Como nos recompensa nuestro esfuerzo la naturaleza

Viguera, libando la flor del magnolio

Viguera, libando la flor del magnolio, foto J.L.Soba

Muchas son las satisfacciones, beneficios y sensaciones que nos aporta la Naturaleza a quienes tenemos jardín, finca o tierras de cultivo. Nuestra relación con ella no es distinta de cualquier otra forma de colaboración, si te esfuerzas nada de lo empleado se pierde y al final los resultados son gratos.

La Naturaleza, nos devuelve ciento por uno, y no deja de sorprendernos con su agradecimiento, bien en forma de frutos, o de sensaciones a quién busca algo más que lo tangible y material.La mera consciencia de su evolución diaria, como la de un hijo, es por si sóla bastante recompensa para el esfuerzo empleado, pero aún así  nos ofrece otras muchas recompensas más.

Si tengo que escoger entre las infinitas sensaciones de paz y tranquilidad que me produce mi pequeño paraíso al aire libre, me decanto por un día de lluvia sin sol en el que resplandece toda la gama de verdes que puedas imaginar y que una carta de colores no puede abarcar.

Por la paz que genera el manantial de verdes granado, peral, ciruelo, níspero, cerezo, albericoque, madroño, avellano, ciruelo rojo, olivo, laurel, tejo, pinos, ciprés, magnolio, rosal, lilo, castaño de indias, tilo, jasprodenia, liquidambar, acebo, boj, brezo, tomillo, lilandis, menta, hierbabuena, maria luisa, jazmín, madreselva, alhelís, prímulas, laurel chino,césped recien cortado,etc a tu alrededor, doy por bien pagados los esfuerzos de las tareas realizadas durante el resto del año.

Os dejo con una hermosa poesía del cubano José Ángel Buesa.                                              José Luis Soba

 La gracia de tu rama verdecida

Árbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento…

Hoy he visto en tus ramas la primera
hoja verde, mojada de rocío,
como un regalo de la primavera,
buen árbol del estío.

Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.

Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.

Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.

No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.

Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde…

 José Ángel Buesa

 

 

 

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