El Cazador de Orquídeas

 

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Orquídea silvestre, por los parajes del Monte Corvo de Logroño, foto David Soba Hidalgo

 El Cazador de Orquídeas

Llevaba un rato desconcertado, tenía en la consulta un abuelo que se quejaba de dolor en la cadera, y la radiografía mostraba una artrosis que hacía daño de mirar. Hasta aquí nada de extraño teniendo en cuenta la edad del señor: 94 años. Lo que me descolocaba era que el hombre insistiera a ser operado; decía que vivía solo y el dolor en el anca era su único problema.

-Josep, -se lo dije- a los 94 años las posibilidades de complicaciones al colocar una prótesis son muy grandes -mientras pensaba en los comentarios de los compañeros si proponía de operarlo: “Ya te has dejado engatusar otra vez. Por querer ser bueno te tratan como un tonto. ¿No crees que sería mejor poner la prótesis a alguien que lo aproveche más años?”

-Doctor no me importa morir -decía en Josep-, el único que quiero se sacarme este maldito dolor que no me deja vivir.

Cogí el historial, mientras pensaba cómo salirme, y me sorprendió el nombre de la calle: vivía en el barrio del Rectoret, situado en medio del Parque Collserola.

– ¿Sabe que somos vecinos? -se lo dije-, yo vivo en Vallvidrera, y creo que es un privilegio tener este parque junto a casa.

-Mire, por eso mismo me tiene que ayudar -dijo muy serio-, a mí lo que me gusta es salir al bosque y este maldito dolor me hace sentir muy desgraciado, vivo con tristeza de acá que cada paseo se ha convertido en un calvario, ya no soy el mismo. De Collserola conozco cada fuente, las ermitas, las masías, los restos ibéricos, los pájaros por su canto y casi todas las plantas; justamente ahora salen las orquídeas y he hecho un jardín con las que voy recogiendo.

– ¿Orquídeas en Collserola?, ¿me toma el pelo?, nunca he visto ninguna y hace mucho años que paseo. ¡Esto me lo tendrá que enseñar!

-En mi jardín tengo de veintitrés tipos diferentes, pero dicen que hay cuarenta y dos en el parque. Si me da su correo electrónico le enviaré fotos. Allá en el Centro Cívico me han enseñado cómo funciona esto de los ordenadores y las máquinas de fotos.

Estaba claro que aquel abuelo terco me quería atrapar y había encontrado por donde hacerlo. Yo, por otro lado, ya había intuido que acabaría ganando él. Salió de la consulta con cara de buen niño, escuchando que intentaríamos tratar el dolor con calmantes y lo cité a la consulta para el mes siguiente. Pero, antes, teníamos que encontrarnos en su casa.

Al día siguiente tenía el buzón lleno de flores preciosas, era un auténtico insulto a mi capacidad de observación. Recordé lo que tantas veces digo a los estudiantes: quien no sabe lo que busca no sabe lo que encuentra. Esto era exactamente el que me había pasado con las orquídeas de Collserola.

El domingo a las ocho de la mañana ya estaba yo en la puerta de casa del abuelo impaciente para ver aquella increíble colección. Me había documentado sobre las orquídeas salvajes: algunas apenas miden un palmo, pero su diseño y dibujo es sorprendentemente bonito. Josep me explicaba emocionado los detalles de cada una, y, está claro, insistió que la dificultad para andar le hacía imposible encontrar las diecinueve que le faltaban, de las cuales me enseñó fotos en el ordenador.

A los pocos minutos ya estábamos en el bosque buscando orquídeas y ciertamente allá estaban escondidas a los ojos de quienes no sabemos mirar. Antes de acabar el paseo yo ya había decidido que lo operaría, no me importaban las complicaciones ni las críticas de los compañeros, la cara de dolor de aquel cazador de orquídeas me había decidido.

Las semanas siguientes seguimos enviándonos escritos analizando los lugares donde encontrar las orquídeas que faltaban; buscar aquellas flores se había convertido en una pasión. En nuestras salidas al bosque habíamos añadido ya tres nuevas orquídeas a la colección, y los días se me alargaban esperando el domingo.

La siguiente visita en el hospital duró pocos minutos, justo el tiempo para preparar la cirugía.

Al cabo de tres semanas Josep ya estaba operado, y su cara de felicidad me hizo sentir que había acertado al elegir este oficio.

Me escribía diariamente desde el centro donde hizo unos días de rehabilitación y a las pocas semanas ya volvíamos al bosque.

Pasados tres meses la alegría de Josep lo había convertido en un hombre diferente al que yo había conocido. Ahora pienso que premeditadamente me trajo aquel domingo a la fuente amarilla, uno de los lugares más mágicos del parque. Sentados en el banco que rodea la fuente me pidió si le podría cuidar las de orquídeas durante un tiempo, puesto que quería viajar.

-¡Claro que sí, Josep, faltaría más! -Me lo miré, esperando, y apareció el misterioso mundo de las lágrimas en aquellos ojos rodeados de piel agrietada.

-Quizás tú no lo puedes entender -me dijo-, pero ya hace años que con esto de la Internet conocí una señora de Cuba y todo este tiempo nos hemos ido escribiendo; por culpa del dolor no me atrevía a viajar, pero ahora que ya no tengo y me gustaría conocerla.

Una mezcla de sonreír, humedad en los ojos, y sensación entraña alrededor del corazón me invadió, le agradecía que quisiera compartir conmigo su felicidad. Por fin me había confesado el secreto de su eterna juventud. Le prometí que cuidaría las orquídeas, y que continuaría intentando de encontrarlas todas.

Ya han pasado tres años, y sólo recibí un correo electrónico de Josep a las pocas semanas de llegar a Cuba. Me explicaba que era el hombre más feliz de la tierra, que se iba a vivir al campo y no tendría Internet, pero me pedía que le siguiera cuidando las flores.

He continuado buscando orquídeas y cada vez que encuentro una de un tipo nuevo siento la misma alegría de aquella mañana sentada al banco, y pienso que Josep es muy feliz, y que por eso no vuelve, y que cuando venga estará contento, porque he conseguido reunir las cuarenta y dos especies que me dijo que había en el parque.

Relato creado por Piriguin el 17 Octubre de 2012 para espacio forumclínic programa interactivo para pacientes del Clínic Barcelona Hospital Universitari patrocinado por la Fundación BBVA

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2 respuestas a El Cazador de Orquídeas

  1. PITI dijo:

    Bonita y conmovedora historia. Gracias por el relato.

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