El faro

Faro de Capbretón(Francia), foto J.L.Soba

Faro de Capbretón(Francia), foto J.L.Soba

Comparto este original cuento de Juan José Arreola Zúñiga, escritor, académico y editor mejicano, nacido en Ciudad Guzmán (Méjico) en 1918 y muerto en Guadalajara (Méjico) en 2001. Sus obras más conocidas son Confabulario (1952) y La feria (1963).
Este es un cuento sobre la infidelidad y la forma de interpretar la situación por parte de Genaro, que sabiendo que su mujer Amelia le era infiel, lo permitía con total naturalidad dando así a la aventura el carácter de habitual y tediosa pasando a interpretar el papel de amante y no el de esposo.
El protagonista, que como buen farero estaba muy bien guiado desiste de la reacción convencional, (más teniendo en cuenta que el autor Juan José Arreola era mejicano y el carácter mejicano es bastante machista) optando por sacar el mejor partido emocional a una situación que no puede cambiar, pero que si puede elegir la forma de reaccionar e invertir las sensaciones de los protagonistas pasando a los otros las dudas e incertidumbres de la situación. J.L.Soba

 El faro
[Cuento. Texto completo.]

 Lo que hace Genaro es horrible. Se sirve de armas imprevistas. Nuestra situación se vuelve asquerosa.
Ayer, en la mesa, nos contó una historia de cornudo. Era en realidad graciosa, pero como si Amelia y yo pudiéramos reírnos, Genaro la estropeó con sus grandes carcajadas falsas. Decía: “¿Es que hay algo más chistoso?” Y se pasaba la mano por la frente, encogiendo los dedos, como buscándose algo. Volvía a reír: “¿Cómo se sentirá llevar cuernos?” No tomaba en cuenta para nada nuestra confusión.
Amelia estaba desesperada. Yo tenía ganas de insultar a Genaro, de decirle toda la verdad a gritos, de salirme corriendo y no volver nunca. Pero como siempre, algo me detenía. Amelia tal vez, aniquilada en la situación intolerable.
Hace ya algún tiempo que la actitud de Genaro nos sorprendía. Se iba volviendo cada vez más tonto. Aceptaba explicaciones increíbles, daba lugar y tiempo para nuestras más descabelladas entrevistas. Hizo diez veces la comedia del viaje, pero siempre volvió el día previsto. Nos absteníamos inútilmente en su ausencia. De regreso, traía pequeños regalos y nos estrechaba de modo inmoral, besándonos casi el cuello, teniéndonos excesivamente contra su pecho. Amelia llegó a desfallecer de repugnancia entre semejantes abrazos.
Al principio hacíamos las cosas con temor, creyendo correr un gran riesgo. La impresión de que Genaro iba a descubrirnos en cualquier momento, teñía nuestro amor de miedo y de vergüenza. La cosa era clara y limpia en este sentido. El drama flotaba realmente sobre nosotros, dando dignidad a la culpa. Genaro lo ha echado a perder. Ahora estamos envueltos en algo turbio, denso y pesado. Nos amamos con desgana, hastiados, como esposos. Hemos adquirido poco a poco la costumbre insípida de tolerar a Genaro. Su presencia es insoportable porque no nos estorba; más bien facilita la rutina y provoca el cansancio.
A veces, el mensajero que nos trae las provisiones dice que la supresión de este faro es un hecho. Nos alegramos Amelia y yo, en secreto. Genaro se aflige visiblemente: “¿A dónde iremos?”, nos dice. “¡Somos aquí tan felices!” Suspira. Luego, buscando mis ojos: “Tú vendrás con nosotros, a dondequiera que vayamos”. Y se queda mirando el mar con melancolía.

 Juan José Arreola

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