El saludo

La Belleza del corazón
es la belleza duradera:
sus labios brindan
el agua de vida para beber.
Verdadera es el agua,
quien la vierte,
y quien la bebe.
Los tres se vuelven uno
cuando tu talismán está hecho añicos.
Esa unidad no la puedes conocer
por medio de la razón.

Rumi

El Profeta Mahoma o Muhammad

El Profeta Mahoma o Muhammad

El saludo

xccdsxuentan que, cada vez que el Profeta Muhammad paseaba por cierta calle de La Mecca, como era su costumbre, solía saludar a todos con los que se cruzaba, incluido un hombre de avanzada edad que se sentaba a las puertas de su casa. No obstante, el anciano, cada vez que el Profeta le saludaba, le escupía en su chilaba y le volvía el rostro, refunfuñando y maldiciendo esperando poder molestarlo. Sin embargo, el carácter del Profeta era demasiado humilde como para enfadarse por algo así y sencillamente seguía su camino sin decir nada.

Cada día se repetía la escena y cada día el Profeta recibía desprecios, insultos y escupitajos como si nada. Sin embargo, cierto día, al pasar por aquel lugar y ver que el anciano no estaba sentado donde siempre, Muhammad se preocupó mucho, y pensando que podía haberle sucedido alguna desgracia, se decidió a llamar a su puerta. El anciano, cuando abrió la puerta y vio que era el Profeta, creyó que había venido a ajustarle las cuentas y sintió mucho miedo, sin embargo, Muhammad, en tono muy dulce, le explicó que, al no verle sentado en su puerta, se había preocupado por su salud y por eso había llamado. El anciano, bajando el rostro por la vergüenza de haber tratado así a un hombre semejante, le confesó que efectivamente estaba enfermo. Entonces Muhammad fue al mercado y le compró alimentos, se los trajo, le hizo de comer y lo cuidó hasta que recobró las fuerzas. No sabemos si finalmente aquel hombre se hizo musulmán, pero sí sabemos que ya jamás volvió a negarle el saludo.

Cuento de la Tradición Sufí

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2 respuestas a El saludo

  1. Mucha humildad hay que aprender conociendo estas historias. Gracias por compartirlas.

  2. Como decía Tagore, cuando somos grandes en humildad, estamos más cerca de lo grande.
    Gracias a ti.
    Namasté

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