Sisi, una mujer enfrentada a su destino

Escudo de Isabel de Baviera

Escudo de Isabel de Baviera

Mi opinión sobre Isabel Amalia Eugenia, Duquesa de Baviera (Múnich, 24-12-1837 – Ginebra, 10-9-1898) princesa bávara hija del duque Maximiliano de Baviera y de la princesa real Ludovica de Baviera. Emperatriz de Austria (1854-1898) y reina consorte de Hungría (1867-1898), conocida como Isabel de Austria, Sisi o Lisi, estaba totalmente condicionada por la trilogía de películas sobre Sissi que comenzó en 1955, dirigidas por Ernst Marischka y protagonizada por una bellísima Romy Schneider.

Vista desde la colina de Buda del Puente de Isabel, que une Buda con Pest, en honor a la emperatriz Sisi, foto j.L.Soba.

En un reciente viaje a Budapest, he podido comprobar, que aparte de estar muy presente en toda esta bella ciudad y ser muy querida y venerada por la mayoría de los húngaros, la imagen real de la emperatriz Isabel, era mucho más importante que la que se nos mostraba en las películas. J.L.Soba

Elisabeth of Austria, by Franz Xaver Winterhalter

La emperatriz Isabel por Franz Xaver Winterhalter (1865), Palacio Hofburg, Viena.

Sisi, una mujer jugando con el destino

Isabel educada, como sus hermanos, lejos de la Corte de Baviera, pasó la mayor parte de su infancia entre su ciudad natal y los salvajes parajes que rodeaban al castillo de Possenhofen, a orillas del lago de Starnberg, residencia de verano y que se convirtió en la residencia preferida por la familia ducal.

Isabel de Baviera, cuadro de Carl Theodor von Piloty y Franz Adams, que en la Navidad de 1853 regaló a Francisco José I antes de su boda.

Isabel de Baviera, cuadro de Carl Theodor von Piloty y Franz Adams, que en la Navidad de 1853 regaló a Francisco José I antes de su boda.

A los 16 años Isabel acompañó a su madre y a su hermana mayor, en un viaje a la residencia de verano de la Familia Real de Austria, en Bad Ischl, donde esperaba la archiduquesa Sofía de Baviera, hermana de Ludovica, junto a su hijo, el emperador de Austria, Francisco José I. Tal encuentro estaba preparado para que el emperador se fijase en Elena y la tomase como prometida. Sin embargo, Francisco José, de 23 años, se sintió inmediatamente atraído por Isabel.

El Emperador Francisco José I de Austria en 1853, en uniforme de húsar.

El Emperador Francisco José I de Austria en 1853, en uniforme de húsar.

Francisco José I de Austria (​ Viena, 18 de agosto de 1830-Viena, 21 de noviembre de 1916) fue emperador de Austria, rey de Hungría y rey de Bohemia, entre otros títulos, desde el 2 de diciembre de 1848 hasta su muerte. Su reinado de casi 68 años es el tercero más prolongado de la historia europea. Considerado en su tiempo un perfecto caballero, Francisco José I fue un hombre de mentalidad conservadora, convencido de su derecho divino a gobernar, inteligente, atractivo y encantador.

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Tarjeta de boda de Francisco José I de Austria e Isabel de Baviera.

Un año después, Isabel contrajo matrimonio con su primo carnal, el Emperador de Austria, el 24 de abril de 1854 en la Iglesia de los Agustinos de Viena, convirtiéndose así en emperatriz. Poco a poco comenzó a acumular influencias en la corte y especialmente sobre su marido. Las ideas de Isabel eran avanzadas, progresistas y liberales, y su apoyo a la causa húngara fue determinante para que ese país alcanzara la igualdad política con Austria en 1867.

Los Emperadores de Austria y sus hijos

Los Emperadores de Austria y sus hijos

Desde el primer momento su suegra, la archiduquesa Sofía (1805-1872) fue el peor enemigo de los muchos que consiguió en la corte. La suegra, guardiana de la dignidad imperial, lo controlaba todo, dominaba todo y quería saber todo sobre su nuera. Acompañó a Sissi hasta su cama la noche de bodas y al otro día se cercioró de que la joven hubiera cumplido con su obligación marital. Día y noche, Sofía le ponía los puntos en cuanto a su conducta y, por lo general, se pasaba el tiempo regañándola. Isabel llegó a decir de su suegra:  “ella alejó mis hijos de mí enseguida. Sólo me estaba permitido verlos cuando Sofía daba su consentimiento. Ella siempre estaba presente cuando iba visitar a los niños. Con el tiempo, sólo pude ceder ante ella y sólo rara vez pude acercarme a verlos”.

