Solamente padres e hijos confrontados son normales

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Leonardo da Vinci, La última cenaentre (1495-1497) convento dominico de Santa Maria delle Grazie, en Milán (Italia)

Solamente padres e hijos confrontados son normales

 

Es normal que tu hijo se rebele contra ti. Es normal que a veces no coincida

contigo; es normal que no te comprenda, que no lo comprendas. Es normal porque

ustedes son diferentes, seres diferentes y de diferentes edades, y comprender al

otro es, a veces, una tarea imposible…

 

Y además porque tú, de una u otra manera, aunque declares lo contrario, le

estás imponiendo tu vida, tu educación, tus maneras, tus límites.

Eso es normal. No puede ser de otra manera. Nace en tu casa, crece en tu casa,

en tu sociedad, y le transmites lo que tienes, tu lenguaje, tu moral, tus modales.

¿Qué otra cosa podrías transmitirle?

 

Al comienzo esa transmisión no puede ser sino de facto, sin democracia, sin

parlamento: la niña tiene un año, dos años, tres años, y no está en condiciones de

discutir normas y reglas. Corre todo por tu cuenta. Y luego cuando crezca será libre

para revisar las normas que recibió de sus padres, para criticarlas, reemplazarlas o

modificarlas.

 

En todo caso la confrontación requiere un punto de vista, y un punto de vista ha

de ser elaborado, pensado. Por eso es buena la confrontación: ayuda a pensar. Y pensar ayuda a vivir.

 

La gente dice:

—¿Viste qué rebeldes que son los jóvenes hoy?

Yo les respondo:

—¿Rebeldes? Para ser rebelde hay que oponerse a algo, a alguien, a una idea, a

un límite, a una norma, a una pauta. Los padres permisivos no crían hijos rebeldes,

sino que producen hijos que directamente ignoran a sus padres y hacen lo que

otros les dictan, otros mucho más autoritarios: la sociedad, la televisión, la

propaganda, la moda, los otros chicos.

 

Cuando trato este tema siempre me viene a la memoria una escena de la

liturgia de la Pascua hebrea.

La Pascua, sabido es, aunque con diferentes contenidos, es común a judíos y

cristianos. La Última Cena de Jesús, tan famosa por el cuadro de Leonardo, es la

cena de pascua que Jesús celebra, al modo judaico, con sus discípulos.

En esa cena está sentada la familia en torno a la mesa y se lee un texto que

habla de cuatro tipos de hijos: el bueno, el inocente, el ignorante y el malvado.

 

¿Quién es el malvado? El rebelde. El que se opone a las tradiciones y pregunta:

—¿Qué es esto que ustedes hacen? ¿Qué sentido tiene?

Ese hijo es verídicamente rebelde. Ve un modelo de vida, de rituales, de límites,

y está en desacuerdo, y lo expresa.

 

El que nada ve, el que no encuentra frente a sí modelos de creencia, de vida con

sentido, de prácticas compartidas, no es rebelde, no puede serlo, y más bien

crecerá con un alto grado de vacío en su identidad.

 

Si mi hijo se opone a mí por ideas, por adherir a otra corriente de pensamiento,

por haber llegado a otros conceptos por los que se hace responsable, me pone

triste por la no coincidencia, pero me pone alegre, feliz, muy feliz, porque PIENSA.

 

Jaime Barylko, de su libro “Los hijos y los límites”

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