Un solo culto: Al gurú interior

Como amante convencido de las bondades de la práctica de Yoga y de todos los beneficios físicos y mentales que ello nos reporta, cada vez me sorprende más la cantidad de variantes de práctica de yoga, que  se nos presentan en los medios de comunicación, que para nada tienen que ver con el espíritu y las sensaciones que la practica del Yoga nos brindan. Al hilo de lo anterior, me parece indicado compartir un artículo publicado en la revista Universo Holístico, de Ramiro Calle, maestro de yoga y escritor, que ha escrito más de un centenar​ de libros de diversas temáticas, en su mayoría filosóficas o espirituales, aunque también recopilaciones de cuentos y guías de viajes, por lo que estimo que es un buen referente en este tema. J.L.Soba

 

Brainy-Tree-Illusion-by-Igor-Igor Morski es un ilustrador y artista de Polonia

Cuadro del ilustrador y artista Polaco Igor Morski.

Un solo culto: Al gurú interior

Pues resulta, queridos amigos y lectores, que los escándalos no cesan en el ámbito del supermercado espiritual y que los usurpadores del espíritu cada vez son más codiciosos y no reparan en lo más mínimo en el daño que con su execrable proceder pueden hacer a la genuina Enseñanza, aunque menos mal que está siempre más allá de falsarios, mistagogos corruptos y gurús que solo tienen, como diría Buda, sus ojos llenos de la arena de la codicia, el egocentrismo y la ignorancia.

Y a todos estos yoguis-gurús, que de yoguis nada tienen, les ha dado por patentar sus métodos de “yoga”, que no son más que hurtos descarados, y mistificaciones grotescas, de las técnicas tradicionales, que ellos pervierten y además patentan para vergüenza propia y asombro del propio Gobierno de la India. ¡Cómo se quedarán los yoguis indios cuando tengan noticias de que hay un método de yoga que se practica a cuarenta grados de temperatura, cuando ellos insisten en que jamás hay que ejercitarse en horas del día que resulten calurosas! Cómo han de sorprenderse cuando alguien les diga que se patentan milenarias enseñanzas e incluso algunos con tal desfachatez y tal voracidad de dinero que son “yoguis” venidos de su país. ¡Espantados han de quedarse cuando oigan hablar que se celebran olimpiadas y campeonatos de yoga! ¡Ah!, y además estos campeonatos se celebran en un sitio que parecía de prestigio como es el Círculo de Bellas Artes, ¡que parece mentira pueda apoyar o dar cobijo a tal aberración! Solo falta que un día en estos necios e improcedentes campeonatos (mero culto al cuerpo, jugando a ver quién es más elástico y mejor contorsionista) se quiera enfrentar a dos practicantes de bkahtiyoga a ver quién se funde mejor con el Divino, o a dos gnana-yoga a ver quien vence utilizando al discernimiento, o a dos de mantra-yoga a ver quien levita más alto.

Hace unas semanas se destapó otro gran escándalo en el tinglado pseudo-espiritual. Resulta que uno de estos inventores de “yogas”, John Friend, el padre del anusara yoga iba a realizar un seminario o taller en el convento de los Carmelitas de Segovia. Pues el retiro tuvo que ser prontamente cancelado, porque había saltado a numerosos medios americanos y de otros países que el padre de este pseudo-yoga edulcorado al estilo de la más insustancial Nueva Era, había sido puesto con mucha razón, en tela de juicio por escándalos sexuales y financieros, además de algunos otros todavía más reprobables. Es decir, que el que invitaba al equilibrio, la armonía, la impecabilidad, era, como tantos gurús de masas, un experto en la doble moral. Aquello de “predico pero no practico” o “hago justo aquello que digo no debe hacerse”. Mi buen amigo y muy serio profesor de yoga y editor de una revista espiritual en Guayaquil, me escribe para decirme a propósito de John Friend:

“Deplorable su mercado del hedonismo, que él justifica con el tantra. Ridiculiza el yoga clásico de forma casi grotesca. El suyo es un abuso de poder y un mal uso de la confianza. En su marketing se presenta como un gran maestro y gran yogui y es un prepotente y avaricioso, con absoluta falta de autocontrol. El típico caso de yoga gringo, del “yoga” del negocio, de vender el yoga al paladar norteamericano, cubierto de sensualidad, de idealismos baratos sin bases experimentales, el más “falaz intelectualismo emocional”.

Y esto tiene más valor en cuanto que Gustavo Plaza obtuvo, en su afán de experimentarlo todo, el certificado de esta modalidad de “yoga”. No es de extrañar que visto lo visto, los seguidores, incluso más cercanos, de Friend le hayan abandonado en catarata. Y lo peor de todo ese feo y sórdido asunto, es que, además el comportamiento de este individuo ha dado pie a que los furibundos vaticanistas (tambien ellos haciéndole el juego a la doble moral a la que nos tiene tristemente acostumbrados la rama más dogmática de la Iglesia) ahora escriban inmensas necedades diciendo que es que el hatha-yoga incita a la sexualidad desatada y pone en marcha las feromonas. Quienes esto escriben (Y hay algunos reportajes vomitivos al respecto), no sólo son malintencionados en su afán de arremeter contra el hatha-yoga (volviendo al viejo truco de la verdad está en mi senda y no en la tuya, que es siempre lo mismo con respecto al canturreado “ecumenismo” de la Iglesia católica, que de ecumenismo no tiene nada de nada), sino que no tienen ni la más remota idea de lo que es el yoga y son unos incultos imperdonables.