El matrimonio tuvo cuatro hijos, los primeros tres en rápida sucesión inmediatamente después de casarse:

Sofía Federica

Sofía Federica, Archiduquesa de Austria.

Sofía Federica (1855-1857), fallecida a los dos años de edad aquejada de tifus. Su muerte, que sumió a Isabel en una profunda depresión que marcaría su carácter para el resto de su vida, propició que le fuese denegado el derecho sobre la crianza del resto de sus hijos, que quedaron a cargo de su suegra, la archiduquesa Sofía.

Archiduquesa Gisela de Austria

Gisela (1856-1932). Princesa de Baviera.

 

Rodolfo de Habsburgo en 1887.

Rodolfo de Habsburgo en 1887.

Rodolfo Príncipe Heredero de la Corona (1858-1889). Tras el nacimiento del príncipe, la relación entre Isabel y Francisco José comenzó a enfriarse. Isabel jamás consiguió superar la amargura que le produjo la muerte por suicido de su heredero, el príncipe Rodolfo, quien convenció a su amante, María Vetsera, para que se quitara la vida junto a él en el pabellón de Mayerling (sobre este tema hay muchas versiones). La muerte de Rodolfo, a los 31 años, destrozó a Sissi de tal forma que vistió luto por el resto de su vida, afectando también al Emperador, quien se sintió culpable de haber sido un padre tan duro.

María Valeria de Habsburgo, la hija amada

María Valeria de Habsburgo, la hija amada

María Valeria (1868-1924). Isabel, sólo pudo criar a esta su última hija, a la que ella misma llamaba cariñosamente «mi hija húngara», dado el gran aprecio que le tenía al país de Hungría y en cuya cultura y costumbres se empeñó en educarla. Los grandes enemigos que Isabel hizo en la Corte austriaca la llamaban despectivamente «la niña húngara» y no por el amor que su madre profesaba por tal país, sino porque creían que la niña era fruto en realidad de algún escarceo sexual que Isabel habría mantenido con el conde húngaro Gyula Andrássy. No obstante, el gran parecido que Valeria guardaba con su padre, el Emperador, se encargó de desmentir tales rumores.

Coronación de Francisco José e Isabel como Rey y Reina de Hungría.

Coronación de Francisco José e Isabel como Rey y Reina de Hungría.

Debido al protocolo de la corte de Viena, la emperatriz Isabel no tenía un solo instante de intimidad. Desde el despertar hasta la noche, un total de 229 damas la acompañaban, seguían y asistían en todo momento y tenían el derecho de entrar a su alcoba sin anunciarse. Controlada noche y día por un interminable séquito de doncellas y lacayos, la emperatriz apenas tenía permiso para mirar por la ventana: no podía caminar sola por el interior del palacio, ni montar a caballo sin que una de sus damas camine a su lado.

Los austríacos la consideraban una irreverente rebelde, que no hacía caso al protocolo, se burlaba de los aristócratas y era una mala influencia para el Emperador ¡a quien tenía loco de amor! Y cuando asignó como damas de honor a puras aristócratas húngaras y pidió que en su corte se hablara solo húngaro, todos se horrorizaron.

Atrapada entre la melancolía y la etiqueta, Isabel comenzó a preocuparse por los pobres e indefensos, convirtiéndose en asidua colaboradora de hospitales y asilos, llevando adelante una importante tarea social.

Traje bordado con diamantes para su 25 aniversario de boda el 24.4.1879. La emperatriz Isabel tenìa 41 años.

Traje bordado con diamantes para su 25 aniversario de boda el 24.4.1879. La emperatriz Isabel tenìa 41 años.

Isabel empezó a marcharse de viaje cada vez más a menudo, con la excusa de enfermedades reales o fingidas y, desde muy pronto, el emperador empezó a buscar fuera del matrimonio las alegrías que no le daba su mujer. Lo hizo con tanto ahínco que Francisco José, católico cerrado y, por lo tanto, contrario al aborto y a cualquier método anticonceptivo, dejó por el mundo varios hijos ilegítimos de otras tantas amantes.

