La escalera de oro

Hay una forma de vida que lleva al alma a alegrías jamás soñadas por la mente, un camino por donde el corazón ansioso encuentra una razón de ser, y una Meta. Cuando la sonrisa no aflore más que lo suficiente y el dolor tampoco haga llorar al corazón, la entrada al Místico Sendero aparece y el mundo se convierte en algo moldeable que toma la forma de una Escalera. Oh, mundo, sé Escaleras para mí. No seas más abrigo, ni premio, ni canción; no seas más hogar, sino escenario del largo, el largo camino de retorno al Hogar. Sé la mano que desnuda mi alma de toda su voluntad de ser algo aparte de lo que realmente soy.  Helen Palmer Owen

Escalera Dorada, obra renacentista plateresca de Diego de Siloé, en la Catedral de Burgos. España

Escalera Dorada, obra renacentista plateresca de Diego de Siloé, en la Catedral de Burgos. España

La escalera de oro

Aquel que no limpia la suciedad con la que el cuerpo del padre

puede haber sido profanado por un enemigo,

ni ama a su padre ni se respeta a sí mismo.

Aquel que no defiende a los perseguidos e indefensos,

que no da de su comida al famélico,

ni saca agua de su pozo para el sediento,

ha nacido demasiado pronto en la forma humana.

Contempla la verdad ante ti:

una vida limpia,

una mente abierta,

un corazón puro,

un intelecto ávido,

una percepción espiritual sin velos,

afecto fraternal hacia el condiscípulo,

presteza para dar y recibir consejo e instrucción,

un leal sentido del deber hacia el Instructor,

una obediencia voluntaria a los mandatos de la Verdad,

una vez que hemos puesto nuestra confianza en ese Instructor ,

y creemos que Él está en posesión de ella,

un valeroso ánimo para resistir la injusticia personal,

una enérgica declaración de principios,

una valiente defensa de aquellos que son injustamente atacados,

y una mirada constante en el ideal de progreso y perfección

que la ciencia secreta (Guptā Vidyā) coloca ante nosotros,

esta es la escala de oro por cuyos peldaños los estudiantes

han de ascender al Templo de la Sabiduría Divina.

Dile esto a aquellos que se han ofrecido

voluntariamente a ser enseñados por ti.

Helena Petrovna Blavatsky

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