea, el acto,
y percibe en las cóncavas, exquisitas alturas,
la labor de una sabia multitud invisible.
Veo en un brusco instante hormiguear los siglos:
la piedra rigurosa
se ordena, fiel al sueño de afanosas estirpes,
cruzan picas, plomadas, martillos, sogas, ángeles,
en el aire alabean ecuaciones y andamios
y fe y miedo trenzados alzan la roca mística.

Y una paz misteriosa nos da el saber que el templo
ascendió de las frentes y las manos del hombre,
por la noche el viento, cayendo hacia los astros.
Que algo divino ardía como fiebre en la sangre,
algo que no sabemos y que no preguntamos,
porque el misterio debe durar en el misterio
y es bello para el hombre que algo perdure oculto.

Así aprendí a querer tu compleja estructura,
allí estaba, envolviéndome,
tu cielo acastillado donde aletea la música,
los colores mordidos por la húmeda tiniebla,
la meditada oblicua de la luz en las criptas,
los sepulcros que agrava un lóbrego latín.
Allí estabas, dibujo fiel de la mente gótica,
retrato de una edad hecha de ley y de abismo,
batalla contra el caos perpetuada en la piedra.
Y te amé en esas tardes sin comprenderte, y fuiste
el sitio señalado para el éxtasis
cuando una aciago amor socavaba mi alma.

Ahora, lejos, Basílica, te recuerdo, orgulloso
de haber amado en ti todo lo que perdura.
En la memoria avanzo de nuevo por tu calma,
se ennoblece otra vez mi conciencia en tu música,
algo anterior a mí tiembla en mí contemplándote.
Morosamente busco lo que conozco y amo,
y no sé, al celebrarte,
qué celebro en secreto, más antiguo y más íntimo;
qué obstinado edificio de la mente o la sangre,
como el rostro anterior que un nuevo rostro evoca,
traza con sus hipérboles la memoria inexacta.

William Ospina, En su libro “La luna del dragón” (1991)

Paris-Notre Dame

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6 respuestas a Notre Dame de París

  1. Tin dijo:

    Una pena. Hasta la historia se cae a pedazos. Somos unos expertos natos en destrucción.

    • Así es Tin, No comprendo como en pleno siglo XXI, tenemos que asistir impotentes a una destrucción tal, y encima se nos presenta como un gran éxito y que la pérdida podía haber sido mayor. Nos han vendido que está en una zona de difícil acceso y con muchas callejuelas, y yo que conozco la zona, me parece que está bastante aislada, con una plaza frontal enorme, unos jardines traseros amplios y dos calles laterales anchas.No me encaja mucho esto, y a veces me pregunto si verdaderamente hemos avanzado tanto.
      Namasté

      • Tin dijo:

        Pues mucho menos de lo que nos pensamos. Eso seguro. Aunque es cierto que hemos creado un mundo lleno de peligros.

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