“¿Sabéis, mis cielos,”

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“¿Sabéis, mis cielos,”

“¿Sabéis, mis cielos,
dormidos ojuelos?
Que es todavía Enero,
frío y sereno,
pero
por las mañanas en el huerto
están llenos
los almendros
de trinos y zureos,
silbos y trémolos y gorjeos.

Y me despiertan
las almas a medias,
y en el oír se quedan
medio traspuestas.
Pena
(y ya el pensarlo me desvela)
que no sepa
conocerlas
por nombres y por señas
en la coral cada voz y cuerda.

Dudando opino
“Aquel es el mirlo”;
“y ese quizá el chorlito
o el herrerillo”
digo;
pero y ¿aquel del triple trino?
¿y el del tímido
silbatillo?
¿y aquel del tutovío?
¿y ese del lánguido gorgorito?

Ay, no, no puedo
ni dar, como debo,
a cada uno de ellos
gracias al menos.
Cierto
que aunque los nombres les supiésemos,
de Linneo
o del pueblo,
tampoco fueran esos
nombre de aquí no de aquel ni estos.

No tengo propio
ni nombre ni apodo
de cada voz que oigo,
y lo deploro.
Sólo
que tantos versos que conozco
y con gozo rememoro,
no sé el autor tampoco
ni de quién son, si de uno u otro.

¿Serán de Eugenio?
¿O son de Guillermo?
¿O de Gabriela? ¿O Sergio?
¿Eran de Homero?
Y eso
de ‘Homero’ ¿es nombre? Y ¿de qué muerto?
Si lo pienso,
no me acuerdo.
Y tantos palabreos
que han de volar por ahí sin dueño!

Volar, las voces:
el nombre lo roen
en el desván los ratones
olvidadores.
Con que
no por andar buscando informes
de cantores
ni sus nombres,
dejéis de oír, amores,
lo que al quebrar de tus sueños oyes.

Oíd, oídlos
zorzales, ovidios,
dílanes, estorninos,
tordos y píndaros,
vivos,
villones, burnes, andarríos,
y arandillos,
y virgilios,
rosvitas, zarapitos,
paros, arquílocos o cernícalos,

y colibríes,
pinzones, manriques,
chovas y holderlines,
góngoras, kitíses,
miles,
jilgueros, aliguieros, buitres,
cucos, rilquies
y valmikis,
sisones y dinises,
tórtolas, ésquilos y valeríes.

Amores buenos,
a ti todos ellos
te los regalo, en estos
hilos del tiempo
presos,
que tañan tus oídos tiernos
cuando el cielo
del invierno
yendo a asomar, ojuelos,
casi queráis florecer del sueño.”

Agustín García Calvo
, canción 182, de su libro “Más canciones y soliloquios”.

 

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