La poesía es un arma cargada de futuro

Mucho de libertad y de su libre albedrío le debe mi generación a los cantautores, pues la gran mayoría nos iniciamos en la literaratura y la poesía gracias a sus versiones, haciendo trabajar la imaginación para colar por el tamíz de la censura, textos que nos hacían comprender  que la libertad de pensar y ser, no era un privilegio de aquellos que podían atravesar los Pirineos.

Pero si me tengo que quedar con uno de ellos, me quedo con Paco Ibáñez, cantautor nacido en Valencia pero de grandes raices vascas, cuya vida ha sido una lucha constante por la causa de la libertad.Su doble disco con el concierto que dió en Diciembre de 1969 en el Olympia de Paris, es un referente para los amantes de la libertad de expresión.Muchas de estas poesías al evocarlas, nos surgen con la entonación de sus canciones.

Os dejo con un video donde versiona a Gabriel Celaya en “La poesía es un arma cargada de futuro”, y el texto de la poesía.

José Luis Soba

 

La poesía es un arma cargada de futuro

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

Gabriel Celaya

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