Aprender a admirar

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Pantano de “La Grajera” de Logroño ( La Rioja). foto David Soba

Aprender a admirar

       Para todo hay que educarse. Nada nos cae graciosamente del cielo. Cultivar el
gusto, aprender a distinguir. Y para aprender se requiere una condición
fundamental: la humildad.
¿En qué consiste? En dejar de saber. Por un instante, por un rato, suprimir o
suspender lo que uno tiene aprendido y sabido, borrarlo para enfrentar el mundo,
como por primera vez.
Este pájaro que me deslumbra desde el balcón mientras escribo estas líneas,
este pájaro me deslumbra siempre y cuando yo no me proponga conocerlo; es
decir, si no pretendo apresarlo en las mallas de mis cajas de caudales de saber,
alcanzaré a percibirlo en su vera y absoluta realidad. ¡Nuevo, inédito, admirable!
Admirar es dejar libre eso que uno mira. Entonces admira. Ad, en latín, hacia
afuera. Yo me vuelco afuera, en lugar de tomar a eso o a ése y comprimirlo dentro
de mi prisión personal.
Admirar, decía Cari Rogers, es tomar al arco iris y dejarlo ser arco iris tal cual
es. Lo contrario de admirar —que es verdaderamente amar—, lo contrario es
manipular.
Dice Rogers:
“Cuando contemplo una puesta de sol no digo: suavice un poco el naranja en el
lado derecho y ponga un poco más de púrpura a lo largo de la base, use más rosa
en el color de la nube. No lo hago. No trato de controlar una puesta de sol. La
admiro a medida que pasa.”
No la controlo, la dejo ser, y humildemente me pongo a su disposición a ver qué
es la puesta de sol y no a manipularla, a hacer de ella lo que yo quiero que sea.
Eso es la belleza, enseñaba Kant, algo que no te sirve a ti, sino que tú te pones
a su servicio, a fin de tomarla tal cual es en sí, y no para ti.
¿Puedo llegar a contemplar a mi esposa, a mi hijo, como una puesta de sol, y no
controlarlo, no manejarlo? No, no puedo y tampoco debo. No son obras de arte, no
son arco iris, no son objetos, son sujetos como yo, falibles. Amar es intervenir,
corregir, evitarle al otro la caída, ayudarlo en el ascenso.
Ese es mi deber de padre. Cari Rogers en este punto se expresa en términos
tajantes:
“Aun con nuestros hijos, los amamos para controlarlos y no porque los
apreciemos.”
Apreciar es un arte. Es dejar que sea el otro, lo otro, lo que es.
Primero debes apreciar a tus hijos. Luego has de ver en qué puntos requieren
de tu apoyo, de tu guía, de tu intervención a favor de ellos, insisto.
El gran examen de conciencia consiste en decirnos qué hacemos por nuestros
hijos para nuestros hijos, y qué hacemos por ellos pero, en realidad, para nosotros,
para nuestro egoísmo, para nuestra necesidad de ser necesitados.

Jaime Barylko, en su libro ” Los hijos y los límites”.

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2 respuestas a Aprender a admirar

  1. Creo que si, que Jaime Barylko es digno de aplauso por su fácil verbo.
    Namasté

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