El caballero y el dragón

¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos? Groucho Marx

San Jorge y el dragón, (1504) obra de Rafael Sanzio, Museo del Louvre, París

San Jorge y el dragón, (1504) obra de Rafael Sanzio, Museo del Louvre, París (Francia).

El caballero y el dragón

xCdragonuenta la historia que un caballero medieval asistía a un curso para matar dragones en la escuela local. Varios caballe­ros más jóvenes acudían a esta clase especial impartida por el mago Merlín.

Nuestro antihéroe fue a ver a Merlín el primer día para ha­cerle saber que probablemente no le irían bien las cosas en el curso porque era un cobarde y estaba seguro de que siempre estaría demasiado asustado y sería demasiado inepto como para ser capaz de matar a un dragón. Merlín dijo que no hacía falta que se preocupara porque había una espada mágica para matar dragones y que él se la daría a este joven y cobarde ca­ballero. El caballero estaba deleitado por tener este apoyo má­gico oficial con el que cualquier caballero, no importaba lo poco que se lo mereciera, podría matar un dragón. Desde la primera salida a los campos, con su espada mágica en la mano, el cobarde caballero mató un dragón tras otro, liberando a una doncella tras otra.

Un día, hacia el final del curso. Merlín propuso una adivi­nanza en la clase a la que estaba asistiendo el caballero. Los estudiantes tenían que salir al campo y matar un dragón ese mismo día. En la conmoción de la excitación, mientras todos los demás caballeros corrían para probar su temple, nuestro antihéroe agarró del armero la espada equivocada. Pronto se encontró a sí mismo en la boca de la cueva de la que tenía que liberar a una doncella cautiva. Su captor salió corriendo hacia fuera respirando fuego. Sin saber que había agarrado la espa­da equivocada, el joven caballero retrocedió preparándose para acabar con la embestida del dragón. Cuando estaba a punto de golpear se dio cuenta de que había cogido la espada equivocada. Ésta no era la espada mágica, tan sólo era una es­pada corriente pero adecuada para buenos caballeros.

Era demasiado tarde para parar. Bajó la espada corriente con un certero barrido de su brazo, y para su sorpresa se des­prendió la cabeza del dragón.

Volvió a la clase, con la cabeza del dragón atada a su cin­turón, con la espada en la mano y la doncella a remolque, y corrió hacia Merlín para contarle su error y su inexplicable re­cuperación.

Cuando escuchó la historia del joven caballero, Merlín se hecho a reír. Su respuesta al joven caballero fue: «Pensé que ya te lo habrías imaginado, ninguna de las espadas son mágicas y nunca antes lo han sido. La única magia consiste en creer».

Osho

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