Letanías de nuestro señor Don Quijote 

Don Quijote soy, y mi profesión la de andante caballería. Son mis leyes, el deshacer entuertos, prodigar el bien y evitar el mal. Huyo de la vida regalada, de la ambición y la hipocresía, y busco para mi propia gloria la senda más angosta y difícil. ¿Es eso, de tonto y mentecato?.

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“Letanías de nuestro señor Don Quijote”

Rey de los hidalgos, señor de los tristes,

que de fuerza alimentas y de ensueños vistes,

coronado de áureo y yelmo de ilusión;

que nadie ha podido vencer todavía,

por la adarga al brazo, toda fantasía,

y la lanza en ristre, toda corazón.

 

Noble peregrino de los peregrinos,

que santificaste todos los caminos

con el paso augusto de tu heroicidad,

contra las certezas, contra las conciencias,

y contra las leyes y contra las ciencias,

contra la mentira, contra la verdad…

 

Caballero errante de los caballeros,

barón de varones, príncipe de fieros,

par entre los pares, maestro, ¡salud!

¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes,

entre los aplausos o entre los desdenes,

y entre las coronas y los parabienes

y las tonterías de la multitud!

 

¡Tú, para quien pocas fueron las victorias

antiguas, y para quien clásicas glorias

serían apenas de ley y razón,

soportas elogios, memorias, discursos,

resistes certámenes, tarjetas, concursos,

y, teniendo a arfeo, tienes a orfeón!

 

Escucha, divino Rolando del sueño,

a un enamorado de tu Clavileño,

y cuyo Pegas o relincha hacia ti;

escucha los versos de estas letanías,

hechas con las cosas de todos los días

y con otras que en lo misterioso vi.

 

¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida,

con el alma a tientas, con la fe perdida,

llenos de congojas y faltos de sol;

por advenedizas almas de manga ancha,

que ridiculizan el ser de la Mancha,

el ser generoso y el ser español!

 

¡Ruega por nosotros, que necesitamos

las mágicas rosas, los sublimes ramos

de laurel! Pro nobis ora, gran señor.

(Tiemblan las florestas de laurel del mundo,

y antes que tu hermano vago, Segismundo,

el pálido Hámlet te ofrece una flor.)

 

Ruega generoso, piadoso, orgulloso;

ruega, casto, puro, celeste, animoso;

por nos intercede, suplica por nos,

pues casi ya estamos sin savia, sin brote,

sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote,

sin pies y sin alas, sin Sancho y sin Dios.

 

De tantas tristezas, de dolores tantos,

de los superhombres de Nietzsche, de cantos

áfonos, recetas que firma un doctor,

de las epidemias de horribles blasfemias

de las Academias,

¡líbranos, señor!

 

De rudos malsines,

falsos paladines,

y espíritus finos y blandos y ruines,

del hampa que sacia

su canallocracia

con burlar la gloria, la vida, el honor,

del puñal con gracia,

¡líbranos, señor!

 

Noble peregrino de los peregrinos,

que santificaste todos los caminos

con el paso augusto de tu heroicidad,

contra las certezas, contra las conciencias

y contra las leyes y contra las ciencias,

contra la mentira, contra la verdad…

 

¡Ora por nosotros, señor de los tristes,

que de fuerza alientas y de sueños vistes,

coronado de áureo yelmo de ilusión;

que nadie ha podido vencer todavía,

por la adarga al brazo, toda fantasía,

y la lanza en ristre, toda corazón!

Rubén Darío, poema XXXIX, de su obra Cantos de vida y esperanza, los cisnes y otros poemas (1905).

 

 

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2 respuestas a Letanías de nuestro señor Don Quijote 

  1. Así es, nunca deja de somprender su relectura.
    Namasté

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