Sin Arrepentimiento

Confucio

Confucio

Sin Arrepentimiento

La vida es más que la razón. La vida es algo que supera lo que puede ser comprendido por la mente.

Sería Lin Lei casi centenario cuando, en plena primavera,
se puso su abrigo de piel y se fue a recoger los granos abandonados por los segadores, cantando mientras caminaba a campo. Confucio, que iba de viaje a Wei, lo vio a distancia, y volviéndose a sus discípulos dijo:
-Valdría la pena hablar con aquel anciano. Alguien tendría que ir y averiguar qué tiene que decir.
Tzu Kung se ofreció a ir. Lo encontró al final del terraplén, y mirándole a la cara musitó:
-¿No siente usted siquiera algo de arrepentimiento? Usted canta, incluso mientras va recogiendo los granos.
Lin Lei no se detuvo ni dejó de cantar. Tzu Kung continuó presionándolo hasta que el anciano se giró para mirarle y le respondió:
-¿De qué tengo que arrepentirme?
-De niño, usted nunca aprendió a comportarse; como hombre, usted nunca se esforzó por lograr algo. En su vejez no cuenta con esposa o hijos, y se acerca la hora de su muerte. Maestro, ¿qué felicidad ha conseguido, que le hace cantar mientras camina recogiendo los granos?
-Los motivos de mi felicidad todos los humanos los comparten –dijo Lin Lei sonriendo-, pero en vez de disfrutarlos se preocupan por ellos. Puesto que no he sufrido aprendiendo a comportarme cuando era joven, y nunca me esforcé por lograr algo ya de mayor, he sido capaz de vivir durante todo este tiempo. Debido a que no tengo esposa e hijos ahora que estoy viejo y que la hora de mi muerte se acerca, puedo ser muy feliz.
-Es humano querer una larga vida y detestar la muerte; ¿por qué tendría usted que alegrarse de morir?
-La muerte es el retorno al lugar de donde salimos para nacer. Por tanto, ¿cómo puedo saber que cuando muera aquí no naceré en otro lugar? ¿Cómo puedo saber que vida y muerte no son tan buenas la una como la otra? ¿Cómo puedo saber que no es ilusorio codiciar la vida con ansiedad? ¿Cómo puedo saber que la muerte presente no ha de ser mejor que mi vida pasada?
Tzu Kung escuchó, pero no pudo entender lo que el anciano quería decir. Regresó y se lo contó a Confucio.
-Sabía que sería una persona de mérito como para hablar con ella –dijo Confucio-, y lo es, pero él es un hombre que ha encontrado y aun así no lo ha encontrado todo.

Osho

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