Mi Madre

El 22 de junio de 2014, publiqué en el ambigú “El pequeño vigía lombardo”, breve cuento perteneciente a la novela Corazón, escrita en 1886 por el italiano Edmundo de Amicis.          Resulta admirable en Corazón la facilidad con que el escritor es capaz de ver el mundo a través de los ojos de un niño, Enrique, que va narrando en un diario sus vivencias infantiles durante el curso académico.
El libro se divide en once meses. De vez en cuando, la narración es interrumpida por una página en la que el padre, la madre, la hermana, escriben para hacer al protagonista advertencias, darle consejos y en ocasiones vituperarle.
Cada mes, lleva también un cuento dictado por el maestro. Siempre se trata de relatos de tipo heroico, protagonizados por chicos.
El cuento más conocido es De los Apeninos a los Andes, base de la exitosa serie animada Marco, de los Apeninos a los Andes.                                                                                                        Es una novela que no tiene desperdicio y que te engancha de la primera a la última página, por lo que creo interesante compartir de vez en cuando en el ambigú alguna de sus narraciones.
Como ya dije en la anterior entrada, Corazón tiene para mí un especial significado, pues fue un libro que utilizaba mi Padre en la escuela de niño, que se le quedó marcado y que constantemente nos contaba y hablaba de él, recitándolo de memoria. Vaya este capítulo titulado “Mi Madre” con cariño para la mía, mi mujer y para todas las Madres.   J.L.Soba

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Boceto de madre e hijo, de Isaac Díaz Pardo.

Mi Madre

Jueves, 20 Noviembre.

“¡En presencia de la maestra de tu hermano faltaste el respeto a tu madre! ¡Que esto no vuelva a suceder, Enrique mío! Tu palabra irreverente se me ha clavado en el corazón como un dardo.

Piensa en tu madre cuando, años atrás, permanecía tantas noches inclinada sobre tu cama, midiendo tu respiración, llorando lágrimas de angustia y apretando los dientes, porque creía a cada instante oír tu último aliento y temía perder la razón, y con este pensamiento experimentarás cierta especie de terror hacia ti.

¡Tú ofender a tu madre, a tu madre que daría un año de felicidad por quitarte una hora de dolor, que pediría limosna por ti, que se dejaría matar por salvar tu vida! Oye, Enrique mío; fija bien en la mente este pensamiento: considera que te esperan en la vida muchos días terribles, pero el más terrible de todos será el día en que pierdas a tu madre.

Mil veces, Enrique, cuando ya seas hombre fuerte y probado en toda clase de contrariedades, tú la invocarás, oprimido tu corazón por el deseo inmenso de volver a oír su voz y a ver de nuevo sus brazos abiertos, para arrojarte en ellos sollozando, como un pobre niño desamparado y sin consuelo. ¡Cómo te acordarás entonces de cualquier amargura que le hayas causado, y con qué remordimiento, desgraciado, las contarás todas!

No esperes tranquilidad en tu vida si has entristecido a tu madre. Sin duda te arrepentirás, le pedirás perdón, venerarás su memoria, pero todo en vano; la conciencia no te dejará en paz; aquella imagen dulce y buena tendrá siempre para ti una expresión de tristeza y reconvención, que pondrá tu alma en tortura. ¡Oh, Enrique, cuidado! Es éste el más sagrado de los afectos humanos. ¡Pobre de ti si lo profanas! El asesino que respeta a su madre aún tiene algo de noble y generoso en su corazón; el más respetado de los hombres que la hace sufrir o la ofende no es más que una miserable criatura.

Que no salga nunca de tu boca una palabra dura para la que te ha dado el ser. Y si alguna se te escapa, que no sea el temor a tu padre, sino un espontáneo impulso de tu alma el que te haga arrojarte a sus pies, rogándole que, con el beso del perdón, borre de tu frente la mancha de la ingratitud. Yo te quiero, hijo mío; tú eres la más preciosa esperanza de mi vida; pero mejor quiero verte muerto que saber que eres ingrato con tu madre. Vete y por algún tiempo no me hagas caricias; no podría devolvértelas de corazón.

Tu padre.”

Edmundo De Amicis, de su libro “Corazón”(1886).

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