La Copa Mundial de Fútbol, Brasil 2014

C.D,Berceo Infantil, Temporada 1971-1972

C.D,Berceo Infantil, Temporada 1971-1972

 

Prepárense, por si alguno no se ha enterado, mañana 12 de junio y hasta el 13 de julio, se celebra la XX edición de La Copa Mundial de Fútbol 2014, que se desarrollará por segunda vez en su historia en Brasil.

Ni que decir tiene que durante el tiempo que dure el evento, el fútbol eclipsará cualquier otra noticia, y será el tema de conversación en tertulias, radio, televisión y cualquier mentidero deportivo que se precie. Como dato destacable, por primera vez en una Copa Mundial de Fútbol, los partidos utilizarán la tecnología que ofrece el balón inteligente, para determinar en jugadas dudosas, si el balón cruzó o no toda la línea de gol.

Esta semana, durante una reunión con los representantes de la Federación Española de Fútbol (RFEF), se han fijado las cantidades que percibirán los internacionales si cumplen una serie de objetivos.Cada futbolista se embolsará 720.000 euros brutos si España gana el Mundial el próximo 13 de julio en Maracaná (Río de Janeiro), una cifra que supera en un 20% los 600.000 euros que los internacionales se llevaron cuando se proclamaron campeones hace cuatro años en Sudáfrica tras derrotar a Holanda y que equivale de largo a lo que gana un español medio en 40 años.En caso de ser subcampeones, cada jugador se embolsaría 360.000 euros. Además, se destinan 180.000 euros si se alcanzan las semifinales, 120.000 si se llega a cuartos y 60.000 si España es eliminada en octavos de final.

Cualquier atisbo de aquel romanticismo, que nos movía de chavales a retar a los de otras clases y barrios en cualquier descampado con porterías improvisadas y sueños de jugadas imposibles, queda ya para el recuerdo.

Aquellos tiempos en que jugar en un equipo de fútbol era fruto de nuestro deseo de pasarnoslo bien, no les costaba un duro a nuestros padres y era muy raro que fuesen a vernos jugar, por lo que se evitaban los problemas con los padres, que hay hoy en día en los partidos de chavales.

Lejos quedan ya también esos partidos amistosos veraniegos en el viejo Las Gaunas, en los que venían equipos de más categoría, y los chavales aprovechábamos para ver a las figuras y de paso que nos firmasen en las colecciones de cromos que hacíamos en el añorado Balmes.
Recuerdo especial tiene para mí el Athletic Club de Bilbao, equipo que ha sabido ganarse el cariño de mucha gente en toda España, por su filosofía y respeto a la tradición. Recuerdo que era el único equipo en el que cualquiera de sus figuras (Iribar, Rojo, Clemente, Arieta II, Argoitia, Igartua, Aranguren, etc), se paraban ante el acoso por parte de nosotros, unos mocosos, pidiéndoles un autógrafo o una insignia (no sé porqué ahora les llaman pins) y muchas veces nos obsequiaban con preguntas interesándose por nuestras aptitudes futbolísticas, y haciéndonos muy felices.
En fin como ahora, que los hinchas los siguen en largos viajes y la mayoría de las veces ni se dignan en mirarlos. Esto ha hecho que mi afición actual al fútbol sea meramente testimonial, alegrándome de las victorias del Logroñés, Athletic Club de Bilbao y Selección Española, pero si pierden tampoco se me amarga el día.
Os dejo con esta reflexión profunda como todas las suyas de Eduardo Galeano
José Luis Soba

Fútbol a sol y a sombra

La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí.

En este mundo actual, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable.

A nadie da de ganar esa locura que hace que el hombre sea niño por un rato, jugando como juega el niño con el globo y como juega el gato con el ovillo de lana: bailarín que danza con una pelota leve como el globo que se va al aire y el ovillo que rueda, jugando sin saber que juega, sin motivo y sin reloj y sin juez.

El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue.

La tecnocracia del deporte profesional ha ido imponiendo un fútbol de pura velocidad y mucha fuerza, que renuncia a la alegría, atrofia la fantasía y prohíbe la osadía.

Por suerte todavía aparece en las canchas, aunque sea muy de vez en cuando, algún descarado carasucia que se sale del libreto y comete el disparate de gambetear a todo el equipo rival, y al juez, y al público de las tribunas, por el puro goce del cuerpo que se lanza a la prohibida aventura de la libertad.

Eduardo Galeano

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