George Bernard Shaw y las flores

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Hermosa primera rosa, foto J.l.Soba

En estos días primaverales podemos disfrutar en su esplendor, de la belleza de un sin igual catálogo de formas, colores y olores que nos ofrecen desinteresadamente las flores, tanto las disciplinadas y ordenadas de los jardines y parques como las  salvajes y silvestres de nuestros campos y montes.

Y vuelve a plantearse el dilema de si es conveniente someterlas, cortarlas y disfrutarlas como un trofeo o convivir con ellas, cuidarlas y disfrutarlas en su esplendor y en su ocaso. He de decir que respeto la postura de cada uno, pero me identifico más con  las sabias palabras de  Buddha:  “Cuando te gusta una flor sencillamente la arrancas…pero cuando la amas la riegas diariamente. Si comprendes esto entonces entenderás la vida”.


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Viguera, la belleza de convivir con las flores. foto J.L.Soba

Por todo esto he decidido hablaros hoy del controvertido escritor irlandés George Bernard Shaw, gran amante de las flores, de su vida, su obra y de sus interesantes anécdotas, que al final darán sentido a su relación con esta entrada. J.L.Soba

George Bernard Shaw 

George Bernard Shaw (Dublín, 26 de julio de 1856-Ayot St. Lawrence, Reino Unido; 2 de noviembre de 1950), fue un dramaturgo, crítico y polemista irlandés, de cuya mente salieron algunos de los dramas literarios más importantes de la literatura universal de todos los tiempos. Escribió más de sesenta obras, algunas tan importantes como César y Cleopatra (1901), Hombre y superhombre (1902), Pigmalión (1912) o Santa Juana (1923). Con una obra que incluye la sátira contemporánea y alegoría histórica, Shaw se convirtió en el principal dramaturgo de su generación. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 1925 y en 1938 compartió el Óscar al mejor guion adaptado por la versión cinematográfica de Pigmalión, convirtiéndose en la primera persona en recibir el Premio Nobel y un Premio Óscar. A pesar de que sus cinco primeros trabajos fueron rechazados por distintas editoriales, ha sido calificado como el segundo dramaturgo en lengua inglesa más importante tras William Shakespeare.

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Benefactor tomillo, foto J.L.Soba

Bernard Shaw no se cortaba un pelo a la hora de expresar sus opiniones: promovía la eugenesia y se oponía a la vacunación y a la religión organizada. En política, estuvo muy marcado por las ideas de Karl Marx en un primer momento. Se hizo impopular denunciando a ambos bandos en la Primera Guerra Mundial como igualmente culpables. Mostró cierta admiración por dictadores de la talla de Adolf Hitler o Benito Mussolini.

Escribió y habló favorablemente de las dictaduras de derecha e izquierda, expresando su admiración tanto por Mussolini como por Stalin. Censuró la política británica en Irlanda durante el período de la posguerra, llegando a hacerse ciudadano del Estado Libre Irlandés en 1934, manteniendo una doble ciudadanía y siendo amigo cercano del líder  revolucionario irlandés Michael Collins, que llegó a ejercer como uno de los líderes del IRA.

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El placer de la fragancia de las lilas, foto J.L.Soba

Bernad Shaw, fué precursor del nudismo y amaba profundamente a los animales y las plantas. Poseía un fino sentido de la ironía y el sarcasmo y como tenía un carácter difícil (y no muy buen genio) no solía morderse la lengua, lo que le hizo protagonista de numerosas anécdotas a lo largo de su dilatada vida (casi llega ser centenario) que nos proporcionan una muestra de su sentido del humor y su acidez:

Mantuvo una notable tirantez con Winston Churchill. Precisamente existe la anécdota que le invitó al estreno de la obra Comandant Barbara y que lo hizo de esta manera: “venga usted con un amigo, si es que lo tiene”. El político se negó a acudir a la cita, pero sí le dio una respuesta: “me es posible asistir, acudiré a la segunda presentación, si es que la hay”.

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Las humildes margaritas, foto J.l.Soba

Se cuenta que una vez, la bailarina Isadora Duncan, le dijo: “Maestro: lo amo. Casémonos y tengamos un hijo. ¡Imagínese lo que sería! ¡Un niño con mi belleza y con su inteligencia!”. “Sí” contestó “Pero imagina lo que sería si saliera con mi belleza y con tu inteligencia”.

Una de las pocas réplicas que perdió fue con una actriz a la que le envió un telegrama, tras el estreno de una de sus obras, con dos palabras: “¡Genial! ¡Estupenda!”. La actriz, con falsa modestia, respondió con otro telegrama: “Alabanzas inmerecidas”. Shaw contestó con otro: “Me refería a la obra”. Y ella cerró con un magistral: “Yo también”.

