Eduardo Galeano

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Hoy me he levantado con la noticia del fallecimiento, ayer 13 de abril de 2015, a los 74 años, en Montevideo, Uruguay, donde nació un 3 de septiembre de 1940, de Eduardo Galeano, periodista y escritor, considerado como uno de los grandes referentes de la literatura latinoamericana.                                                                                                        Eduardo Galeano se educó en una familia con fuertes creencias católicas, y como el decía, con ocho o nueve años, quería ser santo: «Tuve una infancia muy mística; pero no me fue bien con la santidad».                                                                                                                          Se inició como caricaturista para el diario socialista El Sol cuando sólo contaba 13 años.   Su vida laboral como vemos comenzó muy pronto; fue obrero en una fábrica de insecticidas, recaudador, pintor de carteles, mensajero, mecanógrafo, cajero de banco y editor.                                                                                                                                                          Fué detenido y encarcelado por la dictadura, primero en Uruguay y luego en Argentina.       Siempre ha estado unido a causas políticas, defensor de la ideología de izquierdas, del medio ambiente y la ecología.                                                                                                   Eduardo Galeano tenía gran pasión por el fútbol, y lo reflejó en su libro Fútbol a sol y sombra, reconoce que de niño quiso (como todos los uruguayos) ser jugador de fútbol, pero que por su absoluta falta de talento, no tuvo más remedio que hacerse escritor.        Un texto de galeano que me impactó fué “los nadies”, que ya compartí en su momento en el blog, y ahora como modesto homenaje quiero compartir el siguiente texto y una canción de Joan Manuel Serrat.                                                                                                              J.L.Soba

Texto que escribió Eduardo Galeano para el acto de entrega del Premio Stig Dagerman, que recibió en Suecia, el 12 de septiembre de 2010, al escritor en cuya obra se reconoce la importancia de la libertad de la palabra, mediante la promoción de la comprensión intercultural:

“Querido Stig: Ojalá seamos dignos de tu desesperada esperanza.

Ojalá podamos tener el coraje de estar solos y la valentía de arriesgarnos a estar juntos, porque de nada sirve un diente fuera de la boca, ni un dedo fuera de la mano.

Ojalá podamos ser desobedientes, cada vez que recibimos órdenes que humillan nuestra conciencia o violan nuestro sentido común.

Ojalá podamos merecer que nos llamen locos, como han sido llamadas locas las Madres de Plaza de Mayo, por cometer la locura de negarnos a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria.

Ojalá podamos ser tan porfiados para seguir creyendo, contra toda evidencia, que la condición humana vale la pena, porque hemos sido mal hechos, pero no estamos terminados.

Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego.

Ojalá podamos mantener viva la certeza de que es posible ser compatriota y contemporáneo de todo aquel que viva animado por la voluntad de justicia y la voluntad de belleza, nazca donde nazca y viva cuando viva, porque no tienen fronteras los mapas del alma ni del tiempo.

Joan Manuel Serrat, se inspiró en su relato La noche, para su canción Secreta mujer, incluida en su disco Sombras de la China publicado en 1998, de la que adjunto el vídeo y la letra:

Secreta mujer

No puedo dormir.
No puedo dormir.
Atravesada entre los párpados
tengo una mujer,
secreta mujer
tan sol y tan luna
que abre mis ojos y me obliga a ver
mi desventura y mi fortuna.
Y no me deja dormir
esa mujer,
esa secreta mujer.

Arránqueme, señora, las ropas.
Desnúdeme.
Arránqueme, señora, las dudas.
Desdúdeme.
Arránqueme, señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme. Desdúdeme.

Secreta mujer.
Secreta mujer.
Atravesada entre mis párpados
le quiero decir,
le quiero pedir
que me deje, que se vaya.
Pero no puedo hablar a mi pesar.
Atravesada en la garganta,
me atormenta una mujer
esa mujer,
esa secreta mujer.

Arránqueme, señora, las ropas.
Desnúdeme.
Arránqueme, señora, las dudas.
Desdúdeme.
Arránqueme, señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme. Desdúdeme.

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