He aquí el peligro de los minusválidos emocionales que necesitan gurús, líderes e ídolos: confunden la Enseñanza con el que la imparte. Pero como dijo Buda: “No se necesitan sucesores, porque la Enseñanza es el maestro”. En muchos casos el gurú es el gran obstáculo a salvar. Hay que huir de los gurús o líderes y de los falsos “iniciados” como si fueran la peste, por el bien propio. La hipocresía puede llegar a límites que conmueven. ¿Por qué el maestro o profesor tiene que confundir al discípulo incitándole a lo que él no hace ni siente? Luego el seguidor descubre las falacias del mentor y, confundiendo al maestro con la Enseñanza, termina, desencantado, por abandonar ésta. Si el mentor no es vegetariano, ¿por qué demoniza a los no vegetarianos o por qué lo hace aunque lo sea? ¿Por qué insiste en la castidad si él es un promiscuo sexual? ¿O en las normas cuando él se las salta todas? Es como aquel gurú que da una charla y dice:

-Nada de fumar, ni beber, ni ir con las mujeres de otros.

Se levanta uno de los presentes y pregunta:

-¿No llevas una cajetilla de tabaco en el bolsillo de la camisa?

-Sí.

Otro pregunta:

-¿No eras tu el que de madrugada estaba el otro día ebrio y dando tumbos?

-Sí.

Otro:

-¿Acaso no eras tú el que la anterior noche estaba abrazado a la esposa de otro?

-Sí.

Todos irritados le increpan y el gurú dice:

-Pero ¿a qué viene este enfado? Yo predico, pero no practico.

Hace muchos años pasó un gurú indio por Madrid al que entrevisté para mi libro “La Sabiduría de los Grandes Yoguis”. En una conferencia se extendió sobre las excelencias del vegetarianismo, pero luego fue visto en un restaurante italiano comiéndose una pizza de salami.

Este mismo gurú hablaba constantemente del desapego, pero ¡cómo se puso el día que un alumno se sentó en su silla-trono! ¡Apego incluso a una silla!

La doble moral, en lugar de la intrepidez y honestidad de mostrarse como uno es, como todos somos: pies en el barro y techo de cristal, sin poder nadie arrojar la primera piedra, pero por lo menos no jactándose de conductas impecables, no jugando a adoctrinar a los otros como si uno tuviera la prerrogativa de la verdad, no recurriendo a explotar a los débiles emocionales. ¡Sepulcros blanqueados! ¿Y dónde quedan en estos pseudo-yoguis los yamas y niyamas del yoga? ¿Y dónde quedan en sus enseñanzas sea practicando el “yoga de los cuarenta grados de temperatura” o el “yoga de las afirmaciones new-age” o el “yoga de las olimpiadas, los campeonatos y el culto narcisista al cuerpo”?

Y luego algunas organizaciones yóguicas internacionales, que se aprestan a señalar que son “no lucrativas”, en base a aquello del “seva”, servicio desinteresado, sí, desinteresado, menos para los líderes de tales montajes de marketing. Y toda suerte de grupos sectarios que utilizan el yoga como cebo para darles a tragar a los incautos el anzuelo envenenado. Y los que tratan de afirmar su enfermizo y voraz ego queriendo proponerse como los fundadores de federaciones de yoga, “organismos oficiales” yóguicos y demás, como si se necesitara un certificado o un carnet para ser un buen yogui. ¿Quién se cree en el derecho de juzgar y dar esos carnets o determinar quién es un buen o mal yogui? Shankaracharya, Vivekananda, Ramana Maharshi, Ramakrishna, Nisargadatta, venid y examinaos para determinar vuestra calidad espiritual, ética, psicológica y ver si sois dignos de ser yoguis aprobados por los que se arrogan ese derecho pontificial.

¡Cuidado con el gurú traidor, no lo hay peor: se traiciona a sí mismo, a Enseñanza y a discípulo! Sri Anirvan siempre preveía contra el gurú que te detiene en el camino de la evolución en lugar de hacerte libre y dejar que llegues a la meta; a esa meta que la mayoría de los gurús no llegan.

Basta ya de devotos dormidos y que rinden obediencia ciega y abyecta, empeñados en morir esclavos cuando nacieron libres y basta ya de gurús que deberían ejercer como políticos dada su falta de escrúpulos y su voracidad, pero no como custodios de la más alta espiritualidad. Y en todo caso rindamos culto a nuestro sat-gurú, a nuestro gurú interior, que espera a que se le reconozca y nos revele nuestra propia identidad.

Ramiro Calle, artículo publicado en la revista Universo Holístico.

 

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