A María Magdalena

En la hora del Calvario, mientras casi todos abandonan a Jesús, allí  estaba María Magdalena. ¡Cuanto se lo agradecería Jesús y la Virgen María!   “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Clopás, y María Magdalena”. Juan 19:25

Una de mis pasiones es el gusto por los anticuarios, mercadillos y rastrillos, donde descubrir o que me descubra ese objeto antiguo que te alegre el día. Hace poco, en un mercadillo, adquirí el libro “Macetas” una rara y escasa joya literaria del poeta logroñés, Luis Barrón Urien, que hizo poema el alma de Logroño y sus rincones, libro publicado por el Ayuntamiento de Logroño, el Instituto de Estudios Riojanos y la Cámara de Comercio, en 1951.

En el está incluído el poema “A la Magdalena de la Colegiata”, dedicada a la excepcional escultura de Santa María Magdalena Penitente, obra del siglo XVI, del Taller de Gaspar Becerra, venerada en la Concatedral de S.M. de la Redonda de Logroño.              J.L.Soba

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Santa María Magdalena Penitente puede ser visitada y venerada en la Concatedral de S.M. de la Redonda de Logroño. Es una de las esculturas más preciadas que desfilan en la Semana Santa Española. En un principio se atribuyó a Juan de Mena, pero posteriores investigaciones apuntan que la imagen fue tallada en el siglo XVI y procede del Taller de Gaspar Becerra, encargada por el Obispo de Astorga, enriqueciendo de esta forma la imaginería que actualmente existe en la Concatedral Logroñesa. (Blog de la Cofradía de Santa María Magdalena de Logroño) Foto J.L.Soba

A María Magdalena 

¿Qué mago le ha inspirado el soplo de su vida?

¿Qué cincel ha latido junto al rictus doliente

de la sierva de Cristo, del alma arrepentida

que ungió los pies del Justo en su morena frente?

Sus cabellos son unas ramas de un desmayo deshecho,

su cabeza es la tumba de sus muertos pensares,

y la mano que oprime su fastidiado pecho

es dique que contiene sus amargos pesares.

Pero donde el artista dio sus toques geniales,

el lugar que sus manos consagrara inmortales,

donde oprimió el zarpazo de arte y de su amor,

está en la prodigiosa faz de la Magdalena,

en donde las pasiones se han convertido en pena

y el mundano deleite ya es divino dolor.

Luis Barrón Urién, 1941

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