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Sensuales lirios, foto J.L.Soba

Otra vez, le dijo a una bella joven, en una fiesta: “¡Qué hermosa es usted, señorita!”. La dama contestó: “Caballero, lamento no poder decir lo mismo de usted, ¿qué quiere que le haga?”. “Lo mismo que hice yo” dijo Shaw “Mentir”

Cierto día recibió una carta en la que únicamente había escrita una palabra “Imbécil”. Nuestro protagonista se quedó mirando la carta y comentó a quien le acompañaba en aquel momento. “Curioso, he recibido muchas cartas sin firma, pero es la primera vez que recibo una firma sin carta”.

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Laborando en la magnolia, foto j.L.soba

El día que cumplía noventa años, recibió una visita del célebre detective Fabian, de Scotland Yard. Para celebrar la ocasión, Fabian le sugirió a Shaw que tomaran impronta de sus huellas digitales, para que quedaran para la posteridad. Lo curioso es que las huellas digitales de Shaw eran tan suaves y finas que no pudieron obtener una impresión válida para dicho recuerdo. Ante esto Shaw declaró: “Si hubiera sabido esto antes, ¡habría escogido otro oficio!”

Un día estaba paseando y entró a curiosear en una tienda de libros de ocasión. Al parecer allí encontró un volumen de una de sus comedias y cual no sería su sorpresa cuando al abrirlo pudo leer en la tapa su firma y una dedicatoria a un amigo suyo. Enfadado con su amigo por deshacerse así de su libro lo compró con la intención de enviárselo por correo. Así dispuesto a hacerlo escribió lo siguiente junto a la primera dedicatoria: “Al Sr. X, con un nuevo saludo, ¡¡el segundo!!, de George Bernard Shaw”.

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Hermosa prímula en el Valle de San Millán, foto J.L.Soba

Durante sus últimos años de su vida realizó menos declaraciones públicas, pero siguió escribiendo prolíficamente y disfrutó cuidando los jardines de su principal residencia, Shaw’s Corner. Murió a los 94 años de edad de una insuficiencia renal provocada por las lesiones producidas al caerse mientras podaba un árbol. ​ Fue incinerado en el crematorio de Golders Green el 6 de noviembre de 1950. Sus cenizas, mezcladas con las de su mujer Charlotte, muerta siete años antes, se esparcieron alrededor de la estatua de Santa Juana y por senderos de los jardines de su residencia.

Aunque mucha gente no lo sabe, Bernad Shaw era vegetariano. Comenzó a serlo cuando ya era adulto y después de haber leído una obra que le hizo cambiar su manera de entender la alimentación. argumentaba a favor de su dieta diciendo: “Entierre usted una semilla y sale un árbol. Entierre una pata de cordero y a ver qué sale”.

14022014723_opt (1)Romero en flor, foto J.L.Soba

Se dice que G.B. Shaw cuidaba su jardín a modo de pasatiempo.
Cierto día, una amiga de su esposa ( al parecer bastante miope) se presentó de vista en su casa y al cruzar el jardín se topó con Shaw que se hallaba podando los arbustos.
La buena mujer no lo reconoció, no obstante, se paró y le preguntó:
-¿Hace mucho tiempo que trabaja para los señores Shaw?
-Cerca de treinta años, señora -contestó Shaw.
-Es usted un maestro y me gusta su trabajo. ¿No le apetecería trabajar para mi? Le pagaré más sueldo.
-Me es imposible, tengo un contrato firmado de por vida con la señora Shaw.
-Pero eso es lo que se llama esclavitud. No se puede comprometer a nadie para toda la vida, y menos si se le ofrecen ocasiones para prosperar.
-Usted lo llamará esclavitud, yo lo llamo matrimonio -replicó Shaw, dándose a conocer.

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Salvia silvestre, foto J.L.Soba

Le encantaban las flores, pero odiaba que se las regalaran porque para él los ramos venían a ser un conjunto de flores decapitadas. Y es que no le gustaba que las cortaran y arrancaran.

Bernard Shaw recibió un día en su casa la visita de una conocida aristócrata, admiradora suya y amante de las flores. Al despedirse, le pregunto extrañada: «Me sorprende, Mr. Shaw, no ver flores en el interior de su bella mansión. ¿Es que no le gustan las flores?». Bernard Shaw respondió: «Por supuesto que me gustan las flores, estimada señora; ¡me encantan! También quiero mucho a los niños, pero no corto sus cabecitas para ponerlas en el salón». ¿Una muestra más de la aguda ironía y siempre oportuna ocurrencia de Bernard Shaw?, ¿o una invitación a no cortar las flores y dejarlas en su medio natural, donde todos las puedan contemplar y disfrutar?.

Entrada Viguera con hortensias

Esperando las generosas hortensias, foto J.L.Soba

Namasté

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