El libro del cementerio

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Panteón en Cementerio Municipal de Logroño, foto J.L.Soba

El libro del cementerio

xtttumbada en la cama, mientras escuchaba el ruido del tráfico a lo lejos, Scarlett pensaba en todo lo que había sucedido aquella tarde. De pequeña, ella había estado allí, en aquel cementerio; por eso todo le resultaba tan familiar.
Se abandonó a sus fantasías y a sus recuerdos y, en algún momento, se quedó dormida; en sus sueños seguía paseando por los senderos que había entre las tumbas. Era de noche, pero lo veía todo con la misma claridad que si fuera de día: se hallaba en la ladera de una colina en compañía de un niño de su misma edad, pero él estaba de espaldas, contemplando las luces de la ciudad.
—Hola, ¿qué estás haciendo? —le preguntó.
El niño se dio la vuelta, aunque parecía tener problemas para verla.
—¿Quién ha dicho eso ? —Y, tras unos instantes, añadió—: ¡Ah, ya te veo! Bueno, más o menos. ¿Me estás haciendo una Visita Onírica?
—Creo que estoy soñando, sí —respondió Scarlett.
—No me refería a eso exactamente —replicó el niño—. Bueno, hola. Me llamo Nad.
—Y yo, Scarlett.
Él volvió a mirarla como si la viera por primera vez.
—¡Claro, Scarlett! Ya decía yo que me sonaba tu cara. Has estado esta tarde en el cementerio, con ese hombre, el de los calcos.
—El señor Frost, sí; es un tipo encantador. Me llevó a casa en su coche —hizo una pausa, y preguntó—: ¿Nos has visto?
—Sí, bueno… Suelo estar al tanto de todo lo que ocurre por aquí.
—¿Y qué clase de nombre es Nad?
—Es el diminutivo de Nadie.
—¡Pues claro! Ahora lo entiendo todo. Tú eres mi amigo imaginario, el que me inventé cuando era pequeña, pero has crecido.
Nad asintió.
Era más alto que ella; iba vestido de gris (aunque Scarlett no habría sabido describir su ropa), y llevaba el cabello demasiado largo; ella pensó que debía de haber pasado mucho tiempo desde su último corte de pelo.
—Te portaste como una valiente. Bajamos hasta el centro de la colina, vimos al Hombre Índigo y nos encontramos con el Sanguinario.
Entonces algo ocurrió en la mente de Scarlett: fue como si, de repente, todo se acelerara y diera vueltas, y se vio envuelta en una especie de remolino negro y un montón de imágenes se le sucedieron a toda velocidad…
—¡Ahora lo recuerdo todo! —exclamó la chica. Pero lo dijo en la soledad de su habitación, y ninguna voz le respondió; sólo se oía el ruido lejano de un camión que pasaba por la carretera.