La propia Isabel buscó una amante para Francisco José, lo cual repercutió negativamente en el ánimo del emperador, que amaba a su esposa y ambicionaba tener una familia y un tipo de relación normal con ella.

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El Palacio Achilleion en Corfú, Grecia, construido por orden de la emperatriz Isabel de Baviera.

Para escapar de Viena, la joven emperatriz pasaba largas temporadas lejos de su marido y sus hijos. Para eso se hizo construir el palacio Achilleion en Corfú y pasaba largos meses en el Palacio Gödöllö, a tan solo 30 minutos del centro de Budapest, y que recibió como regalo cuando fue coronada Reina de Hungría en 1867, en el bello palacio de Hofburg o el castillo de Schönbrunn.

Padecía bulimia y anorexia (bulimarexia) desde los 25 años, cuando dio a luz a su tercer hijo y engordó.  Consiguió mantener hasta muy avanzada edad una cintura de avispa de 46 cm, para lo cual dormía en un catre sin colchón y se purgaba para mantenerse siempre por debajo de los 50 kilos, muy bajo para su estatura, 1,72, y se decía que tenía el mejor tipo de Europa.

Isabel hacía deporte, marchaba por la montaña hasta la extenuación, era capaz de realizar caminatas de varias horas y sus damas de honor eran incapaces de resistíar el ritmo. Se hizo construir un gimnasio personal en uno de sus palacios para practicar con las anillas que suelen utilizar los atletas masculinos.

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Retrato de la emperatriz Isabel en el castillo de Godollo (Hungría) foto J.L.Soba

Estaba obsesionada con sus cabellos,  a los que dedicaba más de tres horas diarias. Su peluquera Fanny Angerer lo lavaba con una mezcla de huevos y coñac cada tres semanas. La operación podía durar más de un día. Su melena pesaba más de dos kilos y medio y le llegaba a los pies.

Era una narcisista que no permitía que la fotografiaran para que no se registrara el paso del tiempo, aunque a los 30 años aparentaba 15, y a los 50, 30. Al cumplir  los 50 años, el cutis de Isabel estaba muy deteriorado, por lo cual siempre llevaba velo. Los últimos retratos de la emperatriz son de cuando tenía 30 años, a partir de ahí se negó a posar más.

La Palmera Imperial en el Huerto del Cura de Elche.

A finales de 1892 le apeteció visitar el litoral mediterráneo de España. Pidió a la reina madre María Cristina de España, pariente suya, que se mantuviera su anonimato (decía ser la Condesa de Yuly) en las visitas a Mallorca, Valencia, Alicante ( realizó un viaje a Elche, donde es de reseñar  su visita a el “huerto del Cura”, donde ante la contemplación de  un bello y rarísimo ejemplar de palmera, su comentario “Esta palmera tiene un poder y una fuerza dignas del más grande imperio” dió el nombre con el que hoy se conoce a la palmera. Málaga, Granada (donde coincidió con el premio Nobel español Jacinto Benavente en una visita muy restringida a la Alhambra de Granada el día de Reyes de 1893), Córdoba, Sevilla y Aranjuez. Resulta curioso que quisiera mantener de incógnito, cuando el Yate Miramar, antes de estar a su servicio fue un buque de guerra de la marina imperial austrohúngara, tenía más de ochenta metros de eslora, y precisaba de 167 tripulantes para su manejo, así que esta embarcación llamaba la atención en el puerto que atracaba, y fue publicada su estancia en todos los periódicos de los lugares donde atracaba.

Muchos de los destinos que eligió para sus escapadas de Viena siguen siendo destinos turísticos de élite, en parte gracias a ella, que los puso de moda: Corfú, Mallorca, Madeira…

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Paseo de la pareja imperial, cuadro en el Palacio de Gödöllö (Hungría) foto J.L.Soba

Fue el primer miembro de la realeza al que persiguieron lo que podrían ser denominados los paparazzi de entonces. Ella acostumbraba a utilizara un abanico para taparse la cara.

Se tatuó un ancla en un hombro, por su amor al mar. No fue una locura juvenil, ya que lo hizo pasados los cincuenta años, durante una de sus muchas estancias en la isla griega de Corfú.

