Una monja budista

Del mismo modo que tesoros se descubren de la tierra, la virtud se aparece de las buenas acciones y la sabiduría aparece de una mente pura y pacífica. Para caminar con seguridad a través del laberinto de la vida humana, uno necesita la luz de la sabiduría y la guía de la virtud. Buda

xDibujo de Ken Lee

Dibujo de Ken Lee

Una monja budista

xuuuuxna monja budista llamada Ryonen, nacida en 1779, era nieta del célebre guerrero japonés Shingen y había sido tenida por una de las mujeres más hermosas del Japón y una poetisa de notable talento, hasta el punto de que a la temprana edad de diecisiete años fue elegida para servir en la corte imperial, donde llegó a cobrar un profundo afecto hacia su Alteza Imperial la Emperatriz. Pero ésta falleció de muerte repentina, y Ryonen sufrió una profunda experiencia espiritual que le hizo tomar una aguda conciencia de la naturaleza pasajera de todas las cosas. Fue entonces cuando se decidió a estudiar el Zen.

Pero su familia no quería ni oír hablar de ello, y prácticamente la obligaron a casarse, no sin antes haber obtenido de sus padres y de su futuro esposo la promesa de que quedaría libre para hacerse monja una vez que hubiera dado a luz a su tercer hijo. Lo cual ocurrió cuando ella contaba veinticinco años. Y entonces, ni las súplicas de su esposo ni ninguna otra cosa en el mundo pudieron disuadirla de hacer lo que había anhelado con toda su alma. De modo que se rapó la cabeza, tomó el nombre de Ryonen (que significa «comprender con claridad») e inició su búsqueda.

Llegada a la ciudad de Edo, pidió al Maestro Tetsugyu que la aceptara como discípula. Ella contempló unos instantes y la rechazó, porque era demasiado hermosa.

Entonces acudió a otro Maestro, Hakuo, el cual la rechazó por el mismo motivo: su hermosura-dijo- únicamente causaría inconvenientes. De modo que Ryonen desfiguró su rostro con un hierro al rojo vivo, destruyendo para siempre su belleza física. Cuando volvió a presentarse ante Hakuo, éste la aceptó como discípula.

Para conmemorar la ocasión, Ryonen escribió en la parte de atrás de un pequeño espejo un poema:

Como dama de mi Emperatriz,

quemé incienso

para perfumar mis hermosos ropajes.

Ahora, como pobre sin hogar,

quemo mi rostro

para entrar en el mundo del Zen.

Y cuando supo que le había llegado la hora de abandonar este mundo, escribió otro poema:

Sesenta y seis veces

han contemplado estos ojos

la belleza del otoño…

No pidas más.

Limítate a escuchar el rumor de los pinos

cuando el viento está en calma.

 

Anthony de Mello, de su libro “La oración de la rana”, vol. II.

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2 respuestas a Una monja budista

  1. Así es Marina, me alegra que te guste.
    Namasté

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