[…]Al terminar, salió de la iglesia y, según se dirigía hacia el banco para sentarse un rato, vio algo que le hizo dudar: el banco ya estaba ocupado por una chica que leía una revista.
Nad puso en marcha la Desapación total y se fundió con el entorno, como si fuera una sombra más.
Pero la chica alzó la vista, lo miró directamente y preguntó:
—¿Eres tú, Nad?
Él tardó unos segundos en decidirse a responder.
—¿Cómo es posible que me hayas visto?
—En realidad no estaba segura. Al principio pense que eras solamente una sombra o algo así. Pero tienes el mismo aspecto que en mi sueño y, de alguna manera, empecé a verte con un poco más de nitidez.
Nad se le acercó e inquirió.
—¿De verdad estás leyendo? ¿Tienes luz suficíente?
—Es muy raro, sí —repuso Scarlett cerrando la revista—. Casi se ha hecho de noche, pero veo a la perfección. Vamos, que puedo leer sin dificultad.
—¿Has venido…? —Nad vaciló un momento, sin saber muy bien qué era exactamente lo que quería preguntarle—. ¿Has venido sola? Scarlett asintió.
—Sí. Verás, al salir del colegio, he venido a ayudar al señor Frost a sacar algunos calcos. Pero cuando hemos acabado, le he dicho que me apetecía sentarme aquí a pensar un rato. Le he prometido que después pasaría a tomar una taza de té con él, y se ha ofrecido a acercarme en coche a mi casa; ni siquiera me ha preguntado por qué quería quedarme. Dice que a él también le encanta pasear por los cementerios, porque no hay sitios más tranquilos en el mundo que éstos. —Se calló un momento y, a continuación, le preguntó—: ¿Puedo abrazarte?
—¿Quieres abrazarme?
—Sí.
—Bueno, en ese caso —se lo pensó un momento antes de terminar la frase—, no me importa que lo hagas.
—Mis brazos no te atravesarán ni nada parecido, ¿verdad?
—No, no, soy de carne y hueso; no te preocupes. —Y ella lo abrazó con tal fuerza que casi no le dejaba respirar.
—Me estás haciendo daño —se quejó Nad.
—¡Ay, perdona! —Y lo soltó.
—No, si me ha gustado. Pero es que has apretado más de lo que esperaba.
—Sólo quería asegurarme de que eres real. Todos estos años no has existido más que en mi mente, aunque luego me olvidé de ti. Pero no eras un producto de mi imaginación, y ahora has vuelto, y estás en el mundo también.
—Solías llevar una especie de abrigo, de color naranja, y siempre que veía algo de ese color, pensaba en ti. Imagino que ya no lo tendrás —dijo Nad sonriendo.
—No, claro, hace ya tiempo que no. A estas alturas no creo que cupiera en él.
—Sí, ya me lo imagino.
—Debería regresar a casa ya. Pero creo que podré volver aquí este fin de semana —dijo Scarlett y, viendo la expresión de Nad, añadió—: Hoy es miércoles.
—Vale, me encantaría volver a verte.
Scarlett se dio la vuelta para marcharse, pero titubeó un momento y se giró de nuevo hacia Nad.
—¿ Qué he de hacer para encontrarte la próxima vez?
—No te preocupes; yo te encontraré. Tú ven sola y saldré a buscarte.
Scarlett asintió y se marchó.
Nad dio media vuelta y se fue colina arriba, en dirección al mausoleo de Frobisher. Sin embargo, no entró en el edificio, sino que trepó por uno de los laterales, apoyando los pies en las gruesas raíces de hiedra, y se subió al tejado de piedra. Se sentó allí y contempló el mundo que había más allá del cementerio, recordando el modo en que Scarlett lo había abrazado y lo seguro que se había sentido él entre sus brazos, aunque sólo fuera por un instante. Pensó también en lo agradable que debía de ser poder circular libremente y sin temor por el mundo que había tras las rejas del cementerio, y en lo estupendo que era ser dueño y señor de su propio mundo en miniatura.

Neil Gaiman,  de su obra “El libro del cementerio” (2008).

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3 respuestas a El libro del cementerio

  1. Salva dijo:

    Inquietante relato. ¿Has leído el libro completo? me ha picado la curiosidad.

    Ya me diras. Un saludo.

    • Hola Salva, este extracto de “El libro del cementerio” de Neil Gaiman, me lo envió por correo un amigo, conocedor de mi pasión por los cuentos cortos y por los cementerios, que me viene de mi adolescencia cuando por motivos familiares, fui varias veces a París y quedé asombrado de la ciudad, más concretamente, “de todo” lo que veía, y algo que me impactó fue que en Logroño, veía el cementerio como algo triste y a evitar, cuando en París, al visitar en el Cementerio de Montparnasse, la tumba de Charles Baudelaire, me pareció un recinto muy agradable y con una paz y tranquilidad distinta a la que encontraba en los cementerios que conocía, Con relación a “El libro del cementerio” de Neil Gaiman, he de decirte que empecé la novela y a pesar de tener varios premios y el reconocimiento de la crítica, se me atravesó y me quedo con el extracto, que si que me enganchó, pero con todo el mundo que hablo, dice que es una maravilla, que la han llevado al cine, que han hecho un cómic que es una joya de la literatura para jóvenes y todo lo que quieras, pero…………………………………….no sé seré yo.
      Por cierto, si puedes te recomiendo hacer la visita guiada gratuita, que de vez en cuando hace Federico Soldevilla y los Amigos de La Rioja al Cementerio Municipal de Logroño, es una buena forma de conocer una parte de nuestra historia oculta.
      Namasté

      • Salva dijo:

        Cuando estuve en París visite el cementerio Père-Lachaise para ver la tumba de Jim Morrison.
        De todas formas me ha picado la curiosidad y voy a ver si encuentro el libro en la biblioteca.
        Las visitas guiadas al cementerio ya había oído hablar de ellas. A mi siempre es un lugar que me ha gustado visitar precisamente por esa paz que se respira, aunque no conozco la verdadera historia. Me gusta pasearme entre las tumbas más viejas, mirar las fechas de otro siglo y los nombres que se gastaban antaño.
        Me llamó mucho la atención un tal León Bravo que para colmo era militar, comandante creo recordar. Con ese nombré ganaría unas cuantas batallas.
        Hasta mañana 🙂

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