Háblanos del placer.

El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del corcel negro (placer) y acompasarlo con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio. Platón

Háblanos del placer

xy771 un eremita que anualmente visitaba la ciudad, se adelantó y dijo: Háblanos del placer.

Y él contestó:

El placer es una canción de libertad. Pero no es la libertad.
Es el florecimiento de vuestros deseos, mas no su fruto.
Es un abismo llamando a una altura. Pero no es el abismo ni la altura.
Es el enjaulado que despliega sus alas. Sin abarcar con ellas el espacio.
¡Ay! En verdad, el placer es una canción de libertad.
Y me conmovería si la cantarais con plenitud de corazón. Sin embargo, no querría que vuestros corazones se perdieran cantando.

Algunos de vuestros jóvenes buscan el placer como si eso lo fuera todo, y son juzgados y censurados.
Yo no los juzgaría ni censuraría. Prefiero que lo busquen.
Porque ellos hallarán el placer, mas no solo.

Siete son sus hermanas, y la más humilde de ellas, es más hermosa que el placer.
¿No habéis oído hablar del hombre que, cavando la tierra en busca de raíces, halló un tesoro?
Y algunos de vuestros ancianos recuerdan los placeres con pesar, como faltas cometidas en la ebriedad.
Pero el pesar es el obscurecimiento de la inteligencia y no su castigo.
Deberían recordar sus placeres con gratitud, como se recuerda la cosecha de un verano.
Empero, si este pesar los conforta, dejadlos, que en eso está su placer.

Y hay algunos entre vosotros que no sois ni jóvenes para buscar ni ancianos para recordar.
Y en su temor de buscar y recordar, evitan todos los placeres por miedo a descuidar u ofender al espíritu.
Pero, aún en su privación hallan placer.
Y así, ellos también encuentran un tesoro, aunque caven con manos temblorosas en busca de raíces.

Pero decidme, ¿quién es capaz de ofender al espíritu?
¿Podrá el ruiseñor ofender al silencio de la noche, o la luciérnaga a los astros?
¿Y podrá vuestra flama o vuestro humo agobiar al viento?
¿Pensáis que el espíritu es agua estancada que podéis enturbiar agitándola?

Muchas veces, al privaros de un placer, no hacéis sino almacenar el deseo en los escondrijos de vuestro ser.
¿Quién sabe si aquello que refrenamos hoy, florecerá en nosotros mañana?
Hasta vuestro cuerpo conoce su herencia y sus legítimas necesidades y no quiere ser engañado.
Y vuestro cuerpo es el arpa de vuestra alma.
Y de vosotros depende el que os procure suaves músicas o sonidos confusos.
Y ahora, preguntaos en vuestro corazón: “¿Cómo distinguir lo que es bueno en el placer de aquello que no lo es?”

Id a vuestros campos y a vuestros jardines y aprenderéis que el placer de la abeja está en libar la miel de las flores.
Así como el placer de la flor está en brindar su miel a la abeja.
Porque para la abeja, una flor es fuente de vida; y para la flor, una abeja es mensajera de amor.
Y para ambas, abeja y flor, el dar y recibir placeres es necesidad y éxtasis.
¡Pueblo de Orfalís! Sed en vuestros placeres como las flores y las abejas.

Kahlil Gibran en su obra “El Profeta”

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