Setenta balcones y ninguna flor

Balcón en Viguera, foto J.L.Soba

Balcón en Viguera, foto J.L.Soba

Recuerdo con añoranza los tiempos de mi niñez, en los que tener plantas en las ventanas o balcones de casa, no sólo de los pueblos, sino también de la capital, era la principal distracción de nuestras madres y tener geranios, espantanovios, cintas, clavelinas, claveles y  un sinfín de plantas, formaba parte de nuestro acerbo cultural.

No era necesario una gran inversión para ello, pués la mayoría de tiestos o plantas se pasaban de unos a otros, como muchas otras cosas.

Dame una puga, guardame un brote, cuando las pode ya te haré un lote.

El mejor y más barato vivero, era un día de viento, en el que con un sano paseo volvía nuestra madre a casa con un variopinto surtido de plantas, que el dios Eolo se había encargado de descargar de unos para que tengan otros.

Y mi madre siempre decía que las plantas más agradecidas eran aquellas que recuperabas cuando alguién las dejaba en un costado de la basura, como si te quisieran agradecer lo que habías hecho por ellas.

De su mantenimiento se ocupaba principalmente la madre, pero a todos nos tocaba alguna vez plantarlas, regarlas, cambiarlas de tiesto o echarles un vistazo.

Os dejo con este bello soneto de Baldomero Fernández Moreno (1886-1950), poeta y médico rural argentino, cuya poesía ensalza la belleza de los barrios de ciudad y la paz del medio rural.

José Luis Soba

Setenta balcones y ninguna flor

Setenta balcones hay en esta casa,
setenta balcones y ninguna flor.
¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa?
¿Odian el perfume, odian el color?

La piedra desnuda de tristeza agobia,
¡Dan una tristeza los negros balcones!
¿No hay en esta casa una niña novia?
¿No hay algún poeta bobo de ilusiones?

¿Ninguno desea ver tras los cristales
una diminuta copia de jardín?
¿En la piedra blanca trepar los rosales,
en los hierros negros abrirse un jazmín?

Si no aman las plantas no amarán el ave,
no sabrán de música, de rimas, de amor.
Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave…

¡Setenta balcones y ninguna flor!

Baldomero Fernández Moreno

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