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Vidriera en el Palacio de Gödöllö (Hungría) foto J.L.Soba

Según su profesor de griego, Costantin Christomanos, enamorado de ella locamente, a pesar de ser 30 años más joven que la emperatriz, una de sus pasiones era visitar manicomios. Le obsesionaba la locura. Y apreciaba mucho a su primo Luis II, el rey Loco.

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Emperatríz Isabel, fotografía del año 1890.

Hace años, una exposición organizada en Austria, mostraba el contenido del botiquín que solía llevar en sus viajes, en él no faltaban un frasco de morfina ni la jeringuilla para la cocaína. Hay que señalar que era una costumbre muy extendida en su época y ella utilizaba la cocaína para controlar el ánimo y los problemas menstruales.

Grabado del asesinato de la Emperatriz

Grabado del asesinato de la Emperatriz

El azar, como tantas otras veces en su vida, quiso que el personaje más excéntrico de la realeza europea, tuviese un final insólito. Isabel fue asesinada, estando sin escolta ni séquito, como acostumbraba, en Ginebra un 10 de septiembre de 1898 a la edad de 61 años, por un anarquista que pasaba por allí, a la caza de un duque, mientras se disponía a abordar con su dama de honor uno de los ferries del lago Ginebra, camino a Montreux. Luigi Lucheni, quien en realidad quería asesinar al príncipe de Orleans -que se había marchado de la zona el día anterior- decidió hacer de Isabel la víctima casual de su locura, porque quería “matar a algún aristócrata”. Atravesado su corazón por un punzón, Sissi se desangró en pocos minutos, siendo sus últimas y desesperadas palabras: “Pero… ¿qué me ha pasado?”.

A la muerte de Francisco José I de Austria, como su hijo y heredero Rodolfo se había suicidado, y  las leyes impedían que sus hijas heredaran el imperio. Al quedar sin herederos la línea principal, y con los varios hijos no reconocidos del emperador, la sucesión recayó en el sobrino nieto del emperador Francisco José I, un nieto de su hermano el archiduque Carlos Luis. En concreto el primogénito de Otto, Carlos I de Austria-Hungría, coronado a la muerte de Francisco José en 1916. Carlos fue el último monarca Habsburgo.

xEstatua de la reina Isabel de Hungría, emperatriz de Austria INTERIOR Iglesia de San Matías, el distrito del Castillo de Buda, Buda, Budapest, capital de Hungría, Europa central

Estatua de la reina Isabel de Hungría, emperatriz de Austria, en el interior de la Iglesia de San Matías, en Budapest. foto J.L.Soba

Para finalizar he de decir que tras nuestra visita a Budapest y al ver la importante presencia que esta singular mujer tuvo y sigue teniendo en toda Hungría, me he interesado en su vida y he comprobado que más que a la Sissi de las películas de la bella Romy Schneider, se asemeja mucho más a la descripción que Ángeles Caso, nos hace de ella en su libro “Elisabeth de Austria-Hungría” (Ed. Planeta 2002):

«Elisabeth de Austria-Hungría nada tuvo que ver con la ñoña Sissi de la leyenda rosa. Fue una mujer compleja y extraña, escéptica hasta el nihilismo, irónica hasta el sarcasmo y libre hasta el capricho. Fue guapa, inteligente, culta y seductora. Fue rebelde, insatisfecha, melancólica y testaruda. Solitaria y maniática. Jamás se doblegó a ninguna imposición. Detestó los palacios y la corte. Odió las convenciones y las normas. Despreció la frivolidad. Huyó de las ceremonias y los actos sociales. Se resistió a ofrecerse en espectáculo al público y ocultó su rostro bajo velos y grandes abanicos. Desdeñó a los nobles, a los reyes, a los militares y a los papas. Se confesó anticlerical, antimilitarista y antimonárquica. Creyó que el matrimonio era una esclavitud. Respetó a los locos. Hizo gimnasia todas las mañanas, fumó a temporadas y bebió grandes jarras de cerveza en las tabernas. No apreció mucho la vida.»

Namasté, espero que la historia de esta singular mujer, os haya hecho pasar un buen rato.

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3 respuestas a Sisi, una mujer enfrentada a su destino

  1. lentatiana dijo:

    Muy interesante 🙏

  2. tomtom_max dijo:

    Estupendo artículo.

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